Rentas que dan frío
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Rentas que dan frío

Las rentas congeladas son una orgullosa criatura mexicana pero, ¿por qué surgieron?

En México la realidad es accidentada y peculiar. Como muchas otras cosas que siguieron un camino distinto al que originalmente tuvieron —como el cobro en las casetas—, las rentas congeladas son una orgullosa criatura mexicana. Ésta creció por algunos vericuetos que finalmente la perfilaron como el resabio de tiempos complejos, hasta llegar a nuestros días como una medida incomprensible e inaplicable.

El 24 de julio de 1942 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto que inauguraba las rentas congeladas. Así, las rentas de los inmuebles habitacionales, comerciales e industriales no se modificarían a lo largo del tiempo. Esta medida, junto con la suspensión de garantías individuales —decretada el 1 de junio de 1942— y otras estrategias de defensa del territorio nacional, formaron parte del conjunto de medidas que tomó el entonces presidente de México, el general Manuel Ávila Camacho, luego de la declaración de guerra contra los países del Eje; Alemania, Italia y Japón.

Algunos autores afirman que la vivienda era costosa en la época postcardenista, pues de ese modo los arrendadores se protegieron ante la devaluación y la inflación que había dejado el presidente Lázaro Cárdenas. Como no faltaron los abusos por parte de ésos, en el contexto del estado de guerra Ávila Camacho se apresuró a emitir el decreto de la renta congelada. Digamos que no quería que ninguna circunstancia interna lo distrajera del trompo que se había echado a la uña con los fascistas del otro lado del Atlántico.

El decreto de marras dice así: «no podrán ser aumentadas las rentas por ocupación de inmuebles mientras rija la suspensión de garantías individuales». La justificación de la medida era aliviar el bolsillo de los obreros, pues el continuo aumento en los precios de los artículos de primera necesidad afectaba seriamente sus ingresos. La medida, en un primer momento, fue oportuna. Sin embargo, al terminar el conflicto armado, el decreto no se abolió como se esperaba, sino que se prorrogó. Entonces la renta congelada fue vista como una victoria del movimiento obrero, y durante 50 años nadie se atrevió a moverle una coma al decreto que la permitía.

Pero 50 años después, las cosas ya no son lo que eran.

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