Diseñadores de una era
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Diseñadores de una era

A pesar de los años y las nuevas tendencias, nos han dejado un legado que nunca pasará de moda.

Desde la creación formal de la industria de la moda —fechada en el siglo XIX con Charles Frederick Worth, quien rompió la tradición del trabajo anónimo del costurero al poner su nombre en las etiquetas de la ropa que diseñaba—, los modistas han creado no sólo las tendencias del vestido social, sino la concepción entera de un cuerpo humano bello, deseable. A continuación presentamos breves semblanzas de cuatro diseñadores del siglo XX, auténticos «artistas del vestir», que encaminaron el rumbo de la moda.

PACO RABANNE

Cuando su familia emigró a Francia, Paco Rabanne (Pasajes, España, 1934), hijo de un republicano al que fusilaron en la Guerra Civil española, empezó a estudiar arquitectura en la escuela de Bellas Artes de París. En 1963 expuso en el Museo de Arte Moderno una escultura habitable diseñada para jardines que tuvo mucho éxito. Para ganarse la vida diseñó bolsos y zapatos para Charles Jourdan; así fue como se introdujo al mundo de la moda. Como era un hábil artesano, inventó accesorios insólitos fabricados con materiales impensables, como botones de fideos o pepitas.

Poco después, financiado por el perfumista español Puig, tuvo acceso a los recursos que requerían sus innovaciones: desde el primer vestido de lentejuelas doradas con diamantes incrustados — que llevó Françoise Hardy—. Rabanne ha empleado los materiales más variados, preciosos o no, al servicio de su imaginación. Además, posee un increíble don para inventar historias y puede hablar tanto de las «diferentes vidas que ha tenido», como de sus «proféticas visiones del fin del mundo». En una cena que dio para presentar uno de sus excelentes perfumes, durante la velada habló de «su juventud en la corte del faraón...» ¡Y todos le creímos!

PIERRE CARDIN

Cardin (San Biagio di Callalta, Italia, 1922) aportó a la moda nuevas siluetas: para el día abrigos rectos, cortos, estructurados con pliegues que partían de los hombros y que se llevaban con pantalones muy estrechos y botas; para la noche nos concebía como «mujeres joyero»: enmarcadas en geometrías que terminaban en nudos, en un fruncido, en un tocado de gazar o en una asimetría.

En cuanto a la moda para hombre, ¿quién no ha soñado con ponerse uno de sus sacos? En 2006 inauguró un museo en Saint-Ouen, en la periferia de París. Desde su primer abrigo plisado, creado en 1952, hasta los accesorios y los vestidos ceñidos de la década de 1980, con cada prenda invita a un «regreso al futuro». La moda, los muebles y los objetos decorativos que creó fueron y siguen siendo de vanguardia. «Lo que hoy en día resulta asombroso, mañana no sorprenderá; y siempre será así», dijo durante una cena que dio en «su casa», es decir, en Maxim’s.

YVES SAINT LAURENT

En 1971, la famosa colección Libération de Yves Saint Laurent (Oran, Argelia, 1936-París, Francia, 2008) causó impacto: moda retro inspirada en los años 40, faldas cortas con plataformas, abrigos de piel teñidos, maquillaje con colores brillantes, pómulos marcados, turbantes, minifaldas con estampados de tonos vivos o en blanco y negro, siluetas ceñidas que anunciaban el retorno de la mujer con curvas y estolas en los hombros o pequeños abrigos de zorro teñidos de verde que desacralizaron el uso de pieles. La colección era tan insólita que causó un gran efecto en todos; no sabían si les encantaba u horrorizaba. Las «sacerdotisas de la moda» estaban tan indignadas que anunciaron su inconformidad a los cuatro vientos.

Sin embargo, el modisto acababa de poner de moda lo retro, después de haber sido el primero en hacer de la ropa corriente un producto de lujo que nunca pasa de moda. Más adelante presentó en un desfile un trench —gabardina— fabricado en raso, seda, cuero dorado y tejido impermeable, y en 1966 decoró el jersey de marinero con lentejuelas.

Concibió el estilo andrógino y, a partir de 1966, el pantalón se convirtió en la prenda estrella de todos los guardarropas. Fue el primero que inventó el unisex y la ropa deportiva para el día y la noche. En verano de 1970 convirtió la prenda masculina por excelencia en vestido, versión larga y corta. Los hippies se ponían las chilabas —túnicas— y capas marroquíes Saint Laurent, y se peleaban por los bolsos con adornos bordados.

Yves siguió innovando cuando incorporó el folclore ruso, que incluía levitas de talle alto, chapkas —gorros— y botas hasta la rodilla; el africano, con tejidos de rafia y lino bordados con cuentas de madera y cristal azul de los masai. En 1965, rindió homenaje al pintor holandés Mondrian: reprodujo sus cuadros en vestidos rectos de punto. La colección Pop Art, que sacó al año siguiente, era un guiño a las pinup de Warhol; también fue admirador de Picasso, Miró, Matisse, Goya y Gainsborough, que le inspiraron brillantes creaciones. Luego vinieron las chaquetas Jean Cocteau, los lirios y girasoles de Van Gogh y los pájaros de Braque. En enero de 2002, Laurent abandonó el universo de la moda con una despedida en Beaubourg.Muchos lamentamos su pérdida.

GIANNI VERSAGE

Si mi primer flechazo fue por Giorgio, el segundo se lo debo a Gianni Versace (Italia, 1946-Florida, EE.UU., 1997). Era un seductor, amante de la pompa y el lujo basado en la ostentación, como la mayoría de la gente del sur —su familia era originaria de Reggio de Calabria—, aunque Giorgio prefería el lujo discreto de la Italia septentrional.

Para mí Gianni era un sastre, el hombre de las chaquetas con estructuras que no envejecían con el paso de las temporadas. Su nombre también está vinculado a una imagen perversa de la mujer —¡aquellos abrigos de pieles con glamour hollywoodiense!—, una estética con la que también comulga su hermana Donatella Versace quien, desde que el modista desapareció, en julio de 1997, ha vestido y desvestido a mujeres hermosas que anhelan poder: Madonna, Demi Moore o Halle Berry han sido el símbolo de ese tipo de seducción en las campañas publicitarias de la firma.

En 2007 hubo una reunión en Milán para conmemorar los diez años de su muerte. En el mundo de la moda todo se celebra, aunque sea algo triste. Gianni estaría orgulloso de saber que el estilo Versace vuelve a cosechar elogios.

Estas memorias de Frédérique Mory —una de las más legendarias periodistas de la moda—, corresponden a su libro Apuntes de la moda —Bloc-Mode, publicado por Editions de la Martiniere, París, 2008 y traducido por Julieta Carmona Lombardo en 2009 para editorial Océano— que recopila décadas de apuntes sobre los diseñadores más icónicos del siglo xx

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