súpito
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súpito

En el Viejo continente era común en su significado proveniente del latín subĭtus, o sea, ‘súbito’

Esta palabra es tan anciana que poco se conoce en la actualidad. Sin embargo, hace varias décadas todavía se empleaba, mucho y con varios sentidos, dependiendo de dónde estuviera uno, si en España, en México o un poquito más al sur de América.

En el Viejo continente era común en su significado proveniente del latín subĭtus, o sea, ‘súbito’, el adjetivo sinónimo de repentino. Doña María Moliner especifica que en Aragón —y sólo ahí—, se usaba para calificar a alguien «impulsivo y vivo de genio».

Por otra parte, y ya trasladándonos a nuestro continente, hallamos en el Diccionario de Americanismos que en Venezuela y parte de Colombia, un súpito es una persona asombrada, confusa y llena de dudas, como por ejemplo:

«Ojalá no me toque en el mismo grupo que el súpito de Vicente, siempre nos atrasa a todos.»

Finalmente, llegando a tierras nacionales, nos topamos con que para la Academia Mexicana de la Lengua la palabra es inexistente —incluso como mexicanismo—. Sin embargo, dos especialistas sí la incluyen: En primer lugar, en su Diccionario de Mejicanismos, Francisco J. Santa María da una amplia definición —con todo y ejemplos—.

Se usa súpito como sinónimo de súbito, igual que en España, pero principalmente califica a alguien de alelado, atontado o atolondrado, y también al que está dormido como un lirón, y además a quien se queda calladito del asombro, al sujeto perplejo, atónito, ya sea por un susto o por una sorpresa:

«…ella lanzó un ay agudo y súpita cayó al suelo…»
«… y me quedé como decía el ranchero, súpito y sin movimiento.»
En segundo término, Guido Gómez de Silva, en su Diccionario breve de mexicanismos nos amplía un poco la etimología: deriva de subĭtus, el participio de subire, ‘suceder inesperadamente, acercarse desde abajo’, y significa que, o uno está atontado o muy dormido. Y por eso me viene a la memoria la imagen de mi bisabuela Toña, con una enorme bandeja en los brazos, viendo a los nietos acostados en el sofá y gritando: «¡No se queden de súpitos y tráiganme sus platos si quieren que les sirva o se quedan sin comer!»

¿A qué suena un golpe?

El pollito hace pio, el gato miau y la vaca muuu, pero si estampo mi puño contra una cara seguro sonará algo parecido a un zas o un pam. Estas imitaciones de los sonidos que nos rodean es lo que conocemos como onomatopeyas, un recurso lingüístico y visual imprescindible en el mundo de los cómics. He aquí algunos ejemplos clásicos:

Ni el DEM ni la RAE registran esta entrada, no obstante, el Merriam-Webster Dictionary la define como un sonido explosivo, estruendoso y repentino igual al de la descarga de una pistola. En contextos más sangrientos aparece dibujado con líneas de sangre en vez de las tipografías y marcos tradicionales.

Guillermo Prieto. La musa callejera.
Victoriano Salado Álvarez. Episodios nacionales mexicanos.

El Merriam-Webster la define como una interjección usada para representar un sonido repentino y estruendoso, como el de una explosión o un bombo.
En los cómics es común verlo en escenas de guerra y cuando hay bombas y explosivos de por medio. Algunas de sus variantes son kapow! o simplemente boom!

Foto: es.vecteezy.com

Es el sonido de un goteo o la caída constante de algo que también puede ser producido por un impacto directo y con fuerza, como el de una caída o golpe accidental. Una de sus variantes es plock. La RAE registra la variante plof, que es la «onomatopeya usada para expresar el ruido que hace alguien o algo al caer o chocar contra un objeto».

El Oxford Dictionary lo define como el sonido provocado por algo golpeando o cayendo en un líquido. Otra acepción dice que es la acción de mojarse o mancharse con agua, barro o algo líquido.


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