niños – Algarabía https://algarabia.com Algarabía Wed, 24 Sep 2025 14:59:18 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://algarabia.com/wp-content/uploads/2021/06/favicon.png niños – Algarabía https://algarabia.com 32 32 El origen de algunas palabras deportivas https://algarabia.com/el-origen-de-algunas-palabras-deportivas/ https://algarabia.com/el-origen-de-algunas-palabras-deportivas/#respond Wed, 24 Sep 2025 14:59:15 +0000 https://algarabia.com/?p=51124 En la actualidad, nuestra vida va tan deprisa que no tenemos tiempo de poner atención a los detalles o analizar el por qué de muchas cosas, por ejemplo, el lenguaje. ¿Te has preguntado de dónde vienen las palabras que usamos diariamente? Aquí te contamos de algunas que utilizamos desde niños, en la clase de deportes, hasta adultos en cualquier plática con amigos. Conoce el origen de algunas palabras deportivas.

Fútbol

Uno de los deportes favoritos en México y quizá el mundo. Su origen viene del vocablo en inglés football, formado por foot (pie) y ball (pelota); comenzó a ser conocido en 1863 y en EE.UU le llaman soccer, palabra que a su vez proviene de la palabra association (asociación).

Natación

Del latín natatio, natationis que significa ‘nadar’. Se tiene registro que los pueblos egipcios la practicaban desde el año 2500 a.C, también se conocía que en Grecia y en Roma era parte fundamental del entrenamiento militar y de la educación elemental de los varones.

Básquetbol

Del inglés basketball que significa basket (cesto) y ball (pelota). Éste fue inventado en 1891 por el profesor canadiense de educación física James Naismith, en la Universidad YMCA Springfield, Massachusetts, EE.UU.

Boxeo

Del inglés boxer que significa boxeador. Existe desde 1681 y se comenzó a practicar formalmente en Inglaterra, aunque se tiene registro de que en África se practicaba desde los años 6000 a.C.

Golf

Del término holandés ‘kolf’ que significa palo. La historia cuenta que en la antigua Roma ya lo practicaban, siendo muy popular entre la gente durante los primeros años del Imperio Romano.

Tenis

De la palabra francesa ‘teniz’ que significa ten. Cuando comenzó a jugarse, era común que cada jugador gritase ‘¡tenez!’ (‘¡allá va!, ¡toma!, ¡ahí va!’) al lanzar la pelota. Fue inventado por el militar inglés Walter Clopton Wingfield, quien le dio ese nombre en 1873.

Rugby

Anglicismo que se desarrollo en 1830, llamado así por la escuela Rugby School, situada en Rugby, Inglaterra. También es conocido como una variante del fútbol.

Hockey

Del francés hoquet, que significa cayado (tipo de bastón alto), apareció por primera vez en un libro de 1773, otros opinan que podría venir del uso de tapones de corcho como discos de juego, procedentes de barriles de cerveza inglesa que eran llamados (hock o hocky).
¿Conocías el origen de estas palabras?

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El espirógrafo https://algarabia.com/el-espirografo/ https://algarabia.com/el-espirografo/#respond Thu, 18 Sep 2025 05:23:03 +0000 https://algarabia.com/?p=19371 El espirógrafo Read More »

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El antecedente más antiguo del espirógrafo, juguete para trazar figuras geométricas, data de 1908, y se llamaba The Marvelous Wondergraph. Constaba de una base, poleas, extensiones y un brazo de madera, cordeles, una plumilla de tinta negra y discos de cartón sobre los que se dibujaban, de manera casi automática al girar una manivela, asombrosas composiciones simétricas.

Basados en el mismo principio, surgieron muchos juguetes similares. En 1965, el ingeniero británico Denys Fisher presentó su invención en la Feria Internacional del Juguete de Nüremberg: consistía de un juego de figuras plásticas —discos, triángulos, regletas— que estaban dentadas y perforadas; se fijaban con alfileres el papel sobre el soporte; se insertaba un bolígrafo en una de las perforaciones y se «dibujaba» siguiendo las formas determinadas por las plantillas. El resultado era una serie de imágenes intrinicadas y multicolores que parecían hipnotizar a quien las veía. Fisher llamó a su invento «Spirograph».


La empresa Kenner compró a Fisher los derechos del Spirograph® y lo lanzó al mercado estadounidense en 1966, con un éxito inmediato. En México se conoció como Espirógrafo y era fabricado por la compañía Lili-Ledy. Además existía una versión eléctrica.


Actualmente, Spirograph es propiedad de Hasbro y cuesta alrededor de 15 dólares; un modelo de colección puede cotizarse hasta en 200 dólares.






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Mitos sobre la cerveza

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Porque lo digo yo… ¡que soy tu madre! https://algarabia.com/porque-lo-digo-yo-que-soy-tu-madre/ https://algarabia.com/porque-lo-digo-yo-que-soy-tu-madre/#respond Thu, 21 Aug 2025 05:54:41 +0000 https://algarabia.com/?p=60129

«Mi hijo Moshe es el mejor de todos, paga 3 mil pesos cada semana a un doctor para que lo escuche por una hora y, ¿de quién habla? ¡De mí, de su madre!»

Decir de una buena madre

En otro artículo mío hablé sobre mis años de infancia y sobre cómo han cambiado las cosas desde que éramos niños, y aunque lo cierto es que la forma en que las mamás de hoy educan a sus hijos es distinta a la de aquellos días, también es cierto que las mamás «de todos los tiempos» conservan comunes denominadores.

Y es que, a pesar de que pudieran parecer arcaicos, muchos de esos «métodos educativos» —enojos, gritos, sombrerazos, chantajes y, en fin, todo el arsenal de frases y armas, letales o no, que usaron con nosotros nuestras mamás— funcionaron o, lo que es peor, siguen funcionando, porque yo a mis hijos me los traigo bien giritos con el «uno… dos… tres».

Las mamás educan, corrigen, alientan, advierten y concientizan; también se desesperan, estallan, tienen arranques y, sobre todo, chantajean y amenazan. Las ocasiones son varias y diversas, pero sus cantaletas siempre son las mismas. He aquí algunas de ellas:

Para los mal portados

A los incorregibles se les amenaza con: «te voy a enderezar de un solo guantazo» o «mejor reza para que esta mancha salga de la alfombra» o «te voy a dar para que llores por algo» o «vas a dormir calientito». Y cuando la mamá empieza a dar nalgadas a uno y el hermano se burla, exclama contundente: «orita voy contigo», y el remate es algo como: «para que veas lo que te pasa cuando te portas así» o bien: «date de santos que estoy cansada; si no, ¡te hubiera ido peor!».

Retobar

Contestarle a la madre puede ser demoledor: «no me contestes», «no me retobes», «no me rezongues» o, en forma de oxímoron: «¡cállate y contéstame!». Y ante tus rezongos, te dice: «si me vuelves a contestar, te voy a poner a hacer buches de lengua y diente» o «te voy a voltear la cara de un manazo» o, peor aún: «vas a ir a recoger los dientes a casa de doña María» —que vivía enfrente—. Y si osabas levantarle la mano, la respuesta era implacable: «se te va a secar».

Accidentes y pleitos

Cuando, por andar de inquieto, uno termina con un golpe o sangrando, la respuesta no es precisamente consoladora: «eso te pasa por…» o «hasta que se queden ciegos, mancos o tuertos van a entender». Ante los pleitos a golpes, mamá nos reprende con un «déjense de pelear, que son hermanos», o con frases hechas: «juegos de manos son de villanos». Pero si los golpes siguen, entonces revira con una retahíla de insultos del tipo de «¡ordinarios!, ¡pelados!, ¡majaderos!, ¡crápulas!, ¡canijos!» y hasta «¡fariseos!». Y las lágrimas del vencido son enjugadas con un tajante: «¡ahora te aguantas!».

Foto: sp.depositphotos.com

Nadie hace nada

Normalmente los hijos no cooperamos con las labores de la casa ni recogemos lo que tiramos, por lo que a todos nos han tocado reproches como: «¡labregones!, ¡bolsones!, ¡talegones!»; si es muy mexicana: «alza tu tiradero», o, si no lo es tanto: «tu muladar» o «tu zahurda». Y luego puede quejarse mientras levanta el tiradero con lamentos como: «aquí nadie hace nada», «todo mamá, todo mamá», «parezco su criada» o «pero ya verás: en tu época no va a haber quien te ayude».

También puede soltar indirectas del tipo: «a ver, tú que no estás haciendo nada…» o «tú, m’ijito, que estás más cerca, ayúdame». Y cuando ve que el desorden del cuarto del hijo no tiene remedio, exclama resignada: «dejarían de ser hombres» o «mejor cierra el cuarto para que no se vea tu chiquero».

Frente a las visitas

Para fomentar las habilidades sociales de los niños, mamá recurre a los consabidos: «saluda, m’ijito…», «¿cómo se dice?», «pórtate bien», «te comes todo lo que te den», «di gracias» o «sí, ¿qué…?», mientras que para disimular las metidas de pata del pipiolo, nada como un: «¡niño!, ¿dónde has visto eso?», «m’ijito, mejor cállate», o indirectas como: «no, si de veras no entendemos» —que es otra forma de decir: «te lo digo Juan, entiéndelo tú, Pedro»—. Pero, ya en corto, el pellizco furtivo viene con un «tú y tu bocota» o, si ya está a punto, con amenazas: «síguele y verás» o «lúcete».

Las cosas perdidas

Madres e hijos siempre andamos buscando cosas perdidas, ya sea porque los hijos las perdieron —«nomás das vueltas y no buscas», o «sólo buscan por encimita», o «…con los ojos»— o porque la memoria de la madre es deficiente —«pásame eso que está en mi cuarto que está encima de la cosa ésa»—. La sentencia final es clara: «no, si nunca encuentran nada».

En la mesa

Aquí ya hemos hablado de la hora de la comida, que es un tema insoslayable en este artículo, con frases como: «¡no te levantas hasta que te lo acabes!», «¡te lo comes o te lo pongo de sombrero!» —una tía literalmente lo hacía—, «usa los cubiertos, comes como animalito» o «como peladito de la calle». No faltan amenazas: «te lo vas a comer; escoge: ¿con nalgada o sin nalgada?», chantajes: «hay niños pobres que no tienen qué comer», o frases hechas: «comes como pelón de hospicio» o «el que come y canta loco se levanta».

Chantaje

El chantaje es inevitable en la relación maternofilial: «me van a matar de un coraje», «mira cómo me pongo por tu culpa», «con ustedes no se puede», o variantes peores: «claro, como estoy pintada», «como yo no cuento», «nadie me hace caso» o algunas más radicales: «ya se acordarán de mí», «me vas a extrañar», o el lapidario «guárdate esas lágrimas para cuando yo me muera».

Malas palabras

Una madre cuida que el niño hable bien y, para enmendarlo, la señora es correctiva: «si vuelves a decir eso, te suelto una bofetada», aséptica: «te voy a lavar la boca con jabón —o con lejía—», detectivesca: «¿dónde has oído eso?», o, de plano, autoritaria: «para gritar, ¡grito yo!».

Foto: Liza Summer

Pasivoagresiva

Cuando te ven vestido o arreglado para salir, las mamás recurren a la agresividad velada, a la ironía y al sarcasmo para expresar su opinión: «¿me estás pidiendo permiso o me estás avisando?», «¿a poco vas a salir así?», «¿qué son esas visiones?» o, peor aún, «¿ves cómo así sí te ves bien?», o «hasta que por fin te arreglas». Al final, ante la reacción del chamaco, exclama: «no, si no se les puede decir nada…» o «ya me pedirás algo…».

Saliéndose del huacal

Los hijos crecen, se hacen adolescentes y, ante las salidas, la mamá arremete con la artillería más pesada de su repertorio: «¿a quién le pediste permiso?», «¿qué horas son éstas de llegar?», «¿que no se cansan nunca?», «andan de la Ceca a la Meca» o «andan como pulgas en pretina». Cuando llegas a deshoras: «¿dónde andabas?», «aquí no es hotel», «me tienen con el Jesús en la boca, bajé a toda la corte celestial», «qué, ¿te mandas solo?», o, si uno es más osado: «cuando regreses, vas a encontrar tus cositas allá afuera». Y ante la rebeldía, la respuesta es: «cuando te pagues tus cosas, podrás hacer lo que quieras» o «mientras vivas en esta casa…».

También cuando pones la música a todo volumen hay réplicas: «¿estás sordo o qué?», o con audífonos: «ustedes de grandes van a oír menos que yo», u «ojalá que como te aprendes las canciones te aprendieras las lecciones». Y cuando le preguntas quién llamó: «yo no soy tu recadera», y si le pides que le diga algo a alguien que te llama: «yo no digo mentiras» o «díselo tú».

Dinero

Las frases del dinero son proverbiales y consabidas: «claro, como a ustedes no les cuesta», «me mato trabajando y ustedes desperdiciando», «no compro nada», «ves burro y se te ofrece viaje», «¿crees que soy banco?», «¿creen que barro el dinero?», «¿crees que el dinero sale de los árboles?» o «de la manga».

Amenazas, advertencias o «así es y punto»

O lo que es lo mismo: «hay de dos sopas: la de fideos y la de jodeos; y la de fideos ya se acabó». Y es por eso que la mamá dice cosas como: «si te caes, mejor te matas, porque yo no voy a estar jalando un carrito con una niña tullida», o «el que se quedó, se quedó», o «es la última vez que los saco», «si se van a matar, háganlo fuera que acabo de limpiar». O simplemente cuenta: «te doy tres… ¡uno!, ¡dos!…» O, ya más en cancha: «le voy a decir a tu papá», o «ésta es la mamá que te tocó y ni modo», o la máxima muestra de amor maternal: «yo te traje a este mundo… ¡y te puedo sacar de él!».

Cuando la paciencia se acaba

Ya desesperada, la mamá exclama: «¡de veras contigo!», o «con ustedes no se puede», o «tú no entiendes, ¿verdad?», o «no tienes llenadera», o «siempre es lo mismo contigo». O estalla con cosas como: «¿en qué idioma te lo tengo que decir?», «¿hablo en chino?», «les entra por un oído y les sale por el otro». O, si ya de plano no puede, se tira a la yugular con cosas como: «¡eres igualito a tu padre!» o «tu hija va a ser peor que tú».

Agradeciendo

«¡Qué razón tenía mi mamá!», decimos muchas veces, y ella lo sabe; por eso afirma: «¿quién más que yo, que soy tu madre y te quiero tanto, va a saber qué es bueno para ti?», o «algún día me lo agradecerás», o «es por tu bien».


Así, las madres serán siempre las madres y sus frases persistirán hasta el fin de la historia. Por eso lo mejor es obedecerlas y ni tratar de quejarse —o reconciliarse— con ellas, porque, cuando tratas de hacerlo, te dicen: «mira, ya tus quejas cuéntanselas a tu psicoanalista», y dicho en sus propias palabras: «¡porque soy tu madre! Y, aunque tengas 80 años, seguiré siendo tu madre»

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LEGO https://algarabia.com/lego/ https://algarabia.com/lego/#respond Fri, 13 Sep 2024 15:38:53 +0000 https://algarabia.com/?p=22564 La historia de LEGO1 Su nombre proviene de la fusión de las palabras danesas leg y godt, que unidas se traducen como «juega bien». empezó en el año 1932 en Dinamarca, un país lejano al norte de Europa, cuando Ole Kirk Christiansen abrió una pequeña fábrica de juguetes de madera en el pueblito sureño de Billund.
En 1949, Christiansen creó la primera versión del bloque lego. Con los años lo perfeccionó hasta lograr su forma actual, con los circulitos de arriba y los hoyitos de abajo, los cuales permiten conectar unos con otros y construir cosas. Y aunque hubo ajustes en la forma, el color y el diseño, los bloques que se hacen hoy todavía se pueden conectar con los primeros modelos que se hicieron.
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Los ladrillos lego se empezaron a fabricar con una cosa llamada acrilonitrilo butadieno estireno —ABS—, un plástico muy duro que resiste golpes, rayones y mordeduras; además, es ideal para mantener los bloques conectados.

Nathan Sawaya construyó una escultura para la celebración del renacimiento de Nueva Orleans, para la cual utilizó más de 120 mil ladrillos LEGO.

Existen 2400 formas diferentes de bloques lego, producidas en fábricas en Dinamarca, la República Checa y México. Además, la empresa cuenta con 25 líneas de productos diferentes, las cuales se venden en más de 130 países.

Dato curioso: 40 mil millones de bloques lego, apilados uno sobre otro, conectarían a la Tierra con la Luna.

Justo antes del cambio al nuevo milenio, los bloques lego fueron elegidos como el «Juguete del siglo», por la Fortune Magazine en los ee. uu., y por la British Association of Toy Retailers, uno de los reconocimientos más renombrados en la industria del juguete.
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En 1999, LEGO fue reconocido por la revista Fortune como uno de los mejores productos del siglo, ya que es muy sencillo de usar para los niños, pero al mismo tiempo ha hecho volar la imaginación y la creatividad de varias generaciones.

Existe un parque de diversiones, en California, EE.UU., llamado Legoland, el cual está inspirado en estos coloridos bloques y sus personajes.


Referencias

  1. Su nombre proviene de la fusión de las palabras danesas leg y godt, que unidas se traducen como «juega bien».

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La Biblioteca de México: un espacio para los niños y las niñas https://algarabia.com/la-biblioteca-de-mexico-un-espacio-para-los-ninos-y-las-ninas/ Mon, 29 Apr 2024 19:54:51 +0000 https://algarabia.com/?p=91238

Lectura, juego y convivencia para las familias el Día del Niño y a diario

Me recibe un espacio semiabierto lleno de colores. Se trata del piso cubierto por foamies, cubos, cilindros y demás figuras geométricas hechas en espuma para que los niños jueguen con ellos. Además de colores, el espacio está lleno de risas de un hermano y una hermana retozando, y sus padres que contemplan. Esto es apenas el comienzo en el área infantil, compuesta por seis espacios en torno a un jardín cubierto con pasto y dominado por una frondosa jacaranda. Los juegos de mesa, como scrabble y dominó, y juguetes de tipo bloques de construcción y un caballito mecedor, invitan a los niños y sus padres a seguir divirtiéndose dentro de la ludoteca y en la bebeteca.

Área infantil de juego en la Biblioteca de México en la Ciudadela. Foto: Carla Pascual

Los libros y México

La Biblioteca de México, ubicada en la Ciudadela, fue inaugurada en 1946 por José Vasconcelos, su primer director, en el edificio de estilo neoclásico y ornato sobrio construido en piedra a finales del siglo XVIII para instalar la Real Fábrica de Tabacos de la Nueva España —según la página web de la misma Biblioteca—. A partir de la guerra de Independencia de México, el edificio tuvo varios usos políticos y militares, como haber sido prisión del insurgente José María Morelos y Pavón previo a su fusilamiento en 1815. De techos altos y muros gruesos, en 1816 fue destinado a Parque General de Artillería y utilizado como depósito de armamento, almacenes de sanidad militar, talleres de maestranza y armería, prisión política, cuartel, hospital y laboratorio.

De misión militar a misión educativa, el edificio actualmente acoge salas con colecciones generales, la biblioteca personal de cinco intelectuales mexicanos fallecidos, una sala para personas con discapacidad visual y la sala infantil para niños y adolescentes de cero a 17 años.  Otro espacio para compartir es la sala de literatura infantil, con miles de libros de cuento, poesía y novela provenientes de varios países para disfrutar entre padres e hijos en los sillones color naranja. Si está cerrada, basta con pedir a los encargados de la sala infantil que la abran. Ellos pueden buscar en el catálogo títulos de tu interés o, mejor aún, puedes adentrarte en la estantería abierta y dejarte sorprender por el libro que te tienda la mano.

Sala de literatura de la Sala Infantil de la Biblioteca de México en la Ciudadela. Foto: Carla Pascual

Actualidad

La sala de alfabetización digital y consulta, pintada en amarillo y con sillas color naranja, cuenta con computadoras y enciclopedias y representa un recurso invaluable. «Aquí vienen niños y adolescentes vecinos de la Biblioteca a hacer sus tareas, o niños cuyos padres trabajan a la redonda, como ese par de niñas», me dice el encargado de la sala. Estos mismos niños y adolescentes llegan a aprovechar las actividades culturales programadas cada mes, como cursos para escribir poesía o cómo hacer un podcast.

Por si esto fuera poco, el Foro Polivalente recibe representaciones de las artes escénicas para todas las edades. En el Patio Octavio Paz, contiguo a la Sala Infantil, se ofrecen conciertos los fines de semana, incluidos conciertos para niños. Al ser el Patio Octavio Paz un espacio semiabierto y no una sala de conciertos, resulta menos imponente para ellos. No sobra mencionar que el personal de la Biblioteca de México se esmera en invitarte a que la disfrutes, ya sea explicándote las actividades, los acervos, la historia del lugar o atendiendo cordialmente tus peticiones. Saben la riqueza pública que ella resguarda y ofrece y el valor para sus usuarios. Así que la sala infantil y la Biblioteca de México son para disfrutar no solo en fechas especiales, sino también a diario.

Sala de alfabetización digital y consulta de la sala infantil de la Biblioteca de México en la Ciudadela. Foto: Carla Pascual

La Biblioteca de México está abierta de 9:00 a 19:30 diariamente, excepto los días de asueto oficial. Entrada libre. Se ubica en la Plaza de la Ciudadela #4. Col. Centro. Ciudad de México. Hay estacionamiento en la calle o en el estacionamiento del Mercado de Artesanías La Ciudadela y cicloestación de Ecobici. Estación Balderas del Metro y del Metrobús. Informes para el área infantil en el número telefónico 55 41 55 08 00, ext. 3887/ BM_SalaInfantil@cultura.gob.mx

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Seis consejos de cine de Hayao Miyazaki https://algarabia.com/seis-consejos-de-cine-de-hayao-miyazaki/ https://algarabia.com/seis-consejos-de-cine-de-hayao-miyazaki/#respond Sat, 07 Jan 2023 04:03:47 +0000 https://algarabia.com/?p=33606 En su colaboración con revista Algarabía, Enfilme nos comparte una serie de consejos o lecciones que hemos aprendido de las películas del cineasta japonés Hayao Miyazaki.

En el contexto de animación estadounidense, las películas de Hayao Miyazaki podrían parecer casi impenetrables. Con la ausencia de una etiqueta que las haga exclusivamente para niños y su evasión de tener cualquier carga de la cultura pop actual, las películas de Miyazaki, en cambio, se permiten explorar las ilimitadas posibilidades creativas del cine de animación. Y hay pocas imaginaciones como la de Miyazaki.

Eso es lo que hace que su retiro, con la emotiva The Wind Rises, sea mucho más que una pérdida. Es difícil no estar agradecido por las hermosas películas que el director de 82 años de edad ha hecho, pero su ausencia, sin duda, deja un enorme agujero en el cine que ningún otro realizador puede llenar.

Así que aquí hay un poco de la escuela de cine —para los fans y los cineastas por igual— del hombre que nos ha hecho soñar con gigantes, espíritus, princesas y más.

1. Trabaja para una cultura más rica, no para una distraída

Miyazaki es un gran crítico de nuestra dependencia a la «realidad virtual» —a los videojuegos, la televisión y la animación, también—. El cineasta se queja de qué tanto en nuestra cultura es «ligero, de poca profundidad y falso.» Él también es un ambientalista, de una variedad un tanto oscura y apocalíptica. Alguna vez dijo, no del todo en broma, esperar con interés el momento en que Tokio se sumerja en el océano y la torre ntv se convierta en una isla, es decir, cuando la población humana caiga en picada y no haya más rascacielos.

El ambientalismo de Miyazaki es, sin duda, un tema evidente en su cine; tal vez aparezca más contundentemente en La princesa Mononoke. Pero su interpretación de la naturaleza como un encantador ser vivo, al que más vale cuidar, proviene de un interés en ir más allá de las distracciones de la cultura popular y centrarse en las cosas que nos hacen humanos.

Esto, quizás, es lo que más separa la opinión de Miyazaki de la animación de Hollywood: Miyazaki ve la animación no como un medio para la distracción juvenil, sino como un medio para permitir a la imaginación florecer de tal manera que encontramos algo real en ella.

La animación y la fantasía no son una oportunidad para distraerse de nuestro entorno, sino para crear nuevas y más íntimas posibilidades de comprensión de la realidad.

2. Permite que las imágenes guíen el ritmo

Este momento de Mi vecino Totoro —como lo menciona el entrevistador en el video que puedes ver abajo— es poco frecuente, no sólo en la animación, y no sólo en el entretenimiento de los niños, sino en el cine en general. Rara vez el ritmo de una película se frena para considerar el acto de la espera y la belleza de las gotas de lluvia. El testimonio de Miyazaki en esta escena muestra que, incluso en la animación, hay un flujo de acontecimientos que uno puede elegir aceptar en lugar de simplemente construir. Todo lo que uno necesita es un poco de paciencia y capacidad de observar.

3. Deja que la política de tu negocio coincida con la política de tus películas

Miyazaki es un feminista, en realidad. Él tiene esta convicción de que para tener éxito, las empresas tienen que hacer posible que sus empleadas también tengan éxito. Esta actitud se puede observar en la Princesa Mononoke. Todos los personajes que trabajan los fuelles en las obras de hierro son mujeres. Luego está Porco Rosso. El avión de Porco es reconstruido en su totalidad por mujeres.

Foto de: poptaim.com

En un apartado especial del dvd Spirited Away, Toshio Suzuki discute la filosofía empresarial de Miyazaki en el Studio Ghibli y las cualidades notablemente feministas en las que está imbuida la empresa. Hollywood ha explorado recientemente las posibilidades de películas animadas centradas en mujeres que no son precisamente la clásica historia de la princesa de Disney, mientras que Miyazaki ha hecho una carrera empoderando a los personajes femeninos en el centro de muchas de sus películas. Es vital que las políticas de gobierno que hacen una película sean consistentes con lo que aparece en el filme en sí, pues son inseparables. O deberían serlo.

4. Conoce tus límites y acoge el trabajo en equipo

«A esta edad, no puedo hacer el trabajo de antes. Si mi personal me puede aliviar y puedo concentrarme en dirigir, todavía hay una serie de películas que me gustaría hacer.»
Miyazaki amenazó —antes de su retiro— con su jubilación varias veces, ya que el arduo proceso de hacer cine de animación no se acomoda al envejecimiento. Lo que ha impulsado a Miyazaki hasta aquí se debe en parte a su equipo y al apoyo de una familia de cineastas dispuestos a colaborar hasta obtener una visión compartida. Es importante reconocer, como lo hace el propio Miyazaki, que sus películas no son únicamente sus películas.

Foto de mascultura.mx

Ese logo de Studio Ghibli es quizá más instructivo sobre lo que sucede en una película de Miyazaki que el propio nombre de Miyazaki.

5. Aprende cómo balancear los viejos y nuevos medios

«Es muy importante para mí conservar la relación correcta entre el trabajo manual y el ordenador. He aprendido ese equilibrio ahora, cómo utilizar ambos y aun así ser capaz de llamar mis películas 2D.»
Aunque Miyazaki deliberadamente cree que el dibujo a mano en papel es el aspecto fundamental de la animación como una forma de arte, él ha adoptado, de manera gradual y selectivamente para su diseño de películas, las oportunidades que las nuevas tecnologías permiten, al tiempo que mantiene un cuidadoso equilibrio que preserva la integridad de su proceso de dibujo a mano. Las nuevas tecnologías para el cine no deberían ser excluidas sólo porque son nuevas, sino que se debería explorar con cautela su utilidad en términos de mantener un esfuerzo sincero en las películas que uno trata de hacer.

6. No subestimes a la infancia; no sobreestimes a los adultos

Aunque las películas de Miyazaki son apreciadas por las audiencias jóvenes y mayores, muchas de sus obras pueden introducirnos en posibilidades imaginativas normalmente silenciadas por nuestro desarrollo de un pensamiento maduro racional. La princesa Mononoke presenta un elaborado mundo de demonios, espíritus del bosque, caminantes nocturnos y guardianes sobrenaturales y no proporciona una exposición sobre las reglas de este mundo —Miyazaki simplemente espera que el espectador acepte las inmensas posibilidades como son y deja que el desarrollo de la historia enseñe cómo es el mundo donde se desarrolla—.
Esto revela un radicalmente confiado sentido de la imaginación, uno que está asegurado en la visión, pero que también otorga increíble confianza y fe en la audiencia. Y, a veces, los niños son espectadores más abiertos de lo que los adultos pudieran tener la esperanza de ser.

Lo que hemos aprendido

Al comienzo de la entrevista en video que se muestra arriba, un reportero de la bbc pide a Miyazaki que diga lo que piensa del título que se le ha dado de «Disney japonés», a lo que Miyazaki responde que a él no le gusta para nada. Él es un director, no un productor. A pesar de que Miyazaki ha tenido y seguirá teniendo un papel fundamental en el Studio Ghibli es, ante todo, un cineasta, no un hombre de negocios o el topógrafo de propiedades potenciales. Disney, se puede argumentar, invirtió más en las distracciones que las películas de Miyazaki intentan sobrepasar.
Aunque Miyazaki hace películas que son accesibles para los niños, él se niega a hacerlas sobre la imaginación infantil. En su lugar, va más allá de las limitaciones y las convenciones del actual y racional mundo adulto, explorando la gama de posibilidades que están lejos de los supuestos cegadores que indican lo que pueden, deben, o no, ser las películas de animación. Todos deberíamos ser tan afortunados como para tener un punto de referencia de las posibilidades del cine como el de Miyazaki.
JAR (@franzkie_)
Revisa aquí más consejos y reglas de directores de cine
Breve biografía de Miyazaki

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Kim Phuc, la niña del ataque con napalm https://algarabia.com/kim-phuc-la-nina-del-ataque-con-napalm/ https://algarabia.com/kim-phuc-la-nina-del-ataque-con-napalm/#comments Fri, 29 Apr 2022 23:00:00 +0000 https://algarabia.com/?p=29136 El 8 de junio de 1972, en la aldea de Trang Bang, un grupo de personas refugiadas en una iglesia echaron a correr fuera cuando escucharon el ruido de aviones. Era el ejército de Vietnam del Sur, que roció a todo el poblado con napalm -un combustible utilizado para cargar bombas y proyectiles incendiarios-. Entre ellos corría despavorida una niña de 9 años que había perdido su ropa a causa del fuego, Kim Phuc.

En la fotografía se puede ver a Kim en el centro y a la izquierda a su hermano mayor, víctima también del ataque. La niña sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en el 65% de su cuerpo; dos de sus primos, de cinco y tres meses, murieron en el incidente.

Nick Ut, un fotógrafo de 20 años que colaboraba en la Agencia Associated Press, comenta que durante toda la mañana del 8 de junio, él, junto con un grupo de fotógrafos de varias agencias, estuvieron tomando instantáneas de lo que ocurría en el poblado; a eso de media tarde, escucharon el ruido de los aviones y acto seguido, el bombardeo con napalm. Casi todos se encontraban rebobinando sus cámaras, pero Nick, que siempre llevaba una cuarta, pudo captar el momento en que Kim caminaba por la calle sollozando y con los brazos abiertos a causa de las quemaduras. Después de tomada la fotografía, Nick le roció el agua de su cantimplora a la niña, la subió a su camioneta y la llevó al hospital para que la atendieran inmediatamente.

KIM PHUC- La niña de Vietnam- fotografía
Mientras los médicos hacían lo posible por salvar a Kim, Nick se trasladó a las oficinas de su agencia para revelar las películas y observar las fotografías. Cuando vieron en el cuarto oscuro la instantánea de Kim, él y su equipo estuvieron seguros de que esa imagen pasaría a la historia; sin embargo, no estaban seguros de poder publicarla a causa del desnudo frontal que exhibía. Al conocer la foto, Horst Faas, jefe de Nick, decidió que saldría a la luz inmediatamente.

Hace más de 40 años que Kim y Nick se encontraron por primera vez; hoy ella vive en Toronto y dirige una asociación que protege a niños víctimas de conflictos bélicos, The Kim Foundation. Comenta que sólo una vez ha vuelto a Vietnam, a causa de la muerte de su hermano —el mismo que aparece en la foto—; dice que no se siente lo suficientemente fuerte, ni física ni emocionalmente, para regresar.

Nick, quien ganó el Pulitzer Prize en 1973, ha recorrido el mundo dando charlas, enseñando fotografía y tomando más instantáneas, y ha declarado que le gustaría que la gente que ve la imagen de Kim entienda que no deben ocurrir más guerras.

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Nick Ut y Kim Phuc, 40 años después (2012).

Referencias:
BBC, News, «¡Dios mío, no quiero que muera!», en BBC Digital. 13 de enero de 2006. [Fecha de consulta: miércoles 2 de abril de 2014] Disponible en: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_4610000/4610456.stm
C. Pérez-Lanzac., «Cuando me duelen las heridas, rezo.», en El país digital. 18 de septiembre de 2012. [Fecha de consulta: martes 1 de abril de 2014] Disponible en: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/09/18/actualidad/1347994763_897201.html

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¡Diga whiskey! https://algarabia.com/diga-whiskey/ https://algarabia.com/diga-whiskey/#respond Tue, 01 Feb 2022 14:40:00 +0000 https://algarabia.com/?p=12715 Es curioso que los niños comiencen a sonreír a partir de su tercer o cuarto mes de vida. Según el zoólogo y etólogo inglés Desmond Morris, coincide con el momento en que el bebé reconoce a su madre, y esto se logra, sorprendentemente, por medio de su sonrisa.

Vía Canva

Dentro de nuestro catálogo de posibilidades, la sonrisa es un gesto que compartimos, todos los seres humanos, alrededor del mundo.

«Una gran sonrisa es un bello rostro de gigante». Charles Baudelaire

El ser humano sonríe por diferentes razones. Aunque es sabido que la sonrisa deriva de la risa, durante la interacción social, ésta nace por distintos motivos; porque también hay sonrisas fingidas, nerviosas, seductoras… Incluso, según Morris, hay un mecanismo fisiológico tan parecido entre el llorar y el reír, que puede decirse que la risa resulta del llanto.

No siempre nos preguntamos por qué sonreímos, pero este gesto universal es siempre bien recibido, y buscado por fotógrafos —y hasta sensores fotográficos—, en cualquier parte del mundo. Como sólo se utiliza un músculo más para sonreír que para fruncir las cejas —36 músculos, por si es curioso—, vale la pena hacer un esfuerzo individual, y —¿por qué no?— saber cómo ganarse la sonrisa de algún francesito o brasileño.

Idioma Expresión Traducción
Español Diga whiskey  
Inglés Say cheese ¡Diga queso!
Árabe Sib —suena como siiib— Manzana
Chino Qizi Berenjena
Portugués Olha o passarinho ¡Mire al pajarito!
Danés Sig appelsin / Pepsi ¡Diga naranja! / ¡Diga Pepsi!
Ruso Ska´zhite siski ¡Diga boobies!
Alemán Kaesekuchen / Spaghetti ¡Diga pastel de queso / spaguetti!
Francés Ouistiti Mono tití —en referencia al grito de estos animales—

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—Fíjate que se me antoja llevarme a mis hijos —que son dos y tienen ocho y seis años— a Acapulco por la carretera vieja, ¿sabes? Para que vean cómo se debe rebasar y tomar las curvas, y pasemos por pueblitos como Iguala, como cuando éramos chicos.

Mi marido, asombrado ante tal intención, le contestó:

—Está bien, pero, para hacerlo más real, tienes que conseguir una camioneta Galaxy como del 75, sin aire acondicionado y —obvio— sin cinturones, con asientos de vinyl. Invitar como a ocho primitos para que vayan apretados y dos hasta atrás con el equipaje y hasta con las bolsas del súper—; levantarlos a las 4 de la mañana —para que no te toque el calorón en el Cañón del Zopilote—, dejar que uno o dos de ellos lleven el visor y la llanta puestos desde la salida. Prevenir a todos que una de las primas puede vomitar y parar como a las 8 de la mañana a que todos desayunen en Iguala, un huevito con jugo de naranja, a fuerza, tengan hambre o no.

A Acapulco

Mi cuñado se rió, porque justo se acordó que así eran los viajes en su niñez. Igualitos a los míos. Mi prima Jana vomitaba siempre pasando Cuernavaca; mi tío Jorge nos advertía antes de salir: «Cuidadito y oigo un ruido», por lo que los pleitos tenían que ser a pellizcos por debajo de las piernas y en silencio; mi papá iba siempre de malas —porque odiaba manejar en carretera—, y mi tía Graciela rezaba toda la carretera: íbamos en Chilpanchingo y seguía con el rosario.

Mi mamá iba tejiendo y dando mazazos al que se portara mal y nosotros padecíamos el camino —de casi siete horas— «de buenas y cooperando», pero sin dejar de preguntar cada diez minutos: «¿Cuánto falta?». Después de dos horas más, por fin estábamos viendo el mar de Acapulco.

Pero la llegada tampoco era cualquier cosa. La casa tenía como mil escaleras y teníamos que subir las cosas. «¡Ayuden!», decía mi papá. Después, no podíamos nadar hasta pasadas dos horas de haber comido y de regreso de la playa nos dejaban horas fuera del Súper Súper —el único súper que había entonces—, todos enarenados y horneándonos en el coche, mientras compraban no sé qué que faltaba para la comida, al grito de: «¡Nadie se baja!».

Los años 70

Eso era más o menos lo que nos pasaba a los niños de antaño, ésos que vivimos nuestra infancia en los años 70 —y quizá más, otros que la vivieron en décadas anteriores—, los que crecimos con el Tío Gamboín y con el canal 5, Don Gato y su pandilla, Supercan y Mi bella genio —ya que no había cable ni Sky— y tuvimos que soportar en carne propia la «educación prusiana», donde el niño no era más que un adulto en potencia y el concepto de infancia no existía tal como hoy lo conocemos.

Anécdotas hay muchas. En el rancho que unos primos tenían cerca de Querétaro, cuentan que la tía Ana los dormía a todos casi, casi, a las 6 de la tarde, con tal de que ya no estuvieran «molestándola»: «¡Dejen fumar un cigarro, sólo un cigarro, a gusto, jijos del mais!», les decía a gritos. Pero luego, cuando —obvio— se despertaban a las 5 de la mañana y empezaban a jugar en los pasillos, la oían gritar de nuevo: «¡Al que haga ruido lo deslomo!».

Unos amigos míos me cuentan que él y sus hermanos eran prácticamente «obligados» a acompañar a sus tíos Félix y Alfredo a todas partes —que en ese entonces eran solteros— al grito de: «¡Déjalos ir con nosotros, Lore, que vas a hacer maricones a estos niños», y los llevaban a esperar a que «recogieran» a la novia dos horas en el coche, a las peleas de gallos, a andar en cuatrimoto, etcétera.

Una vez se fueron a recoger un motor a Laredo en un Renault 4; los tíos manejaron toda la noche, mientras ellos iban todos apretados atrás; los llevaron a dormir a un motel de dos estrellas y les dieron una caja de donas para cenar. Al día siguiente, como no pudieron pasar el mentado motor por una garita, esperaron para pasarlo por otra y tuvieron que dormir en el coche. Ambos tíos se compraron su «six» para cada quien, hicieron sus respaldos hacia atrás y ellos tuvieron que dormir en el asiento trasero, apretados y sin donas siquiera.

Como eras niño, tenías que hacer las labores domésticas propias de la infancia: irles a comprar cigarros a los tíos y a las tías, y tú comprar mil dulces de paso —no existía el concepto de «lo nutritivo»—, cambiarle el canal a la tele —evidentemente carente de control remoto—, saber preparar jaiboles y gin and tonics —mi papá se enojaba si no tenía la correspondiente cascarita de limón o los suficientes hielos—, ayudar a poner la mesa, cuidar a tus hermanos más chicos —sobre todo si tenías muchos— y demás.

Por otro lado, había lugares a los que estaba terminantemente prohibido entrar. Por ejemplo, en casa de mi abuela, los domingos, durante las comidas familiares, teníamos vetado entrar en el comedor, que era grande y tenía dos puertas.

Los niños mayores comían en el antecomedor —eso sí, con la mesa muy bien puesta— y los menores —categoría a la que pertenecíamos mi prima «La Nena», yo y dos de nuestros hermanos— solíamos comer en una mesita de madera de juguete con cuatro minisillas; pero si esa mesa la iban a utilizar para servir, entonces nos tocaba comer en la barda del pasillo que comunicaba la cocina con el jardín trasero, aunque acabáramos con las rodillas deshechas porque no podías acercarte al plato, al grito de mi madre y mi tía diciendo: «¡Apúrense, que ya vamos a comer los grandes!». Y eso no era lo peor: una vez, otra de mis primas se cayó y le sangró la rodilla y aún dudábamos si entrar o no a avisarles a «los papás», pues los oíamos platicar muy afablemente mientras fumaban y tomaban whisky y sabíamos que no podíamos interrumpirlos.

El colmo de lo prohibido era entrar cuando los señores jugaban dominó; entonces sí no había manera: si entrabas, uno de mis tíos —Faustino— te ahuyentaba con un caramelo de anís o hierbabuena que sacaba de la bolsa de su suéter y que teníamos que enjuagar para quitarle las pelusas que se le habían pegado.

La escuela

En asuntos escolares, las cosas eran muy distintas: tenías que ponerte de pie cuando entraba el profesor y guardar silencio. Por otro lado, mi mamá insistía en que adquirir colores Prismacolor —en su caja de terciopelo, todos bien— era un gasto inútil —«porque igual los van a perder»—, y cuando le pedía que me comprara algunos, me decía: «Escoge m’ijita: Blanca Nieves o Jungla». Las dos alternativas eran terribles: todos duros, de puntilla, rompían las hojas; eran lo menos cool del mundo. En esa época no existían los cuadernos de moda, todos eran marca Scribe, rayados o cuadriculados, con las tablas de multiplicar en las solapas y los forros aburridos —no había dibujitos, ni princesas, ni nada—.

Las mochilas eran de cuero de baqueta y los portafolios marca Samsonite, grises o azul marinos; además, no había loncheras padres tampoco, así que el sándwich iba en la mochila. Las «maestras» te pasaban lista, te formabas en filas inamovibles, te revisaban el uniforme —te la pasabas en la pila de suéteres perdidos buscando el tuyo o el que lo reemplazara—, te hacían escribir planas de «no debo portarme mal», te obligaban a rezar e ir a misa, y luego, a la salida, todo era muy distinto.

En la mía había tres categorías de alumnos: los de transporte, los familiares y los solos. Los de transporte salían 10 minutos antes y se iban a sus respectivos camiones — en los que hacían una hora a su casa dando vuelta —; los familiares se metían en una especie de patiojaula para esperar a que sus «familiares» llegaran por ellos, y a los solos —que éramos los más— nos mandaban directito a la calle, donde no hacíamos más que chacualear, perder el tiempo, intercambiar suéteres por jícamas o pepinos o paletas heladas y esperar a que vinieran por nosotros o irnos caminando a nuestras casas.

Mis primos, por ejemplo, se iban caminando solitos; Carlos era el mayor —nueve años— y tenía que cruzar avenida Revolución con sus hermanos de siete y seis y cuidarlos, «que ya estás grande». Nosotros teníamos que esperar que una camioneta Panel de VW llegara por doce niños que íbamos apretados y sin sentarnos, porque no tenía asientos, aunque a Marisita, que era la mayor, le tocaba ir adelante con el chofer. Otros dos de mis primos —que son gemelos— tenían que ayudarles a cruzar a las muchachas que iban por ellos —Herminia y Matilde— «la carretera», como ellas mismas le decían a la avenida Insurgentes.

Las tareas eran todo un universo aparte. La onda era ir diariamente a la papelería a comprar monografías de Hidalgo o de la Revolución, mapas —con o sin división política— o cartulina y papel cascarón. Todo se hacía a mano, no había Internet, ni computadora; a duras penas lo podías hacer en la máquina de escribir y la verdad que los trabajos siempre acababan llenos de Liquid Paper, porque no salía la mecanografía. Había un papel «amartillado» y otro «marquillado», de colores pastel y con márgenes barrocos, que se usaba en la secundaria —cuando se trataba de que te quedara elegante el trabajo—, aunque si lo vemos ahora, resultaría una vasca que daría vergüenza. Había libros de tareas que los papás tenían que firmar a diario y boletas de calificaciones que le dabas a tu mamá en el coche antes de bajarte para que la firmara casi sin ver. Hacíamos la tarea solos, sin ayuda de nadie ni de nada más que la enciclopedia o el diccionario.

Los juegos

Las familias eran grandes, de cuatro o más hermanos, así que la ropa y los libros te tocaban ya usados, tachados y hasta calificados. Si bien te iba, te explicaban cómo lavarte los dientes, pero las más de las veces aprendías eso —y otras cosas— por imitación o junto a la borregada. Había de cenar lo que había, no te preguntaban qué querías; además, nos teníamos que comer todo lo que nos daban sin chistar, o quedarnos en la mesa hasta que nos lo acabáramos, si no, nos lo daban de cena todo frío. Aunque mi mamá tenía un método mejor: agarraba una cuchara de madera grande, la ponía sobre la mesa y decía en alto a todos: «A ver, ¿quién no va a comer?»—. Al paso, todos —que éramos siete— tomábamos la cuchara y empezábamos a comer, hasta el hígado encebollado, que nos teníamos que pasar con agua.

Nuestros juegos, por tanto, eran también muy distintos. Pasábamos la mayor parte del tiempo en la calle y nosmetíamos al anochecer al grito de: «¡Métanse a cenar! ¿Ya hicieron la tarea?».

Los juguetes no eran ni parecidos a los de ahora. Nos divertíamos con juguetes Mi Alegría, que tenían pelucas, tacones y hasta barnices de uñas, muy primarios, pero accesorios de señora al fin. También tenían una línea más científica que incluía juegos de química, maletines de doctor y microscopios. Las avalanchas eran el «toquín»: una tabla con cuatro ruedas y un freno —sólo eso— que tenías que empujar siempre, sobre todo en las subidas, pero era buenísima —y con razón pensarán ustedes, peligrosísima— en las bajadas. Todo el tiempo estábamos en la calle, andando en bici, jugando «bote pateado», a «tocar timbres y echarse a correr» y «quemados», o bien a tirarnos en el arroyo «para asustar a los coches, a ver si uno se paraba».

Uno de nuestros juegos favoritos era subirnos a las azoteas para saltar de una a la otra, de mi casa a casa de mis primos. De hecho, una vez vimos que la tía Lucina tenía toda su ropa interior colgada en los tendederos y mi hermano Álex decidió echarla al tinaco. Al día siguiente nos tocaba que esa misma tía nos llevara en la ronda a la escuela, Álex me dio un codazo y dijo: «¿Qué traerá puesto debajo mi tía?».

Usábamos los rifles de diábolos —que nuestros propios padres nos habían regalado, porque no se preocupaban como los de ahora— sin discriminación alguna, tirándole a todo lo que se dejara. Mi mamá nos decía muy seria: «No le tiren a las personas ni a los vitrales, tírenle a los vidrios comunes y corrientes». Mi marido cuenta que mi suegra los dejaba, a él y a sus cuatro hermanos, escalar por una cuerda por las paredes de la casa con unos guantes que ella misma les había confeccionado, y cuando la vecina le llamaba alarmada, ella le contestaba: «Están rapeleando; yo les di permiso».

Por nuestro lado las niñas jugábamos a ser maestras, al banco, a Miss Universo o a ser «aeoromozas». Mi prima acomodaba las botellas familiares de refresco —que en aquellos entonces eran de vidrio— para hacer una fila de «alumnos» a los que les gritaba todo el tiempo, mientras que su hermana y yo creábamos unos «novios» con un palo de escoba como cuerpo, un plato como cara y una bola de plastilina como boca, para «darles unos buenos besotes».

En fin, las cosas eran muy distintas en esos días. Mi tío abuelo decía: «Los niños comen y callan»; mi abuelo decía: «Los niños al jardín». Teníamos que ir a misa y no desayunar hasta comulgar, no nos poníamos protector solar, andábamos en moto sin casco, no usábamos cinturón de seguridad, pasábamos todo el día solos, no teníamos voz ni voto, obedecíamos sin chistar, éramos niños diferentes: niños de antaño.

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Los niños ferales https://algarabia.com/los-ninos-ferales/ https://algarabia.com/los-ninos-ferales/#respond Mon, 10 Jan 2022 15:00:00 +0000 https://algarabia.com/?p=59024 Todos los epígrafes de este artículo están tomados de «La historia de Mowgli», en El libro de la selva, de Rudyard Kipling (1894).

¿Ha habido jamás un lobo que pudiera jactarse de tener un cachorro humano entre sus hijos?

Hubo una vez, siglos antes de la era cristiana, una vestal llamada Rea Silvia, de quien se enamoró el dios Marte. Aunque ella estaba obligada a mantenerse virgen por 30 años, Marte la violó. Engendró en ella a unos gemelos, que, por ser fruto del crimen y el pecado, fueron puestos en una cesta y dejados a la deriva en el río Tíber. Así fue como la loba Luperca halló la cesta y crió a Rómulo y Remo, que años más tarde fundarían la ciudad de Roma.

No se sabe si Rómulo y Remo existieron o si se trata de un mito, lo cierto es que el haber sido amamantados por una loba los convierte en los humanos salvajes más célebres de la mitología. Aunque no son los únicos: la cabra Amaltea fue nodriza de Zeus, mientras que el mejor amigo del héroe Gilgamesh es Enkidu, un muchacho criado por y con bestias.

De los libros

Ahora le estoy enseñando las palabras clave de la selva,
que lo protegerán contra los pájaros, el pueblo de las
serpientes y cuanto cuadrúpedo combativo haya.

Pasando a la literatura, dos personajes descuellan como los niños ferales por excelencia: Mowgli —‘la Rana’—, criado por lobos y protagonista de uno de los relatos reunidos en The Jungle Book —El libro de la selva—, escrito por el británico Rudyard Kipling y publicado por vez primera en 1894; y Tarzán —‘Piel Blanca’—, «Rey de los monos», personaje principal de la serie de novelas del estadounidense Edgar Rice Burroughs, que comienza con Tarzan of the Apes —Tarzán de los monos— (1912).

Ambas historias nos hablan de humanos protegidos y fortalecidos por la vida salvaje. Mowgli es un niño feliz, algo arañado por jugar con sus hermanos lobos, pero sano y sabio por las enseñanzas del bonachón oso Baloo y de la sigilosa pantera Bagheera. Por su parte, Tarzán se convierte en un muchacho de 10 años con la fuerza de un hombre de 30, puede saltar más de siete metros de un árbol a otro y tiene un abdomen —véase la película más reciente sobre este hombre-mono— más estructurado que el que se pueda crear en el mejor de los gimnasios.

De la vida real

Mowgli creció al lado de los lobatos, aunque ellos,
naturalmente, se hicieron lobos adultos mucho antes de
que él llegara a ser muchacho. Papá Lobo le enseñó el
significado de las cosas de la selva, hasta que cada crujido
de la hierba, cada nota de los búhos ocultos en el ramaje
de los árboles y cada rumor de los pececillos al saltar en las
aguas, significaron tanto para él como lo que el trabajo de
oficina representa para el hombre de negocios.

Los niños salvajes o niños ferales son aquellos que han permanecido los primeros años de su vida en aislamiento, es decir, sin contacto con otros seres humanos. Éstas son algunas historias, por cierto, no tan idealizadas como las de Mowgli y Tarzán.

El niño de Hamelin. En julio de 1724 un campesino de la localidad alemana de Hamelin encontró un joven moreno e hirsuto vagando por el campo. Lo atrajo con dos manzanas y lo capturó. Al muchacho, de unos 12 o 13 años, le pusieron el nombre de Peter e intentaron educarlo. Sólo comía hierbas y carne cruda con las manos y en cuclillas; no hablaba, creían que por una anormalidad en la lengua, y una y otra vez intentaba escapar.

Peter fue obsequiado como curiosidad animal al rey Jorge I de Inglaterra, y después pasó a ser el protegido de la princesa Carolina de Gales. Fue observado y estudiado por el doctor John Arbuthnot y sus amigos Alexander Pope y Jonathan Swift, pero no lograron integrarlo a la civilización. Finalmente fue llevado a Hertfordshire, donde un campesino lo cuidó hasta su muerte. Nunca aprendió a decir más de dos o tres palabras y jamás se le vio sonreír.

El hijo del bosque. Las ideas ilustradas de Rousseau y otros acerca del buen salvaje —el hombre es naturalmente bueno y es la sociedad la que lo corrompe— tuvieron oportunidad de ser demostradas cuando en 1799 un niño feral fue capturado vagando por la región de Aveyron. Aparentaba unos 12 años y se le había visto antes en un bosque cercano a los Pirineos, al sur de Francia. Dos veces había sido capturado y dos veces había escapado, pero en la tercera, fue nombrado Víctor y llevado a una institución para sordomudos en París, donde el profesor Jean Marc Gaspard Itard se dedicó a cuidarlo, enseñarlo y estudiar su caso.

Durante cinco años trabajó con él e hizo algunos progresos gracias a las técnicas de imitación y condicionamiento, pero al final Itard se dio por vencido. El pequeño no era peligroso para la sociedad, pero era incapaz de asimilarse a ella o de ser independiente. Víctor se quedó con la señora Guérin, ama de llaves de Itard, quien lo cuidó durante 20 años hasta la muerte de este buen salvaje. Su caso está documentado en un libro de Itard y en la película L’enfant sauvage —El pequeño salvaje— (1970), de François Truffaut.

Fotografía de la película El pequeño salvaje, de FranÇois Truffaut, 1970.

Continua leyendo el artículo completo en nuestra edición 146 y descubre más casos de niños ferales.

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