Coleccionar zapatos, un análisis semiológico – Algarabía
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Coleccionar zapatos, un análisis semiológico

Un análisis del simbolismo presente en una colección de zapatos.

No creo que Associated Press, Reuter o Ansa sepan todavía lo de mis zapatos nuevos. Susanita ⎯Mafalda⎯.

Hay algo en los zapatos que nos fascina, nos seduce, nos apasiona y nos atrae de tal manera que los hace irresistibles. Tras una larga historia ⎯que comenzó aproximadamente en el 10 000 a. C.⎯, de ser sólo una necesidad, los zapatos se han convertido en objeto de culto, en narcisismo, en fetichismo y, por ello, muchos saben que hay que poseerlos todos… todos.
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Esta pasión por el objeto, por el zapato, va más allá de su función y se entrecruza con símbolos tan poderosos como la acumulación, la posesión, la identidad, la esencia, la feminidad y hasta el poder.

La autora de Un tributo a las sandalias, Linda O‘Keeffe, dice que los zapatos no sólo nos reflejan, sino que son un diario personal de nuestra vida. Para una mujer que ha guardado desde sus zapatitos tejidos o que recuerda que su pasión por los zapatos comenzó a los cinco años por unos zuecos de madera y cuero, su diario es vasto, explícito y extenso. En cambio, mis zapatos podrían contar mis últimos dos años de vida, porque los uso y los uso… y luego los desecho.

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Lo que es cierto es que los zapatos son una especie de espejo de las sociedades y las economías de sus dueños; la manufactura, los materiales y el diseño de un par pueden dejar de manifiesto no sólo el poder adquisitivo, sino la personalidad de su poseedor y hasta su profesión: botas de minero, botín jarocho, zapatilla de ballet, zapatos blancos de médico o enfermera, choclo bostoniano para el ejecutivo, bota de plástico para el jardinero, sneakers para el atleta o tacón de aguja para las meretrices.

La forma del zapato de la mujer, la forma que adopta el pie dentro de un zapato alto y el propio pie han sido considerados a lo largo de la historia como fetiches. El encadenamiento de conceptos como la feminidad, la sensualidad, el dominio, la posesión y la pasión radica en el pie y su envoltura, a mayor altura y más puntiagudo, mayor sensualidad y poder. Aunque el fetichismo por los pies y los zapatos, así como su coleccionismo, no es privativo de la mujer: el hombre también puede caer en las garras de la seducción del zapato, ya propio, ya ajeno.

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También los zapatos han sido sujetos de historias para el cine, como Las zapatillas rojas (1948) ⎯la posesión del objeto⎯, The Devil Wears Prada (2006) ⎯el simbolismo y el poder⎯ o como recurso para justificar una historia en El mago de Oz (1939). Asimismo, están presentes en cuentos y canciones que los develan como objetos de deseo: «Con zapatos de tacón, nos provocan, nos incitan, nos arrancan mil suspiros», como cantó el grupo Bronco alguna vez.

Un atuendo no estaría completo sin un buen par de zapatos y el mundo de la farándula tiene varios casos. Por ejemplo, David Bowie con sus botas rojas de charol y su frase «Put on your red shoes and dance the blues» o Celia Cruz con sus famosos tacones ⎯los cuales usó durante 40 años⎯ que, aparentemente, no tenían tacón y se suspendían en el aire, y estaban hechos a la medida por un artesano mexicano.

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Sin lugar a dudas, el zapato muestra la personalidad de quien lo porta y es, al mismo tiempo, lenguaje de ese ser. Así que, por último, se puede dejar en claro esa necesidad; es decir, la necesidad del culto.

Conoce más sobre este tema en El libro de todo, como en botica iv, col. Algarabía; Editorial Lectorum: México, 2008; pp. 107.

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