Sinfonía No. 3 «Escocesa»
#125

Sinfonía No. 3 «Escocesa»

Un ensayo que muestra el gran talento del músico alemán Jakob Ludwig Feliz Mendelssohn.

Durante el siglo xix la música de Mendelssohn fue considerada superior a la de Mozart. He aquí un notable ensayo que muestra el genio de este músico alemán, a la par que cuenta cómo surgió una de las obras más emblemáticas de la música orquestal.

Te recomendamos escuchar alguna de las versiones sugeridas de esta obra mientras lees este artículo.

Mendelssohn añadió a su apellido el Bartholdy para diferenciarse de los judíos Mendelssohn una vez que su familia se convirtió al luteranismo —él tenía 13 años de edad—. Para entonces ya había quedado claro que Jakob Ludwig Felix Mendelssohn (1809- 1847) era el compositor prodigio más grande de todos los tiempos. Aunque Mozart llegaría más lejos, las obras de infancia y juventud de Mendelssohn muestran un carácter y una originalidad más contundentes —por ejemplo, su Octeto para cuerdas, compuesto a los 16, y su obertura «Sueño de una noche de verano» al año siguiente.

Joven prodigio

Desde los 16 años, el estilo de Mendelssohn era ya reconocible y la confianza que tenía en su propio trabajo era absoluta; componía como si fuera un maestro consumado —y en un sentido ya lo era—. Su familia jugó un papel decisivo en la formación de ese niño prodigio: su abuelo, Moisés Mendelssohn, era filósofo y escritor; de hecho él fue quien puso el apellido a la familia, pues su padre se llamaba Mendel.

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El padre de Felix fue un banquero; su madre tocaba el piano, cantaba, dibujaba y además del alemán hablaba francés, italiano, inglés y griego. Fanny, hermana mayor de Felix por cuatro años, también era muy talentosa. A los 13 años de edad, Fanny les ofreció a sus padres y hermano un recital de piano: tocó el Clave bien temperado, de Bach, de memoria. Fanny y Felix eran muy cercanos, y si ella no pudo destacar en la música como él, fue simplemente porque su padre se opuso. Para él, la música no podía ser sino un pasatiempo. Sin embargo, en el caso de Felix hizo una excepción y, aunque a regañadientes, lo dejó que buscara su fortuna como músico. Después de Felix seguían otros dos hermanos: Rebecka —dos años menor que él— y Paul —cuatro años menor.

Felix Mendelssohn dio su primer recital a los 10 años de edad. Desde ese momento quedó claro que era un músico extraordinario; el compositor y director de orquesta Carl Zelter lo tomó bajo su tutela y durante muchos años todo lo que aprendió el joven músico fue de él. Esta educación no se limitaba a la técnica; gracias a Zelter, Mendelssohn conoció a varios músicos, pintores y escritores amigos de Zelter. Entre ellos estaba Goethe,1 v. Algarabía 102, marzo 2014. Dossier de Romanticismo; pp. 66-109. a quien Mendelssohn visitaba con frecuencia; casi siempre improvisaba temas en el piano para entretenerlo —por cierto que a diferencia de Felix, a Goethe no le gustaba nada la música de Beethoven—. En 1829, Zelter lo invitó a dirigir la Singakademie de Berlín interpretando la Pasión según San Mateo, de Bach, con gran éxito. Esta interpretación fue clave en el rescate de la obra de este músico, pues entonces era prácticamente un compositor olvidado.

Mendelson nació en Hamburgo, en pleno auge del movimiento Sturm und Drang —la tormenta y la pasión— cuyo argumento principal era: «el sentimiento, y no la razón, es lo que da impulso al arte» y que a su vez dio origen al Romanticismo.

La «Tercera» que en realidad es Quinta

Mendelssohn era muy talentoso, aunque también algo obsesivo: tardó doce años en componer su tercera sinfonía y dejó marcas de revisiones constantes en la cuarta —en esto se parece mucho a Proust, quien tardó casi la misma cantidad de tiempo en escribir En busca del tiempo perdido y murió sin acabar de revisar el manuscrito por centésima vez.
En mayo de 1847 murió Fanny, su hermana, lo que le causó una gran tristeza que, aunada a un ritmo de trabajo exhaustivo y viajes constantes, provocó su muerte casi seis meses después, cuando tenía 38 años de edad. Su Cuarteto en fa menor quedó sin terminar; lo había compuesto como réquiem para su hermana.

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Su Sinfonía No. 3 en la menor, Op. 56, es conocida como «Escocesa» porque el propio compositor se refirió a la obra en esos términos en una carta, pero en la partitura no hay ninguna referencia a ese nombre. Es interesante que en estricto sentido, la Escocesa es en realidad su quinta y última sinfonía —Mendelssohn la terminó en 1842, aunque la había comenzado en 1829—. Él mismo la dirigió por primera vez en la Gewandhaus de Leipzig el 3 de marzo de 1842. Después de esta función le hizo unas revisiones más a la partitura y dos semanas después la dirigió Karl Bach, director de la Ópera de Leipzig. La partitura está dedicada a «S. M. la Reina Victoria de Gran Bretaña e Irlanda».

Mendelson fue, junto con Wagner, de los primeros en dictar cómo debía ser la labor del director de orquesta: un músico sin instrumento que da la espalda al público.

Las ruinas como inspiración

Mendelssohn visitó Inglaterra por primera vez en 1829, probablemente el país en que su música fue más apreciada. Allá condujo su primera sinfonía dirigiendo la Filarmónica de Londres, con la que también tocó el Konzertstück de Weber y el concierto Emperador de Beethoven —de cuya interpretación se habló por meses, pues además de su gran ejecución lo tocó de memoria—. Luego dio un recital de piano y poco después ofreció un concierto de beneficencia por las víctimas de la inundación en Silesia. En verano decidió tomarse unas vacaciones en compañía de Carl Klingemann, su amigo berlinés apostado en Londres como secretario de la Legación de Hanover. Se dirigieron a Escocia —Glasgow, Edimburgo, Perth, Inverness, Loch Lomond y las islas Hébridas de Iona, Mull y Staffa—. Luego fueron a Abbotsford a visitar al entonces escritor más famoso de Gran Bretaña, Walter Scott, de quien se decepcionaron mucho, según afirman en sus cartas, por las cuales también sabemos que a Mendelssohn le molestaba mucho el sonido de las gaitas y la música folklórica.

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El 7 de agosto, después de haber estado en Staffa y la Cueva de Fingal, escribió los primeros compases de su obertura «Las Hébridas». El 30 de julio Mendelssohn había escrito en una carta:

El día de hoy, al caer la tarde, fuimos al palacio donde vivió la reina. Ahí hay una pequeña habitación a la que se llega por una escalera de caracol, donde encontraron a Rizzio y lo sacaron a rastras; tres habitaciones después hay un oscuro rincón donde lo asesinaron. La capilla que quedaba detrás ya no tiene techo y ahora está llena de pasto crecido; en ese altar fue donde coronaron a Mary como reina de Escocia. Todo eso está en ruinas, en un estado decadente y a la intemperie. Me parece que ahí encontré el comienzo de mi Sinfonía escocesa.2 Feliz Mendelssohn, Letters, editadas por Gisela Selden-Goth, Pantheon, Nueva York, 1945 —la traducción es del autor.

Para conocer más sobre la obra de Mendelssohn y su Sinfonía No. 3 «La Escocesa», consulta Algarabía 125.

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