DF – Algarabía https://algarabia.com Algarabía Thu, 11 Sep 2025 01:48:21 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.0 https://algarabia.com/wp-content/uploads/2021/06/favicon.png DF – Algarabía https://algarabia.com 32 32 Lo que va de ayer a hoy https://algarabia.com/lo-que-va-de-ayer-a-hoy/ https://algarabia.com/lo-que-va-de-ayer-a-hoy/#comments Sun, 03 Aug 2025 18:00:27 +0000 https://algarabia.com/?p=11336 Se llamaba Luis y tenía un hermano Javier y otro Pablo y otro Gerardo, eran pequeños burgueses como yo y vivían en una colonia de ésas de clase media alta, en un barrio de gente acomodada en la ciudad de México, que ahora, veinte años después ha cambiado radicalmente y está lleno de restaurantes, bares y antros —que ocupan el lugar en donde antes se erigían grandes casas del tipo español californiano que fueron construidas entre los años treinta y cuarenta del siglo pasado— y no es ni la sombra de la colonia tranquila que fue donde vivía mi abuela y mis tíos.

Epítetos como «Condecci» o Fondesa, le acompañan, el ruido no cesa y el tráfico es inconmensurable, además mis abuelos murieron, mis tíos también y mis primas se fueron a vivir a otro lugar. Tampoco Luis vive ahí, sólo su mamá que sigue yendo a misa a la Iglesia de Santa Rosa sobre la avenida principal que luce su gran camellón aún, aunque esté llena de neohippies, gays, hipsters , trendys y bohos de los cuales no merece la pena hablar y que de alternativos y diferentes no tienen nada.
Los que realmente sí eran osados y diferentes eran los amigos de Luis entonces: el Chochos, el Down —siempre en el bajón—, el Burro, el Muerto, el Piedra, el Pino, el Chihuahua, el Charro, el Hogi, el Budy, entre varios más, conformaban la bandita que se juntaba en las esquinas a caguamear, a banquetear un pomo o a fumarse un churro al grito de «En la Condesa si eres fresa, mejor córtate la cabeza» y que constituían lo más disparatado del ambiente de tranquilidad que se respiraba en ese entonces.

Pero en aquellos tiempos yo era una fresita con moño y outfit tipo Madonnita, y desde que lo conocí me encantó y aunque nunca me peló, de vez en cuando pasaba por mí en un vocho amarillo, para ir a los toros en la Plaza México, para acompañarme a los quince años de mis amigas, para llevarme a «tientas» en su rancho o para ir a echar unas cubas a su casa. Él, fue el que me quitó la mala maña de esperarme a que me abrieran la puerta del coche y a muy temprana edad, cuando se bajó del vocho y se encaminó a la plaza —íbamos a una corrida—, se volteó hacia mí, que seguía esperando como una inválida, tarada y me gritó ¡Apúrate que ya va el primer toro! Después de ese momento juré no volver a esperarme nunca más y lo he cumplido. Yo no vivía cerca de él —vivía en la colonia del Valle— pero pasaba muy seguido en mi Maverick verde con mi amiga Tamara por su calle diagonal con la esperanza de encontrármelo o ver si la luz de su cuarto estaba encendida, porque en aquel entonces no podías stalkear por Facebook o le llamaba a su casa y no hablaba, porque en aquel entonces no había identificador de llamadas y también le puse un día un grafiti trovero que decía «¡Cómo gasto papeles recordándote!» porque en aquel entonces no existían los mensajes de texto.

Luis decía frases como: «Eso que dices es pura piña», «ese güey me estaba piñando», y otra por el estilo. Yo nomás me reía porque sabía que lo que estaba diciendo es que no me creía, que pensaba que lo estaban cotorreando, que era choro, que lo estaban engañando. También decía «eso es ficto» para decir que algo era «falso», y cuando yo le cancelaba algún plan y le decía «no puedo ir», él me decía «ahi pa l´otra», también decía que algo estaba «dostres» si estaba medio bien y «dosdos» si no estaba tan bien.

Todas estas frases han caído más en desuso, porque la lengua cambia y cada generación empieza a imponer nuevos términos y nuevas palabras que hablen más de su forma de ser y de ver el mundo. Yo me acuerdo de ellas, cuando me acuerdo de esa época y de esa colonia que quise tanto y también cuando me acuerdo de Luis.



1. Nuevos hippies, del movimiento hippie de los sesentas, tergiversado y alicaido, con algunas formas pero ninguno de sus ideales.
2. De alegre, vivaz, la razón es más que clara.
3. De hip —onda—, una copia barata del movimiento existencialista de los años cincuenta al que pertenecieron Burroughs, Pollock y Kerouac, mismos que tuvieron como seguidores los hippies.
4. de trend, tendencia, de esa gente que se muere antes de no estar a la moda.
5. Apócope de bohemian, boho, un new bohemian, inenarrable.
6. Stalkear, neologismo del español que viene del verbo to stalk, perseguir, espiar, acosar calladamente.


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CDMX: La ciudad más… https://algarabia.com/la-ciudad-mas/ https://algarabia.com/la-ciudad-mas/#respond Mon, 26 Aug 2024 15:56:00 +0000 https://algarabia.com/?p=18325
México de mis recuerdos, México de mis amores, México nuevo y viejo, México tradicional y de vanguardia, México de hoy y de mañana, México de día y de noche, el del tráfico y el tránsito, el de la nota roja, el del augurio y la crónica, el del metro y el carrazo, el del Tenampa y Lagunilla mi barrio, el de Los olvidados. México de Tlaxcoaque, La Villa, Xochimilco y Azcapotzalco, pero también el de Santa Fe, Las Lomas, Polanco y San Ángel. El México que alberga un Palacio negro —Lecumberri—, pero también un Palacio de Bellas Artes; un Bordo de Xochiaca y una Torre Latinoamericana; así como una Candelaria de los Patos, pero también la plaza de toros más grande del mundo, ciudad bella ciudad.

La urbe más prolífica, la más interesante, la que de verdad nunca duerme, tema de novelas, cuentos, pinturas y esculturas; material para miles de noticias, escenario y guion de cine, inspiración de poetas, sueño de muchos, pesadilla de otros tantos; ciudad de clases y castas, de confluencia y centralismo, de amor y desamor: eso es México, la ciudad más… ¿más qué? Más todo.

Canales de Xochimilco y Trajineras

Nací en la Ciudad de México y mis padres también. He pasado toda mi vida en ella y cada día me gusta más. Obviamente esa ciudad en la que yo crecí era muy distinta a la que hoy en día vemos: una ciudad de los años 70, que había visto épocas de gran esplendor unas décadas antes, y que recién había vivido su cenit con los Juegos Olímpicos y el Mundial de Futbol, los cuales vieron surgir una ciudad preciosa, entrando a la modernidad, un lugar que, si bien ya no era la región más transparente del aire de la que habla el barón von Humboldt, todavía era vivible y transitable.

Crecí en la colonia Del Valle, a una cuadra de las oficinas de esta noble editorial. Me acuerdo de las calles vacías donde jugábamos futbol y bote pateado, de los anchos camellones con palmeras, de las caminatas a la paletería San José; de las idas a Chapultepec, a Coyoacán o al Centro con mi papá para ir a comer al Prendes o al Danubio. Me acuerdo del restaurante Torino —que era campestre aún— en plena calle de Xola, de los domingos silentes, de la avalancha que bajaba por las calles sin coches, de poder andar en bici por aquí y por allá durante horas, y de los parques vacíos.

Me acuerdo de la colonia Condesa, que también era una colonia de clase media, donde vivían mis abuelos maternos; un barrio que ahora, 20 años después, ha cambiado radicalmente y está lleno de restaurantes, bares y antros —que ocupan el lugar donde antes se erigían grandes casas del tipo español californiano, construidas entre los años 30 y 40 del siglo pasado—, y que no es ni la sombra de la colonia tranquila que fue. Y de la colonia en donde vivían mis abuelos paternos: la Guadalupe Inn, en donde incluso jugábamos beisbol en la calle, porque no pasaba ni un alma; era una colonia hermosa —aún guarda un poquito de aquello— en la que todos se conocían.

La ciudad ha cambiado, nos ha rebasado, el crecimiento ha sido totalmente desorbitado y ha llegado a unos niveles casi absurdos: mucha gente, mucho tráfico, poco transporte público, demasiados puestos en la calle. Por eso cuando digo que la amo y soy feliz de vivir en ella, la gente me voltea a ver con cara de «¿qué te pasa?», y piensa que soy una loca, una masoquista o, con suerte, una idealista que no sabe lo que dice, porque el lugar común es quejarse de la contaminación, de la cantidad de coches que circulan por sus calles sucias, del horrendo paisaje urbano, de la falta de planeación, de los logros —como Santa Fe— que despuecito se convierten en fracasos. El lugar común es quejarse de la ciudad en general.

CDMX, una de las ciudades más grandes del mundo

Es un hecho que la que fuera un día la Gran Tenochtitlan y la Ciudad de los Palacios, es hoy una de las ciudades más grandes y sobrepobladas del mundo; una mancha urbana gigantesca, amorfa y acéfala formada por colonias en decadencia —Juárez, Santa María la Ribera, Lindavista—, cinturones de miseria, oleadas de autoconstrucción e interés social por un lado y, por otro, barrios wannabe, suburbios de nuevo rico que emulan a los gringos —como si fueran dignos de emularse— y bastiones encarcelados, llenos de altos edificios y condominios horizontales «muy nice», en donde se resguarda la clase advenediza que intenta no mezclarse con lo que hay a su alrededor.

Todo lo que se dice del Distrito Federal es cierto, y muchos podrían decir que es la ciudad más fea del mundo, que se parece a El Cairo o a Nueva Delhi, y quizá tienen parte de razón; pero no es ni tanto ni tan poquito, porque el hecho de que tenga más de 22 millones de habitantes no es sólo producto de la casualidad, sino el resultado de que todo el mundo quiere o tiene que estar aquí. Por algo será, ¿no?

Paseo de la Reforma, lugar icónico de la CDMX

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Vida y milagros de… la colonia Roma https://algarabia.com/vida-y-milagros-de-la-colonia-roma/ https://algarabia.com/vida-y-milagros-de-la-colonia-roma/#respond Thu, 09 Nov 2023 19:51:05 +0000 https://algarabia.com/?p=38169 En Vida y milagros de… encontrarás semblanzas de las colonias tradicionales de la ciudad de México y el sabroso bosquejo de la misma metrópoli que, como París o Nueva York, ¡nunca duerme!
También nos adentraremos en la vida de mujeres memorables, para enterarnos hasta de lo que soñaba nuestra querida Sor Juana y de cómo la hábil Madame de Pompadour le puso «sabor al caldo» a la corte de Luis xv, entre muchas otras hazañas femeninas.
Vidas graciosas, trágicas, inspiradoras; proezas, objetos, palabras mágicas y festividades se entrelazan en este volumen que, aunque no pretende santificar a nadie, demuestra que no hace falta ser un santo para realizar milagros.
Para que te des una idea de qué viene en este libro, a continuación te compartimos uno de sus textos:

La colonia Roma

Estoy convencida de que aun con todas las modificaciones y deterioros que ha sufrido —debido a fenómenos deplorables como las rentas congeladas, el terremoto de 1985 y la construcción de los ejes viales, entre otros—, la Roma tiene todavía edificios y calles únicas, y sigue siendo una de las colonias de mayor tradición, renombre y belleza en ésta, que alguna vez fue nombrada, la Ciudad de los Palacios.

Los orígenes

La colonia Roma se construyó en los Potreros de Romita, que eran los terrenos circundantes de un viejo pueblito, que servían para que pastara el ganado. Don Edward Walter Orrin —empresario inglés dueño de un famoso circo y gerente de la compañía Terrenos de la Calzada de Chapultepec, S. A.— los compró en 1902 con la intención de edificar una colonia con todos los servicios y comodidades. Después de algunas negociaciones con el ayuntamiento, comenzó a vender los lotes: así nació el primer fraccionamiento en forma de la ciudad de México.
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Dice Guillermo Tovar y de Teresa, cronista de la capital:1 Éste y varios de los datos fueron tomados del libro de Edgar Tavares López, Colonia Roma, México: Clío, 1996. «La colonia Roma fue el espacio de la ilusión.
El reducto urbanístico de una edad que inició cuando cambió el siglo, cuando se iniciaron las guerras y vino la Revolución». Sin duda, es un símbolo del Porfiriato, época en la que se pretendió embellecer la capital para colocarla al nivel de cualquier otra del mundo. Su innovador diseño incluía casas, edificios y construcciones afrancesadas; calles amplias, de 20 metros de ancho o más, bordeadas por grandes árboles —imitando el estilo de los bulevares parisinos—, como las avenidas Orizaba, Veracruz y Álvaro Obregón, que en ese entonces se llamaba Jalisco, medía nada menos que 45 metros de ancho y era la avenida principal de la colonia.
Salvador Novo apunta que en contraste con la colonia Juárez, cuyas calles presumían de los viajes a las «Europas» de sus habitantes, las cuadras de la Roma, «en un arranque de nacionalismo», tomaron el nombre de ciudades y estados de toda la República; se dice que Orrin los eligió como remembranza de las giras que hizo con su circo por todo el país.
Los límites de la colonia han variado con el tiempo; pero, en resumen, podría decirse que son: al norte, la avenida Chapultepec; al oriente, la avenida Cuauhtémoc; al sur, la calle de Coahuila y parte de las avenidas Álvaro Obregón y Yucatán; al poniente, la avenida Veracruz. La colonia cuenta con un total de 178 manzanas, lo que la hace muy grande, en comparación con otras.

Entre ricos y pobres

La parte elegante de la ciudad estaba iluminada con faroles importados de Berlín y en sus calles comenzaban a circular los primeros automóviles. Las familias acomodadas asistían al Teatro Nacional a ver a Virginia Fábregas o a Luisa Tetrazzini, y formaban parte del Jockey Club o del Club Americano.
En tanto, los pobres, hacinados en cuartos de viejas vecindades situadas en los barrios cercanos al Centro, como Tepito, La Candelaria o Peralvillo, tenían que conformarse con visitar Las Glorias de la Tetrazzini y El Triunfo de la Pelona, dos de las tantas pulquerías que albergaban tanto los sueños de Baco como los de sus marginados parroquianos.
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Aun así, la Roma no fue la colonia de los más ricos —ellos vivían en Paseo de la Reforma—, sino de los «pseudoaristócratas», una clase social que, una vez que estalló la Revolución, no pudo salir del país y «se quedó con el sueño de seguir viviendo como en tiempos de don Porfirio», como nos dice Tovar y de Teresa. Uno de los pioneros que habitó la colonia Roma fue Cassius Clay Lamm —constructor de algunas de las primeras residencias, entre ellas la que hoy conocemos como Casa Lamm—; otros personajes históricos que poblaron sus calles son el general Álvaro Obregón, quien vivió en el número 185 de la avenida que hoy lleva su nombre, y el poeta Ramón López Velarde, en el número 73, que actualmente es el Museo-Casa del Poeta.
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Muchas personalidades han radicado en la colonia, entre otros, el arquitecto Adamo Boari, Jorge Ibargüengoitia, Juan José Arreola, Leonora Carrington, David Alfaro Siqueiros y José Emilio Pacheco.

Arquitectura exquisita

La colonia Roma se distinguió por sus magníficas residencias y espléndidos edificios de departamentos, por sus avenidas y por la calidad de sus servicios públicos —alumbrado, pavimento, jardines—, «que dieron a la ciudad la sensación de ser moderna».
Todo esto, aunado a los estilos arquitectónicos preponderantes: el Art Nouveau, el estilo ecléctico, el Art Déco y el racionalismo europeo, le dieron a la zona su sabor cosmopolita y su aire internacional.
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Para comprender a fondo cómo estas tendencias contribuyeron a crear el ambiente único de la colonia, ofrecemos un repaso de las particularidades más importantes de cada una.

Lugares famosos

Uno de los sitios que sobresalió por méritos propios fue el famoso Toreo de la Condesa, que estaba localizado en las calles de Durango y Salamanca, donde actualmente se ubica el Palacio de Hierro. El contratista, hacendado e importador Óscar Braniff fue el encargado del proyecto y mandó traer, desde Bélgica, las piezas que sirvieron para construirlo.
Fue inaugurado en 1907 y allí tuvieron lugar grandes corridas con toreros de la talla de Rodolfo Gaona, «El Califa de León»; «Manolete», Ignacio Sánchez Mejías, Vicente Segura y David Silveti. Finalmente, en 1946, el Toreo fue trasladado, piedra por piedra, a Cuatro Caminos.
Las plazas son lugares importantes en esta colonia donde aún se puede caminar y recorrer a pie la distancia hasta el café, la tiendita y la papelería. Entre las más representativas hallamos las de Río de Janeiro, Miravalle —hoy Cibeles—, Romita, Ajusco y Tabasco —hoy Pushkin—.
En muchas de ellas se han filmado películas, como la adaptación de la novela Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, titulada Mariana, Mariana (1987); así como otras cintas de la edad de oro del cine mexicano, como El gran calavera (1949) o Los olvidados (1950), de Luis Buñuel, y Una familia de tantas (1948), de Alejandro Galindo.
Pero la colonia Roma no sólo ha sido locación cinematográfica, también albergó el Estadio Nacional, donde se realizaron los primeros Juegos Centroamericanos en 1926. Fue un lugar de cines memorables como el Balmori, el Roma y el Royal —donde se dice que gritaron por primera vez el famoso «¡Cácaro!»—; un lugar de encuentro de diferentes culturas —alguna vez estuvieron allí las embajadas de Bolivia y de República Dominicana— y hoy podemos visitar distintas galerías y museos, como la galería omr, el Salón de la Plástica Mexicana, el Museo Universitario de Ciencias y Arte —muca—, la Galería Metropolitana, y muchos más. También fue sede de célebres bares y centros nocturnos, como el Río Rosa, el Swing Club o el Quid, y de cafés y heladerías tradicionales como El Globo y La Bella Italia, que todavía está en servicio.
La Roma actual
Como sabemos, en el terremoto de 1985 se cayeron muchos edificios, lo que cambió de modo irremediable la faz de la colonia. Irónicamente, la mayoría de ellos eran construcciones modernas, erigidas entre 1940 y 1985, como la tienda Suburbia, en la esquina de Puebla y avenida Cuauhtémoc, y el multifamiliar Juárez. Es realmente una pena ver que muchas zonas se han convertido en lugares inhóspitos, aunque da una ilusión enorme ver que a últimas fechas se ha empezado a recuperar el viejo sabor de uno de los pocos reductos de esta gran metrópoli. Hoy, la Roma sigue siendo un espacio de recuerdos y lugares añejos, donde confluyen el pasado y el presente y en el que las personas pasan un rato a gusto leyendo, caminando por el parque, visitando los bazares de antigüedades de Álvaro Obregón o simplemente contemplando un atardecer.
Texto de Pilar Montes de Oca, publicado en el libro Vida y milagros de…, colección Algarabía.

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Ciudad de México https://algarabia.com/ciudad-de-mexico/ https://algarabia.com/ciudad-de-mexico/#respond Tue, 01 Aug 2023 06:17:00 +0000 https://algarabia.com/?p=40675 En sus grandes avenidas, viaductos, calzadas; entre sus angostas calles, sus habitantes, la arquitectura, es posible contemplar 700 años de historia en la capital de la República mexicana. Su larga trayectoria implica que en este lugar se puedan encontrar expresiones de arraigada tradición que recuerdan el pasado indígena y colonial, así como las más modernas expresiones de arte o arquitectura que reflejan el futuro de una creciente urbe.
Aunque una hora no es suficiente para hablar de este tema, Pilar Montes de Oca Sicilia y Carlos Bautista Rojas nos compartirán sus experiencias, anécdotas y recomendaciones para disfrutar de la seductora vida cotidiana en la capirucha.

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Durante el programa escucharán las siguientes canciones:
«Mi Distrito Federal» — Rigo Tovar
«El Tlatoani del Barrio» — Café Tacuba
«Distrito Federal» — Los Auténticos Decadentes
«La primera calle de la soledad» – Cecilia Toussaint y Arpía

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Top ten: Los edificios más altos de la Cuidad de México https://algarabia.com/top-ten-los-edificios-mas-altos-del-mundo/ https://algarabia.com/top-ten-los-edificios-mas-altos-del-mundo/#respond Fri, 04 Feb 2022 08:06:00 +0000 https://algarabia.com/?p=17466 Del latín ædificĭum, un edificio es una construcción fija, fabricada con materiales resistentes, para habitación humana o para otros usos. En la Ciudad de México existen construcciones de este tipo que se elevan imponentes sobre la metrópoli.
En esta lista se incluyen los 20 edificios más altos de la ciudad.

20. Torres Residencial del Bosque I y II

128 metros
Rubén Darío 97, col. Bosques de Chapultepec


19. Hotel Presidente Intercontinental

130 metros
Campos Elíseos 218, col. Polanco


18. Torre AXA —antes Torre Mexicana—

132 metros
Xola 535, col. del Valle


17. Torre Mural

133 metros
Insurgentes Sur 1605, col. San José Insurgentes


16. Torre Caballito

135 metros
Paseo de la Reforma 10, col. Cuauhtémoc


15. Torre HSBC

136 metros
Paseo de la Reforma 347, col. Cuauhtémoc


14. Panorama Santa Fe

139.4 metros
Carlos Lazo 15, col. Santa Fe


13. Edificio H2O Condominios

140 metros
Santa Fe 449, col. Cuajimalpa


12. Hotel Nikko

142 metros
Campos Elíseos 204, col. Polanco


11. Torre Santa Fe Pads —Torre Impulso—

145 metros
Santa Fe 443, col. Cruz Manca


10. Torre Lomas

146.5 metros
Paseo de Palmas 800, col. Lomas de Chapultepec


9. Torre Paragon Santa Fe

149.1 metros
Juan Salvador Agraz 97, col. Cruz Manca


8. Torre Libertad —Hotel St. Regis—

150.1 metros
Paseo de la Reforma 439, col. Juárez


7. Centro Corporativo Arcos II

161.2 metros
Paseo de los Tamarindos 400B, col. Bosques de las Lomas


6. Arcos Bosques Corporativo I

161.5 metros
Paseo de los Tamarindos 400A, col. Bosques de las Lomas


5. Torre Latinoamericana

166 metros
Eje Central 2, col. Centro


4. World Trade Center México —antes Hotel de México—

191.3 metros
Filadelfia s/núm , col. Nápoles


3. Torre Altus

195 metros
Paseos de los Laureles 416, col. Bosques de las Lomas


2. Torre Ejecutiva Pemex

211.3 metros
Marina Nacional 329, col. La Huasteca

1. Torre Mayor

225.4 metros
Paseo de la Reforma 265, col. Cuauhtémoc

* Las medidas de cada edificio se consideran sólo hasta el último piso, sin tomar en cuenta sus antenas.

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—La ciudad leída—

Desde la llegada de los españoles a México, diversos cronistas se dieron a la tarea de documentar las peculiaridades de la vida en la capital. Con el tiempo, la Ciudad de México también sirvió de fuente de inspiración para que otros escritores dejaran un testimonio escrito en ensayos, poemas, cuentos o novelas.

  1. Cartas de relación (1519-1526), Hernán Cortés
  2. México en 1554 (1554), Francisco Cervantes de Salazar
  3. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1568), Bernal Díaz del Castillo
  4. Grandeza mexicana (1604), Bernardo de Balbuena
  5. Alboroto y motín de los indios de México (1692), Carlos Sigüenza y Góngora
  6. La duquesa Job (1884), Manuel Gutiérrez Nájera
  7. La novela del tranvía (1887), Manuel Gutiérrez Nájera
  8. Memorias de mis tiempos (1906), Guillermo Prieto
  9. Actual Nº1 Hoja de Vanguardia. Comprimido estridentista de Manuel Maples Arce (1921)
  10. El minutero (1923), Ramón López Velarde

     

  11. El joven (1925), Salvador Novo
  12. La sombre del caudillo (1929), Martín Luis Guzmán
  13. La rueca de aire (1930), José Martínez Sotomayor
  14. La luciérnaga (1932), Mariano Azuela
  15. Muerte sin fin (1939), José Gorostiza
  16. El Canillitas (1941), Artemio de Valle Arizpe
  17. Los hombres del alba (1944), Efraín Huerta
  18. Nueva grandeza mexicana (1946), Salvador Novo
  19. Casi el paraíso (1956), Luis Spota
  20. En algún valle de lágrimas (1957), José Revueltas

     

  21. La región más transparente (1958), Carlos Fuentes
  22. Mexico City Blues (1959), Jack Kerouak
  23. Tristessa (1960), Jack Kerouac
  24. Ojerosa y pintada (1960), Agustín Yáñez
  25. Vida económica de Tenochtitlan (1961), Ángel María Garibay*
  26. Aura (1962), Carlos Fuentes
  27. La Tumba (1964), José Agustín
  28. De perfil (1966), José Agustín
  29. La ley de Herodes (1967), Jorge Ibargüengoitia
  30. La ciudad de México en el siglo xvii (1968), Francisco de la Maza

     

  31. El complot mongol (1969), Rafael Bernal
  32. La noche de Tlatelolco. Testimonios de historia oral (1971), Elena Poniatowska
  33. Historia y leyenda de Coyoacán (1971), Salvador Novo
  34. Chin Chin el Teporocho (1971), Armando Ramírez
  35. La pincesa del Palacio de Hierro (1974), Gustavo Sáinz
  36. Días de combate (1976), Paco Ignacio Taibo II —Serie de Belascoarán Shayne—
  37. Cosa fácil (1977), Paco Ignacio Taibo II —Serie de Belascoarán Shayne—
  38. El vampiro de la colonia Roma (1978), Luis Zapata
  39. Los periodistas (1978), Vicente Leñero
  40. A ustedes les consta. Antología de la crónica en México (1980), Carlos Mosiváis

     

  41. Batallas en el desierto (1981), José Emilio Pacheco
  42. Crónica de la intervención (1982), Juan García Ponce
  43. Héroes convocados: manual para la toma del poder (1982), Paco Ignacio Taibo II
  44. El desfile del amor (1985), Sergio Pitol
  45. Algunas nubes (1985), Paco Ignacio Taibo II —Serie de Belascoarán Shayne—
  46. Noticias del Imperio (1987), Fernando del Paso
  47. Cuentos únicos (1989), Javier Marías
  48. No habrá final feliz (1989), Paco Ignacio Taibo II —Serie de Belascoarán Shayne—
  49. Regreso a la misma ciudad y bajo la lluvia (1989), Paco Ignacio Taibo II —Serie de Belascoarán Shayne—
  50. Amorosos fantasmas (1989), Paco Ignacio Taibo II —Serie de Belascoarán Shayne—

     

  51. Sueños frontera (1990), Paco Ignacio Taibo II —Serie de Belascoarán Shayne—
  52. Desvanecidos difuntos (1991), Paco Ignacio Taibo II —Serie de Belascoarán Shayne—
  53. El disparo de argón (1991), Juan Villoro
  54. La destrucción de todas las cosas (1992), Hugo Hiriart
  55. Amores de segunda mano (1993), Enrique Serna
  56. Los rituales del caos (1995), Carlos Monsiváis
  57. Pequeños actos de desobedencia civil (1996), Fabrizio Mejía Madrid
  58. Los detectives salvajes (1998), Roberto Bolaño
  59. Y retiemble en sus centros la Tierra (1999), Gonzalo Celorio
  60. Elogio de la calle. Biografía loteraria de la Ciudad de México 1850-1992 (2001), Vicente Quirarte

     

  61. Diablo Guardián (2003), Xavier Velasco
  62. Muertos incómodos (2004-2005), Paco Ignacio Taibo II —Serie de Belascoarán Shayne—
  63. El tiempo repentino. Crónicas de la Cd. de México en el siglo xx (2005), Héctor de Mauleón
  64. Educar a los topos (2006), Guillermo Fadanelli
  65. El miedo a los animales (2008), Enrique Serna
  66. Tequila D.F. (2008), Fabrizio Mejía Madrid
  67. ¿A dónde váis, Monsiváis? Guía del DF de Carlos Monsiváis (2010)
  68. El derrumbe de los ídolos —Crónicas de la ciudad— (2010), Héctor de Mauleón

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Necesitábamos baños propios: Los multifamiliares https://algarabia.com/necesitabamos-banos-propios-los-multifamiliares/ https://algarabia.com/necesitabamos-banos-propios-los-multifamiliares/#respond Sun, 25 Jan 2015 20:00:19 +0000 https://algarabia.com/?p=18509 La Ciudad de México, a mediados de los años 30, estaba urgida de vivienda. Las unidades habitacionales de entonces eran las vecindades —construcciones heredadas del siglo xix—, que tenían patio, baño y lavaderos, los tres de uso común. Los hijos de la Revolución necesitaban con urgencia un cambio en su forma de vivir.
Por suerte, en Europa, las ideas de urbanización se gestaban ya por los arquitectos Walter Adolph Georg Gropius, Ludwig Mies van der Rohe y Le Corbusier. Y un joven mexicano llamado Mario Pani sería el encargado, no sólo de unir estas ideas, sino de hacerlas realidad para traer la modernidad a nuestro país.

La modernidad llegó a México

Por lo menos eso era lo que decía el nuevo gobierno. Después de la Revolución, ya que se había consolidado el partido institucional y que las aguas se habían «calmado», el Estado tenía una meta: modernizar al país. ¿Pero cómo iba a ocurrir esto? Llevarlo a cabo resultaba una tarea difícil. Para empezar había que definir qué era exactamente lo moderno. Por suerte, algo en lo que todo el mundo occidental estaba de acuerdo, era en que no podía haber algo más moderno que los edificios: éstos representaban la esperanza en el futuro. Por tanto, el gobierno hizo gran hincapié en la producción de obra arquitectónica, pues quería presentar una sociedad encaminada hacia el progreso y, obvio, hacia la modernidad.
Los recursos —es decir, el presupuesto— se dirigieron sin dudarlo hacia la construcción. Así, entre 1932 y 1934 aparecieron los antecedentes de los multifamiliares: los conjuntos habitacionales Balbuena, La Vaquita y San Isidro, influenciados por el movimiento moderno, bajo la corriente funcionalista.
Para entender mejor la situación del habitante de aquel entonces es importante mencionar que la red de drenaje y electricidad funcionaban sólo en algunas zonas; las vecindades concentraban a una gran cantidad de personas y las condiciones de vida eran muy malas: en un solo cuarto llegaban a vivir familias enteras, las rentas eran altísimas y los servicios, pésimos. Esto trató de arreglarse con la implementación de las rentas congeladas, 1 Terminada la Revolución, el problema de la vivienda se hizo cada vez más complicado, en especial los aumentos a los alquileres. Para acrecentar el problema, la ley protegía a los arrendadores a tal grado que los desalojos eran frecuentes; además, los inmuebles no recibían mantenimiento. Las protestas no se hicieron esperar, así que en 1942 se aplicó un decreto de «congelación de rentas». Esta política mantuvo sin variación el precio del alquiler. En 1948 la ley se hizo indefinida, y fue derogada hasta 1993. pero no resultó. Entonces el Estado buscó la forma de hacer que los beneficios de la Revolución llegaran a todos los mexicanos; pero fue hasta 1947 que se construyó la Unidad Modelo, y en adelante el Estado dedicó una gran parte del presupuesto a la construcción de los grandes conjuntos de habitación.

Estas unidades habitacionales dejaron a sus nuevos residentes fascinados. Tenían un baño para ellos solos y… ¡no tenían que compartirlo! Imagino que cuando se dieron cuenta de que además contaban con electricidad y gas, hubo más de uno que soltó las lágrimas y no pudo dejar de pensar en que, por fin, les había hecho justicia la Revolución.
Cabe señalar que en un principio los inquilinos no pagaban ninguno de estos servicios, sino exclusivamente la renta; esto, claro, sucedió sólo durante algunos años —después cada quien se hizo cargo del pago de los servicios—. De cualquier manera, el beneficio era enorme: tenían un hogar, luz eléctrica, agua corriente, deportivos y seguridad; todo en un mismo lugar, sin tener que cruzar calles ni perder horas para llegar al trabajo y regresar a casa. Bueno sí, se preguntará, ¿y el mantenimiento? Pues, ¡qué cree! También el gobierno se hacía cargo. 2 Después de los terremotos de 1985, el Estado comienza a dejar en manos de los condóminos los asuntos administrativos y económicos de los edificios.
Conoce más sobre los multifamiliares y su historia hasta el presente en Algarabía 100.

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Dato para recordar – Nace Chava Flores https://algarabia.com/dato-para-recordar-nace-chava-flores/ https://algarabia.com/dato-para-recordar-nace-chava-flores/#respond Wed, 14 Jan 2015 12:00:37 +0000 https://algarabia.com/?p=18740 Acompáñanos a viajar en el tiempo y encuentra la colección de estos datos en los minialmanaques Un año para recordar.

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El chilangonario https://algarabia.com/el-chilangonario/ https://algarabia.com/el-chilangonario/#respond Wed, 13 Aug 2014 03:00:44 +0000 https://algarabia.com/?p=32577 El lenguaje es uno de los temas preferidos de los algarabiadictos –y de nosotros, claro está–. No son sólo la ortografía y el origen de las palabras, sino las formas de hablar en las diferentes ciudades de nuestro país.
En este programa podrás escuchar a María del Pilar Montes de Oca Sicilia, directora de Algarabía y a Alberto Peralta, autor de El Chilangonario y recopilador de Chile para todos, hablando de las diferentes formas de hablar y expresiones que nos rodean.
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Las canciones que escucharás en este programa son:
«Canción de albures», Los tres tristes tigres
«La tienda de mi pueblo», Chava Flores
«Quiero subirme al guayabo» y «Vamonos a Dallas Texas», El Mariachi Moya

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Dato para recordar — El 17 de septiembre se inaugura el Museo Nacional de Antropología e Historia https://algarabia.com/dato-para-recordar-el-17-de-septiembre-se-inaugura-el-museo-nacional-de-antropologia-e-historia/ https://algarabia.com/dato-para-recordar-el-17-de-septiembre-se-inaugura-el-museo-nacional-de-antropologia-e-historia/#respond Thu, 10 Jul 2014 13:21:59 +0000 https://algarabia.com/?p=31825 Acompáñanos a viajar en el tiempo y encuentra la colección de estos datos en los minialmanaques Un año para recordar.
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