Mary Anning (1799-1847)
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Mary Anning (1799-1847)

La historia de una mujer que no fue reconocida en vida y a la que se le considera la primera paleontóloga del mundo.

Considerada la primera paleontóloga de la historia, nunca fue reconocida en vida. Hoy, se argumenta que Charles Darwin se basó en sus descubrimientos para plantear la teoría de la evolución.

Descubriendo la costa jurásica

Mary Anning nació en Lyme Regis, una pequeña comunidad inglesa en la costa del canal de la Mancha. Su vida fue peculiar desde el nacimiento. Llevaba el nombre de una hermana que nunca conoció, muerta en un incendio. Con poco más de un año de vida, un rayo cayó en el olmo bajo el que una mujer la cuidaba, y aunque terminó con la vida de las personas cercanas, Mary sobrevivió, convirtiéndose en un milagro local.

Su padre, Richard Anning, era un carpintero pobre que se había establecido con su esposa, Mary Moore, en la ahora llamada «costa jurásica». Al ser protestantes separados de la Iglesia de Inglaterra, eran discriminados legal y socialmente, por lo que el hombre ganaba dinero extra buscando fósiles en la playa, limpiándolos y vendiéndolos a turistas. Mary solía acompañarlo; sin saberlo, ambos desenterraban lo que muchos científicos debatían: pruebas de la extinción de las especies.

Durante una expedición, el padre cayó de un acantilado y murió poco después. Mary continúo excavando para sostener a su familia y cuando tenía 12 años desenterró junto con su hermano el esqueleto de un ictiosaurio —el primero en ser encontrado completo.

Aunque se convirtió en una personalidad entre los geólogos, muchos hombres se acreditaron sus descubrimientos y teorías. A los 22 años desenterró otro esqueleto, esta vez de un plesiosaurio. Ante la incredulidad de la academia, fue tachada de falsificadora. Eventualmente se aceptó la veracidad del fósil, aunque no se reconoció el mérito de su descubridora.

Fue relegada del círculo científico, su nombre nunca se mencionaba en las publicaciones que anotaban sus descubrimientos. Pasaba el tiempo recorriendo las costas de Lyme Regis, vendiendo sus hallazgos a coleccionistas y científicos; incluso descubrió que los bezoares —antídotos míticos contra cualquier veneno— no eran más que heces fosilizadas.

Lee el artículo completo en Algarabía 169.

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