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¿Qué demonios es un documental mockumentary?

Era el 30 de octubre de 1938 cuando los hogares de los EE. UU. se disponían a sintonizar la radio después de cenar. El programa favorito del momento era un show de variedades protagonizado por un ventrílocuo y su muñeco y para la pausa musical muchos de los radioescuchas cambiaron de sintonía para encontrarse con una voz muy parecida a la del locutor de los boletines de última hora. Lo que narraba era simplemente espantoso: guerra, invasión, ataques y… ¿marcianos?

Este episodio pasó a la historia como el día en el que la joven promesa del teatro Orson Welles sumió en el pánico a la ciudad de Nueva Jersey y medio EE. UU. El motivo fue la transmisión de la adaptación de la novela La guerra de los mundos, de H. G. Wells, a guión radiofónico donde narraba cómo la ciudad se encontraba bajo el ataque de naves extraterrestres.

La adaptación corrió a cargo de Howard Koch —guionista de Casablanca—, sin embargo, a Welles no le convenció del todo el guión y decidió hacerle unos pequeños cambios: el primero fue trasmitirlo al estilo de un boletín informativo, muy común en tiempos de la II Guerra Mundial, ya que era la forma de comunicar las últimas noticias —como los discursos de Hitler o el accidente del dirigible Hindenburg que se incendió en el aire—; el segundo fue cambiar lugares y nombres de instituciones por unos más locales, sin embargo, el departamento legal de la CBS, cadena de radio que lo transmitiría, no permitió usar nombres reales de organismos gubernamentales, por ello fueron ligeramente modificados.

El resto es historia, sabemos que la población creyó que se trataba de una invasión extraterrestre real y que salió despavorida por las calles; y sabemos que en su siguiente programa, Welles pidió disculpas ante los medios para evitar las demandas, aunque por dentro lo estuviera disfrutando como nunca.

Sacha Baron Cohen en Borat.

Los límites del género

Esta hazaña de Welles abrió las puertas para cruzar las fronteras de los géneros y jugar con lo real y lo ficticio. En los comentarios posteriores a la transmisión había quienes hablaban de lo absurdo de las reacciones del público y la estupidez de las masas, pero también estaban los que alegaban sentirse traicionados por un medio en el que confiaban.

Esta nueva forma de contar historias no tardó en trasladarse al medio audiovisual donde apenas cinco años atrás, en 1933, Luis Buñuel comenzaba a alterar y maquillar de más algunas tomas de su documental Terre Sans Pan —Tierra sin Pan— donde muestra la marginación del pueblo de Las Hurdes en España, una comunidad tan atrasada para la época que ni siquiera conocía el pan. Sin embargo, a fin de añadirle dramatismo Buñuel construyó escenas ex profeso y agregó cadáveres de animales devorados por insectos. Socialmente se le recriminó el daño causado a los hurdanos presentándolos como seres de las cavernas, pero dentro del ejercicio cinematográfico sirvió para reflexionar sobre los límites de la ficción y la realidad dentro de un género que se caracteriza por mostrar hechos reales.

Producto de estos ejercicios nace el documental fake o mockumentary —contracción de mock, ‘burla’, y documentary, ‘documental’—, que se traduce como ‘falso documental’. Este género no es otra cosa que un relato inventado que imita los códigos y convenciones del cine documental, es decir, presenta una historia falsa como real. Pero hacer pasar una verdad como mentira no es cosa fácil y antes de consolidarse pasó por varios intentos que se acercaban más a la docuficción. Cuidado porque ésta última, si bien es muy parecida, no es igual y suelen confundirse. Una docuficción intenta captar la realidad tal cual es pero al mismo tiempo incluye elementos de ficción para agregar dramatismo a la historia, que es lo que ocurrió con Terre Sans Pan de Buñuel.

Previo a consolidarse como un género, en la década de 1980 hubo una serie de trabajos que tienen elementos de falso documental y de docuficción aunque están más apegados a las características del primero. A Hard Day’s Night (1964) es uno de ellos: cuenta un día en la ajetreada vida de The Beatles aunque sin ser totalmente apegado a la realidad porque mete elementos de ficción en la historia; a su vez, en The Clowns (1970), Federico Fellini presenta un híbrido entre realidad y ficción, y Woody Allen, antes de inaugurar el género, filma Take the Money and Run (1969) que narra un robo ficticio con fragmentos de estilo documental. En televisión los primeros en experimentar este tipo de recurso en sus sketches fueron los comediantes Monty Phyton en su programa Monty Phyton Flyng Circus (1969-1974).

Tipos y características

Algunos especialistas —Roscoe y Hight— clasifican al falso documental en tres tipos según su grado de reflexividad:

  • parodia˞
  • crítica y falsificación
  • deconstrucción

La televisión ha explotado con éxito el formato de falso documental, principalmente en la comedia, en series como Modern Family y The Office.

Lo cierto es que todos cuestionan el grado de veracidad del género documental que, por más que intente mostrar la verdad tal cual es, siempre va a estar influido por la visión del director.

Los años 80 marcaron los inicios del falso documental con Zelig (1983), de Woody Allen, que cuenta la historia de un hombre camaleón que se adapta a su entorno según las circunstancias, y This Is Spinal Tap (1984), de Rob Reiner, el cual narra la historia de un grupo de rock ficticio. Ambas cintas resultan graciosas por lo aparentemente real y a la vez absurdo de las situaciones.

Sin embargo, existen ocasiones en que la veracidad resulta ambigua al espectador, que se cuestiona si lo que vio en pantalla fue real o no, sobre todo cuando se combina con el suspenso, como fue el caso de The Blair Witch Project —El proyecto de la bruja de Blair— (1999), que relata a través de unas supuestas cintas recuperadas la desaparición de un grupo de amigos que documentan la existencia de una bruja en un bosque; y REC (2007), donde una reportera acompaña a un grupo de bomberos a un llamado que termina en una especie de ataque zombie. Este tipo de cintas dio pie a franquicias como Paranormal Activity —Actividad paranormal— (2007). En todos estos casos, las cintas se promocionaron como casos reales para despertar el morbo de los espectadores y vender muchas entradas en taquilla, cosa que lograron.

Otro giro que suele tener el mockumentary es el de crítica política, muy utilizado por el comediante Sacha Baron Cohen en Borat (2006), donde cuestiona los valores y modo de vida estadounidenses. Quizá la forma más usada de abordarla es la comedia, por ejemplo, en What We Do In The Shadows (2014) se retoma un personaje tan explotado en nuestros tiempos como es el vampiro para mostrar el supuesto día a día de esta criatura en el siglo XXI.

¿Engaño o realidad?

La película I’m Still Here (2010), dirigida por Casey Affleck y protagonizada por Joaquin Phoenix, puso a prueba nuestra capacidad de discernir entre lo falso y lo verdadero, pues cuando todos creímos que Hollywood había cobrado una víctima más resultó que todo era parte del rodaje de este nuevo proyecto. La cinta trata del retiro de Phoenix de la actuación para convertirse en cantante de hip hop; durante un año se le vio con aspecto desaliñado: barba crecida, pelo largo y despeinado, protagonizando escándalos e incluso presentándose en shows de televisión en personaje. La verdad salió un año después, cuando el rodaje terminó y todo se aclaró, pero mientras tanto el actor fue un objetivo de los paparazzis y la prensa amarillista y muchos, la verdad, nos la creímos.

Sin duda el documental fake es un género que dentro de sus formas narrativas esconde una crítica más profunda, no sólo a lo que en su discurso pueda llevar, también a lo que el espectador consume y la forma en que lo hace: si es como un ser pensante que se cuestiona lo que ve o sólo se sienta frente a la pantalla en automático. No por nada, mucho antes de la televisión, en épocas de guerra, el cine fue el primer medio para llegar a las masas. ¿Usted de qué lado está?

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