De dónde viene – Algarabía https://algarabia.com Algarabía Thu, 11 Jun 2026 15:35:42 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.0 https://algarabia.com/wp-content/uploads/2021/06/favicon.png De dónde viene – Algarabía https://algarabia.com 32 32 bancarrota https://algarabia.com/bancarrota/ https://algarabia.com/bancarrota/#comments Thu, 11 Jun 2026 15:35:26 +0000 https://algarabia.com/?p=57871 Cuando oímos la mención de esta palabra en cualquier ámbito cercano al nuestro, un escalofrío nos recorre el cuerpo, y es que ante los recientes cambios en la economía mundial, encontramos a la vuelta de la esquina negocios, empresas y economías familiares que quiebran, caen en la ruina, es decir, en bancarrota.

Las voces italianas banco y rotto son las que dan origen al término, pero para conocer de dónde proviene la acepción —sin lugar a dudas, de lo más literal— es necesario remontarse a la próspera Italia del siglo XV. Gracias a los grandes intercambios comerciales que se gestaron en esa época, la economía crecía y necesitaba un espacio dedicado explícitamente para dicho fin. Así pues, en las plazas comerciales de las principales ciudades italianas, se instalaron los prestamistas en pequeños bancos y mesas, donde realizaban sus transacciones —por cierto, de aquí también provienen los términos banco y banquero.

Sobre el pequeño banco o taburete, tenían instaladas desde letras de cambio hasta monedas extranjeras. La falta de conocimiento económico del público y la poca regulación de estos sitios, hacía que defraudar o realizar cobros excesivos fuera una tarea sencilla.

Así pues, era muy común que los prestamistas llegaran a un punto en el que no pudieran solventar los pagos. En tal caso, tenían que declararse no aptos para continuar con su labores y ser juzgados por las autoridades. En el mejor de los casos y después de una amplia investigación, se les daba la oportunidad de saldar a sus acreedores lo más que pudieran de la deuda para obtener el perdón y la libertad.

Por otro lado, a quienes se les comprobaba que habían actuado de mala fe, eran expulsados de la ciudad, rompiéndoles su banco y dejándolo a la vista del público para hacer notar que su propietario no era de fiar.

Así se acuñó la palabra «bancarrota», que poco a poco se fue extendiendo por toda Europa, así como los distintos métodos para erradicarla. Por ejemplo, en algunas ciudades del sur de Francia, se hacía pagar a los deudores según el proverbio latino «pagar con el dinero o con la piel». La pena consistía en obligar al deudor que quería conservar sus bienes a colocarse en medio de la plaza pública, sentado sobre una piedra mientras mostraba el trasero. De este modo, no tenía necesidad de resarcir los daños económicos.

En la actualidad, cuando alguien se declara en bancarrota, el gobierno no acude a pasarle un tractor por encima ni lo exhibe frente a la masa ansiosa, pero la temible bancarrota aún está ligada al desprestigio y, peor aún, a un futuro incierto.

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similar https://algarabia.com/similar/ https://algarabia.com/similar/#comments Tue, 09 Jun 2026 22:23:02 +0000 https://algarabia.com/?p=58211 ¿No es lo mismo pero es igual? De eso presumen algunas farmacéuticas cuando promocionan sus medicamentos similares, que están compuestos con las mismas sustancias en igual proporción que las medicinas de patente, pero salen «bien baratas» y por eso las compramos.

Aunque si nos ponemos a reflexionar en lo que quiere decir similar, las sospechas empiezan a surgir. La palabra «similar» se deriva de semejar, que ya desde antiguo significaba «dar indicios una cosa de lo que es». Al señor Corominas le desagrada el término, por provenir del cultismo símil—de sĭmĭlis, ‘semejante’, adaptado del inglés similar (1661) y del francés similaire (1555)—, y por considerarlo un «extranjerismo de puro lujo que debiera proscribirse».

Fuereño o no, llegó a nuestros tiempos y al Diccionario del Español de México como un adjetivo masculino o femenino, el cual quiere decir «que tiene características o apariencias que se relacionan o tienen algo en común con las de otro». O más concreto, como lo dice el DLE: «Que tiene semejanza o analogía con algo.»

Foto de Kendal en Unsplash.

Entonces, regresando al asunto de las medicinas, resulta que las similares, a diferencia de las de patente o de los genéricos intercambiables, no están respaldadas por ciertas pruebas —como el tiempo que tardan en disolverse y la comparación de sus efectos mediante análisis de sangre— y tienen otros vehículos y excipientes, aunque la sustancia activa sea la misma. Así que si las tomamos y no nos curan como las otras, es porque sólo se parecen, tienen algo en común —la sustancia activa y la cantidad que indica la cajita—, pero iguales, iguales, no lo son, se quedan en el símil, en la apariencia, en ese «algo en común» que las hace eso, simplemente similares.

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De dónde viene… Mascota https://algarabia.com/de-donde-viene-mascota/ https://algarabia.com/de-donde-viene-mascota/#respond Sat, 14 Jan 2023 18:17:10 +0000 https://algarabia.com/?p=89139 ¿Quién, en algún momento de su vida, no ha querido tener una mascota? Aunque perros y gatos son los más solicitados, en gustos se rompen géneros y no falta quien tenga preferencia por pericos, peces, serpientes, tarántulas y toda suerte de bichos.

Es tan usual la palabra mascota, que sorprende saber que apenas se incorporó al Diccionario de la RAE en la edición de 1970, y esto… despierta la promesa de una historia interesante.

En tiempos ancestrales y tierras germánicas encontramos.la palabra masca con el sentido de ‘hechicera, bruja’. La palabra fue adoptada por los romanos y también se usó en latín con el mismo significado.

Ya sea por esaa lengua o directamente del germánico, la voz llegó al francés y dio lugar a la palabra mascot, ‘bruja’, y luego a su diminutivo femenino mascotte, ‘brujita’. Con el tiempo, pasó a nombrar a cualquier persona, animal o cosa a la que se le concedía el atributo de proporcionar buena suerte; al tratarse de una mujer, nació el mito de que su propiedad de amuleto terminaría al perder su virginidad.

Por cierto, la palabra amuleto, recogida por primera vez en Naturalis Historia de Plinio «el Viejo», viene del latín amuletum, se refiere a un objeto pequeño que sirve para proteger a la persona que lo lleva consigo o para atraer la
buena fortuna.

Para 1871, Henri Chivot y Alfred Duru publicaron en Francia La Mascotte, historia en la que una campesina llamada Bettina tenía el atributo de ser amuleto, es decir de buena suerte. La trama se desarrolla con los apuros de los personajes para que la muchacha pudiera mantener su virginidad y así seguir disfrutando de la buena fortuna que les traía.

En el año 1880, Edmond Audran tomó la historia de Chivot y Duru, le puso música y así nació la opereta homónima. La buena música y el buen libreto de la obra la mantuvieron en cartelera por muchos años y su auge se extendió a tierras españolas y otras ciudades del mundo, incluso se hizo una traducción al inglés que se presentó con gran éxito en Nueva York.

La popularidad de esta opereta fue la causa de que la palabra mascot se incorporara a la lengua inglesa y también al castellano como mascota, al principio con el mismo significado francés.

Todavía hoy, según la RAE, la primera acepción de esta voz es: «Persona, animal o cosa que sirve de talismán1, que trae buena suerte».

Fue en la lengua española en la que esta voz sufrió una mutación semántica. Por la antigua creencia de que algunos animales proporcionaban buena fortuna, como los gatos, muy pronto la palabra mascota se asoció con los que servían de compañía en casa.

En la primera mitad del siglo XX, ese mito de que los animales son amuletos se fue diluyendo, y hoy, al comprar una mascota, ya nadie piensa que por eso podrá sacarse la lotería.

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  1. Palabra proveniente del persa tilism, ‘objeto consagrado’.
Arturo Ortega Morán hubiera querido ser arqueólogo, pero no lo fue; y para no quedarse con las ganas, hoy escarba en el pasado de las palabras para conocer sus secretos, con la ventaja de que así no se llena de tierra. Sígalo en Twitter como @harktos.

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¿Cuál es el origen del ‘Merry Christmas’? https://algarabia.com/cual-es-el-origen-del-merry-christmas/ https://algarabia.com/cual-es-el-origen-del-merry-christmas/#respond Wed, 21 Dec 2022 19:29:28 +0000 https://algarabia.com/?p=88900 La salutación «Merry Christmas» se remonta a 1565, cuando apareció en The Hereford Municipal Manuscript:

«And thus I comytt you to God, who send you a merry Christmas…».

Algo así como «Y por eso os encomiendo a Dios, quien os manda una placentera Navidad».

El origen en inglés antiguo del término merry —al parecer data del siglo VII— es la palabra myrige, que significa
«agradable, encantador, placentero».

Aunque también myrige era un sobrenombre que se le daba en la época medieval a una persona de carácter honesto; es a partir de 1843 —que coincide con la publicación de Canción de Navidad, de Charles Dickens— que toma su actual significado: «jovial, feliz».

La alusión más conocida hacia esta «alegría navideña» —o como se le quiera llamar—, se remonta al villancico inglés «God Rest Ye Merry, Gentlemen», de autoría incierta, que se publicó en la colección Sandy’s Christmas Carols Ancient
and Modern
(1833).

Por cierto, se dice que el término nunca fue aceptado por la reina Isabel II, quien en sus felicitaciones navideñas deseaba a sus subordinados no «A merry Christmas», sino «A happy Christmas», tal y como aparece en el poema del neoyorquino Clement C. Moore «A Visit from St. Nicholas» (1822): «Happy Christmas to all and to all a good night».

Origen de «Christmas»

El origen de esta palabra se remonta a una frase en inglés antiguo: «Cristes maesse», la cual se traduce como «la misa de Cristo».

Este nombre, ya en desuso, aludía a la eucaristía que se celebra desde entonces la noche del 24 de diciembre para conmemorar el nacimiento de Jesucristo, también conocida como «La misa de Gallo».

Con el paso del tiempo, «Cristes maesse» tuvo algunas alteraciones y se convirtió en «Christ’s Mass», dos palabras que más tarde se unieron para darle nombre a esta celebración sobre le nacimiento del mesías en la tradición cristiana.

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Ya no carga los peregrinos https://algarabia.com/ya-no-carga-los-peregrinos/ https://algarabia.com/ya-no-carga-los-peregrinos/#respond Tue, 20 Dec 2022 01:36:10 +0000 https://algarabia.com/?p=88871 Algunos también dicen ya no llega a cargar los peregrinos.

Se usa para referirse a una persona muy débil, enferma o envejecida, a manera de predicción de que, en la condición en que está, ya no va a llegar con vida al siguiente año.

Tiene su origen en las posadas tradicionales, donde quien encabeza la procesión de los que piden posada carga las figuras de san José y la Virgen María en su faceta de los Santos Peregrinos.

̋ ¿Ya viste a doña Amalita cómo dio el viejazo? Se me hace que este año ya no carga los peregrinos.

Ejemplo.

Proverbios mexicanos

Esta frase es ejemplo de los mexicanismos: palabras o locuciones, de procedencia española o indígena, característica del español de México. Según el Diccionario breve de mexicanismos de Gómez de Silva se reconocen especialmente porque no comparten con el español de otros países de Hispanoamérica o con el de España; los mexicanismos contrastan.

Estas voces tienen en México un contenido semántico peculiar, acepciones diferentes cuyo pasado es de muchos años atrás por lo que también son considerados arcaísmos, tanto de origen hispánico como de otros idiomas.

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Lo prohibido en la lengua
Ojos extranjeros –el México ajeno–
Bizcocho, bombón y mango
Lengua y dialecto

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¿De dónde viene «ciber»? https://algarabia.com/prefijo-ciber/ https://algarabia.com/prefijo-ciber/#respond Sat, 03 Dec 2022 21:51:39 +0000 https://algarabia.com/?p=32884 Cuenta la mitología griega que Jasón reunió un «equipo de élite» formado por héroes y semidioses, con los que emprendió un viaje hacia el reino de la Cólquida, para tomar el vellocino de oro y aspirar al trono de Yolcos. Viajaron en un veloz navío cuyo timonel o kybernetes era Tifis. Dicho barco se llamaba Argos, de ahí que fueran llamados «los argonautas».

Pasaron los siglos y en 1948 Norbert Wiener publicó su obra Cibernética o el control y comunicación en animales y máquinas. Este matemático, junto con el mexicano Arturo Rosenblueth, llevaba varios años formulando una nueva ciencia acerca del estudio de las interrelaciones entre personas y máquinas.

Se le ocurrió llamarla «cibernética» por la palabra κυβερνάω, kybernetes, relacionando al timonel —persona que gobierna la nave— con aquél que controla a la máquina.

Un alucine

Eso fue sólo el principio. Poco a poco, ciber- se convirtió en un prefijo para todas aquellas palabras que tuvieran que ver con el universo de lo computacional y, por extensión, de lo virtual.

Por ejemplo, en los años 80 se construyó una poderosa computadora llamada Cyber que, al parecer, sugirió al escritor de ciencia ficción William Gibson la creación del término cyberspace —‘ciberespacio’—, en la novela Neuromante (1984). Gibson calificó al ciberespacio como «una alucinación consensuada», mientras que el diccionario de la Real Academia —en el dem aún no existe el término— lo define como un «ámbito artificial creado por medios informáticos».

De ahí en adelante, a cualquier cosa relacionada con las redes informáticas se le puso por delante el ciber-, el término se volvio muy popular en el México a principios del siglo XXI.

Ahí está la cibernética: «Ciencia que, basada en el estudio del funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso como sistema de comunicación y control, crea modelos de éstos y autómatas, cuya principal aplicación se produce en la invención de computadoras y otros aparatos que ejercitan cálculos y movimientos complejos» —de acuerdo con la definición del DEM—; el subgénero de la ciencia ficción titulado cyberpunk; los cibernautas o «navegantes» de ese interminable mar que es Internet; los cibercafés, que se pusieron de moda cuando aún no había Internet en los hogares y que ya están casi extintos —han sido sustituidos por cafeterías con wifi o por computadoras que rentan en papelerías donde nunca se sirve café.

Ya podemos vivir ciberexperiencias tales como crear arte cibernético en nuestras computadoras, hacer ciberamigos en nuestros ciberviajes o, incluso, tener cibersexo —sexo virtual.

No viajaremos en el Argos ni encontraremos el vellocino de oro, pero al menos tenemos un ciberespacio por el cual navegar.

s35-TIP

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México https://algarabia.com/mexico-2/ https://algarabia.com/mexico-2/#respond Mon, 21 Jun 2021 11:00:00 +0000 https://nuevaimagen.algarabia.com/mexico-2/ El topónimo de México procede de México-Tenochtitlan, nombre náhuatl con el que los mexicanos aztecas designaban a su ciudad capital, que se encontraba en el emplazamiento actual de la ciudad de México. Su etimología, sin embargo, es incierta.

El antropólogo Gutierre Tibón, en su libro Historia del nombre y de la fundación de México, analizó decenas de propuestas etimológicas. Una de estas teorías sugiere que México proviene del nombre de Mexitli, un caudillo o sacerdote legendario que guió a los aztecas en su peregrinación desde Aztlán, pero Tibón considera errónea esta hipótesis, pues el héroe sería un mito surgido después de la fundación de la ciudad, y habría tomado el nombre de ésta, y no a la inversa.

Por otro lado, un texto escrito por misioneros franciscanos sitúa el origen de México en Mixithl, una supuesta localidad cercana a Aztlán, de la que habrían adoptado el nombre.

En otras teorías, se le vincula con el dios Mexi, apócope de Mexihtli, que era un nombre alterno del dios Huitzilopochtli, de tal suerte que México sería «el lugar donde habita Huitzilopochtli». Pero una de las teorías más aceptadas, que registra fray Bernardino de Sahagún, sugiere que viene de los vocablos de la lengua náhuatl metztli, ‘luna’, yxictli, ‘ombligo’, además de la partícula locativa –co, lo que significaría «en el ombligo de la luna», supuesto nombre mexica del lago de Texcoco, donde erigieron la Gran Tenochtitlan. Algunos autores afirman que estos significados podrían traducirse simbólicamente como «centro del mundo».

El valle donde se asienta la ciudad capital era conocido en el mundo prehispánico como Anáhuac, ‘junto al agua’, en tanto que la ciudad recibía, como ya dijimos, el nombre de México Tenochtitlan —este último, ‘lugar de Tenoch’, fundador de la ciudad y jefe de los mexicas durante el siglo XVI—, que Sahagún registra como «lugar de la tuna silvestre en medio del lago de la luna», lo que corresponde a la leyenda fundacional del águila posada en una nopalera en el centro de un lago.

Tras la conquista, Hernán Cortés llamó Nueva España al territorio que actualmente ocupa México, y esta denominación se mantuvo durante todo el Virreinato. En la Guerra de Independencia, durante el Congreso de Chilpancingo se propuso retomar el nombre Anáhuac para «bautizar» a la naciente nación, pero el primer nombre oficial, en 1821, fue el de Imperio Mexicano. Tras la caída de Iturbide, el nuevo congreso federalista constituyó el 31 de enero de 1824 oficialmente los Estados Unidos Mexicanos, denominación oficial que persiste al día de hoy.

Sin embargo, el nombre común con que los mexicanos nos referimos a nuestro país es el de México, que era el nombre original de la capital del Imperio azteca, y que hoy reciben la ciudad de México, el valle de México, el Estado de México –aunque éste no estaba incluido en la capital azteca– y el país completo.

Así que cuando alguien le diga que va a o viene de «México» para referirse a la ciudad capital, antes de molestarse, recuerde que es un nombre que, por una antigüedad de más de 500 años, le pertenece por derecho.

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Mameluco https://algarabia.com/mameluco-2/ https://algarabia.com/mameluco-2/#respond Tue, 08 Jun 2021 15:00:00 +0000 https://algarabia.com/?p=60590 Así son los que dejaron aquellos días en los que Patricio dejaba su condición de cuadrúpedo y, sin poder ocultar el vértigo, luchaba para dar sus primeros pasos. Era noviembre y llegaban los primeros fríos, por eso el pequeñín tuvo que resignarse a cambiar la ligereza de su atuendo veraniego por un bromoso pero calientito mameluco.

No le vino nada bien esta prenda a su empeño de conquistar la vertical, pues el coeficiente de fricción entre sus pies y el piso se vio disminuido y los resbalones le complicaron su afán de convertirse en bípedo.

Mientras lo veía caminar enfundado en ese mameluco, mi memoria se dirigía hacia la historia que dio nombre a esa prenda. Fue costumbre de tiempos muy antiguos, en los reinos musulmanes, tomar esclavos para adiestrarlos en las artes de la guerra y convertirlos en una temible fuerza militar.

Por ser mamluk, voz árabe que significa ‘esclavo’, a estos soldados en castellano los llamarían mamelucos.

De ellos escribió en 1457 Pedro Tafur, en su obra Andanças e viajes. En un párrafo se lee:

É yendo por las calles, veía muchas gentes de una parte é de otra, dixiéronme que aquellos son los mamalucos, que acá llamamos elches —cautivos— renegados, una grant muchedumbre de gente. É éstos son los que el soldán —sultán— faze comprar por sus dineros en el mar Mayor é en todas las provincias donde los xrianos —cristianos— se venden; é como los traen de allí, tórnanlos moros é muéstranles la ley é á cavalgar é jugar con el arco.

Con el paso de los años, estos mamelucos se convirtieron en temidos mercenarios que ofrecían sus servicios al mejor postor. así, grupos de ellos participaron con Napoleón en sus aventuras militares. Existe una famosa pintura de Goya llamada «La carga de los mamelucos» (1814), en la que el artista retrata un episodio de la ira popular madrileña.

El pueblo, mal armado, enfrentó a la más poderosa máquina militar del momento: el ejército francés.

En el centro de la composición, un mameluco, soldado egipcio bajo órdenes francesas, cae muerto del caballo mientras un madrileño continúa apuñalándole y otro hiere mortalmente al animal.

Muy característica era la vestimenta de estos mamelucos en el siglo XIX, de turbante y pantalón bombacho, muy cubiertos del cuello a los pies. En cierto momento, fue moda en Europa vestir a los niños con «traje de mameluco». así lo cuenta Benito Pérez Galdós, en un texto de 1873:

También vi aquella misma tarde en el jardín al infante don Francisco de Paula, niño de pocos años, que jugaba de aquí para allí, acompañado de mi amaranta y de otras damas; y por cierto que el infante saltando, brincando, con su traje de mameluco, completamente encarnado, me hacía reír.

La moda infantil amamelucada llegó a América en pleno siglo XIX, cuando el nombre mameluco quedó asociado a una prenda de una pieza que cubre desde el cuello hasta los pies. En México, es en la que se enfunda a los bebés en tiempo de frío.

¡Qué cosas! De ser palabra que despertaba el terror, mameluco es ahora voz tierna que nos recuerda a un bebé protegido contra el frío.

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Catedral https://algarabia.com/catedral-2/ https://algarabia.com/catedral-2/#respond Sat, 05 Jun 2021 15:00:00 +0000 https://algarabia.com/?p=60561 Sustantivo femenino. Una de las creaciones humanas que mejor plasma el deseo de alcanzar la gloria, el vínculo con Dios y la cima del orden espiritual es la catedral, edificación que tiene su antecedente en las primeras basílicas cristianas.

Así como los monasterios comenzaron a edificarse en el periodo románico —aunque hasta el siglo XVII se construyeron grandes catedrales románicas—, las catedrales se erigieron como amas y señoras del estilo gótico.

La palabra catedral proviene del latín cathedra, y éste, del griego καθέδρα, «asiento», y se refiere a la silla del obispo o del arzobispo. En su origen, el término se empleó como adjetivo de la expresión iglesia catedral, para denominar al templo como sede de la diócesis; es decir, del sitio donde el obispo tiene su cátedra —o su asiento— y esta voz, a su vez, derivó en cadera, la parte del cuerpo donde nos sentamos. De ahí que el catedrático sea quien ocupe el lugar principal ante sus alumnos.

En el mundo occidental, la grafía del vocablo catedral cambia poco, pues en francés se escribe cathédrale, en inglés y en portugués es cathedral, en alemán kathedrale y en italiano cattedrale. La primera iglesia que fue distinguida con el nombre de catedral fue la de San Marcos, en Venecia, en el siglo IX.

Foto: Catedral de San Marcos, Venecia. Javitour

La catedral adopta la forma propia de la basílica romana, inspirada en la cruz cristiana: una nave central y dos naves laterales que forman los brazos de la cruz y el ábside, que es donde se aloja el coro. Algunas de las catedrales famosas del estilo románico son Santiago de Compostela y Salamanca, en España; Pisa, en Italia, y Worms, en Alemania. Entre las más renombradas de estilo gótico están Chartres y Reims, en Francia; Milán y Florencia en Italia; York y Durham, en Inglaterra, y Toledo, Burgos, León y Sevilla, en España. En México podemos admirar —entre otras joyas de la arquitectura religiosa— la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, que reúne varios estilos del barroco al neoclásico.

La que quizá es la catedral más célebre tiene su asiento en París donde, en 1163, el obispo Maurice de Sully puso la primera piedra de Notre Dame y echó a andar un sinfín de episodios ficticios y reales. Entre los primeros está la novela de Víctor Hugo, Nuestra Señora de París, en la que el jorobado Quasimodo cumple su destino trágico abrazado no sólo al cuerpo inerte de la gitana Esmeralda, sino también a la imagen de la catedral. Hay un hecho que enlaza esa catedral con la historia de México: el 11 de febrero de 1931, una célebre mujer mexicana —escritora y promotora cultural— ingresó a Notre Dame al mediodía y, de rodillas frente a la imagen de Cristo, sacó una pistola de su bolsa y se disparó en el corazón. María Antonieta Rivas Mercado hizo que en ese templo legendario la tragedia y el arte se fundieran por un instante.

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Dime cómo saludas https://algarabia.com/dime-como-saludas/ https://algarabia.com/dime-como-saludas/#respond Wed, 02 Jun 2021 11:00:00 +0000 https://algarabia.com/?p=60505 El saludo es una forma de cortesía que se conserva incluso en casos extremos, como el de los gladiadores. El deseo tácito que encierra todo saludo en la antigua Roma se centra en el bienestar y la salud –nótese la relación etimológica: salud-saludo.

“¡Ave!” es la forma imperativa del verbo (H) aveo, cuyo significado es “¡consérvate!” o “¡pásala bien!”; “¡salve!” se refiere a la salud y podría traducirse como: ¡”ten salud!” o “¡consérvate sano!”. Cómo fórmula de salud, ambas equivaldrían al ya poco usado: “¡que Dios te conserve!” o, en un sentido más coloquial, a nuestro “!buenos días!”, “¡hola!”, “¡adiós!”. etcétera.

En las calles de la ciudad de Roma también podría oírse decir a los romanos: «Vale!», forma imperativa del verbo valeo, cuyo significado básico es ser vigoroso, estar fuerte y que, como saludo, también resalta el sentido de tener o conservar la salud, lo que puede apreciarse en la frase con la que se cerraban las cartas: «cura ut valeas»: «procura estar bien».

Foto: guioteca.com

En una región muy cercana a Roma hallamos a los griegos exclamando χαιρε /xaire/ ante un encuentro.

Si los romanos invocaban el bienestar en general, los griegos incitaban a su interlocutor a la salud del ánimo con ese «¡alégrate!», que lo mismo les servía de saludo que de despedida; la alegría como una actitud y una bienvenida a la vida.

Herederos de nuestros antecesores grecolatinos, conservamos en el
español de México el deseo de un bienestar continuo que expresamos según
sea la hora de nuestro encuentro: «¡Buenos días/tardes/ noches!», como suponiendo un arcaico «…tenga usted». El saludo se contrae, por economía de la lengua —¡hasta en eso hay que ahorrar!— y nos limitamos a un «Buenas».

En tiempos recientes se ha empezado a utilizar la forma en singular: «Buen día», que resalta la vigencia efímera del saludo. Ambas formas son correctas, pues, si bien el saludo es para cada día, el deseo puede prolongarse por los días que vendrán; de ahí su también adecuado uso en plural.

Pero es indudable que nuestro saludo más popular es la interjección de origen árabe «¡Hola!», de wa-llah, que significa «¡por Dios!» y que denotaba una sorpresa grata o desagradable.

Éste ha centrado su uso como saludo familiar para todo momento y expresa generalmente el agrado que sentimos al ver a alguien.

Después del gusto, la educación: el cortés y retórico «¿cómo estás?», una pregunta que no siempre espera respuesta… y, si ésta llega, se prefiere que sea positiva, ya que lo opuesto nos incomoda o desconcierta. Y una fórmula más de saludo es «¿Qué tal?», frase que sobrentiende el ya innecesario «…te va», porque todos lo entendemos.

Para despedirnos decimos «¡Hasta luego!» o «¡Hasta pronto!», aunque lo más probable es que tardemos semanas, meses o incluso años en volver a vernos.

Y la más común de nuestras despedidas, ese «¡Adiós!» que nos suena a algo eterno, a un «¡Hasta nunca!», que en ocasiones veladamente proferimos contra ciertas indeseables personas, pero cuyo origen nos indica algo distinto. Adiós es la abreviatura de «a Dios te encomiendo…», reminiscencia del antiguo deseo salutatorio de bienestar y conservación. ¡Vaya sorpresa etimológica!

¡Saluda! Saluda cuando llegues, es signo de buena educación.» Así nos
aconsejaban nuestros padres y así lo hacemos ahora con nuestros hijos. En esa sencilla fórmula de cortesía reflejamos no sólo ante quién estamos, sino el grado de confianza que nos une a esa persona, e incluso la hora del día que es.

Cotidiano, fresco como cada día o antigua herencia milenaria, el saludo es el picaporte que abre un encuentro, el broche de una conversación y en él, a veces sin saberlo, estamos expresando un tradicional e inconsciente deseo. Cada lengua encierra en estas fórmulas algo de su historia, del camino que le ha tocado recorrer, de los pueblos con los que ha tenido contacto, de cómo son y cómo piensan sus hablantes. Por eso: «dime cómo saludas y te diré quién y cómo eres».



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