Cuando la neurociencia coincide con Freud – Algarabía
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Cuando la neurociencia coincide con Freud

La neurociencia estudia los procesos de represión, supresión y disociación, que también son conceptos psicoanalíticos.

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Los avances tecnológicos actuales, como la resonancia magnética, permiten a los científicos medir directamente la actividad cerebral. Esta capacidad también ha hecho posible retomar y reformular conceptos psicoanalíticos clave, esas fuerzas internas que escapan a nuestra conciencia y que influyen en nuestro comportamiento.1 Este artículo fue publicado originalmente en la revista Scientific American Mind, vol. 20, núm. 2. [Trad. María del Pilar Montes de Oca Sicilia.]

De acuerdo con la teoría psicodinámica, existen procesos inconscientes que, de forma defensiva, tratan de mantener fuera de nuestra conciencia a los pensamientos e impulsos que nos provocan ansiedad. Estos procesos incluyen la represión, la supresión y la disociación.

La supresión es una forma voluntaria de represión propuesta por Sigmund Freud en 1892, es un mecanismo que consiste en «sacar de la conciencia» los deseos, pensamientos, recuerdos, emociones y fantasías indeseables o incómodos. Por ejemplo, cuando una persona está en un proceso de duelo por la muerte
 de alguien o por una relación que terminó, puede 
tratar conscientemente de no pensar en ello para
 seguir adelante con su vida; o cuando alguien siente el impulso de decirle a su jefe lo que piensa de él y de su comportamiento infantil, mejor suprime la idea porque «necesita la chamba».

La supresión consiste en sacar de la conciencia deseos, pensamientos y recuerdos dolorosos o desagradables.

En ambos casos, el deseo consciente es coartado por la voluntad, también consciente, de evitar llevar a cabo
 la acción. No obstante, los impulsos siguen ahí y pueden salir de otra forma: por ejemplo, desarrollando una tos nerviosa cuando se está junto al jefe en cuestión, o un deseo sexual no satisfecho, éste puede desembocar en un «acto fallido» o un lapsus linguae.2 Como decir «No es nalga…» en lugar de «No es nada…»; v. «Esos pequeños equívocos sin importancia» en Está en chino, México; Editorial Lectorum y Editorial Otras Inquisiciones, 2007; pp. 97-102.

En general, los pensamientos, los deseos y las memorias suprimidas pueden influir en nuestro comportamiento, nuestros pensamientos conscientes y nuestros sentimientos, y pueden expresarse mediante síntomas o, incluso, como enfermedades mentales.

Aunque muchos afirman que el mecanismo de supresión es un mito psicoanalítico sin bases científicas, las últimas investigaciones no sugieren lo mismo. El psicólogo Michael C. Anderson, de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, llevó a cabo un experimento de «pensar/no pensar» para explorar la base cerebral de la supresión de la memoria.

Un grupo de voluntarios tuvo que memorizar 48 pares de palabras y luego, ya con un escáner puesto, se les mostraba la primera palabra y ellos tenían que recordar la palabra asociada —respuesta condicionada—, o bien, evitar que ésta entrara en su pensamiento consciente —supresión condicionada—; se observó que suprimir voluntariamente la palabra asociada durante el experimento provocaba que después fuera más difícil recordarla, pero de manera diferente al olvido que ocurre con el tiempo —un olvido más enfático, más definitivo.

Evidencias de la supresión

Las imágenes del escáner mostraron que, al suprimir las palabras, los participantes utilizaban áreas en la corteza prefrontal para bloquear los procesos de los sectores del cerebro involucrados en la formación de recuerdos —en particular del hipocampo—; esto es importante, porque estudios anteriores mostraban que la capacidad de recordar era proporcional a la actividad del hipocampo.

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Pero más importante aún fue descubrir que existe mayor actividad cerebral cuando se trata de suprimir un recuerdo que cuando se trata de recordarlo. La gente suele suprimir los recuerdos no deseados por medio de un esfuerzo voluntario, el cual puede ser rastreado en el sistema nervioso revelando una forma que sólo Freud pudo imaginar —después de todo, él tenía una formación neurocientífica—.

Este vínculo entre la supresión y los mecanismos del cerebro relacionados con el control de nuestra conducta lleva al fenómeno
 de la supresión, del diván del psicoanalista al ámbito físico de la neurociencia.

Los estudios revelaron que hay mayor actividad cuando se intenta suprimir un recuerdo que cuando se trata de recordarlo.

Una supresión de distinto tipo, conocida como supresión visual perceptual, ocurre cuando un objeto —o parte de éste— no
 es visto conscientemente aun y cuando la imagen es claramente visible. Por ejemplo, en las «figuras ambiguas» — bistable figures— como el cubo, el vaso-cara o el pato-conejo, los ojos ven las mismas líneas y figuras en la página, pero lo que uno «ve» en su cabeza va cambiando, por ejemplo, entre un pato, un conejo y otra vez un pato. Cuando uno ve al pato, el conejo queda suprimido de la mente y viceversa.

Ver o no ver, ésa es la cuestión

La disociación es otro estado controversial en el que los pensamientos, las emociones, las sensaciones
 o los recuerdos se separan del resto de la psique.
 Este fenómeno fue descubierto por el psiquiatra Pierre Janet,3 Pierre Marie Félix Janet (1859-1947) fue un psicólogo y filósofo francés pionero en los conceptos de disociación y el recuerdo traumático. [N. del E.] y es muy común en individuos sanos —por ejemplo, cuando uno no pone atención en la carretera por estar oyendo una canción, o cuando se lee un libro y, de pronto, uno «se va» en un pasaje y no recuerda ni qué leyó, o bien cuando uno va a un cuarto por algo y, al entrar, no se acuerda a qué iba—.

En la disociación, los pensamientos, las emociones y los recuerdos se separan del resto de la psique.

Sin embargo, hay formas más radicales de esta disociación como el desorden de identidad disociativa —did—, antes conocido como «desorden de personalidad múltiple», que involucra la presencia de dos o más estadios de identidad distintos y separados. Éstos están caracterizados por respuestas emocionales, pensamientos, temperamentos, estados de ánimos e imágenes de uno mismo distintas, que recurrente y alternadamente toman el control en el comportamiento y la conciencia. La ciencia considera que el did es el resultado de la fragmentación de la identidad, y no así de la proliferación de identidades distintas.

El did —desorden de identidad disociativa— es el resultado de la fragmentación de la identidad.

El did muchas veces está asociado con traumas severos y prolongados durante la infancia —como negligencia o abuso sexual—, y se desarrolla para tener una manera de sobrellevar una situación que rebasa al individuo por ser muy dolorosa o violenta para ser asimilada por un yo consciente. La persona literalmente «se va» psicológicamente, para huir de una experiencia que le genera demasiada ansiedad y de la cual no puede huir físicamente.

Si quieres conocer más sobre la neurociencia, consulta Algarabía 76.

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