Notas navideñas – Algarabía
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Notas navideñas

Origen de algunos rituales que forman parte de la celebración de la Navidad, como el nacimiento y la Misa de Gallo.

La navidad es una de las fiestas más importantes, entrañables y populares del calendario cristiano, pero no siempre 
fue como es ahora. Aunque todas las festividades y ritos navideños celebran el nacimiento de Jesús, muchos de ellos tienen su origen en tradiciones milenarias y son el resultado de un proceso en el que se integraron ritos paganos y populares con las celebraciones cristianas, para darle la fisonomía que conocemos actualmente.1 Parte de este texto se sustenta en el artículo del investigador Francisco José Gómez, publicado en la revista Medieval, núm. 9, Barcelona, 2004; pp. 42-53.

Nochebuena y Navidad

La elección del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesucristo está vinculada con el fin de las festividades del solsticio de invierno, un acontecimiento celebrado por casi todas las religiones de la antigüedad. El sentido otorgado por la cristiandad a esta fecha es evidente: el nacimiento de Cristo representaba la llegada de una nueva esperanza para la humanidad sumida, hasta entonces, en «las tinieblas del pecado»; la perspectiva de una luz en la oscuridad y, en definitiva, del nacimiento de una nueva actitud.

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Los romanos de finales del siglo iii d.C. celebraban una 
fiesta denominada del Sol Invencible, que compartía algunas características con las fiestas cristianas y servía de preámbulo a los festejos de fin de año en honor a Saturno, conocidos como Saturnalia. La viajera hispana Eteria2 Eteria (s. IV) fue una monja cuyo nombre ha ido cambiando con el transcurrir de la historia: Geria, Egeria, Eitheria, Echeria, Etereia y hasta Silvia. Viajó por Asia Menor, Egipto, Mesopotamia y Palestina, y registró tanto las vivencias de estos andares como la descripción de los lugares y las costumbres de las comunidades cristianas en una obra que tituló Itinerario. visitó Tierra Santa a fines de la cuarta centuria y en sus escritos describe la celebración de una solemne vigilia en la Gruta de la Natividad —a finales de enero—, después de la cual se partía hacia Jerusalén, donde se celebraba la Eucaristía. La realización de esta ceremonia se extendió rápidamente por la cristiandad y así, a partir de los siglos v y vi d.C., comenzó a practicarse
 en Hispania —hoy España—, el norte de África y el norte de Italia, aunque no fue sino hasta el siglo viii d.C. cuando se popularizó en toda Europa.

La misa de Gallo

En la alta Edad Media, la noche del 24 de diciembre se celebraban no una, sino tres misas; la de medianoche fue la que se popularizó en todo el mundo cristiano y aún hoy se conoce como Misa de Gallo. Ésta recibe su nombre de una vieja leyenda que habla de un ave que pasaba la noche en 
la Gruta de la Natividad, la primera en ver el nacimiento
de Jesús y anunciarlo.

Algunos identificaron al ave con un «ermitaño» o «cabañero», especie que habita en establos y grutas; otros la describen como un gallo encaramado a las partes más altas del establo. En cualquier caso, en las culturas paganas el gallo era símbolo de fecundidad y renacimiento: anunciador del nacimiento del sol con su cacareo. Hasta principios del siglo xx se acostumbraba que, a mitad de la misa, un niño del coro imitara su canto o se empleara un gallo vivo.

Representaciones y nacimientos

Es probable que la popularidad de la Navidad en el medioevo aumentara gracias a los dramas litúrgicos y los misterios3 Pieza dramática que desarrolla algún pasaje bíblico de la historia y tradición cristianas. representados en las iglesias. El tema más popular era la Sagrada Familia y la natividad. Al tiempo que aumentaba el interés en la segunda, crecía el arraigo de la Navidad como fiesta popular.

Ya en siglo x se celebraban en Europa representaciones escénicas de ciertos episodios bíblicos del nacimiento de Jesús, que servían como «catequesis visual» para los iletrados fieles del medioevo: una joven con su hijo recién nacido
 y un hombre barbado de cierta edad eran colocados en el presbiterio de cara al pueblo para representar a la Sagrada Familia.

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A lo largo de la celebración, la muchacha besaba y acariciaba varias veces al niño con evidente gesto de ternura
 y con la aprobación de la asamblea reunida en la iglesia, pero cuando el hombre que representaba a San José intentaba hacer lo mismo, era abucheado y hasta ofendido por los fieles, quienes le recordaban que él no era el padre del niño, sino Dios; inclusive le exigían que se afeitase. A fin de cortar de raíz estos excesos, el papa Inocencio iii prohibió, en el año 1207, las escenificaciones dentro de los templos; sin embargo, el deseo de ofrecer una catequesis plástica o en imágenes persistió, lo que provocó que los tradicionales actores fuesen sustituidos por figuras que representaban las mismas escenas y motivaran la devoción.

Antes de las representaciones escénicas, los nacimientos
 se habían convertido en un objeto significativo de las celebraciones navideñas, especialmente a partir del siglo vii, cuando el papa Teodoro i (642-649) hizo traer de Belén los restos del pesebre que acogió al niño Jesús, depositándolos en la basílica de Santa María la Mayor, en Roma. Desde entonces, y a lo largo de toda la Edad Media, el pesebre se hizo indispensable en todas las iglesias, abadías y catedrales de la Cristiandad durante la Navidad y, tras la prohibición de las escenificaciones de Inocencio iii, su carácter fue prácticamente obligatorio.

La pieza de nacimiento —o belén— más
 antigua en España procede de la parroquia 
de San Millán, que se encuentra en la
 localidad de Baltanás, Palencia. Se trata de
 una imagen de la Virgen y el Niño, que
 pertenece a la escena de la Huida a Egipto.
 Otras figuras sueltas, e igualmente fechadas en el siglo xiii, se han encontrado en las islas Baleares,
 lo cual prueba que probablemente la tradición del Nacimiento llegó a España desde Italia, a través de 
las costas mediterráneas, y de ahí, durante la Colonia, pasó a toda América Latina.

Si quieres conocer más sobre la cena de Navidad y los Reyes Magos, consulta Algarabía 52.

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