El cachalote – Algarabía
Ciencia

El cachalote

Si piensan en una ballena, quizá trazarán la silueta de un cachalote cabalgando las olas.

El cachalote cumple con todas las expectativas sobre lo que debería de ser una ballena; pero también carga con un legado de nuestros pecados. Es un animal cuya vida sólo fue escrita en cuanto que fue tomada. Es una ballena tan coronada de superlativos e imposibles que, si nadie la hubiera visto nunca, no creeríamos en su existencia.

Sólo una criatura como esta podía conferir al libro de Melville su poder: después de todo, es difícil que Moby Dick se escribiera sobre una mariposa.

En algún momento de la Edad Media, alguien pinchó la cabeza de la ballena 
y liberó el ceroso aceite que contiene. En cuanto entró en contacto con el frío aire del norte, este líquido caliente y valioso se enturbió, tomando una apariencia que todo el mundo identificó con la del semen. Así los hombres acabaron por creer que el leviatán guardaba su semilla en la cabeza.

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Y eso hizo que, en inglés, el cachalote acabara cargando con un nombre poco elegante e incluso indecente: sperm whale, ‘ballena de esperma’; pero que también resulta perfectamente adecuado, pues el cachalote es la ballena seminal: la primera ballena, su alteza imperial cetácea.

Reliquias de la prehistoria

Son las ballenas más antiguas que existen, los únicos supervivientes de la familia de los Physeteridæ que evolucionó hace 23 millones de años y contaba con
 20 géneros en el Plioceno y Mioceno; de hecho, Linneo identificó al principio cuatro especies: Physeter macrocephalus, P. Catodon, P. Microps y P. Tursio, pero hoy todas se consideran una misma especie, perteneciendo los cachalotes pigmeo y enano —Kogia breviceps y K. sigma, respectivamente— a una familia diferente, los Kogiidæ o cógidos.

Son reliquias de la prehistoria. En palabras de un científico: «Víctimas del tiempo geológico […] atrapadas en los rugosos pliegues de su propia y gigantesca piel». Su pariente más cercano en la tierra es el hipopótamo, aunque su tono gris arrugado, ojos pequeños y dientes de marfil recuerdan más a los elefantes.

El cachalote pertenece a una familia propia. Linneo, el padre de la taxonomía, lo denominó Physeter macrocephalus o «soplador cabezudo», en 1758.

Para Ismael1 O Ishmael: es el principal narrador de Moby Dick, de Hermann Melville., la ballena era la ominosa encarnación
 de «semiformadas insinuaciones fetales de poderes sobrenaturales». Ahora es vista como una «criatura generalmente benigna y vulnerable»; de un enemigo temible ha pasado a convertirse en un plácido y amigable gigante de los mares. La distancia entre estas dos nociones es la distancia entre mito y realidad, entre leyenda y ciencia, entre la historia del hombre
 y la historia natural.

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Es un signo de naturaleza mágica —un símbolo del destino de todos los cetáceos— que el cachalote haya conseguido la prodigiosa transformación de demonio maligno a frágil superviviente.

El carnívoro más grande

Puede que los Physeter macrocephalus lleven milenios recorriendo los mares, pero nosotros supimos de ellos hace sólo 200 años; no fue hasta la llegada de la moderna caza de la ballena, a principios del siglo xviii, que se empezó a comprender de forma mínima a este animal. Y todavía hoy sigue confundiéndonos.

El cachalote es un carnívoro mucho más grande que el mayor dinosaurio —un hecho que amenaza
 con convertir sus mandíbulas en las de un aterrador tiranosaurio acuático—, aunque su cuerpo está compuesto en un 97% de agua, igual que los humanos están compuestos en su mayoría de líquido; todos contenemos océanos en nuestro interior.

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Como las demás ballenas, el cachalote nunca bebe agua. Se lo ha descrito como un animal del desierto; igual que el camello «vive de su joroba»: su gruesa capa de grasa permite al cachalote superar las vicisitudes de la vida en el océano con sus periodos de hambre o de abundancia.

Desde un punto de vista hidrodinámico, el cachalote parece diseñado por algún ingeniero excéntrico. En su forma no hay concesiones.

En un medio en el que el suministro de comida cambia drásticamente, poder sobrevivir tres meses sin comer es una gran ventaja, al igual que desplazarse grandes distancias y sobrevivir en temperaturas tropicales o árticas.

La verdad es que son animales globales. Los cachalotes viven en todas las latitudes y en todos los océanos, desde el Atlántico Norte hasta el Pacífico Sur, e incluso en el Mediterráneo. Recuentos visuales realizados desde aviones han dado como resultado que unos 360 mil surcan los mares del mundo, aunque esa cifra es apenas un cuarto de la población que alcanzaron antes de la edad del arpón de hierro.

El cachalote continúa siendo único. Su forma parece de algún modo incompleta, como si le faltara algo, un par de aletas pectorales o una dorsal. Posee una silueta improbable para un animal, más aún cuando es el mayor depredador del planeta… Para conocer de dónde proviene su nombre, sus característicos chasquidos y más acerca de ellos, consulten este artículo completo en Algarabía 132.

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