La noche de los mayas: Museo
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La noche de los mayas: Museo

La segunda ficción del mexicano Alonso Ruizpalacios (Güeros, 2014) es una disección al inaudito robo del Museo Nacional de Antropología.

«A partir de ahora, ya no vamos a ser unos pendejos como nuestras familias», le promete Juan a Benjamín minutos antes de allanar el Museo Nacional de Antropología. La hazaña era impensable, casi ridículamente imposible. ¿Robar los tesoros nacionales de la sala maya en la velada de Nochebuena? ¿Corromper la máscara de jade de Monte Albán? ¿Codiciar aquellas piezas incunables por su valor monetario y no por su memoria histórica y arqueológica? Una verdadera locura que, sin embargo, pasó y no sólo en la pantalla grande.

La anécdota ya la conocíamos, sucedió hace treinta y tres años: Carlos Perches Treviño y Ramón Sardina García son los nombres de los verdaderos autores del robo milenario. En la versión de la historia que nos atañe, la de Alonso Ruizpalacios, los jóvenes bandidos son Juan (Gael García Bernal) y Benjamín (Leonardo Ortizgris), dos veterinarios rezagados en el encierro sateluco, este aprisionamiento mental impostado voluntariamente es, aparentemente, el móvil que impulsa al par de amigos a cometer un crimen prácticamente imperdonable para toda la nación mexicana.

Desde el inicio de la cinta, Ruizpalacios pone sobre la mesa las que serán sus cartas más fuertes: un diseño sonoro envolvente y multidimensional, un relato reinventado y sobreinterpretado, y un dinamismo narrativo donde las acciones parecen fluir en una mezcolanza sinsentido, pero que se encauza conforme se desdobla la complejidad de los protagonistas.

Museo es una disección del pasado, reinterpretada bajo la óptica de un director que cuenta con una trayectoria singular: su paso por la pantalla chica está enmarcado por las series de televisión abierta: Fonda Susilla (2005) y XY (2009); sus peculiares piezas cortas: Café paraíso (2008), El último canto del pájaro Cú (2010) -ambas ganadoras del Ariel a Mejor Cortometraje- y Verde (2017), ganador del mismo premio en el Festival de Cine Latino de San Diego, al último está Güeros (2014), su ópera prima, una anomalía en el cine mexicano, acreedora a cinco Arieles, entre ellos a Mejor Película.

En Museo no comprendemos -ni queremos comprender- los porqués del robo, más bien nos enfocamos en el cómo. Dentro del metraje, la secuencia en donde Juan y Benjamín invaden el Museo Nacional de Antropología se coloca como la mejor lograda: un hurto coreografiado al compás de “La noche de los mayas” de Silvestre Revueltas, un motivo sonoro que se manifiesta desde los créditos de inicio de la cinta: una secuencia de architextualidad en donde Ruizpalacios se mofa de las imágenes de catálogo museístico, las cuales también son parte de un suceso central en el relato.

Con movimientos ensayados, materiales probados, tiempos cronometrados, el par de ladrones consiguen despojar a la sala maya de sus más grandes tesoros. Pérdida que, al día siguiente, provoca que toda la nación mexicana se ponga de luto; corrosión de la patria que indigna hasta a los más ajenos a la riqueza cultural del país. Pero esto no inquieta a Juan –quien fabricó el plan de asalto-, más bien lo inyecta de adrenalina y emoción: el oro y el jade que compone a los tesoros antropológicos serán su boleto de escape de esa vida tediosa e insufrible en Ciudad Satélite.

Como una «voz de Dios», Benjamín es el narrador de esta travesía clandestina. En el séptimo arte, el uso de la voz en off es un recurso bastante peligroso y delicado, en la obra de Ruizpalacios es un elemento que en ocasiones pesa como un lastre, no amplía el espectro narrativo del relato en la mayor parte del metraje; sin embargo, a pesar de no ser el mejor acierto del director, profundiza en una arista significativa –poco explorada narrativamente- dentro de la película: el motivo fundamental del robo: con la voz quebrada de miedo y angustia Benjamín revela una penosa verdad: nunca hubo un móvil, no existía un verdadero motivo. El robo fue hijo del ocio y aburrimiento de un par de inmaduros amigos.

Más que ridículo, el hecho de que no exista un verdadero motivo para hurtar –no es de bajos recursos, vive con su familia, ha tenido una buena educación, tiene una carrera universitaria- complejiza la postura de Juan, fuerza que actúa como protagónica del filme. Si lo observamos a través del triángulo de actantes de todo drama, el protagonista debe tener un objeto de deseo y un antagonista que le impida obtenerlo; en Museo, el objeto de deseo de Juan son las piezas de la sala maya; sin embargo, no hay un antagonista más que sí mismo, al actuar impulsivamente y cometer el acto sin visionar las consecuencias.

De manera discursiva, resulta interesante la breve disección que hace Ruizpalacios a ese arquetipo de persona: la inestable, incomprensible, impulsiva. Al final, el acto que pone en marcha el relato de Museo termina siendo algo sinsentido, pero ello hace de la película algo más allá de los porqués. Es un acto no de rebelión, ni de manifiesto o simbólico, es un acto que se comete por el simple gusto de hacerlo y esa insolecia es la que brilla en la película.

Ruizpalacios termina concretando un ejercicio que tiene su nombre estampado en cada secuencia musicalizada, en cada viaje en carretera, en cada uno de los maravillosos intentos de romper la cuarta pared –motivo recurrente en su obra-. Al mirar Museo nos topamos con un ejemplo de un cine con alma, que a muchos les puede resultar chocante o impostado, pero la sensación de ver a un cineasta haciendo suyo el lenguaje cinematográfico, retorciéndolo sin romper paradigmas, pero tampoco siendo uno más en el montón es una bocanada de aire fresco en el cine mexicano.

Museo
México, 2018, 128 min.

D: Alonso Ruizpalacios. G: Manuel Alcalá y Alonso Ruizpalacios. F en C: Damián García. M: Tomás Barreiro. E: Yibran Assaud. Con: Gael García Bernal (Juan Núñez), Leonardo Ortizgris (Benjamín Wilson), Alfredo Castro (Dr. Núñez), Simon Russell Beale (Frank Graves), Bernardo Velasco (Bosco), Leticia Brédice (Sherezada), Ilse Salas (Silvia), Lisa Owen (Sra. Núñez). CP: Panorama Global, Ring Cine, Detalle Films, Distant Horizon. Prod: Gerardo Gatica, Alberto Müffelmann, Ramiro Ruiz y Manuel Alcalá. Dist: Cinépolis Distribución.

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