Ian Q. Carrington – Algarabía https://algarabia.com Algarabía Thu, 27 Feb 2025 23:17:13 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.7.2 https://algarabia.com/wp-content/uploads/2021/06/favicon.png Ian Q. Carrington – Algarabía https://algarabia.com 32 32 El itacate del viajero https://algarabia.com/el-itacate-del-viajero/ https://algarabia.com/el-itacate-del-viajero/#respond Mon, 22 Jul 2013 18:41:09 +0000 https://algarabia.com/?p=23453

Quien quiera viajar feliz, debe viajar ligero.

Antoine de Saint-Exupéry
Viajar es uno de los placeres más extraños y también uno de los más recientes en la historia de la humanidad, pues en la Antigüedad la gente no acostumbraba desplazarse de su lugar de origen, a menos que fuera estrictamente necesario.
Uno de los primeros viajeros en documentar costumbres de otras regiones fue Heródoto (484-425 a.C.), quien en sus nueve libros de viajes —luego recopilados con el nombre de Historias— dio fe de los acontecimientos que ocurrieron desde la aparición de Ciro el Grande hasta la fundación del Imperio Ateniense.
Aunque las Historias de Heródoto sentaron las bases de la historiografía, lo más notable de sus crónicas son las descripciones de los diversos pueblos que conoció en su viaje por el Mundo Antiguo, de sus costumbres, tradiciones y, por supuesto, formas de alimentación. Las crónicas de Heródoto nos permitieron descubrir que, si algo podía definir a un pueblo —por encima de su lenguaje u organización social— era su vínculo con la comida: de qué forma consumían o almacenaban los alimentos y cuáles estaban en mayor estima que otros.
Los mexicanos tenemos la costumbre, casi inherente, de «llevar regalos» o «encargos» a familiares y amigos, ya sea que viajemos a otro estado o al extranjero. Y todo va muy bien en nuestro regreso a casa, hasta que llegamos a un puesto de control sanitario y varios de los «regalitos» que habíamos envuelto muy bien dentro de las maletas —dulces típicos, bebidas tradicionales, artesanías orgánicas, los tamales que tanto le gustan a la abuela, y demás productos no industrializados— no pueden pasar la aduana, y deben ser desechados en ese mismo instante.
Por supuesto, nuestra reacción es de enojo e indignación, emitimos varias maldiciones y palabras soeces, y terminamos por traer a la memoria a la progenitora del inspector sanitario mientras desechamos nuestros amorosos «regalos» en contenedores herméticos.
El itacate del viajero, como reza su nombre, es un libro que pretende dar las recomendaciones básicas de por qué no se deben transportar alimentos —frutas, verduras, productos cárnicos y sus derivados— que no estén apropiadamente certificados para su traslado —dentro o fuera del país—, pues estos alimentos pueden ser portadores de bacterias y virus que, de darse las condiciones, podrían ocasionar plagas que no sólo afectarían a la población de México —u otros países— sino también la producción de infinidad de productos agropecuarios.
Bastaría con exponer un catálogo de productos «prohibidos» y ya; pero es preferible contextualizar cuáles serían las consecuencias de que cualquier producto pudiera pasar sin control por nuestro territorio, que podrían ir desde brotes epidemiológicos graves hasta la pérdida de los productos agropecuarios que generan los principales alimentos en el país —ocasionando a su vez graves consecuencias económicas.
También presentamos un breve recorrido por la historia de la agricultura y de la domesticación de animales de granja —así como de algunas plagas y epidemias que surgieron a la par—, porque detrás de la historia de los alimentos, está el origen de las civilizaciones: los métodos de producción generaron los asentamientos humanos y éstos a la cultura en general.
De ahí la importancia de tener consciencia al viajar hacia cualquier parte del mundo: nuestros actos tienen consecuencias en la salud y en el ambiente.
Este libro también le dará una idea de cómo, en México, se realizan algunos de los programas de control biológico más eficaces del mundo y de cómo, con unas cuantas precauciones —y hábitos constantes de higiene—, podemos colaborar para que nuestro país continúe siendo uno de los que más han erradicado plagas y enfermedades.
Por último, El itacate del viajero también intenta ser un «compañero de viaje», por ello incluye datos extraordinarios, frases célebres, pasajes históricos y demás curiosidades: para que su viaje no deje de ser placentero; porque viajar, a final de cuentas, no es llegar de un sitio a otro, sino un estado de ánimo en el que uno está dispuesto a redescubrir su capacidad de asombro.
A continuación, he aquí algunos vistazos de este libro:
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bichos rudos vs. bichos técnicos? —el control biológico de las especies— https://algarabia.com/bichos-rudos-vs-bichos-tecnicos-el-control-biologico-de-las-especies/ https://algarabia.com/bichos-rudos-vs-bichos-tecnicos-el-control-biologico-de-las-especies/#respond Fri, 30 Mar 2012 19:52:51 +0000 https://algarabia.com/?p=9867 La ciencia no se limita producir nuevas tecnologías, también ayuda a ver con otros ojos cuanto nos rodea y a encontrar soluciones en la misma naturaleza.
Las plagas —insectos, agentes patógenos e incluso especies de plantas parasitarias— son responsables —según la zona y la época del año— del 37 al 50% de las pérdidas agrícolas del mundo.
El estudio y la observación de estas plagas, ha llevado a los científicos a combatirlas con sus «enemigos naturales», es decir, con otras especies que se alimentan de ellas. México, desde los años 50, ha sido uno de los primeros países en recurrir al control biológico para controlar plagas.
Por ejemplo, desde 2009 llegó a nuestro país una enfermedad que afecta a los cítricos —limones, naranjas, mandarinas, limas, entre otros—, llamada Huanglongbing —HLB— y que es producida por la bacteria Candidatus Liberibacter spp. Cuando los árboles de cítricos adquieren esta enfermedad, uno de los primeros «síntomas» es que empiezan a producir frutos más grandes y jugosos, pero más tarde tienen una maduración irregular. Esta bacteria mata al árbol en un lapso de 3 a 8 años y, una vez detectada la enfermedad, se debía talarlo y quemarlo para evitar la propagación de la plaga.
Los árboles de cítricos adquieren la HLB por medio de un insecto —Diaphorina citri— y ahora, gracias a la observación científica, éste se puede combatir con una avispa —Tamarixia radiata—: una sola hembra de avispa puede matar a más de 500 insectos portadores de la plaga. Sólo en Colima, durante 2011 se produjeron más de 1.2 millones de avispas para controlar esta plaga y en Yucatán 3.2 millones.
Otro caso es el de las langostas: ese insecto voraz que tiene parecido con un chapulín y que, cuando se vuelve una plaga, arrasa miles de hectáreas de pastizales y de cultivos que afectan no sólo a los productores agrícolas, sino también a la alimentación del ganado y de las personas. Para combatir a las langostas, en el sureste mexicano se ha recurrido al hongo entomopatógeno Metarhizium anisopliae acridum, que impide el desarrollo de la langosta y no afecta el crecimiento de las plantas.
Por último, si usted un día encuentra a una catarina —un coleóptero de la superfamilia de Cucujoidea que algunos llaman «mariquita»— no la mate: busque dejarla en una maceta o en un parque; porque gracias a esa catarina sus alimentos están libres de pulgones, piojos de la harina, ácaros y cochinillas.

A closeup shot of a ladybug standing on a leaf

El Dr. Ian Q. Carrington invita a los lectores involucrados en la investigación científica, a difundir sus descubrimientos por medio de esta publicación: cartas@algarabia.com

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