Esto no es una galería… – Algarabía
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Esto no es una galería…

Magritte pensaba que la pintura tenía que servir para algo más que para sí misma, tenía que hacer pensar, provocar y liberar 
el pensamiento del observador para que adquiriera una visión nueva y aprehendiera el misterio de la realidad cotidiana; para 
lo cual, Magritte se adentró en el complejo mundo del lenguaje.

A pesar de ser reconocido y afamado él siempre evitó que le llamaran artista pero siempre plasmó su insaciable deseo de trastornar la normalidad, desordenar los escenarios comunes y todo tipo de convención a través de sus pinturas.

Sus pinturas siempre jugaban con la relación de lo representado y lo real. Es decir, no eran los objetos los que pintaba sino sólo representaciones de esos objetos.

Así, Magritte lleva a cabo lo que Michel Draguet —experto en el tema— denomina «un desvío poético de lo evidente», que empezó por el simple análisis de la relación entre las palabras y las cosas, y culminó en la negación de toda posible equivalencia.

Si protestó contra cualquier interpretación psicológica o simbólica de sus cuadros, fue porque el pintor buscó precisamente despojar a las cosas de toda referencia significativa o sentido sobreentendido a través de una imagen que «resista cualquier explicación y que al mismo tiempo resista la diferencia».

Magritte tomó entonces un rumbo propio: cuadros- jeroglíficos de imágenes nítidas y coloridas en los que nada es casual, sino que se sustentan en una rigurosa lógica que lo separó del grupo surrealista de Breton. Dicha lógica se esconde tras sus «problemas de objetos», es decir, sus cuadros, en los que palabras, cosas y ámbitos colisionan, se niegan, se contradicen, pero que a la vez —en lo oculto— guardan afinidades profundas que, cuando se descubren, suscitan asombro y una visión renovada, un pensamiento contemplativo de su misterio.

Las etapas de la percepción

Antes de presentarles algunas de sus obras, consideren estas tres etapas que Nicole Everaert-Desmedt propone para que, como espectadores, se enfrenten a analizar las pinturas de este mago surrealista:

1. El reconocimiento. Hay cuatro factores en su pintura que facilitan que el espectador se adentre en el cuadro: a) el artista representa objetos comunes, familiares; b) los objetos son prototípicos, es decir, se muestran en su representación clásica; c) Magritte aísla los objetos de manera que sean fáciles de enumerar y describir; d) su estilo de representación es realista, objetivo; corresponde a nuestra forma de ver.

2. La sorpresa. Una vez que el espectador distingue 
los objetos que ve en la pintura, pierde de vista lo que creía conocer y reconocer tan fácilmente, pues las cosas se encuentran en un contexto que no les corresponde; lo familiar choca con un ámbito insólito, ajeno, que lo despoja de su identidad.

3. La liberación del pensamiento. Se da precisamente cuando el espectador se libera de su manera habitual de pensar para adoptar una percepción del misterio de las cosas o de semejanza con ellas. Ésta tiene un significado particular en Magritte: «El pensamiento “se asemeja” cuando se hace lo que el mundo le ofrece y restituye lo ofrecido al misterio sin el cual no habría ninguna posibilidad de mundo, ni ninguna posibilidad de pensamiento».

El proceso interpretativo de la obra de Magritte no sólo se limita a estas tres etapas, el título y la imagen encuentran con frecuencia un eco entre sí y se enriquecen.

Ahora sí, sigan todas las pistas y generen todos lo pensamientos posibles para entender algunos de sus cuadros más reconocidos:

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La traición de las imágenes (1929), el juego de la imagen con las palabras. Ésta es la obra que mejor revela el estilo del pintor con el dibujo nítido y realista de una pipa, de la cual quería demostrar no era ese objeto en sí, sino una representación de ésta.

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Golconda (1953). Una lluvia de hombres. Aquí se ve a un hombre del bombín y abrigo en diferentes posiciones como si fueran gotas de agua. Pero… ¿cómo saber si están cayendo o elevándose? Todo es cuestión de interpretación y perspectiva.

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Empire of Light, 1950. ¿Te diste cuenta? El cielo representa un día claro y soleado, sin embargo todo esta oscuro y el lugar es alumbrado por un faro. Representa la paradoja del día y la noche, la luz y la oscuridad.

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The Lovers II, 1928. Arte que es inspirador, polémico y provocador, los velos que envuelven los rostros de estos personaje capta la atención. Sin embargo, la pintura es totalmente subjetiva. ¿Por qué están ocultos?

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