El perfume – Algarabía
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El perfume

Si bien los perfumes están muy asociados con Francia, las primeras sustancias aromáticas se utilizaron en Egipto.

Es curioso que la etimología de perfume refiera al humo: de perfumar, del latín per, ‘por’, y fumare, ‘producir humo’. Es curioso, pero no gratuito pues, precisamente, la función original de los perfumes —o, más bien, materias odoríficas— era la de ponerlos al fuego para que desprendieran su olor, es decir que el humo que producían era oloroso —los perfumes tienen su origen en los materiales que quemaban los antiguos al hacer ofrendas a sus dioses, las cuales servían para ocultar los pútridos olores de la sangre ofrecida—.

«El perfume es la forma más intensa del recuerdo. Debe ser como el tema central del Bolero de Ravel. Una especie de lenta obsesión», Jean Paul Guerlain

Entonces, tenía sentido que el nombre
 de dicho menjurje describiera su uso primigenio: «para producir humo». Ahora no necesitamos de fuego para que nuestro perfume carísimo de París desprenda su fragancia en forma de humo, pero sí que las partículas de olor se activen al contacto del calor de nuestra piel, así que, de una forma 
u otra, las altas temperaturas siguen siendo indispensables si queremos dejar una olorosa estela a nuestro paso.

Olores añejos

El kyphi era uno de los inciensos
 que los egipcios quemaban 
para ofrecer a sus dioses: 
era una mezcla de henna,
 mirra, canela y enebro. Sin
 embargo, con frecuencia
 asignaban una fragancia a cada 
una de sus deidades. Además,
 al embalsamar a sus muertos
 acostumbraban embadurnarlos 
de olorosos ungüentos.

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No fue de 
extrañar que luego aprendieran a fabricar
 esencias para perfumarse ellos mismos. Para tal fin, ponían a remojar maderas y resinas aromáticas en agua
y aceite, y luego los usaban como «lociones para el cuerpo». El alcohol, entonces, no tenía absolutamente nada que ver en el rústico proceso. En general, era de muy buen gusto el uso de estas sustancias, puesto que alguien que no cuidaba su aspecto en general, y su olor corporal en particular, era mal visto y considerado como bárbaro.

La costumbre de perfumarse llegó al continente europeo gracias a los griegos, que luego la pasaron a los romanos. Así, junto con la expansión de su imperio, se expandieron sus costumbres, incluida ésta. Sin embargo, luego de la caída del vasto reino, los europeos entraron en contacto con las esencias orientales debido a las Cruzadas, pues los caballeros al regresar llevaban consigo jabón de flores, agua de rosas y especias para sus damas.

Pueblos como el chino o el hindú apreciaban mucho el arte de los aromas: sándalo, pachuli, clavo, canela, alcanfor, rosa, jazmín y almizcle eran los preferidos. Los árabes, por otro lado, perfeccionaron el sistema de destilación de fragancias con el alambique —que separa las sustancias volátiles de la fijas por medio del calor: se compone fundamentalmente de un recipiente para el líquido y de un conducto que parte del recipiente y se continúa en un serpentín por donde sale el producto de la destilación— e hicieron popular el uso del agua de rosas, del almizcle y la algalia.

Así, durante los siglos xiv y xv, el mismo proceso de destilación que realizaban en Europa para fabricar bebidas alcohólicas se utilizaba para elaborar perfumes. El «agua húngara» o «agua de la Reina de Hungría», con esencia de romero, fue de los primeros en su clase alrededor de 1370.

El «renacimiento» del perfume

Más tarde, durante la época renacentista, gracias a Catalina de Médici y su matrimonio con Enrique ii de Francia, el perfume llegó al país que más y mejor se ha apropiado de esta industria: Francia.

s16-ideas-calatina-de-mediciDespués de Renato de Florencia, el perfumista particular de la Médici, eran los guanteros quienes vendían las fragancias junto con, valga la redundancia, los guantes. Y es que, entonces, la piel de cabritilla se llevaba perfumada. Luego, proliferaron los pequeños laboratorios que elaboraban perfumes a la medida; para ser perfumista profesional en Francia se tenía que pasar primero por un periodo de cuatro años de entrenamiento como estudiante y tres ejerciendo propiamente el oficio.

Los clientes de estos perfumistas profesionales eran usualmente aristócratas y, por supuesto, las cortes de Luis xiv y Luis xv eran grandes consumidoras de perfumes. ¿Y cómo no serlo, si con todo el dinero de la nación podían pagar para —tratar de— ocultar los malos olores que pululaban por ahí?

Luis xiv, el «Rey Sol», se distinguió por sus excentricidades, y las que tenían que ver con los perfumes no eran la excepción: mandó perfumar todas las fuentes de los jardines de Versalles. Éstas despedían notas de flor de naranjo, jazmín, clavel blanco, etcétera. Su sucesor no se quedó atrás: en la corte de Luis xv, el uso de un perfume diferente cada día era obligatorio.

Y, aunque toda la nación sucumbía a las bondades de los perfumes, era en Versalles donde se les daba el uso más refinado y exagerado. No obstante, era la región de Grasset, en el sur de Francia —en la región de Provenza- Alpes-Costa Azul— en donde toda esta magia olfativa se fabricaba desde tiempos de Luis xiv: su clima favorable era idóneo para producir materias primas esenciales, lo que facilitó la posterior manufactura de perfumes.

Esta industria, aunque prometedora, decreció durante la Revolución, puesto que la mayor parte de los usuarios —nobles, aristócratas y cortesanos— fueron los perseguidos y, algunos, decapitados —aunque se tiene un vago conocimiento acerca de la creación de un perfume llamado Guillotine, muy popular entre los sans culotte, es decir, los «sin calzones», literalmente; eran los partidarios de izquierda, los de clase más baja, que constituyeron mayoritariamente el ejército revolucionario.

Madame et monsieur, los emprendedores

Durante el reinado de Napoleón y Josefina, la industria perfumera renació gracias a los avances de la química y al descubrimiento de nuevas técnicas que simplificaban y mejoraban el proceso. Algunos de esos avances fueron la fabricación de moléculas sintéticas que reproducían cualidades olfativas de las más raras esencias, las sales de baño, sachets —pequeño saco o bolsa— para la ropa, pastillas, la invención del vaporizador en 1870 por el escritor Brillat-Savarin, la producción en masa de envases de vidrio que ayudó al desarrollo de prestigiosas casas como Houbigant y Guerlain.

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La primera colonia —eau de cologne— fue elaborada en donde su nombre lo indica, en Colonia, Alemania, por el milanés Jean-Marie Farina. Después, al final del siglo xviii, la famosa 4711 —que también era usada por Napoleón— se producía en la fábrica de Wilhelm Mülhens.

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Supuestamente, cuando joven, éste recibió de parte de un monje cartujo la receta secreta del aqua mirabilis; más tarde, abriría una pequeña fábrica en la calle de Glockenglasse, en el número que daría nombre a la famosa colonia, donde empezó a producirla en serie. Antes de comenzar a comercializarse como producto de belleza, la 4711 era popular por sus propiedades medicinales; sin embargo, luego de que en 1810 se expidiera la ley napoleónica que exigía la divulgación de ingredientes de todos los medicamentos y Mülhens se negara, decidió venderla como agua de tocador, lo que sin duda fue un acierto. La 4711 estaba hecha de aceites cítricos, romero, lavanda, agua y alcohol.

Pierre-François Pascal Guerlain creó la Eau de Cologne Impériale exclusivamente para uso de los emperadores; recibió el título de «Perfumero Oficial de Su Majestad».

Sin embargo, no fue sino hasta finales del siglo xix que se usaron los primeros químicos sintéticos para 
la comercialización del perfume. 
El primero fue el nitrobenceno, hecho de ácido nítrico y benceno. En Inglaterra era usado para perfumar jabones en un principio,
 y a partir de 1868, varios personajes experimentaron sintetizando 
con diferentes materiales, como 
el británico William Perkin, que sintetizó cumarina —compuesto químico orgánico de la familia de las benzopironas que se encuentra en muchos vegetales y es un excelente coagulador— con el grano de la tonka sudamericana —este árbol, de la familia Fabaceae, da una semilla aromática que es muy similar a la vainilla y es muy apreciado para cocinar— para crear 
un olor parecido al del heno recién cortado.

Para conocer más sobre los perfumes y otros temas relacionados con Francia, consulta Algarabía 118.

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