El libro de las causas y los azares

Origen de la frase «abrir la caja de pandora». Este y otros temas los encontrarás en El libro de las causas y los azares.

Si tienes una personalidad indagadora que no busca enterarse del origen de todo lo que lo rodea, este libro, compendio de la sección del mismo nombre en Algarabía, seguro te caerá de perlas, pues en él descubrirás el origen de muchas cosas interesantes, y para muestra un botón, pues te contamos cómo surgió la expresión «abrir la caja de pandora».1 Este artículo fue publicado por primera vez en Clío. Revista de Historia 41, España, 2005, p. 102.

La caja de Pandora

Seguramente te has preguntado: ¿por qué hay hambre en el mundo?, ¿por qué la naturaleza desata a veces toda su ira?, ¿por qué existen plagas que causan estragos? Si buscamos en la mitología griega, la culpa de todas las desgracias la tienen Pandora y su misteriosa caja.
Según el mito griego, el titán Prometeo tuvo la osadía de entregar a los hombres el fuego reservado a los dioses, y pagó muy caro su atrevimiento. Zeus lo condenó a permanecer encadenado en una cima de la cadena montañosa del Cáucaso, donde un águila le devoraba diariamente el hígado, el cual volvía a crecerle durante la noche para que el suplicio fuera eterno. La ira de Zeus también afectó a los hombres, para quienes ideó otro castigo ejemplar: envió a Pandora, la primera mujer.

La esperanza, lo último que muere

Tan hermosa como temible, Pandora había recibido como regalo una cualidad de cada una de las bellas divinidades del Olimpo: belleza, gracia, persuasión, habilidad manual; de ahí su nombre, que significa «la que tiene los dones». Pero Hermes, el mensajero de los dioses, introdujo la mentira en su corazón. Y así, fue enviada Pandora, con una vasija y la orden terminante de no abrirla jamás.
Prometeo era consciente de que Zeus podía tramar desgracias contra los mortales, así que había aconsejado a su hermano Epimeteo —[cuyo nombre significa] «el que reflexiona demasiado tarde»— que tuviese cuidado con posibles obsequios inesperados. Hermes entregó a Pandora a la humanidad y Epimeteo, desoyendo los sabios consejos de su hermano, sucumbió a su belleza y la acogió con los brazos abiertos. Tal como Zeus había previsto, ella no tardó en destapar el receptáculo secreto y dejó escapar todas las desgracias que, a partir de entonces, iban a afligir a los humanos: la guerra, el hambre, la enfermedad, la maldad, el pecado. Éstas se esparcieron por doquier. Sólo una cosa permaneció en el fondo del recipiente: la esperanza —elpis.

¿Más mal que bien?

De este arraigado mito deriva la expresión «abrir la caja de Pandora», que hoy define el diccionario como «acción o decisión de la que, de manera imprevista, derivan consecuencias desastrosas». No obstante, si nos basamos en las fuentes griegas, lo que portaba Pandora no era una caja, sino una tinaja —pithos.
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Hay discrepancias en torno a lo que contenía la caja. Según Babrios, un fabulista del siglo ii d. C., originalmente guardaba cosas buenas; pero, cuando se le quitó la tapa, todos aquellos bienes escaparon del alcance de la humanidad, con excepción de la esperanza. Hesíodo, sin embargo, defiende otra opinión que dejó plasmada en su obra Los trabajos y los días. Para él, lo que almacenaba eran males; al dispersarse éstos, quedó la esperanza. Así pues, como buen mito griego, resulta tan intrigante como contradictorio. La polémica está servida, que cada uno interprete las cosas como quiera.

La Eva griega

Modelada en barro por Hefesto, dios del fuego, Pandora fue creada con una intención concreta: sancionar a los hombres por sus imperdonables pretensiones. Su aspecto era totalmente engañoso, ya que lo desagradable permanecía oculto tras su imagen de belleza, candidez y bondad. Puede considerarse como la primera mujer de la mitología griega. Y, al igual que la Eva de la tradición judeocristiana, su desobediencia desató la ira divina. Por eso encarna el castigo de los dioses y representa la perdición de la humanidad.

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