El humor negro en la literatura
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El humor negro en la literatura

El humor negro que surge con frecuencia sin concenso ni reconocimiento…

A pesar de que el «humor negro» es un concepto que en nuestros días surge con frecuencia, tanto en conversaciones casuales como en la crítica literaria, no existe un consenso general de, exactamente, qué es. Esto difícilmente sorprende, ya que tampoco tenemos una definición clara de qué es el humor, aunque la mayoría de la gente se muestra convencida de que sabrá reconocerlo de inmediato.

Desde los días de Platón —y sin duda,
mucho antes— existen teorías de la risa
y lo cómico; primero, de poetas y filósofos, luego, a principios de este siglo, de sociólogos
y psicólogos, neurosicólogos y semiólogos. Diversos escritores usan ese término para referirse al humor que varía entre lo grotesco, macabro, enfermo, pornográfico, escatológico, «cósmico», irónico, satírico, absurdo o cualquier combinación entre éstos. Hay quien restringe
su aplicación a una década y un país en particular; algunos lo usan de manera tipológica, como una característica inherente
a la naturaleza humana; hay quien clama que
en su forma más elevada ni siquiera puede considerársele humor; otros sugieren que,
en el fondo, todo humor es negro.

Qué dicen los diccionarios

La edición de 1975 de la New Columbia Encyclopedia lo define como el «humor grotesco o mórbido usado para expresar lo absurdo, insensible, paradójico y cruel del mundo moderno», y ofrece al lector el ejemplo de los trabajos de Kurt Vonnegut, Thomas Pynchon, John Barth, Joseph Heller y Philip Roth, todos producidos en los años 60, todos estadounidenses, como si el fenómeno fuera exclusivamente local y limitado a dicha era.

Sin embargo, el concepto francés del humour noir
tiene una historia que precede a su equivalente anglosajón; lo encontramos definido en el Grand Larousse de la langue française como una forma de humor que, «usando
la crueldad, la amargura y en ciertas ocasiones, la desesperación, subraya lo absurdo del mundo».
En la edición de 1972 del New Standard French and English Dictionary de Harrap se le da el significado primario
de «humor enfermo», y únicamente de manera secundaria, el de «humor sardónico, amargo».

La edición de 1969 del Sachwörterbuch der Literatur explica el humor schwarzer como un nuevo nombre para una forma tradicional de la humorloser scherz, es decir, una broma sin humor, caracterizada por su «absurdo horror, terrible comicidad, macabra ridiculez, grotesca oscuridad y craso cinismo, alcanzando un efecto cómico —pero no humorístico— a través de la exageración».

Humor negro. Disposición de una persona para encontrar diversión en cosas o situaciones desafortunadas o que suponen cierta crueldad; cosa o situación que produce risa, o busca producirla, por la Forma en que en ella se presenta la mala fortuna o la crueldad
Diccionario del Español de México.

¿Humor postexistencialista?

En los EE. UU., el concepto literario atrajo la atención como resultado de la publicación en 1965 de un libro titulado simplemente Black Humor. El volumen contenía una colección de trece piezas escritas por autores tan distintos como J.P. Donleavy, Edward Albee, Joseph Heller, Thomas Pynchon, John Barth, Vladimir Nabokov, Bruce Jay Friedman —quien también era el editor— y, curiosamente, Céline.

Friedman se mostró reacio para definir su concepto de humor negro, pero sugiere que aquello que une los textos de la colección es una sensación de inseguridad, de «la línea que se desvanece entre la fantasía y la realidad», un «aislamiento y soledad de un nuevo tipo, extraño y frenético», añadido al elemento de sátira social en un mundo que se ha vuelto loco.

Sin embargo, el estudio más completo del humor negro moderno, Black Humor Fiction of the Sixties (1973), de Max F. Schulz, insiste en que, usado como término literario, debe restringirse a un cuerpo particular de textos producidos en Norteamérica.

«(…) ocurrió en otro Viernes Santo, en Guanajuato,
hace más de un siglo, durante otro sermón de las Siete Palabras, precisamente: la cúpula de la Compañía se vino abajo y aplastó al predicador y a trescientos feligreses.
¡Qué bonito! -decía la anciana que me contó ese suceso-. ¡Morir aplastado en la casa de Dios! ¡Se va uno al Cielo con todo y zapatos!»,
Jorge Ibargüengoitia, Sálvese quien pueda

Según Schulz, el «humorista negro» es un postexistencialista para quien la condición universal del absurdo ya no
necesita ser demostrada. Todas las versiones de la realidad son simples construcciones mentales; ningún principio
es necesariamente más verdadero que otro, moral o intelectualmente y nada tiene un valor intrínseco.

La vida es un laberinto múltiple, carente de sentido e interminable; el humorista negro reacciona variadamente: con inmensas estrategias enciclopédicas como son las novelas Sot-weed factor y Giles Goat-boy de John Barth; con el programado escepticismo de Kurt Vonnegut; con
la parodia de todo sistema que hace Thomas Pynchon;
o como Jorge Luis Borges, admitido en la lista
de Friedman junto con Nabokov y Céline,
miembros honorarios del club.

Sin embargo, es claro que
otros autores se debieran
añadir a esta lista: Gabriel
García Márquez y Julio Cortázar en
español; Günter Grass y Thomas Bernhard en alemán; Italo Calvino en italiano, Raymond Queneau en francés y, quizá por encima de todos, Beckett.

A todos los une el mismo desapego, ironía, el tono burlesco y apocalíptico, el menosprecio paródico de todo sistema; los personajes unidimensionales, escenarios desoladores, estructuras disyuntivas y el deleite autoconsciente en lo artístico.

Por encima de todo, comparten una característica central: el rechazo a tratar trágicamente aquello que cualquiera consideraría trágico; y no por el recurso barato del shock o de la evocación de la risa irreverente, sino porque, para ellos, la aproximación cómica es el único y último camino artísticamente aceptable.

Para el antologador alemán Gerd Henninger, la misantropía, el desprecio y el odio, unidos perversamente a lo cómico, son la verdadera medida del humor negro en su manifestación más alta. Henninger afirma que, en su orden más alto, el humor negro borra por completo la risa, o más bien la transmuta en desesperación. Se basa, así, en el modelo de humor que Freud había desarrollado en 1905 en Der Witz und seine Beziehung zum Unbewussten,1 donde sugiere que todo humor es un mecanismo de defensa contra las deficiencias de la vida, una autoprotección que reordena los sentimientos de culpa, ansiedad, miedo o terror del «superyó» en forma de placer. De esta forma, el humor tiene una función equivalente a la de los sueños o del arte.

BIBLIOGRAFÍA ESENCIAL

«¿Es el asesinato un crimen, o no?
Si no lo es, ¿por qué crear leyes que
lo castiguen? Y si lo es, ¿por qué
bárbara y estúpida inconsecuencia lo
castigáis con un crimen semejante?»,
Márques de Sade, La filosofía en el tocador

Los componentes del humor negro

En el anterior ensayo, Patrick O’Neill se refiere al humor negro como «humor entrópico», que descompone en cinco vertientes: lo satírico, lo irónico, lo grotesco, lo absurdo y lo paródico.

La sátira es, en principio, una expresión de la burla que refleja el amplio espectro del humor en sí misma; tolerante y anclada en su propio sistema de valores, deja de enfatizar lo didáctico para enfocarse en lo disciplinario hasta alcanzar la «sátira negra» o entrópica, donde el caos triunfa sobre el orden.

La ironía es el catalizador constante del humor negro, frecuentemente funciona como un puente entre lo cómico
y lo trágico. Al igual que el humor, es un recurso literario, un género literario y una filosofía existencial, una manera de ver la vida. Bergson2 ha sugerido que, mientras el humor enfatiza lo real, la ironía enfatiza «el ideal», mientras que la sátira intenta reunirlos.

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