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Yo tenía diez perritos

Los número no sólo sirven para contar.

En la edición anterior de Algarabía hablamos del origen gráfico de los números, de que el hombre sabía contar desde tiempos inmemoriales y tardó mucho tiempo en inventar los números. Pero los número no sólo sirven para contar.

En esta ocasión daremos un vistazo al aspecto menos matemático de los dígitos, es decir, a sus rasgos simbólicos y mitológicos, y a cómo las distintas culturas los consideraban signos religiosos, geográficos, supersticiosos y geométricos, de tal manera que, hoy en día, todavía hay números que se consideran cabalísticos. Aunque, si se mira bien, en cada uno podemos encontrar razones para preferirlo o rehuirle. Tal vez, después de saber su significado, demos con una nueva técnica para elegir el cachito de la lotería o logremos pegarle al Melate.

«Con números se puede demostrar cualquier cosa»
Thomas Carlyle

El que se perdió en la nieve,¡pobrecito!, el 9

Muchas culturas han considerado al número 9 como símbolo de la perfección, pues agrupa tres tríadas; es decir, si el 3 es perfecto, la agrupación de tres veces 3, equivaldría a la máxima perfección. Al 9 se le consideró también un número sagrado en la Edad Media y se le atribuyeron nueve coros angelicales a la corte celestial. En la cultura china, la pagoda de nueve plantas simbolizaba la entrada al Cielo.

Nueve son las musas, los meses que dura la gestación humana, los jugadores de beisbol en cada equipo y las vidas de un gato, y 9 era el número que llevaba Michael Jordan en su camiseta en las Olimpiadas de Barcelona 92. En numerología, la palabra amén en caracteres griegos suma 99. En el Islam, el rosario tiene 99 cuentas que aluden a los99 nombres de Alá.

Éste se comió un bizcocho, el 8

Aristóteles (384-322 a.C.) y Pitágoras (h. 582-h. 500 a.C.) opinaban que el número alcanzaba su perfección con la tercera potencia, como en el caso de 2 al cubo, que es igual a 8. Para el cristianismo es la referencia del ciclo posterior a la Creación; es volver a empezar; los baptisterios y las pilas bautismales evocan este simbolismo con su forma octagonal. El 8 es el número de los radios de la rueda budista y el de los caminos que llevan a la perfección espiritual. Ocho son los pétalos de la flor de loto, las veces que se ha casado Elizabeth Taylor, y el 8 era el canal donde salía el famoso «Chavo del Ocho». Se considera al 8 como un número de orden y armonía cósmica, por lo tanto, perfecto. Si el 8 cambia su posición y lo vemos acostadito, es el símbolo del infinito: ∞.

Uno se tragó un filete, ¡hombre!, el 7

El número cabalístico por excelencia es el 7; su valor simbólico es uno de los más extendidos entre todas las culturas. Siete son los días que marcan cada fase de la Luna y, por ello, desde la prehistoria, la Luna representa ciclo y tiempo. 7 es la suma de 3 + 4; de lo espiritual y lo terreno. Los babilonios, inventores de las posiciones en un sistema numérico, identificaron siete planetas, sus templos tenían siete niveles y su semana, siete días. Para los clásicos hay siete hespérides y siete puertas de Tebas. Herodoto (h. 484-425 a.C.) listó Las Siete Maravillas del mundo antiguo.

En la tradición judeocristiana, siete son las cabezas de la Bestia en el Apocalipsis, siete estrellas y siete espíritus de Dios, siete plagas, siete candelabros y Dios reposó al séptimo día. Pitágoras definió siete notas musicales a partir de su frecuencia. Santo Tomás de Aquino (1225-1274) describió los siete pecados capitales y, en contraposición, hay siete virtudes —cuatro cardinales y tres teologales—. Newton identificó siete colores en el arco iris. El Islam habla de siete cielos, siete sentidos y siete divisiones del Infierno. Siete son los chacras o centros de energía del hombre en el yoga y siete son los días que, según los budistas, el alma transitará entre la vida y la muerte. Entre las tradiciones más profanas que involucran a este número están los enanos de Blanca Nieves, las mujeres de Barbazul, los «magníficos» del western de John Sturges y los hermanos de Pulgarcito. El séptimo, además, es el lugar que ocupa el cine entre las artes.

Uno ya no lo veréis, ¿será el 6?

El 6 esconde un simbolismo ambivalente: para la escuela pitagórica era el número perfecto, debido a que podía representarse como la suma de todos sus divisores(1 + 2 + 3 = 6) y también como su producto (1 X 2 X 3 = 6). Dentro de la simbología cristiana está en la Creación —seis son los días que se requirieron para crear el Universo y todo lo que en él existe— y en la destrucción —en el Apocalipsis, el número de la Bestia es el 666—. El 6 está presente en las numeraciones sexagesimales. Los griegos lo consagraron a la diosa Afrodita. Los chinos lo asocian con el Cielo. En América Central se vincula con la muerte y todo aquello que la prefigura: el tecolote, la luna, la lluvia y la tormenta.

El hexágono es su representación gráfica y el hinduismo ve en él la armonía derivada de la unión de los contrarios, simbología presente, también, en el emblema de Israel: la famosa estrella de David. Seis son las cintas de la saga La guerra de las galaxias, de George Lucas, y seis, también, los días que hay que esperar al inicio de cada año para recibir los regalos del Día de Reyes.

El que se mató de un brinco, ése es el 5

Pitágoras consideraba que el 5 era el número perfecto, y simbolizaba al hombre como un microcosmos a través de un pentagrama o estrella de cinco puntas. Para los alquimistas, la quintaesencia era la razón de sus vidas: la búsqueda del quinto elemento que permitiera elaborar el espíritu generador de vida. Los chinos tenían cinco colores, cinco olores, cinco notas musicales, cinco planetas y cinco metales. Para los hinduistas, Shiva tenía cinco rostros. En el Islam, cinco son las columnas de la santidad. Los aztecas consideraban este tiempo como el del Quinto Sol y creían que cinco días debía tardar en salir el primer brote del maíz.

El 5 es el centro de los puntos cardinales, como cinco son los libros de Moisés en la Torá, cinco los panes del milagro y cinco las llagas de Jesús. Además, cinco son las Copas del Mundo que ha ganado Brasil y cinco los Pichichis que consiguió Hugo Sánchez en España.

El que peleó con el gato, pues el 4

El sentido simbólico del 4 está ligado a sus representaciones gráficas: el cuadrado y la cruz. Es la esquematización del mundo que rodea al hombre; por eso, cuatro son los puntos cardinales, cuatro los elementos de los filósofos de la antigua Grecia: fuego, aire, agua y tierra; cuatro los temperamentos: melancólico, colérico, flemático y sanguíneo; cuatro los ríos del Paraíso, cuatro los evangelistas y cuatro los jinetes que ajustarán cuentas durante el Apocalipsis. Cuatro son las estaciones, las fases lunares, los brazos de Vishnú y las partes del Veda, las verdades del budismo y los árboles del cielo azteca. Es el símbolo de lo terrestre, de lo manifiesto, delo estable y de la finitud. Los japoneses llaman a este número y a la muerte usando la misma palabra. Cuatro son los dedos de las manos de los Simpson y cuatro eran, por supuesto, los miembros del «Cuarteto Liverpool»: The Beatles.

Uno se volteó al revés, sin duda, el 3

El 3 es la perfección y el orden de lo acabado, es lo celestial, lo divino, la suma de lo dual y la unidad; el Padre, la Madre y el Hijo. Para el cristianismo es Dios, a través del misterio de la Santísima Trinidad. Tres son las virtudes teologales en el cristianismo: fe, esperanza y caridad. Tres son las divinidades del antiguo Egipto: Isis, Osiris y Horus. En los cuentos populares suele aparecer el 3 como el número de pruebas o dificultades que deben superar los protagonistas. Para los masones, el triángulo representó la fuerza, la belleza y la sabiduría de Dios.8 En la mitología grecolatina, Poseidón-Neptuno era el propietario de una lanza de tres puntas: el tridente. En la India, el triángulo era tributo al dios Shiva y simbolizaba los tres aspectos del tiempo: pasado, presente y futuro. Tres son los Reyes Magos, tres los cochinitos del cuento y tres los cochinitos dormilones de Cri-Cri. También eran tres los «Chiflados» y tres los mosqueteros de Dumas. En el folklore musical mexicano, tres eran Los Panchos, tres Los Calaveras, y tres eran, también, «Los García» y «Los Huastecos» del cine mexicano.

El que se murió de tos, ya sólo tengo 2

Los pitagóricos consideraban al 2 como el primer número, representación de la primera pluralidad y manifestación de la Creación. El 2 refleja una cosmología dualista en la que se contraponen el Bien y el Mal, lo femenino y lo masculino, tierra y agua, hombre y mujer, derecha e izquierda, activo y pasivo, yin y yang. En ese sentido, el 2 es símbolo de todo lo opuesto: el blanco y el negro, arriba y abajo, adentro y afuera.

También es el símbolo de la separación y de la discordia, el conflicto, lo contrario; pero, al mismo tiempo, es el equilibrio que permite el surgimiento de las demás realidades. 22 es el número de caracteres del alfabeto hebreo, 22 son los arcanos del Tarot y 22 los caminos que relacionan las sefirot de la Cábala. Dos son, por supuesto, las ruedas de la bicicleta; dos El Gordo y El Flaco, Tin Tán y su carnal, y Krusty y Bob Patiño.

La mayoría de la gente que compra lotería escoge siempre billetes que terminan en el mismo número.

Ya nomás me queda 1, 1, 1

El número 1 parece no estar al mismo nivel de los demás: es la unidad, lo singular, lo único. No es de extrañar que fuera asociado con las divinidades y con la Creación; de ahí que lo único, lo primero y lo original sea considerado lo superior, lo mejor y la vanguardia. Los pensadores griegos contaban a partir del número 2, pues consideraban que el 1 se refería a existencia, no a cantidad, y que la multiplicidad era el atributo de los números. «Uno es el que es» y, por lo tanto, el 1 no era un número como los otros. Arquitas de Tarento (430-360 a.C.) fue el primero en bajar de su pedestal al 1 y colocarlo en el mismo nivel que los demás. Así, 1 es el número que usó Jorge Campos en los mundiales y una sola bala basta para morir.

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