Desde la redacción

«Black Sabbath» / Black Sabbath

La inspiración obra de maneras misteriosas: a decir de sus autores, algunas canciones muy célebres tuvieron un origen diáfano en medio de un sueño; otras, por el contrario, brotan de entre las tinieblas de una pesadilla.

La inspiración obra de maneras misteriosas: a decir de sus autores, algunas canciones muy célebres tuvieron un origen diáfano en medio de un sueño; como si las musas acostumbraran susurrar al oído de los artistas sumergidos en los vapores del inconsciente; otras, por el contrario, brotan de entre las tinieblas de una pesadilla, y es como si los miedos profundos, los deseos no revelados y uno que otro espíritu chocarrero hallara una vía de salida y se materializara.

En los días de Earth —una banda que tocaba jazz y blues—, el cantante Ozzy Osbourne le prestó al bajista Geezer Butler un libro de hechicería, mismo que solía leer antes de dormir y dejarlo en su buró; en aquel entonces, Butler tenía su departamento pintado completamente de negro, con crucifijos invertidos y pinturas de Satán que colgaban en las paredes. Una noche, al despertar, Butler vio una silueta negra parada que lo miraba desde los pies de su cama; la figura se esfumó, y cuando el bajista buscó el libro, se dio cuenta de que había desaparecido.

Esta experiencia —junto con las novelas sobre ocultismo del británico Dennis Wheatley— sirvió a Butler de inspiración para componer «Black Sabbath», que habla de una silueta negra «con ojos de fuego» que señala al protagonista como «el elegido» y anuncia la venida de Satán. El nombre de la canción fue retomado de una película de horror de 1963, estelarizada por Boris Karloff y dirigida por Mario Bava —originalmente llamada I tre volti della paura—, que se estaba exhibiendo en una pequeña sala de cine en Birmingham, justo enfrente del edificio donde se reunían para ensayar.

«Black Sabbath» dio nombre al álbum debut y a la banda misma, y los llevó a nuevos terrenos, mucho más oscuros, con guitarras distorsionadas, afinanadas por debajo de la escala convencional, y un ritmo lento, ominoso, opresivo. El riff de entrada utiliza una progresión armónica conocida como diabolus in musica —también conocido como «Devil’s interval» o «Satan’s Fifth»—, que desde la Edad Media se asociaba con el mal y con el Diablo mismo. Además, esta canción es un parteaguas en la historia de la música popular de occidente, pues es la primera en referirse abiertamente a la magia negra y al satanismo —de hecho, se menciona el nombre de Satán en la letra—, y es considerada por muchos expertos como la primera canción de heavy metal, como lo conocemos hoy en día.

Una demostración práctica del Diabolus in musica

«Black Sabbath» en su versión original de estudio, en 1970

Versión en vivo, París, 1970

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