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Los letreros del Parque México

De aquellas «buenas costumbres» ya no se conserva ninguna.

Construido en 1927 para embellecer la, ya de por sí hermosa, colonia Hipódromo Condesa, el Parque México aún conserva signos del estilo de vida de la época en la que fue inaugurado: la primera mitad del siglo XX, tiempo en el que heredó varios usos y costumbres de la era porfiriana, sobre todo en materia de urbanidad y buenos modales.

Este parque, cuyo nombre oficial es Parque General San Martín, cuenta con singulares letreros —grabados en piedra— que exhortan a los paseantes a cuidar el área en el lenguaje estilizado de la época, cuando la clase social se demostraba no sólo por el lugar donde se vivía, el apellido que se ostentaba o la cuna en la que se había nacido, sino por la forma de hablar.

Se trata de un modo de expresarse en el que se abusa de la perífrasis o circunlocución, con adornos lexicales y que trata al público con mucho respeto. La intención en estos letreros es educar y aunque hoy en día podría parecernos risible o ingenua, en realidad es un reflejo de la sociedad de los 20, que todavía traía consigo la herencia afrancesada de Porfirio Díaz.

Manuales de urbanidad y buenos modales

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la sociedad burguesa de México —y de muchos otros países— adoptó usos y costumbres franceses que se vieron reflejados en la arquitectura —el Palacio de Bellas Artes, la Columna de la Independencia y la sede actual de la Secretaría de Gobernación, por ejemplo— y por supuesto, en la educación.

El Estado se irguió como el didacta más grande, cuyo fin último era alinear al pueblo a través del civismo, la urbanidad y los buenos modales. La educación no estaba al alcance de todos; sin embargo, alcanzó a llegar a la clase burguesa que se encargó de transmitirla a sus herederos, lo que permitió que sus usos y costumbres sobrevivieran aún después del porfiriato.

La educación, los rituales y prácticas sociales, así como las reglas de conducta, fueron una forma de identidad social. Estas prácticas o valores se transmitían a través de mensajes enviados en periódicos, artículos de revistas y manuales de urbanidad, moralidad o etiqueta.

Algunos de estos manuales son: el Manual de urbanidad y buenas maneras del venezolano Manuel Antonio Carreño—1854—, insertado en el proceso de construcción nacional mexicano en la segunda mitad del siglo XIX. Este manual, cargado de ideas europeas, tenía la intención de acabar con la barbarie de los países de América del Sur mediante la asimilación de la cultura europea. El Tratado de la educación de las hijas de don Francisco de Salignac dela Motte Fenelon —Madrid, 1769—, el Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres de Josefa Amary Borbón —1790—, las Cartas sobre la educación del bello sexo —1814—, escrito por la viajera norteamericana R. Ackermann y el Manual de las mujeres del francés Verdollin, publicado en México en 1881.

En México sobresale el manual titulado Máximas de buena conducta —1819— del queretano Pedro Antonio deSeptién Montero y Austri, publicado después de declarada la Independencia y dedicado a la sociedad queretana, en particular a la juventud por ser ésta la etapa «más arriesgada y más expuesta a la perversión y al engaño». El objetivo era que los niños de la nueva nación independiente, México, aprendieran a ser «políticos cristianos».

La escuela, fuente del saber

En las escuelas también se hacía énfasis en la urbanidad, los buenos modales y claro, en la forma adecuada de expresarse. La educación era más humanista que técnica. Lucía Martínez Moctezuma detalla en un cuadro las asignaturas que la Escuela Oficial de Instrucción Primaria Elemental del D. F. y territorios federales impartía a los niños durante el periodo de 1905 a 1907, entre lasque destacan lectura, geografía, historia patria, aritmética y, muy importante, instrucción cívica.

Además, los maestros aplicaban ejercicios de lectura en voz alta cronometrada, con la intención de que los niños tuvieran un lenguaje fluido y correcto. En cuanto a la escritura, se enseñaba el método Palmer de caligrafía, porque no sólo debían escribir bien, sino elegantemente.

Costumbres grabadas en piedra

De aquellas «buenas costumbres» ya no se conserva ninguna. Sólo quedan algunos ejemplos escritos en piedra, en los letreros del Parque México, en libros de aquellos ayeres o en cartas de algún libro histórico que muestran el estilo propio de la época.

En la actualidad, parece que las escuelas ya no hacen énfasis en aspectos como la lectura o la redacción; la forma de hablar es más directa: vamos al grano. Si hacemos una comparación de los letreros del Parque México con los que ahora vemos, podremos darnos cuenta de la diferencia. Para empezar nuestro lenguaje es más icónico que verbal—ejemplo de ello son los símbolos de no estacionarse, no tirar basura, no permitir que las mascotas hagan sus necesidades en las vías públicas— y si se trata de palabras, somos precisos: no tirar basura, no estacionarse, etcétera.

Y ni hablar de la mala caligrafía y las faltas de ortografía que frecuentemente encontramos, muestra también de la falta de interés de las escuelas o de los alumnos por insistir en la correcta escritura. Hoy en día somos una sociedad que necesita información precisa, concreta y sin redundancias, quizá estamos hartos de tanto bombardeo de mensajes, quizá no nos interesa, ¿o no tenemos buenas costumbres, ni urbanidad?

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