Cine sonoro
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Cine sonoro

Muchos ruidos que resultan naturales y lógicos en la realidad, adquieren una formidable potencia cómica en el cine sonoro.

En 1929, como parte de un reportaje, Carpentier fue uno de los primeros periodistas en comentar las reacciones del público ante las incipientes películas con sonido sincronizado y en vaticinar la revolución que esto generaría, no sólo en el cine, sino en las demás artes. Ésta es su crónica.

La aparición del cine sonoro —VITAPHONE, MOVIETONE, como queráis llamarlo— ha producido honda conmoción en los medios artísticos parisienses.

Al principio se creyó en Lutecia que esta innovación sólo constituía una rareza sin trascendencia, destinada a divertir al público durante unas pocas semanas. Pero cuando se vio que White Shadows in the South Seas —Sombras blancas en los mares del sur, de W. S. Van Dyke— (1928) y The jazz singer —El cantante de jazz, de Alan Crosland— (1927) llenaban las salas de dos de los más importantes cines de los boulevards durante meses enteros, la alarma cundió entre los elementos directamente afectados por el invento maravilloso.

Los músicos protestaron primero, como más amenazados; y los cineastas franceses comenzaron a descubrir con terror las perspectivas que ofrecen para el porvenir del ya mediocre cine galo, si los espectadores vuelven resueltamente las espaldas a la película muda. La película comercial francesa, inferior a la norteamericana por el apego de sus productores a errores que debían haber sido reparados desde hace tiempo —empleo de actores teatrales, afición a unos niños prodigio completamente idiotas, argumentos literarios, ñoños o folletinescos— no podría competir nunca con la cinta yanqui.

Foto: El cantante de jazz, de Alan Crosland (1927)

Un arte actual

Por su parte, los artistas teatrales se han llenado de alegría: «Es el regreso del cine al teatro», dijeron. Mientras tanto, algunos cineastas de ideas avanzadas, pero demasiado adictos a técnicas llenas de limitaciones, principiaron a lamentarse, pretendiendo que la intervención de la palabra, la música y el sonido en las películas determinaría un retroceso de muchos en un arte que comenzaba a dar frutos realmente interesantes.

Lejos de devolver el cine a los dominios del teatro, el sonido tiende a alejarlo definitivamente de las tablas, creando un género completamente nuevo. Es posible que sea el cinematógrafo el que ejerza una influencia poderosísima sobre un arte dramático cansado

Me atrevo a opinar que quienes así piensan son sencillamente los pompiers de una nueva etapa que no se deciden a enfocar los problemas nuevos y de una importancia capital que plantea ante nosotros el advenimiento del vitaphone y del movietone. Lejos de rebajar la calidad de la actual producción cinematográfica, la aparición del cine sonoro reserva tan singulares sorpresas a sus productores, que éstos se verán obligados a realizar innovaciones trascendentales en los medios de expresión del séptimo arte. Es ahora cuando el cinematógrafo empezará a ser realmente un arte actual, un arte de nuestro siglo, con recursos maravillosos, insospechables por el momento.

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