Desde la redacción

El tragicómico fin de Isadora

Chicos y chicas, llegué hace unos días a Niza a pasar unas placenteras vacaciones que por ahora no puedo disfrutar, pues el mundo entero —y más aquí— está conmocionado por la noticia: ¡Isadora Duncan ha muerto!

Chicos y chicas, llegué hace unos días a Niza a pasar unas placenteras vacaciones que por ahora no puedo disfrutar, pues el mundo entero —y más aquí— está conmocionado por la noticia: ¡Isadora Duncan ha muerto! La gran bailarina, que gustaba de presentarse en los escenarios descalza, con vestidos transparentes y sin nada debajo, no danzará más en el mundo de los vivos.

Riviera francesa, 15 de septiembre de 1927

Realmente nadie se esperaba que Isadora muriera, ya que a sus cincuenta años cumplidos, se veía requetebien, seguramente debido al intenso ejercicio de la danza, a su joie de vivre y a su muy particular y liberal estilo de vida. Y es que han de saber, pequeñuelos, que a Isa se le daba muy bien amar, sin tener prejuicios de sexos o edades. Cuando tenía más de 40 años, contrajo matrimonio con el poeta ruso Serguei Esenin, ¡trece años más joven que ella!, aunque el matrimonio acabó en desastre, el chico regresó a Rusia y ahí se suicidó, ¡ay, nanita!

Y bueno, pasando a temas menos tristes, que no por ello dejan de ser escandalosos, les comento que la Duncan fue madre soltera de dos hijos, cada uno de diferente padre. Según me chismearon, uno fue del escenógrafo Gordon Craig y otro del heredero del imperio Singer —el de las máquinas de coser—. Para rematar, en una conferencia de prensa la lujuriosa Isadora ¡se declaró bisexual!, así que me puse a averiguar con qué chicas se relacionó y me enteré de que anduvo con dos poetas: Mercedes de Acosta y Natalie Clifford, y nada menos que con la gran actriz Eleonora Duse. Como ven, la bailarina sabía elegir muy bien a sus amantes.

Regresando a las circunstancias de su muerte, debo confesar que el suceso me haría carcajearme de no ser tan trágico. La Duncan había cenado en un lujoso restaurante en compañía de varios amigos y su amante en turno, el joven y atractivo Benoît Falchetto. Isadora vestía un traje de última moda y rodeaba su cuello de cisne con una larguísima bufanda. Al terminar el convivio, la bailarina se despidió de sus amigos con un «me voy al amor», al tiempo que se abrazaba a su amante, insinuando la escena que tendría lugar una vez que se encontraran a solas.

Isadorita subió grácilmente al vehículo, un convertible muy mono, pero no se percató de que su bufanda asomaba por fuera del auto. Al arrancar éste, la llanta pisó el extremo de la bufanda, que con el impulso estranguló a la bailarina, quien murió desnucada. Todos nos encontramos muy tristes, pero creo que quien más sintió la pérdida fue Falchetto, quien en vez de tener una noche loca en compañía de su amante, tuvo que asistir a su funeral.

Au revoir!

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