¿Por qué le ponemos nombre a los perros?
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¿Por qué le ponemos nombre a los perros?

Hay muchas teorías, pero ¿por qué empezamos a ponerle nombres a los perros? ¿Cuál es la necesidad de nombrarlos?

Que si es mejor que sea de dos sílabas, que si es importante que suene fuerte, conciso y contundente, que no sé qué… Hay muchas teorías, pero ¿por qué empezamos a ponerle nombres a los perros? ¿Cuál es la necesidad de nombrarlos?

Perros

Antropomorfismo, según el diccionario, es «la atribución de forma o cualidades humanas a lo que no es humano, en especial a divinidades, animales o cosas»; o sea, que, al nombrar a un animal, le estamos dando una cualidad que va más allá de lo puramente animal, por lo que adquiere categoría más de persona que de cosa. Es difícil creer que los antiguos británicos le ponían nombre a cada uno de los sesenta beagles que los acompañaban en las cacerías. Mas eso ha cambiado con el tiempo y, mientras más cercanos y mascotizados se han vuelto estos animales, más nos hemos acostumbrado a nombrarlos. Que no nos extrañe si habemos gente que le ponemos nombre al coche, a la guitarra, a la computadora y a cuanta cosa los acompaña en la vida cotidiana…

Pero, volviendo a los perros y a los nombres que solemos ponerles, hay muchos lugares comunes —como en todo—, con lo cual surgen los «graciosos» que deciden ponerle Solovino a aquel can que un buen día apareció en su casa y que adoptaron sin hacer demasiadas preguntas; o los poco originales que se basan en el color y que no pueden ser más obvios, como por ejemplo Black a un perro negro-negro, Brown o, si bien nos va —dejando de lado la manía gabacha—, Canelo a uno café o el cursilísimo «Copo de nieve» a uno blanco que siempre está parduzco porque no lo bañan.

Copo

Por otro lado, están los aún más ridículos que utilizan nombres con su correspondiente artículo: La Lady, La Reina, La Muñeca, El Capitán, La Duquesa, entre otros, Que no sólo dan nombre al animal, sino que le proveen de un rango y una personalidad especial. También tenemos a los intelectuales —más bien aspiracionales—, que deciden nombrar a su mascota con el nombre o apellido de algún famoso; cosas como: Freud, Aristóteles, Rulfo, Frida, Napoleón y muchos más. Tampoco podemos dejar de mencionar a quienes deciden usar nombre de perros famosos: Laika, Milú —el perro de Tintín—, Blondi —el perro de Hitler—, Dodo —el perro de Churchill— y, ¡desde luego!, la más famosa perrita Collie: Lassie.

Lassie

Lassie (1942) — Foto: Dell Mulmey

Sin duda, poner nombre no es cosa sencilla, sobre todo si pensamos que es un tema que acompañará al bicho que estará junto a nosotros toda la vida,y que utilizaremos una y otra vez a lo largo del día. Tomando en cuenta que al perrito le da lo mismo llamarse Lennon que Firuláis, en lo que hay que pensar es en que el nombre de nuestro perro habla mucho de quiénes somos.

Hay nombres originales y con historia; por ejemplo, el perro de un amigo que tiene la cabeza un poco grande —y al que por ello le decimos Yuca— se llama Cabezón; el de Pilar se llama Tocayo, logrando con este nombre convencer a su hijo de que, si bien el perro no se podía llamar Manolo como él, sí podía ser Tocayo. Yo tuve un perro de nombre Cocuyo, un labrador de un negro profundo al que llamé así pensando en las luciérnagas que brillan en la noche, al igual que hacían sus ojos. Y una amiga mía, a la que le encantaban las cubas, tenía una pareja de Setter irlandeses que se llamaban Ron y Coca, respectivamente.

Volviendo al porqué de las cosas, creo yo que, en el momento en que domesticamos a un animal y lo hacemos parte de nuestra vida o hasta de nuestra familia, es necesario ponerle un nombre, darle un lugar, respetando así su temperamento y participación como un miembro más de la casa.

En fin, me atrevería a decir que al perro, se le llame como se le llame, si el tono de voz es cordial y «buena onda», él vendrá moviendo la colita sin reparar en si se lo llamó Leo o Teo¿Qué es una letra en la vida de un perro?

Recuerdo alguna vez que Teresina —miembro del concejo editorial de esta egregia publicación— le preguntó a Moi, un amigo mutuo.
—¿Cómo se llama tu perro?
—Napoleón —responde Moi, muy orgulloso.
—¡Ay, qué nombre más pretencioso para un perro!
—¿Y el tuyo? ¿Cómo se llama?
—Hamlet…

Malusa Gómez es maestra en letras, vive en Cholula, siempre tiene el felizómetro en 10 y todos los días la persiguen dos perras llamadas: Donna y Montana.

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