La muerte de Plinio «el Viejo»
Epistolario

La muerte de Plinio «el Viejo»

Plinio «el Joven» fue pionero en un nuevo género literario

Plinio «el Viejo» (23-79) fue un famoso naturalista y filósofo romano que murió durante la erupción del Monte Vesubio. Plinio «el Joven» (61-112) le escribió al senador e historiador Tácito una carta que relata los últimos momentos de vida de su tío y mentor. Se cree que con ésta y otras epístolas, Plinio «el Joven» fue pionero en un nuevo género literario: la carta que se escribe para su publicación.

Me pides que te describa la muerte de mi tío para poder dejar a la posteridad un relato más verídico de la misma. Te doy las gracias, pues me doy cuenta de que su muerte alcanzará, si es celebrada por ti, una gloria inmortal. […]

La nube surgía sin que los que miraban desde lejos pudieran averiguar con seguridad de qué monte —luego se supo que había sido el Vesubio— […] Cuando salía de su casa, recibe un mensaje de Rectina, esposa de Tacio, aterrorizada por el peligro que la amenazaba —pues su villa estaba al pie de la montaña y no tenía ninguna escapatoria, excepto por mar—; le rogaba que le salvase de esa situación tan desesperada.


Él cambió de planes y lo que había iniciado con el ánimo de un estudioso lo terminó con el de un héroe. […] Ya las cenizas caían sobre los navíos, más compactas y ardientes, a medida que se acercaban; incluso ya caían piedra pómez y rocas ennegrecidas, quemadas y rotas por el fuego; […] Mi tío dudó algún tiempo si sería conveniente regresar; luego al piloto, que le aconsejaba que así lo hiciese, le dijo: «la Fortuna ayuda a los héroes: pon rumbo a casa de Pomponiano». […]
Mi tío decidió bajar hasta la playa y ver sobre el lugar si era posible una salida por mar, pero éste permanecía todavía violento y peligroso […]. Luego, las llamas y el olor del azufre, anuncio de que el fuego se aproximaba, ponen en fuga a sus compañeros, a él en cambio le animan a seguir. […] Cuando volvió el día —que era el tercero a contar desde el último que él había visto—, su cuerpo fue encontrado intacto, en perfecto estado y cubierto con la vestimenta que llevaba: el aspecto de su cuerpo más parecía el de una persona descansando que el de un difunto. […]

Plinio el Joven, Cartas, «Epistulae vi, 16»; Madrid: Gredos, 2005.

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