Modalidades de la lengua: el caso del español
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Modalidades de la lengua: el caso del español

Los hablantes pueden detentar su nivel de cultura, su pertenencia a clases cultas o populares.

Dice la canción, y si «cambia el clima con los años» y el calentamiento global, ¿por qué no habrían de hacerlo las lenguas?; cambian en el transcurso del tiempo. Por ejemplo, el latín se diferenció en cada una de las lenguas romances, y éstas con los años también han cambiado.

De igual forma, según su manera de expresarse, los hablantes pueden detentar su nivel de cultura, su pertenencia a clases cultas o populares.

Estas tres modalidades: geográfica, histórica y social, respectivamente, son parte del idioma español en su totalidad y permiten explicar sus cambios y
características.

Modalidades geográficas

Son las variantes de uso de palabras de diferentes regiones o países. Nos hacen entender por qué una modalidad nunca puede ser mejor que otra.

Esta lista es apenas un esbozo de las diferencias que podemos encontrar entre hispanohablantes; como puede verse, algunas se repiten, y en otros casos la forma original de un nombre se pierde en el habla coloquial, como en el caso de cerveza. Y la lista podría seguir casi interminablemente, para mostrar la Babel que surge de la comunicación entre personas que
comparten una misma lengua; por lo que le podría suceder a algún colombiano en México, que pida un «tinto» y le den un vino en lugar de «café». Y explicaría por qué no debe pedir «papaya» —vagina— en Cuba
o por qué no ha de ofenderse si un venezolano le pide la «cola» —aventón— o le ofrece un «palito» —un trago.

Modalidades sociales


El idioma español no sólo es diferente de una región a otra o de una época a otra, sino que también se habla de manera distinta en cada nivel social. Estas diferencias en la manera de hablar forman tres niveles sociolingüísticos, que se pueden observar en este ejemplo del español mexicano:

Culto Medio Popular
trabajaste trabajastes trabajates
viniste veniste venistes
haya [haya] haiga
pongamos [pongamos] póngamos

Lo más probable es que quien usa la primera forma, pertenezca a un nivel culto o más estudiado, y quien usa la tercera, a un nivel más popular o con menos acervo literario; pero no hay manera de hablar que se pueda considerar correcta, y si la hay, no es una sola. Todos hablamos inevitablemente de acuerdo con el uso o la norma lingüística del estatus o la comunidad a la que pertenecemos.

Modalidades históricas


Todas las lenguas están en constante cambio porque están vivas. Las únicas lenguas que ya no cambian son las lenguas «muertas»; las demás, las que se hablan en la actualidad, sufren modificaciones, se adaptan, se ajustan, se enriquecen y permiten, gracias a eso, que podamos nombrar los nuevos inventos, los nuevos descubrimientos y las nuevas ideas del hombre. Sin
embargo, hay todavía quienes piensan que el español es una forma degradada del latín o que el español actual es una corrupción del español clásico. Esta idea equivaldría a decir —si nos basamos en la teoría de
Darwin— que el hombre es una degeneración del mono. No obstante, la lengua está viva y, al ser utilizada por muchos hablantes, evoluciona con ellos.

Por ejemplo, veamos la evolución de una palabra del latín al español:

Entre las modalidades históricas del español también se podría incluir la abundante presencia de palabras de origen árabe, pues por extraño que resulte cuando se descubre, al igual que el latín —si bien no en la misma medida—, se encuentra en el surgimiento del español que llegaría
desde Europa gracias a la serie de viajes que han hecho las palabras arábigas, y cuya explicación es necesariamente histórica: así, una palabra de uso tan común como almohada, proviene del árabe hispano almuhádda, y éste del árabe clásico mihaddah. O aldea, que pasó directo del árabe clásico day‘ah . , «la villa», al español.

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