leer – Algarabía https://algarabia.com Algarabía Fri, 08 May 2026 08:05:34 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.0 https://algarabia.com/wp-content/uploads/2021/06/favicon.png leer – Algarabía https://algarabia.com 32 32 ¿«Sepo» o «sabo»? https://algarabia.com/sepo-o-sabo/ https://algarabia.com/sepo-o-sabo/#comments Fri, 08 May 2026 08:04:37 +0000 https://algarabia.com/?p=47055 ¿«Sepo» o «sabo»? Read More »

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Esta duda es de las más comunes del idioma español, pues nuestra intuición nos avisa cuando alguna palabra o conjugación nos hace ruido, aunque también nuestro instinto nos puede engañar.

Cuando hablamos de sabores solemos decir: «Me quedó sabor a…» o «tengo sabor de…». Porque si decimos «sepo», ¿qué van a pensar de nosotros?, y si decimos «sabo» del mismo modo vamos a «hacer el oso», aunque lo más probable es que nuestro interlocutor tampoco lo sepa.


Esta duda milenaria es de las más comunes del idioma español. Una de las razones es que, aunque no seamos diestros en cuestiones de ortografía, nuestra intuición nos avisa cuando alguna palabra o conjugación nos hace ruido. Pero bueno, también nuestro instinto nos puede engañar —así como nos ocurre con los dobles participios, como impreso e imprimido, freído y frito, donde ambas son correctas, aunque alguna de repente nos suene un poco extraña.


El verbo saber de —tener sabor a algo— se conjuga de la misma forma que el verbo saber de —tener conocimiento de algo—. La razón es que los términos saber y sabor comparten la misma etimología: proceden del verbo latino sapere, ‘saber’, y éste del indoeuropeo sap, ‘tener sabor’.


De tal manera que, para decir que «nos quedó sabor a algo», la forma correcta de decirlo es sé. Por ejemplo:

  • Me lavé los dientes y ahora a menta.
  • Comí tantas galletas que a chocolate.

Probablemente aún te haga ruido la manera en que se escucha la primera persona del presente indicativo, pero atrévete a usarla, porque es la buena.


Otros tipos de «se»


La palabra «se» puede llevar tilde o no, todo depende de lo que se quiera decir.

  1. Cuando se trata del imperativo del verbo ser, sí lleva tilde:
  • No te portes mal, obediente con tus tías.
  • paciente, ya llegará tu sorpresa de cumpleaños.
  1. Cuando se trata del presente del verbo saber también se acentúa:
  • Ya como le diré a Mariana que dejemos de salir: «que te dije que me gustabas, pero ya no».
  1. Como pronombre personal no se acentúa y puede sustituirse con le / les cuando hay otro pronombre en tercera persona.
  • Se le dio un chocolate a cada estudiante. è Le di un chocolate a cada estudiante.
  1. Si se utiliza en una oración de voz pasiva, tampoco se acentúa.
  • Se compraaan colchones, tambores, refrigeradores, lavadoras, microondas o algo de fierro viejo que vendaaan…

Si lo leíste cantando, cuéntanos qué otros tipos de «se» conoces.
Retomado de El que sabe, sabe  de Modesta García Roa.

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Tabla periódica ortográfica https://algarabia.com/tabla-periodica-ortografica/ https://algarabia.com/tabla-periodica-ortografica/#comments Tue, 19 Aug 2025 00:10:58 +0000 https://algarabia.com/?p=46854 «La lengua está de moda», al menos es lo que dice el filólogo y lingüista Juan Roameu, creador de esta tabla de elementos ortográficos. Lo único que retoma de la original es la nomenclatura de los elementos químicos, la información sobre su número atómico y estado de agregación de la materia —gaseoso, líquido, sólido— es reemplazado por breves reglas ortográficas que ofrecen consejos de escritura, acentos, uso de mayúsculas y minúsculas, signos de puntuación e incluso espacios.

Roameu, quien trabajó en la rae como editor de la Nueva Gramática, considera que las redes sociales, más que un «peligro para la lengua», son una herramienta gracias a la que escribimos a diario. Dado que algunas de estas reglas responden al uso del español ibérico y no el de México, hicimos algunas modificaciones respecto al uso local y, en algunos casos, recomendaciones al estilo de Algarabía, basados como siempre en el Diccionario del Español de México.

La h ante -ue se puso para no confundir la u con la v.
Li. Lio y lie —con acento prosódico en o y e— no llevan tilde.
Na. Apócopes independientes del contexto van sin apóstrofe: pa na.
Rb. Se puede omitir el acento en los nombres propios: Ruan y Sion.
Cs. Casos de cs y no x para [ks]: facsímil, fucsia, cómics…
Fr. Las festividades religiosas y otras van en mayúscula: Año Nuevo.
Be. Se escribe «haber venido», pero «a ver si vienes».
Mg. Los símbolos van sin punto y no varían en plural: 5 mg.
Ca. Se prefiere ca en Cátaro, caqui, pero ka en vodka o kamikaze.
Sr. La abreviatura de señor se escribe con mayúscula: Sr.
Ba. La diagonal separa palabras y morfemas sin espacios : examen/es.
Ra. Frente a la raya de diálogo, siempre se pone la de cierre —le dijo que no—.
Sc. Es doscientos, no docientos, pero sí setecientos.
Y. Se deja y ante i que suena distinto: Hulk y Ironman.

Ti. El pronombre ti nunca lleva tilde. Zr. Todos los símbolos de elementos químicos llevan mayúscula inicial: Zr.
Hf. No llevan la h de voces como huérfano otras de su familia: orfanato.
Rf. Se usa coma por elisión verbal en refranes: A lo hecho, pecho.
V. Los vocativos se aíslan entre comas: Hola, Juan; Ana, ven.
Nb. En derivados de apellidos puede verse —nb—: steinbeckiano.
Ta. Aféresis independientes del contexto pueden ir sin apóstrofe: No ta.
Db. Se puede reducir la doble vocal en casos como sobrentender.
Cr. En siglas con cifras como CR7 no hace falta el guión.
Mo. En los verbos, -mos pasa a -mo al unirse a -nos; vayámonos.
W. La w se puede pronunciar u —o [gu]—: whiskey; o [b]: Wagner.
Sg. Se pueden combinar los signos ¿? y ¡!: ¿¡Qué es!?, ¡qué cosa?
Mn. En los adverbios terminados en -mente se deja la tilde del adjetivo: ágilmente.
Tc. Se deja espacio entre el símbolo de tanto por ciento y la cifra: 2 %.
Re-. No se usa el guión para dar «sentido literal a prefijos»: reinventar.
Bh. No se recomienda omitir la h en casos como Bhutan.
Fe. Monosílaba y sin correlato átono: fe no lleva tilde.
Ru. Se duplica r tras prefijo en compuestos: semirrico.
Os. Sólo se pone s con verbos en -mos y -se: digámoselo.
Hs. La h se aspira en palabras como hámster o hachís.
Co. Se usan los corchetes para notas dentro de paréntesis.
Rh. No se recomienda omitir la h en casos como Rhodesia. Ir. Del verbo ir se escribe yendo, iba, vaya, fui y fue. Mt. Las materias de estudio y asignaturas van en mayúscula: Español, Matemáticas. Ni. En caso con ni…, ni…, ni… la coma es opcional.
P.D. La abreviatura de posdata es P.D. —o P.S.: post scriptum.
Pt. Los sudamericanos reducen —pt— a —t— en sétimo y setiembre. Nosotros no.
Ds. La z en la Edad Media se pronunciaba más o menos [ds] y la ç [ts].
Cu. Los latinismos integrados al español a veces se adaptan con c —cuanto por quantum.
Ag. Salvo en enálage, hipálage y ambages, se escribe –aje(s).
Aú. La tilde de aún —todavía— permanece: igual que Raúl.
Rg. Los nombres de religiones van en minúscula: cristianismo.
Zn. En pares como cinc/zinc el dem sugiere cinc.
CD. No se añade –s al plural de siglas: los CD.
hg. Aunque es múltiplo, la h de hecto- va en minúscula: hg.
Cn. El grupo cn- se pronuncian en voces como cnidario.
B. En español la b y v se pronuncian igual.
Al. Se fusiona a y el, salvo ante nombre propio con El: la/a El…
G.a. Se pone punto antes del llamado a nota a pie: G.1, 7.IX In.
In- pasa a im- ante p y b y a i- ante l y r: imberbe, irreal.
Tl. Tl se pronuncia en una o dos sílabas según la zona: at-le-ta / a-tle-ta.
Nh. Es muda, pero se conserva la h en anhelar, inhibir, etc.
C. Se usan las cursivas para títulos de obras, nombres de naves, mascotas, las notas musicales y en extranjerismos.
Si. si: conjunción / si: nota musical / sí: pronombre / de, para sí: locución adverbial.
Ge. Salvo tejer, crujir y algún otro, llevan g los verbos en –ger –gir.
Sn. En español va e- ante s+n (o, b, t, p…): esnob, esnórquel.
Pb. Se escribe m antes de p y b: comprar, sembrar…
Si quieres conocer más elementos de la tabla periódica ortográfica consulta el número 156 de Algarabía.

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«Felices los felices…» https://algarabia.com/felices-los-felices/ https://algarabia.com/felices-los-felices/#respond Tue, 15 Mar 2022 06:12:00 +0000 https://algarabia.com/?p=42956 Diría el gran Borges —mi más favorito del mundo mundial—, quien se quejaba de haber cometido el peor pecado de todos: no haber sido feliz.
Pero como la felicidad es algo intangible, relativo e inasible, algo que nadie sabe bien a bien qué es, dónde se da y cómo funciona, cuánto dura y si se consigue o
 se trae, o si es más bien el fragmento de un instante,
 la satisfacción recibida o la muerte chiquita; como es imposible describirla, pues Algarabía ha querido rondarla por diferentes lados, darle vueltas, pararse a observar algunas de sus aristas, incluirse en ella y ser parte de
 por lo menos un momento que te haga feliz, querido lector.
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Empezando con algunas estampas que transmiten alegría en el arte: un árbol feliz, un color o una estrella, que sólo de observarlos nos dan paz y nos hacen, quizás, sonreír; como lo hacen las obras de Roald Dahl, las listas de Borges y Alighiero e Boetti, el huevito Kinder o la hermosa Novena sinfonía de Beethoven.
Recordamos en este número feliz las carcajadas que provocaba el Güiri Güiri, la paradisíaca isla de Bora Bora, los equinos felices que fueron el acabose de Sibaris y palabras como alharaca, éxtasis, catarsis, júbilo e hilaridad, que justamente describen estados de gozo que todos hemos experimentado.
¿Sabías que decir groserías nos vuelve más sanos mentalmente y por lo tanto más felices?

¿Que vivir en pareja suma puntos en nuestro felizómetro? ¿Que los comediantes no son tan dichosos como pareciera, sino todo lo contrario? ¿Que hay comidas que nos ayudan a generar endorfinas y por lo tanto nos hacen sentirnos bien? Y, ¿que el concepto de felicidad ha ido cambiando mucho de una época a otra?

Quedo de ustedes, con una sonrisota; la misma que tengo al escribir esta editorial.


 

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Cómo leer la música https://algarabia.com/como-leer-la-musica/ Thu, 03 Mar 2022 15:42:00 +0000 https://algarabia.com/?p=46293 Notas, unidad de la música.

Las notas musicales son el concepto básico e indivisible con el que se evoca al sonido y la música, cada una representa una sonoridad determinada por su frecuencia constante. A su vez, estos elementos mentales tienen una representación gráfica, y es a partir de ellas que se pueden construir melodías y armonías.

Cada una de las notas escritas en el pentagrama significa un sonido distinto y, al sumarlas, se articula una tonada más compleja y duradera. La música es un concepto abstracto, pero su representación en pentagramas funciona como cualquier lenguaje que permite a quien lo conoce leer, escribir y comunicar a otros sus ideas.

Se estima que la historia occidental de la notación musical se remonta hasta hace aproximadamente dos mil trescientos años, desde los primeros símbolos alfabéticos utilizados en el mundo griego, hasta las más recientes propensiones de representación abstracta surgidas en el siglo XX.

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La notación de la música a través de los años ha sido un reto en gran medida complejo, pues no sólo debe indicar la altura de los sonidos sino también otros elementos musicales como la duración, el tempo, intensidad sonora, carácter, articulación, básicos para generación de melodías.

Resulta sumamente interesante estudiar la evolución de la nomenclatura musical, en especial cuando esta ha sido influenciada no solamente por cuestiones artísticas, sino también por los fenómenos políticos, sociales y religiosos de las zonas en las que se producen; trasluciendo, quizá de forma involuntaria, el sentir y la reacción de los artistas de aquella época. Un ejemplo podría ser la transición de la notación griega a la bizantina.

Después de la fragmentación del Imperio Romano en el 330, el Imperio bizantino estableció su capital en Constantinopla, cortando por completo sus relaciones de vasallaje político y religioso con Roma.

Esta ruptura se vio reflejada en las expresiones artísticas de los habitantes de la antigua ciudad de Bizancio donde, a pesar de que ambas notaciones tenían una base griega, a través de la exacerbación de características individuales los constantinopolitanos buscaron diferenciarse de la tradición romana.

Mosaïque de l'impératrice Zoé, Sainte-Sophie (Istanbul, Turquie)
Mosaïque de l’impératrice Zoé, Sainte-Sophie (Istanbul, Turquie)

Gran parte de la disimilitud entre las notaciones romanas y bizantinas se debió a la incorporación de elementos orientales que no formaban parte del antiguo lenguaje musical en occidente. Así como que —a diferencia de la romana— la notación bizantina estaba pensada únicamente como una ayuda para la memoria, por lo que la transmisión de sus cantos se realizaba de forma oral a través de signos ecfonéticos y neumas los cantos.

Existen siete notas musicales: Do-Re-Mi-Fa-Sol-La-Si, a esto se le conoce como una escala musical que se representa comúnmente en el pentagrama. El origen de los nombres de las notas está en la notación de Al Mamún e Ishaq Al Mausili alrededor del año 800, donde se utilizó el alfabeto árabe para nombrar cada uno de los sonidos.
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El pentagrama

El nombre tiene su origen etimológico en el griego: πεντα, «cinco, y γράμμα, escritura, dibujo, línea. Describe el lugar que el sistema de notación musical en Occidental dispone para representar por escrito las notas y el resto de los signos musicales. Está formado por cinco líneas horizontales, rectas y equidistantes y cuatro espacios entre ellas.

El uso del pentagrama se originó en la Edad Media a partir del canto gregoriano. Hasta ese momento se había resuelto la representación de la altura a través de la conjunción de diversos símbolos en el texto. Sin embargo, después, cuando se comenzaron a escribir los cantos, se optó por emplear líneas para personificar la altura y los signos pueden ser colocados dentro, por encima o por debajo del pentagrama. Los principales signos representados son las notas musicales, los silencios, la clave, la armadura, el compás, el tempo y el carácter.waltz-1600
Como mencionamos anteriormente las notas musicales se representan por escrito mediante figuras que indican la duración del sonido, y su ubicación en una línea o interlineado determinan su altura. De esta forma, la cabeza de nota puede ser colocada sobre una línea, es decir, con el centro de su cabeza tocando una línea; o bien entre las líneas, sobre el espacio en blanco y apenas tocando las líneas superior e inferior.

Las líneas y espacios se numeran de abajo hacia arriba, la línea más baja es la primera línea y la línea superior es la quinta línea. Hay ocasiones en las que la melodía exige más líneas que las que cubren el pentagrama, estas se colocan sobre líneas que se dibujan por encima o por debajo del pentagrama original según sea necesario.

La altura absoluta de cada línea está determinada por un símbolo colocado al principio del pentagrama: la clave. Identifica una línea en particular como una nota específica y todas las demás notas se determinan en relación a esa línea. Por ejemplo, la clave de sol indica que en la segunda línea se sitúa la nota sol por encima del do central y esto rige el valor del resto de los símbolos sobre las líneas. Una vez establecidas las alturas, pueden ser modificadas mediante un cambio de clave o a través de signos de alteración a notas individuales. Un pentagrama sin clave simboliza un instrumento de percusión, cada línea suele representar un instrumento diferente.

La música y las matemáticas

Ambas disciplinas están estrechamente relacionadas en su estudio, necesitamos matemáticas para las afinaciones, la disposición de las notas, los acordes, armonías, el ritmo, el tiempo y, por su puesto, para entender la notación musical, sin los límites de la estructura rítmica la música sería imposible.

Son los seguidores de Pitágoras en la Grecia antigua quienes analizan por primera vez las escalas musicales en tanto a su proporcionalidad numérica. Ellos defendían que «toda la naturaleza consiste en armonía que brota de números». No es coincidencia que en la Inglaterra antigua la palabra «rima» derivada de «ritmo» fue asociada y confundida con «número» de «rin» – y el uso moderno musical de términos como «métrica» y «medida» también reflejan la importancia histórica de las matemáticas en la música, la pintura y la literatura.

Por sí solo el sonido es matemática en tanto a que es la percepción física que tiene el oído de las vibraciones, así todo sonido que los humanos distinguimos vibra en una frecuencia entre los 20 y 20.000 hercios —1 Hz= 1vibración por segundo—. Por su parte, las notas musicales se caracterizan por ser sonidos que radican en los intervalos de las frecuencias armónicas. Por ejemplo, la nota LA corresponde a una frecuencia de 440 hercios.
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La suma de los sonidos es directamente proporcional a su armonía, esto quiere decir que entre más simple sea la relación mayor será la consonancia entre ellas. Así pues, dos notas separadas por una octava están en relación de 2:1 siendo ésta la mayor consonancia. Por el contrario, las relaciones complicadas dan lugar a disonancias como por ejemplo un intervalo de 7ª DO-SI.

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Pérdida auditiva, ¿a qué se debe?

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10 formas de ser más inteligente https://algarabia.com/10-formas-de-ser-mas-inteligente/ https://algarabia.com/10-formas-de-ser-mas-inteligente/#respond Sun, 16 Jan 2022 19:00:00 +0000 https://algarabia.com/?p=16186
Vía Canva

Sin importar si quieres sobrevivir a un arduo ambiente universitario o laboral, o simplemente quieres parecer más inteligente, hay muchas cosas que puedes hacer para volverte y parecer más listo. Aquí hay diez simples trucos para incrementar tu poder cerebral.

10. Lee mejor y más rápido

Una de las mejores formas de aumentar tu inteligencia es leer más. Puedes leer más rápido —y por lo tanto adquirir más conocimiento— si consigues eliminar esa voz interior mientras lees, o dejas de mover los labios mientras lo haces. Dale a tu boca algo que hacer, como comer algo o mascar chicle, y lee rápido. Después date un momento para reflexionar acerca de lo que leíste y conservarlo en tu memoria. Sin importar si se trata de La guerra y la paz o un artículo de Wikipedia, te sorprenderás al ver cuánto aprendes cuando no sólo lees rápido, sino bien.

9. Habla fuerte y hazlo con expresividad

Entre más contribuyas a una conversación, una junta o una clase, parecerás más inteligente. Incluso si eso significa admitir tu ignorancia o formular muchas preguntas, darás una mejor impresión que si te quedas callado, y además, es muy posible que aprendas mucho en el proceso. El discurso expresivo es clave: puedes impulsar tu credibilidad simplemente al asegurarte de hablar con el tono adecuado. Cambia el volumen y el timbre de tu voz como sea necesario, y minimiza el número de pausas que haces. Un poco de confianza hace maravillas.

8. No seas víctima de las sandeces

Cuando alguien intenta convencerte de algo, a menudo pueden caer en falacias lógicas, apelar a tus emociones y otras «trampas». Aprende acerca de las formas más comunes de falacias para que puedas detectarlas al momento. Al saber en qué consisten, serás capaz de evitar cometerlas, lo que ayudará a aumentar tu credibilidad.

7. Concéntrate en lo que sabes

Cuando estás es una acalorada discusión, eres propenso a caer en muchos huecos de conocimiento. Está bien admitir cuando no sabes algo, pero si te sientes especialmente inseguro, la clave es enfatizar lo que sí sabes. Si estás en una pelea, no hagas hincapié sobre el punto de desacuerdo sino sobre el de acuerdo, de ese modo no alejas de la conversación las cosas que sí sabes.

6. Haz ejercicio

Asegúrate de tener una vida saludable, lo que significa comer sanamente y ejercitarse. Muchos estudios han mostrado vínculos importantes entre la actividad física regular y la productividad y creatividad. ¿Pasar todo el día en el gimnasio te hará más inteligente? Seguramente no, pero estar sentado es peligroso para la salud y además le impide al cerebro llegar a su máximo potencial.

5. Habla contigo mismo

A pesar de que una persona que habla entre dientes a menudo se asocia con una persona «loca», un estudio reciente mostró que hablar en voz alta a solas da un impulso cognitivo temporal cuando estamos tratando de encontrar algo. La teoría es que cuando colocamos etiquetas verbales en una tarea, nos enfocamos mejor en ella. Así que si sientes deseos de abrir la boca, no te detengas, puede ser que hagas las cosas más rápido.

4. Aprende otro idioma

Las personas que saben dos o tres idiomas a menudo son percibidas como inteligentes por los demás, pero distintos estudios muestran que en realidad sí son más inteligentes. Cuando aprendes un idioma nuevo, te vuelves capaz de intercalar tareas mentales mejor que aquellos que sólo saben uno. Aprender otro idioma es una forma real y útil de ser más listo. Además, existen métodos que permiten lograrlo en pocos meses.

3. Haz las cosas del modo difícil

La tecnología hace que nuestras vidas sean más fáciles, pero a veces vale la pena hacer las cosas del modo difícil. Por ejemplo, la navegación GPS: es muy útil para no perderse, pero si confías mucho en esa tecnología, nunca aprenderás auténticamente una ruta o camino. Hacer las cosas del modo difícil puede ayudar a que tu cerebro se agudice.

2. Aprende qué es lo que no te hará más listo

Existen diversas investigaciones acerca de las cosas que nos hacen más inteligentes, pero también es importante saber lo que no nos hará más listos. Entre menos tiempo inviertas con mitos tontos, tendrás más tiempo para entrenar a tu cerebro.

1. Cree que puedes volverte más inteligente

El último paso es simplemente creer que puedes lograrlo. No hay necesidad de ser arrogante, basta asumir que aún no llegas a tu máximo potencial, lo que te permite formular preguntas sobre cómo lograrlo. Eso nunca sucederá si piensas que de alguna forma tu inteligencia está predeterminada, así que una vez que lo creas, podrás perseguir la inteligencia que deseas. Si no puedes hacerlo, quizá sea tiempo de recalibrar la forma en la que percibes la realidad: la actitud es importante.
En la sección de comentarios comparte con nosotros:
¿Qué consejos crees que sean los más útiles?
¿Conoces otra forma de mejorar la inteligencia?
¿Estás de acuerdo con los consejos mencionados?


Este artículo fue adaptado de Whitson Gordon, «Top 10 Ways to Make Yourself Look (and Be) Smarter», en Lifehacker, 6 de octubre 2012. Trad. Ingrid Constant Saavedra.

 

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¿Qué tan en chino está el chino? https://algarabia.com/que-tan-en-chino-esta-el-chino-2/ https://algarabia.com/que-tan-en-chino-esta-el-chino-2/#respond Sun, 16 May 2021 17:00:00 +0000 https://algarabia.com/?p=60210 Haciendo honor al nombre de esta sección —que se ocupa de diversos aspectos de las lenguas del mundo y de sus hablantes—, en esta ocasión hablaremos de ese universo lingüístico que conocemos bajo el nombre genérico de «el chino», y de las muchas referencias que tenemos sobre esta lengua —y del pueblo que la habla— dentro de nuestro inconsciente colectivo.

Cuando uno dice la frase «está en chino», casi siempre se refiere a algo muy difícil o incomprensible, comparándolo con un idioma que nos resulta completamente extraño, tanto en su escritura como en su pronunciación. Pero cuando uno viaja fuera del país y se enfrenta a ciertos cambios lingüísticos y culturales, con el tiempo se deshace de creencias erróneas y se libra de algunos prejuicios.

En mi estancia en China, conocí a Liljana Arsovska, mexicana de origen macedonio y maestra en chino por el Colegio de México; ya en México, a propósito del aprendizaje del idioma, ella me dijo que «el chino no es difícil de aprender, sino que «todo lo que nos resulta diferente nos parece muy difícil». Y así, durante un año de residencia en beijing, aprendí que el chino «no está en chino», tal y como se dice.

Este idioma forma parte del grupo de lenguas siníticas —que comprende el mandarín y muchas otras lenguas que se hablan en la actualidad en China continental y en otros lugares como Taiwán y Hong Kong—, pero está lejos de ser la única lengua que se habla en China.

Si bien las diferencias entre el chino y el español son claras a la vista y el oído, valdría la pena aclarar en qué consisten en que el chino mandarín es un idioma de caracteres; cada caracter es una unidad: tiene significado, sonido e imagen. A diferencia del español —que, como los idiomas indoeuropeos, es auditivo— el chino no se basa en un abecedario abstracto con el cual podemos juntar las letras y crear palabras.

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Libros guarros https://algarabia.com/libros-guarros/ https://algarabia.com/libros-guarros/#respond Wed, 17 Jul 2019 01:58:14 +0000 https://algarabia.com/?p=50643 La literatura erótica es la invitada incómoda del canon occidental. Aunque en nuestros días haya experimentado un marcado auge —por la emergencia de novelas soft porn—, en el pasado era incluso perseguida y censurada. No obstante, y a pesar de los numerosos intentos por exiliarla de la «República de las letras», la literatura erótica se ha mantenido vigente desde la Antigüedad hasta nuestros días, aunque su aceptación no haya dejado de causar algún mohín de espanto —o de asco, para los más persignados.
En este podcast hablaremos de algunos libros guarros de la historia de la literatura. ¿Quieren saber cuáles son?
¡Escúchanos!

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¿Por qué no leemos? https://algarabia.com/por-que-no-leemos/ https://algarabia.com/por-que-no-leemos/#respond Thu, 11 Oct 2018 17:48:04 +0000 https://algarabia.com/?p=49228 La lengua nació mucho antes que la escritura. La hipótesis clásica sostiene que la escritura apareció de manera independiente en Egipto, hacia el año 3250 a.C., y en Mesopotamia unos 200 años más tarde, así como en China y América —en el mundo maya— durante el primer milenio antes de nuestra era.

Se sabe que la escritura funge como preservadora del conocimiento, de modo que quien sabe leer sabe escribir, y viceversa. Además, una buena ortografía nace de mucha lectura, pero a pesar de contar con una variedad infinita de soportes que nos acercan a la lectura —periódicos, revistas, libros, redes sociales—, existen algunos factores que nos alejan de ella.

Una de las causas principales es el analfabetismo. Éste no implica no saber leer o escribir, sin embargo, implica el no poder comprender y tener habilidades progresivas que permitan a las personas integrarse de mejor manera a la sociedad y al mundo del conocimiento. Esto desencadena un déficit de atención presente en las nuevas generaciones.

Como ejemplo tenemos a la generación millenial o Y —nacida entre 1983 y 1999—, la cual es hasta ahora la que menos lee libros y texto corrido; tiene un lapso  de atención de 15 minutos. En el otro extremo se encuentra la iGen o generación Z —nacida entre 1999 y 2018— la cual revisa su teléfono 80 veces al día y tiene menos de 5 minutos de atención.


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El galano arte de leer… en el baño https://algarabia.com/el-galano-arte-de-leer-en-el-bano/ https://algarabia.com/el-galano-arte-de-leer-en-el-bano/#respond Thu, 10 Nov 2016 01:04:40 +0000 https://algarabia.com/?p=44808 Algunos de ellos tienen funciones específicas en la supervivencia, otros son dictados por factores psicológicos o permiten el funcionamiento social, y otros no son más que una pulsión excéntrica e inútil. Hablemos de uno de estos últimos.
Hay quienes se jactan de los libros que han escrito. Otros, como Borges, se enorgullecen de los que han leído. Yo, un alma más modesta, sólo presumo una cosa: haber leído un libro —literalmente y no literariamente— «de una sentada».
Me explico: una noche sabatina de mi adolescencia, me disponía a entrar al baño cuando vi El caballo de Troya, 
de J. J. Benítez, aventado en la cama de mi hermano mayor. Sentí curiosidad —entonces el best seller estaba en boca de todo el mundo— y decidí hojearlo mientras desperezaba la tripa. De reojo vi la hora: eran las 8:15.
Como un faraón en mi trono de porcelana, a vuelo
de pájaro pasé por los prolegómenos y el protocolo científico del supuesto viaje al año 30 d.C. y, como cualquier otro con un morbo saludable, me enfoqué
 en «la carne» del asunto: la narración de la Pasión y muerte, voluntariamente aceptada —y minuciosamente descrita— de Nuestro Redentor.
Me enganché de inmediato y pasé página tras página.
Totalmente atrapado —porque, aunque es un baluarte de la fast litterature, nadie podrá negar que Benítez
 tiene oficio—, me enteré de los móviles del juicio político —«Ahorita salgo…»—, de la condena, de los desgarradores efectos del flagellum romano —«¡Ouch! Ahorita me levanto, nomás termino este capítulo»—, de la corona de espinas que casi trepana el cráneo de Jesús, de la creciente deshidratación del galileo —«¡Ya merito, ya merito!»—, del cruel via crucis, de los clavos en las muñecas y no en las palmas —«Dios, cuánto sufriste por nuestros pecados… Ya qué me falta, ¡mejor me sigo!»—, de las siete palabras en arameo, de la agonía del nazareno y de…
—¡¡¡Juan Francisco!!! ¡Son las dos de la mañana, ¿y tú en el baño?!
Mi mamá. Había salido al baño, justo en el clímax de mi lectura y, cual Jesús embravecido, me expulsaba a puntapiés de su Templo. Todo entumido, me levanté —o, mejor dicho, me desmoldé— del escusado, me deshice lo mejor que pude de los rastros de mi larga estancia —entiéndame usted— y, con la cola entre las patas, me metí a mi litera a dar cuenta de las últimas páginas del librito. Minutos después, apagué la luz. Consumatum est.

¿Quién estaaaá?

Sirva esta larga anécdota para ilustrar un hábito adoptado por muchos y condenado por otros
—o, casi siempre, por otras—, que es objeto de vergüenzas propias y ajenas, y que genera impaciencia, maledicencia —particularmente cuando deviene en retortijones o almorranas—, pero también un gran placer para quien lo practica: leer en el baño.
En muchas casas que conozco, el baño es el hábitat natural del revistero, en donde todo tipo de publicaciones se fruncen y hasta enmohecen en espera de un ocioso que recurra a sus hojas mientras «hace del cuerpo». Y ésa es una enorme cortesía del anfitrión, porque una cosa es sufrir de estreñimiento y que cada deposición sea un trance prolongado y hasta tortuoso, y otra concederse —o hasta robarse— el tiempo y convertir una simple función fisiológica en un pequeño placer culpable. Igual que alimentarse derivó en la alta cocina —o, pa’l caso, en tomar café o fumar.
Vincent Vega, el de Pulp Fiction, solía leer novelitas baratas en el baño
Para sus adeptos, con las primeras campanadas del intestino da inicio el ritual: la búsqueda visual y la elección del material de lectura —algunos, muy organizados, disponemos de libros sobre el depósito de agua, en un revistero o, de plano, en el suelo—, la entrada sigilosa —porque no cualquiera tiene el suficiente cinismo para dejarse ver entrando al baño con un caballo de Troya bajo el brazo—, la búsqueda de la postura más reposada, la «liberación prolongada» que fluye a la par de las líneas, la administración del tiempo —porque tampoco es que uno sea un total desconsiderado—, la eliminación de nuestras huellas, y la graciosa huida de la escena del crimen.
¿Cuál es la causa —o el encanto— de la lectura de escusado? Bajo riesgo de caer en un gastadísimo cliché —o dos—, habrá que culpar de esta pasión insana,
de entrada, a la «falta de tiempo» que deriva de «la acelerada vida moderna». En un día hábil, pasamos 
el tiempo dirigiéndonos física y mentalmente de un lado a otro: repasamos lo sucedido y planeamos el
día o la semana; añoramos el pasado y tememos al futuro; nos apresuramos al trabajo, a la escuela, al dentista, a una cita.
Entonces, las estancias en el baño nos obligan a un acto inusitado: sentarnos y situar la atención en el aquí y el ahora, el famoso hic et nunc de los filósofos.
El proctólogo de un amigo afirma que la mayor incidencia de almorranas tiene lugar en hombres casados y con hijos, ya que son los más propensos a pasar largos periodos «en el trono».
Ese tiempo y espacio —silencioso, íntimo, inalterable— que bien podríamos malgastar mirando fijamente los mosaicos, al leer lo convertimos en una pausa a la maquinaria del mundo y en reflexión, fantasía, distracción e, incluso, en emoción.

¿Ya vas a salir?

Por otro lado, para quienes trabajamos ocho, diez, doce o hasta catorce horas, y ni siquiera disponemos de las oportunidades que otorga el transporte público, el tiempo que sustraemos de la jornada laboral para pasar al baño —y leer, desde luego— es, creo, el único que es verdadera y absolutamente nuestro. Algo similar sucede con la vida en el «hogar, dulce, hogar»: a diferencia de lo que vivieron nuestros abuelos, en este tiempo las perpetuas exigencias de atención de parte de la pareja, de la prole y de quien quiera que viva con nosotros, convierten al leer en un acto antisocial, de aislamiento, que va en contra de la premisa de la convivencia familiar e infinitamente egoísta o, de plano, en un dudoso equivalente a «no hacer nada».
El hombre1 Adopto esta posición un tanto sexista porque conozco muy pocas mujeres que tengan la sana costumbre de la que hablamos, y sí muchas que la condenan., abrumado y arrinconado por una mujer que, —bendito sea el Cielo— ha salido del ámbito de la cocina, pero que ha convertido la sala, el comedor
 e incluso la sacrosanta recámara en espacios públicos, sólo puede refugiarse bajo el cofre de su coche o, bien, encerrarse en el baño.
Y, ahí adentro, ¿qué mejor hay que hacer que leer una revista, un libro, un manual o, si no hay otra cosa, los ingredientes del champú?
Otro motivo para combinar la evacuación del tracto digestivo con la lectura podría ser la pura y simple evasión: al ser éste un proceso incómodo, en el que de entrada debemos adoptar una posición ridícula y un tanto vergonzosa, resulta atractivo distraer la atención de nuestras sensaciones —no siempre agradables—, nuestros ruidos —magnificados por el eco del sanitario— y de la conciencia de estar en medio de un proceso en el que cualquier mamífero se encuentra indefenso.
El baño se convierte, entonces, en una Fortaleza de la Soledad —como la de Superman—, en la que podemos acceder a lecturas breves, triviales y sanitario— y de la conciencia de estar en medio de un proceso en el que cualquier mamífero se encuentra indefenso. El baño se convierte, entonces, en una Fortaleza de la Soledad —como la de Superman—, en la que podemos acceder a lecturas breves, triviales y divertidas, o a otras más sustanciosas y plácidas.
Sin embargo, esta práctica privada, querámoslo o no, lejos de ser un tabú, es un referente en 
la industria del entretenimiento editorial. Quizá involuntariamente, pero muchas publicaciones parecen estar hechas para la lectura sedente 
y evacuatoria.
Hay quienes sostienen —con ambas manos— que Algarabía es una excelente «lectura de baño».
Un ejemplo: en los 
ee.uu. hay un grupo de periodistas, escritores y editores bastante cínicos que se hacen llamar el Bathroom Readers’ Institute —Instituto de Lectores de Baño—, y que han producido un considerable volumen de libros con artículos breves, trivias y datos inútiles acerca de los temas más diversos. Su lema
es: «No más búsquedas frenéticas de último minuto por ese periódico o revista perfectos», y su misión es «comprender y servir a los intereses de los lectores olvidados». Hasta que alguien piensa en nosotros.
Tal vez, como yo creo, esos intervalos son un solaz saludable que nos brinda gas suficiente para lidiar
con la vida el resto del día, o quizá sea que somos más neuróticos que los demás y por esa misma razón no nos permitimos estar tres —o cinco o diez o quince— minutos sin hacer nada «de provecho»; no lo sé porque no puedo ser juez y parte.
Lee este artículo completo en Algarabía 65.

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¿Cansada de las mismas revistas de chismes?, ¿harta de no tener tema de conversación en las reuniones?, ¡Algarabía tiene la solución! Sea culto y no se oculte.

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