Game of Thrones
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Game of Thrones

Casi nadie creyó que una trama medieval rodeada de fantasía, se convertiría en una de las series más importantes de la historia.

Una bien dotada mesa, llena de vino, cerveza y suculentos platillos, espera impaciente la llegada de Maquiavelo y Shakespeare. Sume al convite a un escritor de populares historias fantásticas, su nombre es George R.R. Martin. A la explosiva reunión acuden un puñado de productores televisivos ambiciosos. Aderece el banquete con dragones, sexo y política. Aquí tiene el postre que corona el aquelarre: Game of Thrones.

HBO, la cadena que produjo la serie, cambió las reglas de las producciones televisivas, aunque al principio de su más audaz aventura muy pocos confiaran en la apuesta. Casi nadie creyó que una trama tipo medieval, en la que la política y la acción estuvieran rodeadas de fantasía, se convertiría en una de las series más importantes en la historia.

Al programa se le dió luz verde en 2008, pero el episodio piloto fue un desastre, y la serie se pensó condenada al fracaso. Sin embargo, después de que el 90% de éste se filmara de nuevo y cumpliera con las pruebas de audiencia, se convirtió en un éxito casi instantáneo. La vida da vueltas, a veces muy extrañas.

Game of Thrones para principiantes

El drama comienza cuando el consejero del rey Robert Baratheon muere inesperadamente, y éste pide ayuda a su amigo, Ned Stark, para que vaya con él a la capital: Kings Landing, residencia del poder político y espiritual del Poniente —el imaginario lugar en donde se desarrolla la historia—. Al mismo tiempo, inquietantes noticias de una amenaza milenaria atraviesan el Muro, una robusta construcción que salvaguarda la civilización de los Siete Reinos; la leyenda de los Caminantes blancos resurge de «más allá del Muro», un territorio inhóspito, poblado por los Salvajes, seres humanos a los que la civilización ha expulsado de su seno. ¿El motivo?, negarse a ser súbditos de corona alguna.

Las líneas narrativas de la serie transcurren entre la intriga política y lo sobrenatural. En buena medida, todas las temporadas oscilan entre la amenaza de los Caminantes, liderados por el «Rey de la Noche», la ambición por reinar sobre los Siete Reinos y sentarse en el Trono de Hierro, y la tensión que significa la presencia nómada de los Salvajes. En el centro de aquella vorágine se encuentran las familias más importantes del Poniente: Lannister, Stark, Targaryen, Baratheon y Tyrell, quienes al ritmo trepidante de los acontecimientos se hacen partícipes del poder o, de un momento a otro, se descartan.

Una fantasía a la inversa

Desde el primer momento, Game of Thrones ha sido comparada con otra saga fantástica que pasó de la literatura al cine: El señor de los anillos, de J.R.T. Tolkien. A diferencia de la historia de Frodo, marcada por personajes venturosamente bondadosos o repulsivamente malvados, la saga de Martin hizo de la relatividad moral una constante para todos los protagonistas. No obstante, es innegable la inspiración que Martin halló en Tolkien. La magia y las criaturas míticas de la Tierra Media también aparecen en Poniente, aunque de manera sutil y mucho menos protagónica, siendo incluso irrelevantes en algunos puntos de la historia en los que la estrategia militar, las alianzas políticas o las decisiones más humanas tienen consecuencias inimaginables.

Los creadores de la serie, David Benioff y D.B. Weiss, continuaron con el legado de Martin, reforzando la idea de que la fantasía no tiene que ser un cuento de hadas; de ahí que el caballero consagrado no luche por la bella e indefensa dama, y en su lugar mantenga relaciones incestuosas con su hermana; que el príncipe no sea un galante y valiente hombre, y sí un vil y sádico joven. En Game of Thrones, el honor y la justicia son obstáculos en el camino al poder. Y si no lo cree, pregúntele a la cabeza del personaje más moral de la serie: Ned Stark.

No obstante las diferencias entre ambas sagas, hay una similitud que las define sustancialmente: el inminente peligro que amenaza. Tolkien dijo alguna vez que el anillo, el mismo que debían destruir para acabar con el mal en la Tierra Media, era simplemente un mecanismo que hacía al «reloj» —la historia— correr más rápido. En Game of Thrones, el «anillo» es equivalente al lema insignia de la familia Stark: Winter is coming‘El invierno se acerca’—, que nos advierte de un peligro que muy pocos consideran importante, pero lo suficientemente dañino como para aparecer desde la primera escena.

Game of Thrones se encuentra tan alejada de la televisión convencional que muchos listados no la incluyen entre los mejores programas. Los primeros lugares de las series televisivas suelen estar reservados para Breaking Bad, The Wire y The Sopranos.

Lee el artículo completo en Algarabía 177.

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