¿Qué onda con el mojito y el daiquirí?
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¿Qué onda con el mojito y el daiquirí?

«Mi daiquirí, en el Floridita. Mi mojito, en La Bodeguita.»

El ron es una bebida de piratas. Por eso no es de sorprender que su historia esté tan ligada al Caribe. Allí se destiló por primera vez y allí es donde se produce la mayor cantidad hoy en día. Tampoco sorprende que dos de los tragos más emblemáticos que se preparan con él provengan de Cuba: el daiquirí y el mojito.

Daiquirí es una palabra en taíno que nombra una playa cercana a Santiago de Cuba. A comienzos del siglo XX, cerca de allí, uno de los trabajadores de una mina local, Jennings Cox, al recibir visitas y no tener whisky —o ginebra—, mezcló jugo de limón, azúcar, ron, y al final agregó hielo, como probando un nuevo estilo de whisky sour, sólo que sustituyendo el alcohol maltés por el destilado de caña. El nombre llegó de manera natural: «ron a la daiquirí», que finalmente se contrajo hasta ser sólo daiquirí.

Aunque hizo falta un eslabón más para que la cadena cerrara, y el daiquirí se convirtiera en un trago mundial. El coctel salió de Cuba y se popularizó luego de que el almirante Lucius W. Johnson, oficial médico de la armada estadounidense, lo probó y, seducido por su encanto, llevó la receta al club de oficiales marinos y navales en Washington. Luego de eso, pasó poco tiempo antes de que su popularidad fuera mundial y hasta el presidente John F. Kennedy se deleitara con él.

Por otro lado, el mojito es, tal vez, la bebida cubana más popular fuera de Cuba. Se le puede encontrar en restaurantes y bares de todo el mundo, más o menos respetando la misma receta. La bebida obtiene su nombre de una parte del proceso de preparación: mojito es diminutivo de mojo, un tipo de salsa que se obtiene al machacar ingredientes en una base —como se machacan las hojas de menta o hierbabuena.

A diferencia del daiquirí, la historia del mojito se remonta hasta el siglo xvi, cuando los marinos ingleses recibían raciones de licor como prestación, hábito que se suspendió hasta el año 1970. El antecedente del mojito, se cree, es el grog: una versión en la que se suavizaba el sabor agresivo del ron perfumándolo con limón, diluyéndolo con agua, y endulzándolo con azúcar. De hecho, la palabra ron proviene de la palabra inglesa rum, cuyo origen más probable son los términos rumbullion o rumbustion, palabras de moda en la época en que se perfeccionó el destilado de la melaza, y que eran términos coloquiales para «tumulto o alboroto».

Estos dos tragos están muy arraigados en la mitología literaria gracias a Ernest Hemingway. Él fue uno de los responsables de darle fama al daiquirí. Durante sus años en La Habana frecuentaba el bar Floridita, donde se sentaba a disfrutar su receta especial. A diferencia del trago original, la variedad preparada para Hemingway no tenía endulzante, ya que él —hipocondriaco— pensaba que tenía diabetes, y por eso evitaba el azúcar, además de llevar el doble de ron y el jugo de dos toronjas. De ahí que sea prudente cuestionar el mito que lo coloca en la Bodeguita del Medio tomando mojitos. La única imagen, el único homenaje posible, debe ser en el Floridita. Salud.

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