Juana de Arco: condenada y santificada
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Juana de Arco: condenada y santificada

La mujer que marcó la historia en la guerra de los Cien Años

Conocida como la Doncella de Orleans y considerada heroína de Francia, Juana de Arco fue una joven marcada por la guerra de los Cien Años, que enfrentaban el país galo e Inglaterra por el trono francés. Antes de conocer la batalla que la llevó a ser sentenciada a muerte, conozcamos más sobre quién fue.

Juana nació en enero de 1412 en Domrémy, un pequeño pueblo en la región de Lorena, en el noreste de Francia. Allí pasó la mayoría de su corta vida como una campesina normal, sin embargo, desde los 13 años comenzó a escuchar voces divinas de los arcángeles: San Miguel, Santa Catalina, Santa Margarita y Dios, quienes cambiaron el destino de la doncella.

Estos personajes la guiaron a llevar una misión de suma importancia: participar en la guerra de los Cien Años, para expulsar a los ingleses de Francia y favorecer la coronación del heredero al trono, Carlos VII. Esta labor provocó que saliera de su casa, dejará a su familia, las costumbres y rompiera con las reglas de la iglesia católica.

Lenoir, Charles Amablem, Joan of Arc, Wikimedia Commons

Marcada por la Guerra de los Cien Años

La guerra de los Cien Años se desató en 1337, los principales conflictos fueron las diversas enemistades que existían entre las coronas de Francia e Inglaterra, además siempre estuvo presente el constante interés de los reyes ingleses por pretender la corona francesa. Lo anterior, fueron algunas de las bases principales para que la guerra no cesara y se alargara durante poco más de cien años.

La cuarta y última etapa del conflicto se dio entre 1422 y 1453. Su principal protagonista fue Juana de Arco, quien con pelo corto y vestida de hombre, se dirigió hacia Vaucouleurs, sitio donde se encontraban las tropas de Carlos VII, para aliarse al ejército y así cumplir con la misión que le habían otorgado, sin embargo, fue rechazada.

Ingres, Coronation CharlesVII, Wikimedia Commons

En 1429, los ingleses tomaron la delantera y el conflicto llegó hasta Orleans. Así que, Juana aprovechó la situación y no desistió de su cometido, por lo que acudió hasta el sitio de las tropas y le pidió a Carlos que la dejara comandar parte de su ejército, ya que era un trabajo que le había sido encomendado.

Ante la situación desfavorable que enfrentaba el ejército francés, Carlos le dio la oportunidad a la doncella de dirigir sus tropas de más de cinco mil hombres y en pocos días pudieron aventajar la guerra, gracias a la victoria comandada por Juana de Arco. El triunfo histórico llevo a Carlos VII a ser cornado de manera simbólica como rey de Francia en Reims.

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Sentenciada por Herejía

A pesar de las victorias, Juana fue capturada en su última batalla, el 24 de mayo de 1430, por el duque de Borgoña. Expertos, aseguran que su captura fue para desprestigiar el legado del rey Carlos VII. Meses después fue vendida al ejercito inglés, quienes la trasladaron al noreste de Francia en Ruán y fue ahí donde el tribunal eclesiástico la juzgó de practicar herejía.

La acusación se basó en las confesiones que hizo Juana, ya que aseguró que las voces que oía eran de origen divino y por esta razón tenía que cumplir con la voluntad de Dios, al escuchar su declaración la corte afirmó que esas voces venían del diablo y por esta razón la condenaron a muerte en la hoguera.

Vigiles du roi Charles VII, Wikimedia Commons

El proceso tardó tres meses y durante ese tiempo el rey de Francia nunca se proclamó y guardó silencio ante la situación. Asimismo, el tribunal se aseguró de que la heroína no tuviera a ninguna defensa. Juana permaneció encerrada en una jaula, atada con cadenas y nunca se retractó o pidió perdón ante los múltiples delitos por las que se le acusaba. Así que, el tribunal de inmediato la declaró culpable.

Por la mañana del 30 de mayo de 1431 y a la edad de 19 años Juana de Arco fue atada y quemada viva en la plaza del Mercado Viejo de Ruán. Sus cenizas fueron arrojadas al río Sena.

Canonizada 500 años después

La historia de Juana de Arco no se quedó en el olvido, como lo hubiera querido el rey Carlos VII, sino que, con el pasar de los años se convirtió en un símbolo de Francia que reitera la unidad nacional, así lo afirmó Napoleón Bonaparte.

Por otro lado, en 1456 el tribunal inquisitorial examinó su juicio, desmintió los cargos en su contra y la declaró inocente. Además, su heroísmo llegó hasta el vaticano y en 1909 fue beatificada. Años después el papa Benedicto XV retomó su caso y la canonizó.

Albert Lynch, Jeanne d’Arc, Wikimedia Commons

El legado que dejó fue de suma importancia, ya que su comandancia aportó a que Francia se coronara victoriosa. Hasta la fecha el escepticismo por su historia sigue presente y ha logrado que diversos historiadores investiguen su vida a fondo.

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