La siniestra verdad
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La siniestra verdad

Cualquier zurdo sabrá el dolor que cuesta cortar una simple hoja de papel con las tijeras.

Entre tantísimos átomos de carbono que conforman a todas las cosas orgánicas —y otras tantas inorgánicas— de este planeta, en el que casi todo es tierra común y corriente —tal como los diestros—, de vez en cuando se forman diamantes únicos y perfectos —como los zurdos—. Uno pensaría que, al ser «diamantes», todos quisieran ser o «tener» un zurdo, pero la historia ha demostrado lo contrario.

¿De qué lado empezamos?

Conocidos también como siniestros, los zurdos somos aquellos que tenemos una lateralidad tendenciosa a la izquierda, es decir: que nos es natural realizar cualquier movimiento por ese lado. Recordemos que nuestro cerebro está divido en dos hemisferios comunicados por un amasijo de nervios llamado cuerpo calloso. Mientras que el hemisferio izquierdo se especializa en funciones analíticas como, por ejemplo, las matemáticas, el hemisferio derecho realiza funciones que requieren de patrones más complejos, tales como identificar caras familiares o reconocer melodías. Sin embargo, la mayor parte de las actividades mentales complejas se ejecutan mediante el funcionamiento conjunto de ambos hemisferios.

Ahora bien, hay de zurdos a zurdos. Un zurdo total u homogéneo saluda con la mano izquierda, cierra el ojo derecho para ver mejor, patea «del nabo» con la pierna derecha. Un zurdo parcial puede realizar cualquiera de estas acciones con la mano o pierna derechas —sin llegar a ser ambidiestro—; se trata de una lateralidad cruzada.

¿Por qué somos así?

Es una incógnita. Algunas «teorías diestras» [sic] son:
˞˞ El bebé sufrió lesiones en el hemisferio izquierdo durante el embarazo o en los primeros meses de vida.
˞˞ Los ultrasonidos afectan la lateralidad del feto.
˞˞ Una lesión severa «incapacitó su lateralidad derecha». Así como «evidencias» más creíbles:
˞˞ Simple herencia genética.
˞˞ Un alto nivel de testosterona durante el embarazo.
˞˞ La teoría de la evolución de la asimetría —parecida al fenotipo, caracteres adquiridos por el medio ambiente.

Zurdo, casos de la vida real

Si a alguien podemos culpar de que se discrimine a los zurdos es al primer «simio» diestro que se limpió la cola con la mano izquierda y comenzó a comer sólo con la derecha: al relacionar la izquierda con la caca, las actividades «limpias» correspondían a la derecha: llevarse la comida a la boca, saludar, el uso de las herramientas o, incluso, el mismísimo sistema de escritura occidental.

Cualquier zurdo sabrá el dolor que cuesta cortar una simple hoja de papel con las tijeras: niégueme que no quedaban espantosas las figuras geométricas que nos hicieron recortar en el kínder. Por supuesto, la excusa es que desde hace años existen las tijeras para zurdos, los cuchillos simétricos o, en las escuelas, las benditas bancas con la tabla del lado izquierdo ; pero todos estos revolucionarios inventos, para la mayoría, llegaron muy tarde.

Acompáñeme a ver esta triste historia

Zurdos reprimidos del mundo: compartan sus historias de tortura para escribir forzadamente con la mano derecha. ¿No les amarraban el brazo izquierdo, incluso durante la noche, para que no pudieran ni rascarse dormidos? El resultado fue tener la letra más fea que pueda imaginarse —sin llegar al «nivel médico»—. Añadamos a esto que el modo de escritura occidental es de izquierda a derecha, totalmente apta para un diestro. Un zurdo, además de escribir feo, termina con la mano negra —específicamente en la parte lateral exterior desde el meñique a la almohadilla de la palma y en casos extremos, hasta la muñeca.

Los abrelatas también nos arruinaron la vida, ya que su diseño está orientado para que la cuña, el mango y los brazos sean sostenidos por la zurda, mientras la mano derecha le da vuelta hacia afuera para cortar. Hacer nudos también nos ha «unido» en la miseria: el amarre de las agujetas se enseña de frente y con la técnica diestra. En eventos de gala, para aprender a hacer nudos de corbata como el Windsor —el más sencillo—, un zurdo tiene que «traducir» esos movimientos, tratando de no ahorcarse en el intento.

«Y si te batean, que nunca sea con la zurda»

Llegamos a los insultos o, como dirían los diestros, las «frases del habla cotidiana»: un constante recordatorio de que la izquierda, la «siniestra», es algo malo. Por ejemplo, el subtítulo anterior es sinónimo de desearle el menor de los males a alguien, similar al dicho «hoy me levanté con el pie izquierdo», es decir, que fue un horrendo día. Continuando con los pies, el «tiene dos pies izquierdos», significa que alguien es pésimo para bailar; o el infame «batear por la izquierda», forma despectiva de referirse a alguien homosexual.

En todos los idiomas y culturas

Si nos vamos por el lado etimológico, nos encontramos que en el chino mandarín el adjetivo para zurdo, ‘zuǒ’ ——, también significa «extraño, poco convencional o incorrecto»; en noruego, una «obra zurda» —venstrehåndsarbeid— significa «un trabajo mal hecho»; en irlandés, la palabra ciotóg es una forma de referirse a lo «extraño»; peor, en el mundo islámico —con todo y que la escritura del árabe es favorable para los zurdos—, está prohibido comer con la mano izquierda, mientras que saludar con la zurda es un insulto grave, sólo porque —al igual que en la India— se limpian «la coliflor» con esa mano.

Los distintos idiomas de la Península ibérica también tienen uno o varios significados despectivos para la izquierda. En portugués, surro, churro y churdo significan, respectivamente, ‘ruin’, ‘vil’ y ‘sucio’; en euskera, zuhur es sinónimo de ‘avaro’ o ‘mezquino’; en catalán, maldestre —literalmente ‘mal diestro’—, es lo mismo que decir torpe, tosco o inadecuado. En el resto de Europa, tenemos el link alemán —que de por sí se refiere a lo siniestro—; su variante linken significa ‘traicionar’ o ‘engañar’.

¡Zurdazo impresionante!

A pesar de estas injusticias, la «zurdera» siempre se ha sobrepuesto a las múltiples adversidades. Si bien tenemos en contra artes marciales como el karate —donde las posiciones favorecen a los diestros— o el polo, en el beisbol y en el boxeo resulta sumamente ventajoso batear y soltar trancazos con la zurda —recordemos a Babe Ruth y Manny Pacquiao—. En general, en los enfrentamientos uno a uno, los zurdos tenemos cierta ventaja, como Rafael Nadal en el tenis o Lionel Messi en el futbol.

Igualmente existe la creencia de que las personas zurdas son «más creativas». En el arte destacarían Vincent van Gogh, Leonardo da Vinci, Charles Chaplin, Ludwig van Beethoven, Paul McCartney o el dios de la guitarra eléctrica, Jimi Hendrix, por no hablar de filósofos como Aristóteles, líderes como Napoleón Bonaparte, «superhéroes» como Stan Lee y multimillonarios como Bill Gates. Pero, como ya se mencionó, ningún estudio científico ha sido capaz de correlacionar la zurdera con la creatividad o la genialidad —pregúntenle a
Isaac Newton o a Al Pacino, diestros ambos.

Mitos y números

Las estadísticas afirman que 13% de la población mundial es zurda y la mayoría son hombres. Apoyado con este dato, un estudio siniestro de 1991 —«El misterio de la muerte temprana de los zurdos»— inició el rumor de que los zurdos tenemos una menor esperanza de vida; sin embargo, comparándolo con la —más que comprobada— longevidad femenina, los números «cuadran a medias». Existen
investigaciones que proclaman «la pérdida de la zurdera con los años», lo cual no es muy fiable, ya que la actual senectud fue la que sufrió la lateralidad derecha forzada.

Como sea, ser zurdo significa ir siempre contracorriente: nacer y morir en un mundo diseñado para diestros. Las actividades más simples y cotidianas —como abotonarse una camisa, cocinar, usar maquinaria especializada— son siempre un reto y, tal vez por eso, cada que dominamos la palanca de velocidades de un carro o logramos subir un cierre, es una batalla ganada contra la uniformidad.

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