Editorial Algarabía 94
Nunca habrá una ciudad como Londres. No la habrá porque no existirá otro Imperio como el británico: uno que recorra el orbe entero, blandiendo espada, conquistando territorios, creando colonias por aquí y por allá…
Nunca habrá una ciudad como Londres. No la habrá porque no existirá otro Imperio como el británico: uno que recorra el orbe entero, blandiendo espada, conquistando territorios, creando colonias por aquí y por allá…
En una encuesta reciente realizada en el Reino Unido, Winston Churchill resultó ser el personaje histórico que los ingleses definirían como su emblema nacional—incluso por encima de William Shakespeare—. Ésta es una brevísima semblanza del hombre que definió el rumbo de la ii Guerra Mundial y la reconstrucción de la nación británica.
¿Cuál era el centro de Londres, o cuál elegir de entre todos ellos: el longitudinal, el geométrico, el literario, el social, el mercantil, el astronómico o el «diabólico»?
Londres, como el visitante lo ve hoy en día, se levantó como el ave fénix desde el gran incendio de 1666 que destruyó las dos terceras partes de la metrópoli. Fue reconstruida, no de paja y madera, sino de ladrillo y piedra, y financiada por la inmensa riqueza comercial que la ciudad generaba.
«London is a labyrinth, full of turnings and twistings just like a brain. […] It is similarly convoluted and circuitous.» James Geary