Algarabía https://algarabia.com Algarabía Thu, 18 Jun 2026 17:23:27 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.0 https://algarabia.com/wp-content/uploads/2021/06/favicon.png Algarabía https://algarabia.com 32 32 Porque lo digo yo… ¡que soy tu madre! https://algarabia.com/porque-lo-digo-yo-que-soy-tu-madre/ https://algarabia.com/porque-lo-digo-yo-que-soy-tu-madre/#respond Thu, 18 Jun 2026 17:23:08 +0000 https://algarabia.com/?p=60129

«Mi hijo Moshe es el mejor de todos, paga 3 mil pesos cada semana a un doctor para que lo escuche por una hora y, ¿de quién habla? ¡De mí, de su madre!»

Decir de una buena madre

En otro artículo mío hablé sobre mis años de infancia y sobre cómo han cambiado las cosas desde que éramos niños, y aunque lo cierto es que la forma en que las mamás de hoy educan a sus hijos es distinta a la de aquellos días, también es cierto que las mamás «de todos los tiempos» conservan comunes denominadores.

Y es que, a pesar de que pudieran parecer arcaicos, muchos de esos «métodos educativos» —enojos, gritos, sombrerazos, chantajes y, en fin, todo el arsenal de frases y armas, letales o no, que usaron con nosotros nuestras mamás— funcionaron o, lo que es peor, siguen funcionando, porque yo a mis hijos me los traigo bien giritos con el «uno… dos… tres».

Las mamás educan, corrigen, alientan, advierten y concientizan; también se desesperan, estallan, tienen arranques y, sobre todo, chantajean y amenazan. Las ocasiones son varias y diversas, pero sus cantaletas siempre son las mismas. He aquí algunas de ellas:

Para los mal portados

A los incorregibles se les amenaza con: «te voy a enderezar de un solo guantazo» o «mejor reza para que esta mancha salga de la alfombra» o «te voy a dar para que llores por algo» o «vas a dormir calientito». Y cuando la mamá empieza a dar nalgadas a uno y el hermano se burla, exclama contundente: «orita voy contigo», y el remate es algo como: «para que veas lo que te pasa cuando te portas así» o bien: «date de santos que estoy cansada; si no, ¡te hubiera ido peor!».

Retobar

Contestarle a la madre puede ser demoledor: «no me contestes», «no me retobes», «no me rezongues» o, en forma de oxímoron: «¡cállate y contéstame!». Y ante tus rezongos, te dice: «si me vuelves a contestar, te voy a poner a hacer buches de lengua y diente» o «te voy a voltear la cara de un manazo» o, peor aún: «vas a ir a recoger los dientes a casa de doña María» —que vivía enfrente—. Y si osabas levantarle la mano, la respuesta era implacable: «se te va a secar».

Accidentes y pleitos

Cuando, por andar de inquieto, uno termina con un golpe o sangrando, la respuesta no es precisamente consoladora: «eso te pasa por…» o «hasta que se queden ciegos, mancos o tuertos van a entender». Ante los pleitos a golpes, mamá nos reprende con un «déjense de pelear, que son hermanos», o con frases hechas: «juegos de manos son de villanos». Pero si los golpes siguen, entonces revira con una retahíla de insultos del tipo de «¡ordinarios!, ¡pelados!, ¡majaderos!, ¡crápulas!, ¡canijos!» y hasta «¡fariseos!». Y las lágrimas del vencido son enjugadas con un tajante: «¡ahora te aguantas!».

Foto: sp.depositphotos.com

Nadie hace nada

Normalmente los hijos no cooperamos con las labores de la casa ni recogemos lo que tiramos, por lo que a todos nos han tocado reproches como: «¡labregones!, ¡bolsones!, ¡talegones!»; si es muy mexicana: «alza tu tiradero», o, si no lo es tanto: «tu muladar» o «tu zahurda». Y luego puede quejarse mientras levanta el tiradero con lamentos como: «aquí nadie hace nada», «todo mamá, todo mamá», «parezco su criada» o «pero ya verás: en tu época no va a haber quien te ayude».

También puede soltar indirectas del tipo: «a ver, tú que no estás haciendo nada…» o «tú, m’ijito, que estás más cerca, ayúdame». Y cuando ve que el desorden del cuarto del hijo no tiene remedio, exclama resignada: «dejarían de ser hombres» o «mejor cierra el cuarto para que no se vea tu chiquero».

Frente a las visitas

Para fomentar las habilidades sociales de los niños, mamá recurre a los consabidos: «saluda, m’ijito…», «¿cómo se dice?», «pórtate bien», «te comes todo lo que te den», «di gracias» o «sí, ¿qué…?», mientras que para disimular las metidas de pata del pipiolo, nada como un: «¡niño!, ¿dónde has visto eso?», «m’ijito, mejor cállate», o indirectas como: «no, si de veras no entendemos» —que es otra forma de decir: «te lo digo Juan, entiéndelo tú, Pedro»—. Pero, ya en corto, el pellizco furtivo viene con un «tú y tu bocota» o, si ya está a punto, con amenazas: «síguele y verás» o «lúcete».

Las cosas perdidas

Madres e hijos siempre andamos buscando cosas perdidas, ya sea porque los hijos las perdieron —«nomás das vueltas y no buscas», o «sólo buscan por encimita», o «…con los ojos»— o porque la memoria de la madre es deficiente —«pásame eso que está en mi cuarto que está encima de la cosa ésa»—. La sentencia final es clara: «no, si nunca encuentran nada».

En la mesa

Aquí ya hemos hablado de la hora de la comida, que es un tema insoslayable en este artículo, con frases como: «¡no te levantas hasta que te lo acabes!», «¡te lo comes o te lo pongo de sombrero!» —una tía literalmente lo hacía—, «usa los cubiertos, comes como animalito» o «como peladito de la calle». No faltan amenazas: «te lo vas a comer; escoge: ¿con nalgada o sin nalgada?», chantajes: «hay niños pobres que no tienen qué comer», o frases hechas: «comes como pelón de hospicio» o «el que come y canta loco se levanta».

Chantaje

El chantaje es inevitable en la relación maternofilial: «me van a matar de un coraje», «mira cómo me pongo por tu culpa», «con ustedes no se puede», o variantes peores: «claro, como estoy pintada», «como yo no cuento», «nadie me hace caso» o algunas más radicales: «ya se acordarán de mí», «me vas a extrañar», o el lapidario «guárdate esas lágrimas para cuando yo me muera».

Malas palabras

Una madre cuida que el niño hable bien y, para enmendarlo, la señora es correctiva: «si vuelves a decir eso, te suelto una bofetada», aséptica: «te voy a lavar la boca con jabón —o con lejía—», detectivesca: «¿dónde has oído eso?», o, de plano, autoritaria: «para gritar, ¡grito yo!».

Foto: Liza Summer

Pasivoagresiva

Cuando te ven vestido o arreglado para salir, las mamás recurren a la agresividad velada, a la ironía y al sarcasmo para expresar su opinión: «¿me estás pidiendo permiso o me estás avisando?», «¿a poco vas a salir así?», «¿qué son esas visiones?» o, peor aún, «¿ves cómo así sí te ves bien?», o «hasta que por fin te arreglas». Al final, ante la reacción del chamaco, exclama: «no, si no se les puede decir nada…» o «ya me pedirás algo…».

Saliéndose del huacal

Los hijos crecen, se hacen adolescentes y, ante las salidas, la mamá arremete con la artillería más pesada de su repertorio: «¿a quién le pediste permiso?», «¿qué horas son éstas de llegar?», «¿que no se cansan nunca?», «andan de la Ceca a la Meca» o «andan como pulgas en pretina». Cuando llegas a deshoras: «¿dónde andabas?», «aquí no es hotel», «me tienen con el Jesús en la boca, bajé a toda la corte celestial», «qué, ¿te mandas solo?», o, si uno es más osado: «cuando regreses, vas a encontrar tus cositas allá afuera». Y ante la rebeldía, la respuesta es: «cuando te pagues tus cosas, podrás hacer lo que quieras» o «mientras vivas en esta casa…».

También cuando pones la música a todo volumen hay réplicas: «¿estás sordo o qué?», o con audífonos: «ustedes de grandes van a oír menos que yo», u «ojalá que como te aprendes las canciones te aprendieras las lecciones». Y cuando le preguntas quién llamó: «yo no soy tu recadera», y si le pides que le diga algo a alguien que te llama: «yo no digo mentiras» o «díselo tú».

Dinero

Las frases del dinero son proverbiales y consabidas: «claro, como a ustedes no les cuesta», «me mato trabajando y ustedes desperdiciando», «no compro nada», «ves burro y se te ofrece viaje», «¿crees que soy banco?», «¿creen que barro el dinero?», «¿crees que el dinero sale de los árboles?» o «de la manga».

Amenazas, advertencias o «así es y punto»

O lo que es lo mismo: «hay de dos sopas: la de fideos y la de jodeos; y la de fideos ya se acabó». Y es por eso que la mamá dice cosas como: «si te caes, mejor te matas, porque yo no voy a estar jalando un carrito con una niña tullida», o «el que se quedó, se quedó», o «es la última vez que los saco», «si se van a matar, háganlo fuera que acabo de limpiar». O simplemente cuenta: «te doy tres… ¡uno!, ¡dos!…» O, ya más en cancha: «le voy a decir a tu papá», o «ésta es la mamá que te tocó y ni modo», o la máxima muestra de amor maternal: «yo te traje a este mundo… ¡y te puedo sacar de él!».

Cuando la paciencia se acaba

Ya desesperada, la mamá exclama: «¡de veras contigo!», o «con ustedes no se puede», o «tú no entiendes, ¿verdad?», o «no tienes llenadera», o «siempre es lo mismo contigo». O estalla con cosas como: «¿en qué idioma te lo tengo que decir?», «¿hablo en chino?», «les entra por un oído y les sale por el otro». O, si ya de plano no puede, se tira a la yugular con cosas como: «¡eres igualito a tu padre!» o «tu hija va a ser peor que tú».

Agradeciendo

«¡Qué razón tenía mi mamá!», decimos muchas veces, y ella lo sabe; por eso afirma: «¿quién más que yo, que soy tu madre y te quiero tanto, va a saber qué es bueno para ti?», o «algún día me lo agradecerás», o «es por tu bien».


Así, las madres serán siempre las madres y sus frases persistirán hasta el fin de la historia. Por eso lo mejor es obedecerlas y ni tratar de quejarse —o reconciliarse— con ellas, porque, cuando tratas de hacerlo, te dicen: «mira, ya tus quejas cuéntanselas a tu psicoanalista», y dicho en sus propias palabras: «¡porque soy tu madre! Y, aunque tengas 80 años, seguiré siendo tu madre»

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Gaslighting o el «¡neta estás bien loca!» https://algarabia.com/gaslighting-o-el-neta-estas-bien-loca/ https://algarabia.com/gaslighting-o-el-neta-estas-bien-loca/#comments Thu, 18 Jun 2026 17:22:51 +0000 https://algarabia.com/?p=88685 ¿Alguna vez tu pareja te ha dicho «estás loca, yo nunca dije eso», y tú sabes perfectamente que sí lo dijo?

O alguna vez te han dicho frases como «¡No dramatices!», «Estás histérica», «De todo la haces de pedo», o bien «Sí te llamé —cuando tú sabes perfectamente que no te llamó—». ¿Alguna vez te han tildado de alucinada con los demás? «Es que no le crean», «Siempre hace eso», «Se pone como loquita», «Ya sabes como alucina esta pinche vieja», etcétera.

Pues si te ha pasado, eso tiene un nombre: gaslighting.

Y como todo lo que tiene nombre, existe, es real, y muchas personas lo hacen o lo han sufrido.

El concepto se puede definir como «la manipulación en la que alguien puede hacer que otro cuestione su propia realidad» y se considera un patrón de abuso emocional en la que la víctima es manipulada para que llegue a dudar de su propia percepción, juicio o memoria.

Por extensión, el término también se puede usar para describir a una persona o líder —un gaslighter o gaslighteador— que presenta una narrativa falsa a un grupo de personas que los lleva a dudar de sus percepciones y a ser engañados, desorientados o angustiados.

Generalmente, esta dinámica es posible sólo cuando la audiencia es vulnerable, como en relaciones de poder desiguales, o cuando la audiencia teme las pérdidas asociadas con desafiar la narrativa falsa, el caso de Trump es el más flagrante: negaba, indiciaba, influenciaba, en fin… Y peor aún el caso de David Koresh y la tragedia que provocó en Waco, Texas. Pero, realmente, es menos común usarlo de esa forma, social o masiva, sino más bien de persona a persona.

Gas de luz obscura

Gaslighting fue en gran medida un término oscuro hasta mediados de la década de 2010, cuando se filtró ampliamente en el léxico del inglés.

Según la Asociación Americana de Psicología, el término refiere «a la manipulación tan extrema como para inducir una enfermedad mental o para justificar el internamiento de la persona afectada por gas en una institución psiquiátrica, y ahora se usa de manera más general».

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The New York Times utilizó por primera vez la forma de gerundio común gaslighting en 2015 y la American Dialect Society reconoció la palabra gaslighting como la nueva palabra «más útil» del año en 2016. Mientras que Oxford University Press nombró gaslighting como finalista en su lista de las nuevas palabras más populares de 2018.

El término, gaslighting o gaslighteo —como ya se dice en nuestra lengua— hasta hoy se usa muy ocasionalmente en la literatura clínica, pero la Asociación Americana de Psicología aún lo considera un coloquialismo.

El primer estudio que se hizo de esto fue en 2008, y se publicó como «Gaslighting: A Marital Syndrome»: en él se examinan ciertos comportamientos masculinos durante y después de sus aventuras extramatrimoniales, así como el efecto de esos comportamientos y actitudes asociados en sus cónyuges y se concluye que tanto los maridos como los terapeutas masculinos pueden contribuir a la angustia de las mujeres, no sólo al etiquetar erróneamente sus reacciones, sino también a través de la continuación de ciertas etiquetas estereotipadas que se imponen negativamente en la esposa afectada.

Gaslighting es también ahora utilizado en la literatura de autoayuda y en la psicología amateur para describir la dinámica entre dos partes: el gaslighter o gaslighteador, que presenta persistentemente una narrativa falsa, y el gaslighted o gaslighteado, que lucha por mantener su autonomía individual.

Y siempre se aclara que esta dinámica sólo puede ser efectiva cuando hay una estructura de poder desigualo cuando el gaslighteado le ha otorgado su respeto al gaslighteador.

¿Por qué ese nombrecito tan raro de gasluceando?

El término se deriva de la película británica Gaslight de 1940 basada en una obra de teatro del mismo nombre de Patrick Hamilton, dirigida por Thorold Dickinson, en la que actúan Anton Walbrook y Diana Wynward —y que yo ya vi tres veces.

Básicamente la trama es la siguiente: en el Londres victoriano, de lo único que se habla en un vecindario específico es que en 1880 alguien finalmente se mudó al número 12 de Pimlico Square.

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La casa había estado vacía durante casi 20 años cuando la dueña anterior, Alice Barlow, fue asesinada allí, y se cree que sus valiosos rubíes fueron robados durante el crimen.

Los nuevos propietarios, los recién casados Paul y Bella Mallen, pueden o no estar al tanto de ese hecho.

Bella sufre de los nervios, y éstos empeoran después de mudarse a la casa: según esto se la pasa olvidando y perdiendo cosas y su esposo se lo reprocha todo el tiempo, ella se angustia más y así se hace un círculo vicioso. Además, «parece delirar» al escuchar ruidos en el ático de la casa que está clausurado y ver que las luces de gas de la casa parpadean cuando esto pasa.

Esos parpadeos sólo deberían ocurrir cuando se encienden y apagan otras luces en la casa ya que el gas se dispersa.

Se lo dice a Paul, pero él afirma que está loca.

Vemos como el «amor»de Paul por Bella cruza esa delgada línea hacia el odio al lidiar con el empeoramiento de sus nervios, aislándola en la casa para no avergonzarse de ella en público y haciéndole saber a todas sus amistades que está loca.

Sin embargo, B. G. Rough, el dueño del establo, que una vez fue agente de policía y que trabajó en el caso Barlow, duda de Paul Mallen, duda que sea la persona que dice ser y cree que en realidad es alguien indirectamente asociado con el caso Barlow.

Con la ayuda del primo de Bella, Vincent Ullswater —quien siempre ha estado en desacuerdo con Paul, porque se ha negado a dejarlo ver a Bella sin que ella lo sepa— Rough descubre lo que sucede detrás de las puertas cerradas del 12 de Pimlico Square, él es el asesino, quiere hacer pasar a su mujer por loca y además quedarse con la casa y con las joyas.

Corolario

Esto es a muuuuy grandes rasgos, el gaslighting o gaslighteo, si alguna vez te ha pasado o te pasa, pues ya sabes que hacer, corre por tu vida y cuéntaselo a quien más confianza le tengas.

María del Pilar Montes de Oca Sicilia ha tenido muchas relaciones de pareja: algunas buenas, otras malas, otras regulares, pero nunca se ha dejado gaslightear

Entérate más en nuestra edición 203:

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Mitos cotidianos sobre la salud https://algarabia.com/mitos-cotidianos-sobre-la-salud/ https://algarabia.com/mitos-cotidianos-sobre-la-salud/#respond Thu, 18 Jun 2026 16:56:20 +0000 https://algarabia.com/?p=58665 Si a usted le recetaron zanahorias para ver mejor, argumentando que ningún conejo trae lentes, le recomendamos leer este artículo, en el que diversas universidades e instituciones médicas investigaron algunos mitos cotidianos sobre la salud muy difundidos y sus consecuencias que hoy son refutadas por la ciencia.

  1. El café hace daño. A los amantes del café les encantará escuchar que, aunque es un hecho que su consumo excesivo puede alterar los nervios, tomar dos o tres tazas diarias de café favorece la salud. Un estudio realizado por la Universidad de Harvard mostró que las mujeres bebedoras de café presentaron 30% menos probabilidades de sufrir diabetes tipo 2. Otras investigaciones han probado que el café reduce el riesgo de desarrollar Mal de Parkinson y cáncer de colon. De igual manera, Astrid Nehlig en su libro Coffee, Tea, Chocolate, and the Brain —Café, té, chocolate y el cerebro—, difunde un estudio que muestra que el café no sólo tiene una gran cantidad de antioxidantes, sino que su consumo reduce el riesgo de desarrollar cirrosis alcohólica.
Foto de Nathan Dumlao en Unsplash.

2. Comer huevo aumenta los niveles de colesterol. Quien se ha visto en la necesidad de comer un omelette de claras de huevo por prescripción médica, le alegrará saber que las grasas saturadas y trans —presentes sobre todo en los alimentos procesados, horneados o fritos, algunas carnes y lácteos— son mucho más peligrosas que los 1.6 gramos de ácido graso saturado que contiene un huevo, o los tres de un vaso de leche, así que no existe un vínculo entre pacientes con enfermedades coronarias y el consumo de huevo. Además, la yema contiene lecitina —un fosfolípido que inhibe la completa absorción de la grasa contenida en el huevo—, aminoácidos esenciales y vitaminas a y d, benéficos para nuestro organismo.

3. El chocolate causa acné. Si alguna vez el dermatólogo le dijo que su acné se debe a la ingesta de cacao, tome la tarjeta con el número del médico y arrójela a la trituradora de papel sin remordimiento. No existe evidencia de que el chocolate, el azúcar, el aceite, las semillas, la leche o cualquier otro alimento, causen acné. Éste tiene múltiples orígenes —hormonas, bacterias, predisposición genética, estrés—, ninguno de ellos relacionado específicamente con el chocolate.

4. El azúcar inquieta a los niños. Si su hijo sube y baja de los sillones, patea al perro, no le hace caso a nadie, grita todo el tiempo, se carcajea sin control y le pega a sus hermanos… no culpe al azúcar. Un estudio publicado por el British Medical Journal, realizado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, monitoreó a doce niños con diferentes niveles de ingesta de azúcar para verificar su conducta; ninguno de ellos, ni siquiera aquellos con trastorno por déficit de atención e hiperactividad —TDAH, por sus siglas en inglés—, vieron alterada su conducta por el alto consumo de azúcar, así que ésta nada tiene que ver con el comportamiento desbocado de su criaturita.

Foto de Yarden en Unsplash.

5. Se deben beber ocho vasos de agua al día. Es cierto, el agua es fuente de vida y nuestro cuerpo la requiere para funcionar correctamente; sin embargo, el Dr. Aaron E. Carroll, director de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, afirma que ocho es tan sólo un número, pues no se encuentra sustentado en absolutamente ningún estudio ni evidencia científica que demuestre que nuestro cuerpo requiera justo esa cantidad. Además, nuestro organismo obtiene agua de las frutas, las verduras y otros líquidos —té, café, leche, jugos, etcétera—, y acciona mecanismos como la sed en caso de necesitar más agua.

6. Succionar el veneno de una mordida de serpiente retrasa sus efectos malignos. Realizar una cortada en cruz y succionar con la boca, como lo recomiendan los documentales de la televisión, causa más daños que beneficios, según un estudio realizado en la Universidad de California. Hoy se sabe que después de cierto tiempo —tres minutos— sólo es posible succionar una mínima parte del veneno y causar daño en nervios y tejidos, así que la citada maniobra resulta inútil y peligrosa, ya que aumenta el riesgo de intoxicación por el contacto con la mucosa bucal.

7. Leer a media luz daña los ojos. Leer con poca luz puede resultar complicado, porque nos es difícil enfocar, perdemos precisión visual, parpadeamos, nuestros ojos se secan al producir menos lágrimas y, en general, forzamos la vista. No obstante, la fatiga y tensión visual que se genera desaparece en el momento en que dejamos de leer, y de ninguna manera causa daño permanente.

8. El pelo y las uñas siguen creciendo aun estando muertos. Esta tétrica e impactante imagen ha sido desmentida por el antropólogo forense William R. Maples. Lo que sucede en realidad es que la deshidratación contrae toda la piel, misma que al palidecer realza el contraste y crea la ilusión óptica de crecimiento, pero las hormonas que regulan el crecimiento dejan de producirse en el momento mismo de la muerte.

Foto de Element5 Digital en Unsplash.

9. Usamos sólo 10% de nuestro cerebro. A pesar de lo difundido que ha sido este mito desde principios del siglo XX, el psicólogo Barry L. Beyerstein, de la Universidad de Vancouver ha demostrado que el cerebro no utiliza sólo 10% de su capacidad. Al observar los cambios eléctricos y químicos de la actividad cerebral, Beyerstein explica que no encontró una zona inactiva o latente que pudiera acelerar la potencia o velocidad de nuestros pensamientos algún día.

10. El tamaño del pene es proporcional al de los pies. Este curioso mito tuvo su origen en los genes hox, que son los encargados de modelar los miembros, las vértebras y las estructuras craneofaciales. De hecho estas mutaciones causan malformaciones de las extremidades y del tracto urinario, así que la única relación existente entre el miembro viril y el pie la otorgan dichos genes, pero nada tiene que ver con el tamaño ni la proporción de uno y otro.

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La salida “perfecta” no tiene vista al paraíso: el suicidio https://algarabia.com/el-suicidio/ https://algarabia.com/el-suicidio/#respond Thu, 18 Jun 2026 16:56:07 +0000 https://algarabia.com/?p=76226 El suicidio es mucho más que quitarte la vida, es mostrarle al mundo que te lastimó, es llegar a la tierra prometida antes de tiempo… La muerte; un lugar donde eso de lo que vienes huyendo no te puede alcanzar ni hacer daño, nunca más. Pero, ¿Qué es la vida sin haberla vivido? Una oportunidad sin haberse tomado, un lugar vacío y desértico porque no lo habitaste. 

Se convierte en una salida y en una fantasía muy atractiva cuando el dolor que sientes es insoportable, te rebasa, y te paraliza. Muchas personas han cometido el error de definir el suicidio como un acto de “locura,” algo completamente irracional, un acto que solo la gente “enferma” lleva a cabo, cuando en realidad el suicidio es un acto de sentido común. La verdad detrás del suicidio es la realidad de la persona que lo comete. 

Lo alarmante del suicidio es que no es un acto instintivo sino algo aprendido, como sociedad tendemos a repetir patrones e imitamos comportamientos que observamos. A lo largo del tiempo ciertos suicidios han marcado la vida de todos nosotros. Cuando personajes icónicos mueren, no solo mueren ellos sino todo lo que representan también. Un gran y trágico ejemplo es Marilyn Monroe; una mujer que tuvo un gran impacto en muchas vidas pero especialmente en la de muchas mujeres. Ante los ojos de todas era la “mujer perfecta”, un modelo a seguir, la mujer exitosa con la vida que todos podríamos desear. Era bella, joven, famosa, y reconocida. Era un símbolo de una mujer independiente, valiente y revolucionaria en su época. Así como nos fue un ejemplo de grandeza, al morir de la forma en la que lo hizo también se convirtió en un modelo a seguir en la forma de morir. Lo mismo sucedió con personas como Virginia Woolf, Van Gogh, Kurt Cobain, su muerte además de ser llorada por millones de seres humanos, también dejó una idea de como terminar con el sufrimiento.

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La gente creía que si una vida aparentemente perfecta, gente con talento, éxito, fama, querida por todo el mundo como la de estas personas podría ser terminada, que nos dejaban al resto. Al mismo tiempo nos muestran que el suicidio es una salida viable y deja de ser una fantasía u o locura. Lo que no sabíamos era que estas personas tenían problemas y sus vidas no eran perfectas, ambos Virginia Woolf y Van Gogh sufrían con un desorden bipolar, Kurt Cobain tenía un problema de adicción, y Marilyn Monroe era una persona con trastorno límite de personalidad, también conocido como Borderline. 

Vincent Van Gogh ha sido descrito como un hombre que estaba completamente loco, experimentando episodios de locura constantemente, de hecho se dice en uno de dichos episodios fue cuando se cortó la oreja. Después de ese incidente pasó un año en un asilo para enfermos mentales que es como les llamaba antes a los psiquiatricos, y en Julio de 1890 Van Gogh decide terminar con su vida disparándose al pecho con una revolver. Hoy, muchos años después sabemos que esa “locura” estaba mal interpretada, se debía a que este hombre sufría con un desorden bipolar. La vida por naturaleza es difícil y desafiante pero con un desorden como este se vuelve aún más difícil, lidiando día a día con episodios de manía ó hipomanía y luego cayendo en una depresión completamente insólita. 

Otro gran individuo que compartía este sufrimiento era la inigualable y brillante escritora Virginia Woolf. Hay muchas formas de quitarte la vida pero su muerte hasta el día de hoy el solo pensar en ella estremece cada rincón de mi cuerpo. El 28 de Marzo de 1941, Virginia Woolf se puso su abrigo llenándolo de rocas, caminó directamente hacía el río Ouse y se sumirgió en el hasta encontrar la muerte. Sus motivos eran claros, dejó escritas dos cartas, una dirigida a su esposo y la otra a su hermana, en esas cartas además de despedirse y mostrar su gratitud y amor hacía ellos retrataba su profundo dolor y tristeza. Habla de no poder pasar por esos momentos tan terribles una vez más, ya no poder luchar más tiempo, estaba decidida. La escritora pasaba por similares episodios y sentimientos a los de Van Gogh, en su caso se sabe que sus episodios depresivos eran muy severos.

Vía vogue.mx

Luego tenemos a la icónica Marilyn Monroe, la mujer que marcó los años noventas y se quedó en el corazón de todos incluyendo los de las generaciones siguientes, ella muere en 1962 en su cama, se comunicó a la prensa y medios que muere por sobredosis. A lado de su cama además de encotrar varios medicamentos había un frasco de Nembutal que fue lo que ingirió, el Nembutal es un barbitúrico, es usado para tratar el insomnio y se conocía en esa época por funcionar como un sedante y ser administrado antes de una cirugía. Detrás de esta mujer “perfecta” había una mujer que sufría de ansiedad, se sentía vacía, tenía relaciones inestables, era una mujer impulsiva lo que la llevó a una adicción a las drogas, al alcohol, y de allí a la muerte. Hoy todo esto conocido como un trastorno límite de la personalidad o borderline, además enfrentándose a lo que la vida propia tenía planeado para ella, creció en el sistema de adopción, paso por múltiples familias, y ella menciona que “nunca estaba acostumbrada a ser feliz.” La vida de Marilyn Monroe era todo menos perfecta.

Por último, la muerte más reciente de estas cuatro es la de Kurt Cobain, músico y vocalista del famoso y reconocido grupo Nirvana. El afirmó en varias ocaciones que tenía un conflicto con la fama, desde antes de llegar a ella ya batallaba con su depresión y también desarrollo una terrible adicción a la heroína. Fue considerado la voz de toda una generación y eso lo conflictuaba, siempre estaba la atención encima de el, era amado y aclamado por el mundo entero, siempre rodeado de gente pero sientiendose completamente solo e infinitamente vacío. En 1994 el cantante se da un tiro en la cabeza con una escopeta Remington y así termina con su vida. Muere a los 27 años de edad, así entrando a un grupo llamado “El club de los 27” que hace referencia a todos los grandes artistas que han muerto a esa edad como Brian Jones, Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, y Amy Winehouse.

Vía rock101online.mx

Todos tenemos problemas, demonios a los que enfrentamos día con día, y todos lo sabemos pero aún así nos sentimos solos. Sentimos que nuestro dolor es único, y muchas veces podemos cometer el gran error de pensar que todas las vidas son “perfectas” menos la nuestra, basándonos únicamente en lo que los demás nos dejan ver. Estos individuos icónicos, famosos, y aclamados tenían muchos problemas y nos equivocamos al creer en algún momento que no. Todos queremos ser vistos, escuhados, queridos, entendidos, reconocidos, y sentirnos así. Para dejar de sufrir no tienes que morir, el dolor y la desesperación te dirán lo contrario, tratarán de convencerte que tu mejor y única opción es la muerte, pero no es así. La vida no siempre tiene que ir bien para que valga la pena vivirla, y la muerte no trae paz, morir es el destino que todos compartimos. Es un lugar al cual todos tenemos y vamos a llegar eventualmente, pero correr hacía él por dolor no lo hará un lugar mejor, simplemente habrás dejado ir la única oportunidad de vivir por ti. 

Nadia De la Puente Güijosa

Fuentes : 

  • Libro  “Suicidio: Desición definitiva al problema temporal.”  Joseluis Canales

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Tarjetas de presentación https://algarabia.com/tarjetas-de-presentacion/ https://algarabia.com/tarjetas-de-presentacion/#respond Thu, 18 Jun 2026 16:54:28 +0000 https://algarabia.com/?p=27410
Las tarjetas de presentación —o de visita, como se les conoció durante siglos— han sido una herramienta de conexión social que, aunque discreta dentro de las convenciones populares, es sumamente eficaz; desde siempre se les han atribuido un sinfín de significaciones sociales que, con el paso del tiempo, han ido de lo extravagante a lo simple, de lo genérico a lo personalizado y de lo excluyente a lo universal.

Siglo XV

Meishi(名刺) Esta palabra japonesa, compuesta por los kanjis mei, ‘nombre’, y shi, ‘espina, aguja’, hace referencia a la antigua tradición oriental de grabar el nombre de una persona en espigones de bambú u otros tipos de madera. En China, las tarjetas eran distribuidas entre la población para anunciar la llegada de un miembro de la familia real. Actualmente en Japón se les sigue llamando así a las tarjetas de presentación usadas en el ámbito empresarial; éstas, hasta hoy, conservan un valor ritual mucho más profundo que los protocolos de Occidente.1


Contenido: presentan nombre, cargo y empresa en la que trabaja la persona, con kanjis en el anverso y rōmajis2


Entrega: quien la entrega la sostiene de las dos esquinas superiores, cuidando no cubrir con los dedos la información; quien la recibe debe leerla —como muestra de respeto— y agradecer al otro haciendo una reverencia y pronunciando las palabras «choudai itashimasu» 3


Presentación: sin dobleces; en caso de que una de las dos personas tenga un rango inferior a la otra, o que sea de menor edad, ésta deberá ser quien entregue primero la meishi.

Siglos XVII y XVIII tarjetas de visita

La práctica de entregar tarjetas de visita comenzó en Francia, dentro de las esferas sociales más altas, y fue vigente hasta principios del siglo XX. Por aquel tiempo uno no esperaba recibir invitados sin previo aviso o presentación; en los círculos aristócratas el protocolo dictaba hacer una visita previa en la que los lacayos entregaran a los sirvientes de la casa una tarjeta, a la cual el dueño respondería para confirmar la reunión —enviando de vuelta la tarjeta con un doblez en la esquina superior— o rechazarla —regresándola dentro de un sobre—. Esta costumbre pronto se extendió a toda Europa y América.


Referencias

  1. Algarabía 70, julio 2010; A la tierra que fueres: «Tarjetas de visita en Japón»; p. 42
  2. .Caracteres japoneses y caracteres del alfabeto latino, respectivamente. en el reverso.
  3. Se trata de una de las más solemnes formas de agradecimiento en japonés.

    Conoce más sobre la historia y reglas de etiqueta de las tarjetas en Algarabía 113.

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Frank Lloyd Wright https://algarabia.com/frank-lloyd-wright/ https://algarabia.com/frank-lloyd-wright/#respond Thu, 18 Jun 2026 16:53:38 +0000 https://algarabia.com/?p=60152 Infancia es destino, y seguramente la madre de Frank Lloyd Wright lo sabía. Por eso colgó en todos los muros de su casa láminas de catedrales inglesas, y lo hizo jugar con unos bloques geométricos diseñados por el pedagogo Friedrich Fröbel para fomentar su creatividad y su habilidad espacial. Así, Wright comenzó a desarrollar su interés por la arquitectura.

Frank Lincoln Wright nació en 1867, en Wisconsin, EE.UU. Debido a la inconstancia laboral de su padre, vivió una infancia itinerante en varios estados de la Unión Americana, y finalmente se estableció por un corto periodo en Madison, Wisconsin, donde, sin concluir el bachillerato estudió inglés, francés, matemáticas e ingeniería. Hasta entonces su adolescencia había transcurrido en contacto con la naturaleza, lo que influyó en su posterior perspectiva arquitectónica.

A los 19 años, Wright decidió mudarse a Chicago; un año después, Lloyd Wright entró a trabajar al estudio de arquitectura Adler & Sullivan, como aprendiz del afamado arquitecto Louis Sullivan —quien es considerado por muchos «el padre del modernismo» y el creador del concepto del rascacielos.

En 1893, tuvo lugar la World’s Columbian Exposition —también llamada Feria Mundial de Chicago—, que fue el escaparate de las tendencias dominantes en la arquitectura estadounidense de la época, una mezcla de estilos eclécticos que miraban a Europa pero que, al mismo tiempo, aspiraban a la creación de un estilo propio. Es decir, había un importante dilema cultural: limitarse al conformismo con los estilos históricos o emprender un viaje hacia la experiencia individual y vanguardista. Lloyd Wright eligió la segunda ruta.

La Feria Mundial, además, puso en contacto al joven arquitecto con la arquitectura japonesa. Este episodio tendría una influencia decisiva en la futura obra de Wright: la eliminación de lo superfluo, la exposición franca de la albañilería, la subdivisión del interior mediante mamparas en lugar de muros de tabique, la supresión de todas las molduras esculpidas y la presencia constante de algo que él llamó «humanidad» y que relacionó directamente con la iluminación en su arquitectura. Tras siete años con Sullivan, Wright fue despedido cuando aquel descubrió que construía casas a sus espaldas. Por eso, para 1893, decidió abrir su propio estudio.

Las «Prairie Houses»
Aunque Wright no empleó directamente este término, fue así como se denominó al tipo de casa diseñada por él como el modelo de vivienda más adecuado para la pradera del medio oeste americano. La acentuada horizontalidad, las bajas proporciones, la asimetría, los amplios voladizos de las cubiertas y los techos de ligera pendiente, fueron algunas de sus características externas. Al mismo tiempo, Wright comenzó a gestar un nuevo lenguaje arquitectónico a partir de su aportación más atrevida: la transición fluida de espacios no delimitados por puertas o muros, que a partir de entonces se conoció como «planta abierta».

Con esta propuesta se hizo posible la integración del edificio al paisaje, y las ventanas como agujeros en los muros fueron sustituidas por mamparas. Además, apareció una arquitectura sin esquinas que logró una continuidad total del espacio interior y exterior, y se destruyó así, la forma de caja y la simplicidad, para privilegiar la sinceridad en el uso y elección de los materiales, exhibiendo la propia naturaleza de los ladrillos, la piedra y la madera de la región.

En estos años, Frank Lloyd Wright redactó su primer ensayo teórico, «Arte y oficio de la máquina»,y construyó la fábrica de jabón Larkin en Buffalo, Nueva York, con instalaciones perfectamente iluminadas y ventiladas mediante una enorme cubierta de cristal. Este edificio fue considerado «el primero en su género» y se convirtió en un antecedente directo del «Open office».

En ese momento de crisis entre la cultura clásica y la práctica constructiva, la obra de Lloyd Wright resultó toda una revelación y uno de los factores que dieron un impulso a la formación del Movimiento Moderno en Europa. Entre 1916 y 1922, Wright construyó el Hotel Imperial en Tokio y simultáneamente trabajó en Los Ángeles, donde edificó cuatro casas con un sistema de construcción basado en bloques prefabricados de concreto.

Entre 1928 y 1935 publicó más de 30 artículos en distintos periódicos y revistas, dio conferencias, organizó una exposición itinerante, aparecieron retratos suyos en las revistas Time y The New Yorker, y participó en la exposición International Style del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Ese mismo año, en 1932, fundó la Taliesin Fellowship, su escuela taller de arquitectura. Sin embargo, hasta 1934, Wright sólo había construido una casa: la de su primo Richard Lloyd Jones.

Fallingwater
Fallingwater fue la casa más fotografiada del siglo pasado. Edificada en 1936 sobre una pequeña cascada en un angosto valle en el sur de Pennsylvania, esta casa fue el ideal de Wright, por tratarse de un hogar fundido en la naturaleza. Edgar Kaufmann, un adinerado propietario de centros comerciales, le había encargado esta construcción, pero cuando volvió a llamar para saber del proyecto, Wright no tenía listo ni un solo trazo.

Sin embargo, respondió que la casa estaba lista. En ese instante esbozó mentalmente el proyecto y empezó a trazar el bosquejo de una edificación en tres plantas. Dos horas más tarde, el proyecto estaba listo y encargó a dos de sus aprendices que dibujasen los alzados mientras él recibía al cliente. El resultado fue lo que, en palabras de Bruno Zevi, sería «La Divina Comedia del lenguaje arquitectónico moderno». Es como si aquella casa hubiera nacido de la roca: los elementos verticales o muros de carga se construyeron con piedra gris de la región; los horizontales, con concreto armado, los volados son espectaculares, flotan en el aire; el interior con sus pisos de piedra laja evoca la atmósfera de una cueva.

El Museo Guggenheim
Por esta época también construyó otro edificio de oficinas que rompió todos los moldes: la sede central de la Johnson&Johnson —conocido como Johnson Wax Headquarters—. En esta construcción, a base de hongos de concreto, puso en práctica una audaz inversión de los elementos tradicionales entre las paredes, las cubiertas y la luz; también desarrolló, por primera vez, un contorno de esquinas curvas. La originalidad de sus construcciones hizo de Lloyd Wright un starchitect, y por esta razón, en 1943, Salomon R. Guggenheim lo contactó para que formara parte de un proyecto que lo llevaría al clímax de su etapa final: la construcción del Museo Guggenheim. Aunque la idea estructural y el partido arquitectónico
se remontaban al anteproyecto para un planetario de 1925 en forma de zigurat, Wright decidió diseñar el museo sobre ese modelo, pero invirtiendo el helicoide para formar una galería interior ascendente y descendente.

Al combinar los principios estructurales de la Fallingwater y el espacio iluminado desde el cenit —esto es, desde el punto más alto por encima de la cabeza del observador— del edificio de Johnson Wax, el Museo Guggenheim resultó en sí mismo, una obra de arte. Por tratarse, además, de una anomalía en el contexto de la quinta avenida de Nueva York, el edificio constituyó también un hito urbano.

La construcción del Guggenheim se llevó a cabo entre 1956 y 1959, pero Wright falleció seis meses antes de concluirlo, a los 92 años, con más de 70 de carrera y alrededor de 450 edificios ejecutados, en los que demostró una capacidad excepcional para renovarse y un experimentalismo ilimitado, a la par de una invención sistematizada, llena de conceptos espaciales únicos e innovadores y de propuestas que trascendieron el arte americano. Para Lloyd Wright no existía un elemento más precioso de inmortalidad que la luz del hombre que permanece en los otros. Muchas de sus obras fueron demolidas, pero él decía que «aunque los edificios se desmoronen, las ideas son eternas».

Lloyd Wright legó también ensayos sobre urbanismo y arquitectura, como «The Living City», «The Natural House» y «The Future of Architecture»

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Ernesto García Cabral

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¿Qué significa ser ilustrado? https://algarabia.com/que-significa-ser-ilustrado/ https://algarabia.com/que-significa-ser-ilustrado/#comments Sun, 14 Jun 2026 03:23:05 +0000 https://algarabia.com/?p=48391 Filósofo discreto y austero, Immanuel Kant fue, además de una de las grandes mentes de Occidente, el creador del idealismo trascendental y el instaurador de la «crítica» de la razón para establecer sus límites. He aquí un fragmento de cómo para él, mediante el saber, el ser humano puede enfrentarse al «tenebroso abismo de la tiranía que, con su poder incontrolado, somete a las personas y las convierte en seres dependientes, caprichosos y atemorizados». ¿Qué significa ser ilustrado?

¿Qué es la Ilustración?

Es «la salida del ser humano de su culpable minoría de edad». Minoría de edad significa la imposibilidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro. Uno mismo es el culpable de esta imposibilidad cuando la causa no está en la falta de entendimiento, sino en la falta de decisión y valor para, por sí mismo, emprender sin la guía de otro. ¡Sapere aude!: «Ten el valor de usar tu propio entendimiento». Éste es el lema de la Ilustración.

La pereza y la cobardía son las causas por las cuales gran parte de las personas permanecen con gusto en esa minoría de edad a lo largo de su vida, no obstante que ya hace tiempo la naturaleza los liberó de tutela ajena —naturaliter maiorennes—; por eso es tan fácil que otros se conviertan en sus tutores.

La comodidad de ser «menor de edad»

Si tengo un libro que piensa por mí, un director espiritual que suple mi conciencia moral, un médico que me prescribe la dieta, etcétera, entonces no tengo necesidad de esforzarme. Si puedo pagar, no tengo necesidad de pensar; otros se encargarán por mí de esa necesidad tan fastidiosa.

Aquellos tutores que tan bondadosamente se encargan de supervisar a otros, cuidan también de que pasar a la mayoría de edad se considere difícil, además de peligroso. Después de haber amaestrado sus animales domésticos y procurar con cuidado que estas dóciles criaturas no puedan atreverse a dar un paso fuera del camino que se les ha señalado, les muestran el peligro que les amenaza si tratan de caminar por sí solos.

Sin embargo, este riesgo no es tan grande, pues lo cierto es que ellos aprenderían a andar por sí solos después de unas cuantas caídas; pero el mínimo error los intimida y por lo general, los escarmienta para desistir de todo intento futuro. Por lo tanto, es difícil para cada uno salir de esa minoría de edad, considerada casi un «estado natural». Incluso uno le toma apego y se siente de verdad incapaz de servirse de su propio entendimiento, porque nunca se nos ha permitido hacer la prueba.

Principios y fórmulas, instrumentos de uso diario —o más bien, de abuso—, los llamados «talentos naturales», son algunos de los grilletes que perpetúan esta minoría de edad. Quien se desprenda de ellos, apenas daría un inseguro salto sobre la más pequeña zanja, pues no está acostumbrado a semejante libertad de movimiento. Por ello, son pocos quienes han logrado —con el esfuerzo de su propio entendimiento—, salir de esa minoría de edad y proseguir con paso firme.


Propagar prejuicios

En contraste, es más probable que el público se ilustre a sí mismo —y es casi inevitable— una vez que es dejado en libertad. Con certeza siempre se encontrarán, incluso entre los tutores de la gran masa, algunos que piensen por sí solos; quienes después de haberse liberado del yugo de la minoría de edad, diseminarán en su entorno el espíritu de estimación racional y de la vocación de toda persona a pensar por sí misma.

Pero aquí ocurre algo curioso: ese público, al que con anterioridad sus tutores sometieron bajo sus prejuicios, obliga, a sus propios tutores a someterse al mismo yugo; y esto pasa cuando el público es incitado a ello por tutores incapaces de toda ilustración. Por eso es tan perjudicial propagar prejuicios, pues al final terminan vengándose de sus mismos predecesores y autores.

Acaso una revolución pueda derrocar el despotismo y la opresión ambiciosa y dominante, pero nunca producirá una verdadera reforma del modo de pensar; sino que los nuevos prejuicios, tanto como los viejos, servirán de riendas para la gran masa carente de pensamiento. Para esta Ilustración se requiere sólo libertad; y la libertad más inofensiva de cuantas llevan ese nombre, es la libertad de hacer siempre un uso público de la razón en todo acto.


El uso público de la razón

El oficial dice: «¡No alegues, disciplínate!». El funcionario de hacienda dice: «¡No alegues, paga!». El clérigo dice: «¡No alegues, ten fe!». —No hay más que un solo señor en el mundo que dice: «Razona todo lo que quieras, pero obedece»—. Por todas partes encontramos limitaciones a la libertad. Pero ¿qué clase de restricción obstaculiza a la Ilustración y qué, por lo contrario, la promueve?

El uso público de nuestra razón debe siempre ser libre; y sólo esto puede llevar Ilustración a las personas; en cambio, el uso privado puede ser con frecuencia limitado. Entiendo por uso público de la propia razón, aquél que hace alguien en su calidad de docto —documentado— ante el gran público lector. Llamo uso privado de la razón al que está permitido en un determinado puesto civil o en una función que se ha confiado.

Ahora bien, en algunas tareas que afectan al interés común, se necesita cierto mecanismo por el cual algunos miembros de la república se tienen que comportar de modo pasivo, para que el gobierno los guíe hacia fines públicos mediante una administración unánime, o al menos para que no se destruyan esos fines. En tal caso se tiene que obedecer. Pero en la medida en que un ciudadano forma parte de la totalidad de un Estado o de la sociedad, el Estado en calidad de docto se debe dirigir por escrito al público, apelando a su entendimiento, y argumentar por qué deben acatar sus indicaciones, sin que se vean afectados sus derechos.

El deber del docto

Por ejemplo, sería muy peligroso que un oficial, al recibir una orden de sus superiores, quisiera cuestionar en voz alta durante el servicio la pertinencia o utilidad de dicha orden; debe obedecer. Sin embargo, en justicia no se le puede prohibir hacer observaciones —previamente informado—, acerca de los errores del servicio militar y exponerlos ante el juicio de su público.

El ciudadano no puede rehusarse a pagar los impuestos asignados y, una crítica impertinente a tal responsabilidad en el momento en que deben ser liquidados, puede ser castigada como escarmiento —para evitar actos de rebelión generalizada—. En contraste, él mismo no irá en contra de su deber de ciudadano si expone de forma pública, documentado, sus reflexiones sobre la inconveniencia o injusticia de tales impuestos.

Del mismo modo, un sacerdote está obligado a instruir a sus feligreses y a su comunidad según los fundamentos de la fe de la Iglesia a la que sirve, puesto que ha sido admitido en ella bajo esa condición. Pero como docto tiene plena libertad, incluso el deber, de comunicar al público sus pensamientos cuidadosamente examinados y bienintencionados, acerca de los defectos de ese dogma y hacer propuestas para mejorar esa institución religiosa.

Tampoco hay en esto ningún cargo de conciencia, pues lo que enseña en virtud de su puesto como titular de asuntos religiosos, lo presenta como alguien que no puede instruir lo que a su juicio le parezca, sino que está en su puesto para exponer según las prescripciones y el nombre de otros. Dirá: «Nuestra Iglesia enseña esto o aquello, éstas son las razones fundamentales de las que se vale». […]

Cómo decidir una ley

Una generación no puede legislar para condicionar a la siguiente a una situación en que le sea imposible ampliar sus conocimientos —sobre todo los urgentes—, depurar los errores y, en términos generales, avanzar en la Ilustración. Sería un crimen contra la naturaleza humana, cuyo destino original consiste, justo, en este progreso. Por ende, la posteridad —el pueblo— está en pleno derecho de rechazar todo acuerdo tomado de forma incompetente y ultrajante.

La piedra de toque de cuanto se pueda decidir como ley de un pueblo reside en la siguiente pregunta: «¿Podría ese pueblo haberse dado a sí mismo esta legislación?». Esto sería posible si tuviéramos la esperanza de alcanzar, en determinado plazo, una ley que permitiera introducir un nuevo orden que, al mismo tiempo, deje con libertad a todo ciudadano hacer públicamente, por escrito, observaciones sobre las deficiencias de dicho orden. […]

El tiempo de la Ilustración

Si a un pueblo no le está permitido decidir por y para sí mismo, menos aún lo podrá hacer un monarca a nombre de aquél; porque su autoridad legisladora reside, justo, en que reúne la voluntad de todo un pueblo en la suya. Si no busca otra cosa que todo mejoramiento, real o presunto, y que sea compatible con el orden civil, no podrá menos que permitir que sus súbditos hagan lo que consideren pertinente para la salvación de sí mismos. […]

Si nos preguntamos ¿ahora vivimos en una época Ilustrada?, la respuesta es no; pero sí en una época de Ilustración. […] Pero tenemos claras señales de que se les ha abierto el campo para trabajar libremente en este empeño y percibimos que disminuyen los obstáculos para una Ilustración en general, o para dejar atrás la culpable minoría de edad. Por eso nuestra época es el tiempo de la Ilustración. […]

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La lengua es de quien la trabaja https://algarabia.com/la-lengua-es-de-quien-la-trabaja/ https://algarabia.com/la-lengua-es-de-quien-la-trabaja/#comments Sun, 14 Jun 2026 03:22:39 +0000 https://algarabia.com/?p=10118 Hay un cuestionamiento muy común en nuestro país—especialmente en esta ciudad—, sobre si los mexicanos hablamos «bien» o «mal» y justamente es a nosotros los lingüistas a los que nos suelen hacer esa pregunta. Quizás esto proviene de la idea ancestral de cuando la Real Academia de la lengua Española se fundó allá por 1713 por iniciativa de Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena.

Felipe V aprobó su constitución el 3 de octubre de 1714 y la colocó bajo su «amparo y Real Protección».
Su propósito fue el de «fijar las voces y vocablos de la lengua castellana en su mayor propiedad, elegancia y pureza». Se representó tal finalidad con un emblema formado por un crisol en el fuego con la leyenda Limpia, fija y da esplendor, que la lengua «se debe cuidar» que «hay un correcto uso del lenguaje».

Quien escribe correctamente muestra que ha disfrutado de una escolarización adecuada, que ha leído libros y que tiene ejercitada la mente. Gracias a esa gimnasia podemos acceder a estadios de razonamiento y cultura más elevados. Quien no sea capaz de comprender algo tan básico como la escritura, quien no tenga garantizada en su infancia la educación adecuada para ello, pocos progresos más logrará en su vida intelectual.

“El lenguaje representa lo más democrático que la civilización humana se ha dado. Hablamos como el pueblo ha querido que hablemos. Las lenguas han evolucionado por decisión de sus propios dueños, sin interferencias unilaterales de los poderes; aún más: en un principio han impuesto los pueblos su lengua a los poderes”.

Que el español goza de buena salud, que está en expansión y que seguramente llegará a ser la lengua más importante del mundo, son algunas de las apreciaciones de poetas y escritores.

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Carmina: una experiencia multisensorial https://algarabia.com/carmina-una-experiencia-multisensorial/ https://algarabia.com/carmina-una-experiencia-multisensorial/#comments Sun, 14 Jun 2026 03:21:49 +0000 https://nuevaimagen.algarabia.com/carmina-una-experiencia-multisensorial/ Carmina es un espacio creado por el Chef Josué Rodríguez Maya, quien junto a sus colaboradores construyó un lugar que logra, en cada detalle, el objetivo de que sus visitantes vivan una experiencia placentera, única, y memorable que fusiona la naturaleza con la urbanidad.

Llevar lo simple a lo extraordinario

Un espacio amplio, con techo alto y paredes blancas de aspecto rústico es el lienzo que usaron los creadores de Carmina para desarrollar un concepto que lleva a los visitantes a vivir una experiencia gastronómica rodeada de múltiples estímulos visuales seleccionados con mimo desde el mobiliario, la iluminación, la inclusión de elementos naturales y un precioso mural interactivo que se convierte en el recuerdo perfecto de tu visita.

Al primer contacto, la amabilidad del personal liderado por Miguel Ángel Casillas destaca por una delicada calidez que brinda la sensación de familiaridad. Los meseros son también guías culinarios que te ayuda a vivir una experiencia hecha a la medida.

En Carmina saben que cada mente y paladar es un mundo, por lo que consultan tus gustos, te ofrecen una explicación amable de cada salsa, bebida y platillo e incluso te advierten si un pan está caliente o si la salsa es muy picosa.

Algo más que comida

Carmina cuenta con un menú diverso, capaz de satisfacer incluso las exigencias de veganos o vegetarianos, con ensaladas frescas y platillos con ingredientes y combinaciones sorprendentes, como la ensalada de higos y la coliflor rostizada, por supuesto ¡a las brasas!

Además de transformar los vegetales en experiencias gustativas exquisitas, tienen múltiples platillos que sacian el apetito y el gusto de los amantes de la carne, que se ofrece en término medio, pero puedes pedirlo en otro, sí así lo prefieres.

Carmina te envuelve

Una sopa, una guarnición y un delicioso plato fuerte o un postre que da pena comer de tan bello que se presenta, son apenas el centro del universo de exquisiteces construido en Carmina, un espacio para los adeptos a las artes visuales que incluso cuenta con una exposición fotográfica a la venta.

La música, como parte de este ambiente, está seleccionada especialmente por Andrés, conocido como «Velcro», quien crea una burbuja de familiaridad y diversión. Cada día es una nueva selección musical adaptada a los visitantes, con un talento similar al de un oráculo de las melodías

Cada piso está destinado a crear un ambiente diferente, la planta baja es un jardín contemporáneo donde la mixología no sólo es parte de la carta sino de la decoración, el primer piso crea un ambiente quizá más formal pero no menos ameno en el que puedes disfrutar de una reunión familiar, romántica o de negocios y su terraza se presta a una celebración a la luz de las estrellas.

La clave es seguir innovando

A pesar de los estragos de la pandemia, Carmina ha sabido llevar las reglas sanitarias al pie de la letra, para que sus visitantes se sientan seguros y cómodos, incluso han planificado cada platillo para que comensales que prefieren resguardarse en casa puedan acceder a este delicioso menú directo en sus domicilios.

La memorable escena que hoy han construido no se detiene porque Carmina aún está en desarrollo y tanto el Chef Josué Rodríguez Maya como su equipo preparan una línea culinaria diversificada en tres secciones: rústico, romero y healthy con la que abarcan todos los gustos y antojos que puedas imaginar.

Déjate consentir por este grupo de profesionales que llevan la experiencia de la buena comida a un nuevo nivel. Visítalos en Av Nuevo León #89, Hipódromo Condesa, Cuauhtémoc.

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Marca personal https://algarabia.com/marca-personal/ https://algarabia.com/marca-personal/#comments Sun, 14 Jun 2026 03:20:46 +0000 https://algarabia.com/?p=43839 Pregunta a quien quieras para qué sirven las huellas digitales y, posiblemente, la primera respuesta en la lista de «Mil mexicanos dijieron» tendrá que ver con identificar a la víctima o al sospechoso de un crimen. Cientos y miles de episodios y películas sobre ciencia forense alguna enseñanza tenían que dejarnos.

Aunque es difícil de creer, si consideramos el uso tan intenso que hacemos de nuestras manos —y de los dedos que hay en ellas—, la explicación más común, reproducida en revistas, libros e Internet, resultó ser un mito.
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Cuestión de especie
Es verdad que en nuestros primos, casi hermanos, primates y en nosotros mismos la selección natural ocasionó que nuestras garras se convirtieran en uñas, las puntas de nuestros dedos en almohaditas acolchonadas y suaves de piel o, en otras palabras, en yemas de los dedos; y la piel de las yemas de los dedos en una superficie llena de relieves, conocidas como crestas papilares, y surcos —los surcos interpapilares, dirían los dactilógrafos o expertos forenses en huellas dactilares—, cuya distribución representa un diseño único para cada uno de nosotros y nos acompaña durante toda nuestra vida.

¿Manos con dedos, yemas y huellas digitales nos dieron a los primates la ventaja evolutiva de poder asirnos de las ramas de los árboles y trepar a éstos cuando el depredador en turno acechaba? Al considerar las lecciones que la evolución convergente nos proporciona —uno de sus ejemplos más famosos: las aletas, que de manera independiente fueron desarrolladas por tres clases diferentes de animales: peces, reptiles, como los extintos ictiosaurios, y mamíferos, como los delfines—, podríamos concluir que las huellas digitales en algo deben mejorar la capacidad de quien las posee para asir o agarrar, dado que los osos koalas —que evolutivamente hablando están tan separados de los osos como de nosotros los primates—, pero que se pasan el día en los árboles, también tienen huellas digitales.
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Por si no fuera prueba suficiente para sospechar, algunos monos del nuevo mundo tienen, en efecto, lo que sería el equivalente a huellas digitales —¿colas dactilares? ¿huellas caudales?— en su cola prensil.

Supongamos, entonces, que la hipótesis de que las huellas digitales nos ayudan a agarrar objetos es correcta. Suponemos que la rugosidad de las yemas de los dedos aumenta la fricción que se genera cuando agarramos un huevo, una lata de cerveza, una iPad o cualquier otro objeto con superficie lisa, una de las explicaciones favoritas dentro y fuera de la comunidad científica.

No fue sino en el año 2009 que Roland Ennos, biomecánico de la Universidad de Manchester, llevó a cabo, con ayuda de su estudiante Peter H. Warman, una serie de experimentos para probar que las huellas digitales no aumentan la fricción.

Ennos consideró que la idea de que las huellas digitales aumentan la fricción entre los objetos lisos y nuestros dedos está basada principalmente en que unos cuantos años antes, en el 2007, otros investigadores habían determinado que esto era lo que ocurría en el caso de la piel de nuestros antebrazos —que, por supuesto, no tiene huellas digitales y es casi lisa—, pero con una condición: que estuviera seca.

Si, por el contrario, nuestro antebrazo estaba húmedo, la fricción era descrita por una ley física distinta y se comportaba entonces de manera similar al hule: la fricción generada es mucho más grande que en el caso de sólidos duros, ya que la flexibilidad del hule le permite cubrir una mayor área de contacto con la superficie rígida sobre la que se va a deslizar.

Ennos pensó que posiblemente nuestras huellas digitales también se comportarían como la liga y nuestro antebrazo. En el caso del hule, la fricción no se debe a su rugosidad —fricción externa—, sino a las fuerzas entre las cadenas de moléculas que constituyen al hule, unidas mediante lo que se conoce como fuerzas de Van der Waals —lo que aquí tenemos es una fricción generada de manera interna.
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Para verificarlo Ennos realizó un experimento que consistía en colocar cada uno de los dedos de la mano de su conejillo de indias —perdón, de su estudiante—, Peter H. Warman, detrás de una hoja de acrílico. El dedo era sujetado en posición vertical, con ayuda de dos anillos atornillados a una placa, de manera que la huella digital presionara la hoja de acrílico. Esta hoja era entonces deslizada hacia arriba lentamente, durante una corta distancia, y la fuerza requerida para levantarla quedaba registrada en una computadora.

Gracias a este experimento pionero de la biomecánica sabemos ahora que aumentar la fricción para evitar que una hoja de acrílico —o cualquier cosa con superficies rígidas y lisas— se nos caiga de las manos no es la razón de que tengamos huellas digitales.

Nuestras huellas digitales se comportan como el hule y sus surcos y crestas no sólo no aumentan la fricción, sino que reducen en más de 30% el área de contacto máximo que habría entre lo que queremos agarrar y nuestros dedos, si su piel fuera lisa.

Como en este caso ya sabemos que la fricción depende del área de contacto entre superficies, eso significa que en ocasiones nuestras huellas digitales podrían, incluso, debilitar nuestro agarre y justificar que nos apoden «dedos de mantequilla».

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