El Ku Klux Klan
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El Ku Klux Klan

-Segunda de dos partes-

En la primera parte de este artículo, conocimos el origen y el desarrollo de esta organización segregacionista, y cómo un hombre de Atlanta, Stetson Kennedy, tras librar una lucha infructuosa contra esto, decidió combatir al enemigo desde dentro, e infiltrarse en el Ku Klux Klan.

En Atlanta, Stetson Kennedy comenzó a rondar un billar cuyos clientes habituales mostraban el aspecto frustrado y cruel propio del Klan. Una noche, un taxista llamado Slim estaba sentado junto a él en la barra. «Lo que necesita este país es una buena lección del Klan —dijo Slim—.

Ante esto, Kennedy se presentó como John Perkins y le contó a Slim que su tío, Brady Perkins, había sido un Gran Titán del Klan en Florida. «Pero ahora están acabados, ¿no?», preguntó a Slim. Éste le contestó airadamente que no, y que estaba de suerte, porque había una campaña para captar nuevos miembros y la cuota de inscripción de diez dólares se había reducido a ocho —la cuota anual ascendía a otros diez dólares, y además había que poner quince por una túnica con capucha.

Klonversación en klave

Kennedy se mostró reacio, fingió ser difícil de convencer, pero finalmente accedió a entrar en la organización. Poco después pronunció el juramento del Klan en una ceremonia de iniciación que tuvo lugar a medianoche en la cima del Stone Mountain. Kennedy comenzó a asistir a las reuniones semanales del Klan, de las cuales regresaba a casa a toda prisa para escribir notas. Descubrió la identidad de los líderes locales y regionales del Klan y descifró la jerarquía, rituales y lenguaje de éste.

Una de las costumbres del Klan consistía en añadir «Kl» a numerosas palabras; de este modo, dos hombres del Klan mantenían una klonversation en la klavern 1 local. Cuando un integrante del Klan se hallaba de viaje y quería localizar hermanos en una ciudad extraña, debía preguntar por un tal Mr. Ayak —Ayak son las siglas de Are you a Klansman?—, y esperaría oír: «Sí, y también conozco a Mr. Akai» —siglas de A Klansman Am I.

En poco tiempo, Kennedy fue invitado a formar parte de los Klavaliers, la policía secreta del Klan. Por este privilegio, se le efectuó un corte en la muñeca con un cuchillo para que pudiera hacer el juramento de sangre. Como klavalier, a Kennedy le preocupaba que algún día tuviera que cometer un acto violento. Pero pronto descubrió un hecho central dentro de la vida en el Klan —y del terrorismo en general—: la mayor parte de las amenazas de violencia nunca pasa de la categoría de amenaza.

El klomportamiento del klan

Estudiemos las estadísticas década a década del linchamiento de negros, el signo de violencia distintivo del KKK —es importante aclarar que las estadísticas consideran todos los reportes por linchamiento, y es difícil discriminar aquellos que fueron obra del Klan—: entre 1890 y 1899, sucedieron 1 111 linchamientos; entre 1900 y 1909, 791; entre 1910 y 1919, hubo 569; las décadas de los 20, 30 y 40 reportaron un total de 281, 119 y 31 linchamientos, respectivamente; en los años 50 se dieron seis casos y, por último, en los 60, sólo tres.

Estas estadísticas revelan tres hechos destacables: el primero es el evidente descenso de los linchamientos con el tiempo; el segundo es que no existe una correlación entre los linchamientos y el número de miembros del Klan, ya que se produjeron más linchamientos entre 1900 y 1909, cuando el Klan permanecía inactivo, que durante los años 20, cuando contaba con millones de miembros; el tercero es que, teniendo en cuenta las dimensiones de la población negra, los linchamientos no eran tan frecuentes como suele pensarse.

¿Qué significa que los linchamientos fuesen relativamente poco frecuentes y que disminuyesen precipitadamente con el tiempo? La explicación más convincente es que los primeros linchamientos funcionaron. Los racistas blancos habían desarrollado, mediante sus acciones y retórica, un «plan de incentivos» que resultaba enormemente claro y aterrador: si una persona negra violaba el código de conducta establecido, ya fuese replicando a un conductor de tranvía o tratando de votar, sabía que corría el riesgo de ser castigado, quizá con la muerte. Así que, a mediados de los años 40, cuando Stetson Kennedy entró a formar parte de éste, el Klan no necesitaba realmente emplear tanta violencia.

Pero si el Ku Klux Klan de los años 40 no era tan violento, ¿qué era? El Klan que halló Stetson Kennedy se había convertido en realidad en una triste fraternidad de hombres, la mayoría de ellos con muy poca educación y escaso porvenir, que necesitaba un lugar donde desahogarse, y una excusa para pasar la noche fuera de vez en cuando. Kennedy también descubrió que el Klan constituía una fuente de dinero fácil para sus líderes: miles de miembros pagaban cuotas, propietarios de negocios contrataban al Klan para ahuyentar a los sindicatos, sus concentraciones generaban donativos en efectivo, todo eso sin hablar del tráfico de armas o bebidas alcohólicas destiladas ilegalmente.

Kal-El vence al KKK

Tras sólo unas semanas dentro del Klan, Stetson Kennedy estaba ansioso por herir a la organización de cualquier forma posible, pero ninguno de sus esfuerzos produjo el efecto deseado. El Klan se hallaba tan consolidado y disponía de una base tan amplia que Kennedy sentía como si estuviera lanzando piedritas a un gigante.

Un día Kennedy observaba a un grupo de niños que jugaban una especie de juego de espías en el que intercambiaban ingenuas claves secretas. Aquello le recordó al Klan. ¿No sería buena idea —pensó— poner las claves del Klan en manos de los niños de todo el país? ¿Qué mejor forma de difamar a una sociedad secreta que caricaturizar y hacer pública su información más confidencial?

Kennedy pensó en el medio ideal para esta misión: el programa de radio de «Las aventuras de Superman», que se emitía cada noche a la hora de la cena para millones de oyentes en todo el país. Se puso en contacto con los productores del programa y les preguntó si desearían escribir algunos episodios acerca del Ku Klux Klan.2 Los productores se mostraron entusiasmados. Superman había pasado años luchando contra Hitler, Mussolini e Hirohito, pero una vez terminada la guerra, necesitaba nuevos villanos.

Kennedy comenzó a pasar su mejor información acerca del Klan a los productores de Superman. Les habló de Mr. Ayak y Mr. Akai, les transmitió pasajes acalorados de la biblia del Klan, llamada Kloran —Kennedy nunca logró averiguar por qué un grupo supremacista blanco y cristiano llamaba a su Biblia prácticamente como el libro más sagrado del Islam—. Explicó el papel de los oficiales del Klan en cualquier klavern local: el klaliff —vicepresidente—, klokard —conferenciante—, kludd —capellán—, kilgrapp—secretario—, klabee —tesorero—, klexter —guardia externo—, el klokann —comité investigador— y los klavaliers—grupo de choque al que el mismo Kennedy pertenecía—.

Explicó detalladamente la jerarquía del Klan, desde el nivel local hasta el nacional: el Cíclope Exaltado y sus doce Terrores, el Gran Titán y sus doce Furias, el Gran Dragón y sus nueve Hidras, y el Brujo Imperial y sus quince Genios. Asimismo, Kennedy transmitió a los productores las claves vigentes, la agenda y los cotilleos procedentes de su propia sección: la Klavern Nathan Bedford Forrest núm. 1, Atlanta, Reino de Georgia.

Los productores de radio empezaron a escribir el guión para cuatro semanas de programas en los cuales Superman aniquilaría al Ku Klux Klan. Kennedy estaba impaciente ante la primera reunión del Klan después de que el programa saliese al aire. En efecto, la klavern estaba disgustada. El Gran Dragón trataba de dirigir una reunión normal, pero las bases le hicieron callar a gritos:

«Cuando regresé a casa del trabajo la otra noche —se quejó uno—, mi hijo se encontraba con un grupo de niños, algunos con toallas atadas alrededor del cuello a modo de capas y otros con fundas de almohada en la cabeza; los de las capas perseguían a los de las fundas de almohada por todas partes. Cuando les pregunté qué hacían, me dijeron que estaban jugando a un juego nuevo de policías y ladrones llamado “Superman contra el Klan”. ¡Acabar con los malos!, lo llamaron. Conocían todas nuestras claves secretas y demás. ¡No me había sentido tan ridículo en toda mi vida! ¿Se imaginan que mi propio chico encontrara un día mi túnica del Klan?».

Tras la reunión de aquella noche, Kennedy llamó para comunicar la nueva contraseña a los productores de Superman, que prometieron incluirla en el programa siguiente. En la reunión del Klan una semana después, la sala se hallaba prácticamente vacía. Las solicitudes de nuevos miembros se habían reducido a cero.

Knock Out al KKK

De todas las ideas que Kennedy había tenido —y tendría— para luchar contra la intolerancia, su campaña de Superman fue, por mucho, la más inteligente y quizá la más efectiva. Tuvo exactamente el efecto deseado: volver el secretismo del Klan contra éste, convirtiendo conocimientos valiosísimos en munición para la burla. En lugar de captar a millones de miembros, como había sucedido con la generación anterior, la organización perdió ímpetu y comenzó a irse a pique. A pesar de que el Klan nunca perecería por completo, especialmente en el Sur, tampoco volvió a ser el mismo. En The Fiery Cross: The Ku Klux Klan in America, el historiador Wyn Craig Wade califica a Stetson Kennedy como el factor individual más importante en la prevención del resurgimiento en la posguerra del Ku Klux Klan en el Norte.

En 1954, Stetson Kennedy publicó un libro autobiográfico titulado I Rode with the Ku Klux Klan —después reeditado como The Klan Unmasked—, cuyo testimonio muchos descalifican, tachándolo de «exagerado y ambiguo»

Esto no ocurrió porque Kennedy fuese valiente, decidido o imperturbable, a pesar de que lo era. Ocurrió porque Kennedy comprendió el verdadero poder de la información. El Ku Klux Klan era un grupo cuyo poder —en parte como los políticos, los agentes inmobiliarios y los corredores de bolsa— procedía en buena medida del hecho de que ocultaba información. Cuando la información cae en las manos equivocadas —o, dependiendo del punto de vista, en las manos correctas—, una situación ventajosa puede dejar de serlo.


Steven D. Levitt enseña economía en la Universidad de Chicago; recientemente recibió el premio John Bates Clark, concedido cada dos años al mejor economista estadounidense menor de 40 años. Stephen J. Dubner reside en Nueva York y escribe para el diario New York Times y la revista New Yorker; es autor de exitosos libros como Turbulent Souls y Confessions of a Hero-Worshiper.


1. La palabra klavern —taberna— hace referencia al lugar donde los miembros del klan se reunían.
2. La serie de capítulos en los que Superman combatió al Klu Klux Klan se llamó Clan of the Fiery Cross, que en traducción libre es Clan de la Cruz Feroz, y fue transmitida por la radio estadounidense en cadena nacional entre junio y julio de 1946.

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