Star Trek
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Desde el palco

Star Trek

Startrek, la serie influenciada por el furor de la carrera espacial, el feminismo y los movimientos por los derechos civiles.

El 8 de septiembre de 1966 se transmitió en los EE. UU. el primer capítulo de una serie televisiva que, influenciada por el furor de la carrera espacial, el feminismo y los movimientos por los derechos civiles, cambiaría la manera en que la cultura popular imaginaba el futuro.

To boldly go where no man has gone before

«Éstos son los viajes de la nave Enterprise», recitaba William Shatner —encarnando al capitán James T. Kirk, el «héroe macho y aventurero» por excelencia— en el soliloquio que daba inicio a cada episodio. Lo acompañaba una colorida y multirracial tripulación: el Sr. Spock — interpretado por Leonard Nimoy— que con sus puntiagudas orejas y su lógica vulcana se convirtió en el personaje más emblemático; la teniente Nyota Uhura —Nichelle Nichols—, que marcó historia al retratar a una mujer de raza negra en una posición de poder; Leonard McCoy —DeForest Kelley—, el lacónico doctor de la nave; Montgomery Scott —James Doohan—, ingeniero en jefe; Hikaru Sulu —George Takei—, el timonel de ascendencia japonesa que retaba los estereotipos heredados de la posguerra,
y Pavel Chekov —Walter Koenig—, un heroico navegante ruso en plena Guerra Fría.

El espacio: la frontera final

Tales «aventuras» sólo podrían ocurrírsele a un soñador como Gene Rodenberry, piloto veterano que durante la II Guerra Mundial descubrió su vocación de escritor, transformándose años después en un exitoso guionista; ahora, guiado por el potencial especulativo de la ciencia ficción, se había propuesto crear una historia esperanzadora donde la ciencia y el espíritu del descubrimiento llevaran a la humanidad hacia las estrellas.

El legado estelar

La serie duró solamente tres temporadas antes de que fuera cancelada en 1969. Pasarían varios años para que el impacto
cultural que tuvo fuera revalorado y, durante la década de 1970,
las retransmisiones desataran una ola de fanatismo. Aun después
de la muerte de Rodenberry —en 1991; parte de sus cenizas fueron enviadas al espacio— el legado de la serie, que entre sus declarados fanáticos —también llamados trekkies o trekkers— cuenta a Bill Gates, Stephen Hawking, Elon Musk, Isaac Asimov, Barack Obama y las astronautas Mae Jemison y Samantha Cristoforetti, generó otras seis series televisivas —una de ellas animada, y la más reciente, Discovery, estrenada en 2017—, 13 películas, novelas, videojuegos
y todo un universo narrativo que buscaba compartir el mismo espíritu progresista de su creador quien, por medio de fantasiosas aventuras que no pocas veces rayaron en lo absurdo y lo risible, encontró el escenario ideal para hablar de inclusión social, tolerancia y humanismo, proyectando tecnologías futuras que inspirarían inventos como el iPad, escáneres médicos
y celulares, e impulsando la imaginación de millones de niños —y no pocos adultos— que aprendieron a soñar con una utopía de progreso, diversidad y minifaldas a gogó.

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