El demonio de Tasmania
Algarabía 169

El demonio de Tasmania

Contrario a lo que se piensa, los demonios no son tan buenos depredadores, pero sí muy oportunistas. Su habilidad para detectar la carroña

Este  marsupial  de  origen  australiano  ha  sido estigmatizado  como  uno  de  los  carnívoros  más sanguinarios  del  planeta,  pero  también  ha  sido estrella  del  basquetbol,  junto  al  mismísimo Michael  Jordan  en  la  película Space  Jam  (1996). La suya es una historia rica en invenciones humanas, pero también en pruebas de su tenacidad por sobrevivir.

Cachorros de Belcebú

Los holandeses hicieron las primeras exploraciones en lo que hoy se conoce como Australia. En 1642 el navegante y explorador Abel Tasman, que trabajaba en la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, recibió instrucciones para explorar el océano Índico de Oeste a Este con el objetivo de encontrar una ruta marítima que llevara hacia Chile y, de paso, a las Islas Salomón y Nueva Guinea.

Durante esa excursión, Tasman descubrió una tierra que bautizó como Van Diemen’s Land, en honor al gobernador colonial que presidía las exploraciones; tiempo después, ese nombre cambiaría al de la actual Tasmania. No obstante, realmente fueron los colonizadores ingleses quienes en 1803 asentaron las primeras poblaciones europeas en la isla; la mayoría de ellos eran presidiarios agrupados en colonias penales.

Estos primeros pobladores oían por la noche los sonidos que emitían los demonios de Tasmania. Resulta que, a pesar de ser solitarios, les gusta comer en grupos de entre tres a cinco animalitos. Al alimentarse, los demonios producen muchísimo alboroto: hacen veinte gestos distintos, entre los que se encuentra una especie de bostezo muy amenazante, y emiten once vocalizaciones distintas para comunicarse, de forma tal que sus sonidos se pueden oír a varios kilómetros de distancia.

Los humanos no los podían ver durante el día, pero los sonidos que les llegaban cada noche les parecieron tan infernales que los bautizaron como «cachorros de Belcebú». Luego recibieron otras denominaciones: Sarcophilus satanicus —‘carnívoro satánico’— y Diabolus ursinus —‘oso diabólico’—, éstas ya relacionadas con observaciones sobre su conducta, antes de que se aceptara la actual: Sarcophilus harrisii, que se le puso en honor de George Harris, el primer naturalista que los observó, describió e ilustró.

De «plaga» a limpiadores del bosque

Además de una característica franja blanca en el pecho —que lo ayuda a localizar a otros de su misma especie en la oscuridad—, el demonio de Tasmania tiene la distinción de ser el carnívoro marsupial viviente más grande del mundo, ya que alcanza los 80 centímetros de largo y un peso de hasta 12 kilogramos.

Sus dientes son afilados y sus mandíbulas musculosas, capaces de abrirse hasta en un ángulo de 75 grados. Su mordida es una de las más potentes: si se toma como parámetro su masa corporal es, incluso, más poderosa que la de un tigre. Es estrictamente carnívoro: en su menú figuran presas pequeñas como renacuajos, serpientes, pájaros e insectos y, por su relativa suavidad y alto contenido graso, los wómbats —otra familia de marsupiales.

Contrario a lo que se piensa, los demonios no son tan buenos depredadores, pero sí muy oportunistas. Su habilidad para detectar la carroña es tan precisa que incluso han llegado a desenterrar caballos que se encontraban sepultados a varios metros de profundidad.

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