El profeta
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El profeta

Esta historia fue extraída de la vida real. Cualquier semejanza con la ficción será pura coincidencia.

Esta historia fue extraída de la vida real. Cualquier semejanza con la ficción será pura coincidencia.

Tomarse el tiempo para sentarse en una cafetería, bien acompañado por la lectura de un excitante tomo literario, fumando el cigarro a cada sorbo de la taza y escuchando el murmullo de la gente, es algo que aprecio como pocos momentos en la vida.

El lector que comparta mi apreciación, coincidirá en lo molesto que puede resultar ser interrumpido en esos momentos de lectura plácida y desafanada. Más si se trata de una encuesta, la solicitud de cierta dirección o simplemente un individuo demasiado jovial que comparte el gusto por la literatura y quiere comentar los pormenores del libro de ocasión —un muy sabroso libro de crónicas de guerra de Ryszard Kapuscinski…

El caso es que me encontraba en un café leyendo al periodista polaco, cuando se acerca un individuo. Yo, como tratando de evitar la conversación, decidí no mirarlo a pesar de que su presencia era inminente. El suceso transcurrió en aproximadamente 40 minutos; relataré únicamente lo más relevante. La plática fue la siguiente:

 

Individuo —de unos 40 años y con acento centroamericano—: Disculpe joven, ¿lo puedo interrumpir?

Yo —«vaya, pensé; interrumpido estoy»—: Dígame…

Individuo —de unos 40 años, con acento centroamericano y apiñonado—: ¿Habla usted el inglés?

Yo —importunado—: Sí, ¿por qué?

Individuo —de unos 40 años, con acento centroamericano, apiñonado y muy bien peinado—: Pues figúrese que estoy por recibir una llamada de los ee. uu. y no sé hablar inglés. ¿Cree que me pueda ayudar a traducir la llamada? Sólo van a ser unos minutos, la llamada estará por entrar.

Yo —completamente turbado y sin saber qué contestar—: Fíjese que estoy estudiando para un examen que es dentro de unas horas —respuesta que hubiera bastado para dejar en claro que no accedía a su petición lingüística; pero no sólo no lo amedrentó, sino que el individuo prosiguió.

Individuo —de unos 40 años, con acento centroamericano, apiñonado, muy bien peinado y con traje azul rey—: De verdad van a ser sólo unos minutos. Se lo agradecería mucho. Sin yo siquiera asentir con la cabeza o dar alguna señal que le invitara a intuir que había aceptado su petición, tomó asiento en una silla junto a la mía.

Individuo —de unos 40 años, con acento centroamericano, apiñonado, muy bien peinado, con traje azul rey y muy perfumado—: Dígame, ¿qué estudia?

Yo —resignado—: Historia. Y usted, ¿a qué se dedica?

Individuo —de unos 40 años, con acento centroamericano, apiñonado, muy bien peinado, con traje azul rey, muy perfumado y con aires de arrogancia—: Soy profeta. Me quedé estupefacto, como sería natural en cualquier individuo medianamente normal.

Yo —absolutamente incrédulo—: Pero, ¿cómo?

Profeta: Sí, soy profeta.

Yo —incrédulo e impávido—: ¿Pero cómo? ¿Ve el futuro o qué?

Profeta: Sí, soy profeta profesional y estoy esperando una llamada de un amigo norteamericano que me va a invitar a un encuentro en Arizona.

Yo —emocionado—: ¿Pero cómo? Es decir, ¿qué profetiza o qué hace? ¿Cómo ve el futuro?

Profeta —engreído y remembrando—: Empecé cuando era muy chico, cuando tenía como unos tres añitos. Mi mamá y mis abuelos se subieron a un avión en Nicaragua, yo soñé que se iba a caer y que sólo mi madre sobreviviría. Así sucedió, mis abuelos se murieron y mi mamá sigue entre nosotros.

Yo —interesado—: ¿Entonces ve el futuro?

Profeta: No precisamente. Dios Padre me inspira y sensibiliza sobre lo que va a suceder en el futuro. No es que propiamente lo vea.

Yo —completamente emocionado y atolondrado—: Entonces, por ejemplo, ¿sabe qué va a pasar mañana?

Profeta: No es así como profetizo. Yo sé las cosas del espíritu y del alma de las personas por inspiración de Dios. Por ejemplo, sé que usted va a ser una persona muy exitosa.Vaya lugar común. Pensé: este tipo es un fanfarrón de pies a cabeza.

Yo —un poco decepcionado—: Y, por ejemplo, ¿qué ha profetizado?

Profeta: Bueno, pues como le comenté, empecé desde niño y así ha sido mi vida. Salí de Nicaragua y he recorrido el mundo. Por ejemplo, recientemente estuve con el presidente Bush y con la presidenta de Chile, dándoles mi palabra.

Yo —otra vez interesado—: ¿Cómo? ¿A usted lo contratan presidentes?

Profeta: Sí, he estado con mucha gente importante y ellos me llaman para que les dé la buena de Dios. Para entonces suena el celular y lo contesto.

Yo —expectante—: Hello. I’m Gonzalo and I speak on behalf of Mr. Carlos Mayorga, who doesn’t speak English. I will translate for him.

Interlocutor angloparlante: Ok. So prophet Mayorga is there with you.

Profeta: Dígale que hola.

Yo: Yes, he is right here by my side. He says hello.

Angloparlante: This is Mike Murdock. Please tell the Prophet that I send to him my dearest blessings.

Yo: Dice Mike que le manda sus bendiciones.

Profeta: Dígale que le envío mis bendiciones y el amor de Dios.

Yo: He sends back the blessings and the love of God to you.

Mike: Ok. Please tell him that here in Arizona we’re expecting him for the big encounter next month. That it will be an honor to have him among us.

Yo: Dice que lo esperan en Arizona para el encuentro del próximo mes y que será un honor tenerlo entre ellos.Soy una persona con educación cristiana y, sin embargo, lo siguiente fue como un repujado o champurrado de divinidad.

Profeta: Dígale que para mí será la iluminación de nuestro Padre estar entre ellos. Dígale también que es para mí un orgullo poder predicarles y darles la palabra del Creador. Que Dios estará entre nosotros y en cada uno de nuestros corazones.

Yo —muy expectante—: He says that it will be the illumination of our father to be among you. He also says that he is very proud to be able to prophet to your people and to give them the word of the Creator. That God will be with us and in everyone of our hearts.

Mike —un poco excitado—: Please tell the Prophet that everything is ready. He will receive his plane ticket in the next few days and that everything is arranged over here. That we’re very excited to have him. That God will protect his heart on his way here.

Yo —excitado también—: Dice que todo está listo. Que recibirá su boleto de avión en los próximos días y que están muy emocionados de tenerlo allá y que Dios lo acompañará en su viaje.

Profeta —muy excitado—: ¡Aleluya!Yo —muy excitado—: Hallelujah!Mike —sumamente excitado—: Hallelujah!

Profeta —desbordante de emoción—: Dígale que soy un ser feliz por la gracia del Padre. ¡Dile que lo amo!

Ahora sí me quedé estupefacto. Porque una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Discretamente volteé a los lados para ver si alguien me veía. Nadie parecía percatarse del momento iluminado y amoroso.

Yo —casi llorando, después de transmitir más mensajes amorosos—: Dice que serán bendecidos con su presencia, que no puede esperar más para tenerlo allá. Que le llamará la próxima semana para hablar de los detalles.

Profeta —enternecido—: Dile que esperaré su llamada. Mientras tanto lo tendré en mi mente y en mi corazón.

Yo —un poco más relajado—: The Prophet says that he will wait for your call. In the meantime he will have you in his mind and in his soul.

Mike —aún emocionado—: I love him.

Yo —un poco hastiado de tanto amor—: Te ama.

Profeta —aparentando emoción—: Lo amo.

Yo: He loves you.

Los tres: Adiós. Bye. Adiós.

Todos terminamos amándonos.

Yo —expectante—: Pues ya estuvo, Profeta.

Profeta —muy relajado—: Muchas gracias, hijo —al tiempo que posa su mano en mi cabeza—; te dejo mi bendición y mi luz —retira la mano bendita—. Muchas gracias —dijo, antes de marcharse, reflexivo.

Me quedé sentado unos minutos sin saber qué había sucedido. Incluso, algún tiempo después traté de buscar al Profeta, no por creencia, sino por curiosidad. Nunca volví a saber de él ni de Mike, ni del encuentro en Arizona. Sólo sé que era un «Profeta profesional».

Gonzalo Sánchez de Tagle es abogado de profesión e historiador de corazón. Absorbe aventuras de la cotidianidad y le gustaría tener la suficiente hablidad para dedicar su vida a las letras.

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