Lo mejor del cine
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Lo mejor del cine

La historia y la literatura llegan a nuestros ojos a través del cine

Primera de tres partes

Bueno, que el cine es el séptimo arte no cabe duda. Nos lo han demostrado más de 100 años de batallas, besos, historias innombrables, escenas memorables, paisajes fotografiados como si fueran pinturas, personajes que no se olvidan, risas incontenibles, miedo atroz, lágrimas, suspenso y sobresaltos.

Nos lo ha demostrado también toda la evolución de las técnicas y la tecnología cinematográficas, desde los primeros flashbacks en blanco y negro hasta los efectos casi sobrenaturales de Matrix y Star Wars. Y, especialmente, todos los actores y actrices que han desfilado mañanas, tardes y noches por la pantalla grande: las superestrellas, desde Greta Garbo hasta Tom Cruise, pasando por Pedro Infante, Carlos Gardel, Bette Davis, Cary Grant, Nicole Kidman, Marilyn Monroe, James Dean y María Felix. Los grandes cómicos, como Buster Keaton, los hermanos Marx, Cantinflas, Joaquín Pardavé, Sandrini y el inolvidable Tin Tan. Los galanes, como Leonardo di Caprio, Humphrey Bogart, Brad Pitt, Paul Newman, Alain Delon, Elvis Presley y Pedro Armendáriz —padre. Las guapas de la pantalla, como Demi Moore, Sandra Bullock, Rita Hayworth, Catherine Deneuve, Claudia Cardinale, Sophia Loren, Monica Bellucci, Michelle Pfeiffer, Miroslava o Sharon Stone. Y también los actores que pueden darnos cualquier personaje y cambiar de carácter como de ropa, como Gérard Depardieu, Meryl Streep, Al Pacino y Robert de Niro, Marcello Mastroiani, Robert Downey Jr., Fernando Soler y Sara García, entre muchos otros.

Es en una sala obscura en donde hemos podido —y seguiremos pudiendo— gozar de la experiencia paranoica de Kubrick, de los diálogos de Rob Reiner y Tarantino, de la genialidad de Altman o de la de Sir Ridley Scott, del excentricismo bizarro de Buñuel y David Lynch, de la idiosincrasia única e hilarante de Almodóvar, de las sagas de Scorsese, de la sobria dimensión de la vida de Bergman, del hiperrealismo surrealista de Fellini, de los retratos soberbios de la sociedad de James Ivory, de la fastuosidad de Kurosawa, de la fantasía de Spielberg y Lucas, de la maestría fotográfica y escénica de Anthony Minghella, de la siniestra mente de Sam Raimi, del minimalismo de Wim Wenders y, sobre todo y más que nada, del entendimiento de la realidad y del mundo en su justa medida de Kieslowski y de la ridiculez que asoma en la vida diaria que concibe como absurda —tomando en cuenta que Dios no existe, y, si existe, no le importamos un comino— de Woody Allen.

Foto: Woody Allen

La historia y la literatura llegan a nuestros ojos a través del cine, y así el jorobado de Notre Dame no puede ser otro que Charles Laughton —en la versión de 1939—, mientras que Esmeralda tiene la cara de Maureen O’Hara. Guillermo de Baskerville, de la famosa novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa, no es otro que Sir Sean Connery; Ben Hur es Charlton Heston; Cyrano de Bergerac, Gérard Depardieu; Virginia Woolf es Nicole Kidman; William Randolph Hearst, Orson Welles; Frida Kahlo, Ofelia Medina; Cleopatra, Elizabeth Taylor; y Jesucristo, Enrique Rambal —por eso Jesús para nosotros, los mexicanos, habla como español. Nora, de Casa de muñecas de Ibsen, y Eugenia Grandet, de Zola, no es otra que Marga López; Charles Chaplin es Robert Downey Jr.; Selena es Jennifer López —¿o al revés?—; Doña Bárbara, de la célebre novela de Rómulo Gallegos es, obviamente, «La Doña»; Robin Hood es Kevin Costner y, para los mayores, Errol Flynn; Picasso es Anthony Hopkins; e Isabel I de Inglaterra, Cate Blanchett. La maestra de Helen Keller es Anne Bancroft, Cenicienta es Evangelina Elizondo, Anna Karenina es Greta Garbo, el conde de Montecristo es Arturo de Córdova, la Cathy, de Cumbres borrascosas de Emily Brontë, es Irasema Dilian o Merle Oberon, y el Heathcliff, Jorge Mistral o Sir Lawrence Olivier. Superman es Christopher Reeve, el hombre de la Mancha es Peter O’Toole y Aldonza o Dulcinea, Sophia Loren; Enrique V es Kenneth Branagh, Otelo es Lawrence Fishburne y Desdémona, Irene Jacob; Romeo es Di Caprio —porque nos acordamos de la de Baz Luhrmann de 1996— y Julieta es Olivia Hussey —porque nos acordamos de la de Zeffirelli de 1968. Y así podríamos seguir nombrando mil casos más, porque el cine ha hecho la historia y las historias para muchos de nosotros, sus personajes y nuestra memoria sobre ellos.

Y es también el cine y su arte el que nos ha llenado la vida—a nosotros los seres humanos de principios del siglo XXI— de personajes inolvidables que ya son parte del inconsciente colectivo, como Tootsie, la señora Robinson y el graduado, el vaquero de medianoche, don Margarito Peñafiel y Somellera, Forrest Gump, Terminator, el extraterrestre E. T., King Kong, Hannibal Lecter, don Corleone, Rocky y Rambo —pa’ los conocedores—,el náufrago, «La Guayaba» y «La Tostada», el loco de Atrapado sin salida, «Los tres huastecos» y «Los tres García», Luke Skywalker, la princesa Leia y toda su saga, el héroe representado por Michael Keaton como Batman, o Tobey Maguire como Spiderman, o el personaje inconfundible que es James Bond.

Así, nos hemos visto —tanto hombres como mujeres—atrapados por el enamorado carismático que es Hugh Grant; el vaquero arquetípico que es John Wayne; la devorahombres que son Katy Jurado y Angelina Jolie; por «el malo de la película», que igual puede ser Dennis Hopper, Christopher Walken, Jean Reno o Carlos López Moctezuma; o la mala, que solía ser Joan Crawford, Anita Blanch o Glenn Close; el mafioso: Chazz Palminteri, Paul Sorvino o Joe Pesci; la abuelita que siempre fue Sara García; por la niña boba que fue Shirley Temple; o la cabaretera, enfundada en la piel de Ninón Sevilla.

El cine también nos ha provisto de experiencias únicas y de lágrimas, cuando vemos morir a Alfredo en Cinema Paradiso; nudos en la garganta, cuando presenciamos el juicio de Kramer vs Kramer; pena y coraje incontenible, cuando vemos a Oliver desesperarse por la muerte de Jennifer en Love Story; emociones inusitadas, cuando vemos el atardecer de una película de «El Indio» Fernández con fotografía de Figueroa; esa sensación de coraje e indignación, cuando vemos un final que no nos cuadra y no nos complace, como el de Thelma y Louise de Scott, el de Nuestros años felices de Pollack, el de Pasión de amor de Ettore Scola; pellizcos al acompañante y megasobresaltos, cuando la mamá abre el cuarto y ve la cama de la niña sacudirse en El exorcista o cuando el niño de El resplandor se encuentra a las gemelas en el pasillo mientras va con su triciclo. Envidia de la buena, en películas románticas como Mujer Bonita, cuando Richard Gere se enamora de Julia Roberts; o cuando Tom Hanksfinge demencia, al saber que «la niña de la tienda» es su novia por mail. Risa incontenible, cuando vemos a Cantinflas darle sapes a los de junto y quejarse con sus propias víctimas, o cuando vemos una comedia de enredos a la mexicana, como Escuela de vagabundos.

Foto: Sector Cine. Escuela de vagabundos (1955)

Más y más experiencias, sensaciones y emociones. Cuando entramos en una sala de cine, no sabemos con qué nos vamos a topar, qué nos va a mover tal o cual escena, cómo vamos a reaccionar o qué fibras nos vana tocar. Pero para mí, y más importante que todo lo demás, el cine me ha dado gran cantidad de lecciones de vida en frases, líneas y palabras que permanecen en la mente por toda la vida, como si fueran adagios, proverbios y hasta axiomas.

«Life is a baseball game, you throw the ball, you hit the ball, you catch the ball, sometimes you win, sometimes you lose, sometimes it rains»,1 como dirían en la épica beisbolera Bull Durham. O la frase de Jack Nicholson en Las brujas de Eastwick: «When God makes mistakes, they call it… nature. Sowhaddya think? Women… a mistake… or did He do it to us on purpose?».2 O bien, la frase de la Tucita: «¡Pa’ qué me dejan sola si ya saben cómo soy!»; o la de Tin Tan en Tin Tan en La Habana, cuando se liga una chava y está con ella en las butacas de un estadio de beis, y de pronto llega otro cuate y le da un beso en la boca y entonces ella le dice a Tin Tan: «¡Es que es mi novio!», a lo que él responde: «¿Entons’ yo qué vengo siendo del señor?». O la inolvidable que le dice Humphrey Bogart a Ingrid Bergman al final de Casablanca, con la que quiero cerrar este artículo que tendrá continuación: «If that plane leaves the ground and you’re not with him, you’ll regret it. Maybe not today. Maybe not tomorrow, but some day and for the rest of your life».3

Continuará…

1 «La vida es un juego de beisbol, tiras la pelota, le pegas, y la cachas, a veces ganas, a veces pierdes, a veces llueve».
2 «Cuando Dios comete errores, le llaman “naturaleza”. Entonces, ¿qué piensan? Las mujeres, ¿son un error o nos las hizo a propósito?»
3 «Si ese avión despega y tú no estás con él, te vas a arrepentir, quizás no hoy, quizás ni siquiera mañana, pero algún día y por el resto de tu vida».

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