Tin Tan «el pachucómico»
¿Quién fue?

Tin Tan «el pachucómico»

Germán Valdés, conocido como Tin Tan «el Pachuco de Oro», fue uno de los mejores cómicos de la época de oro del cine mexicano.

En la película Tin Tan en La Habana (1953), el «Pachuco de Oro», en una noche de juerga, se liga a una cubana muy atractiva. Al día siguiente, Tin Tan y su nueva conquista van a ver un partido de beisbol; están muy cómodos en las gradas, cuando se acerca un fornido beisbolista a la pareja. La chica, diligente, introduce al deportista:

—Te presento a mi novio.

Tin tan, sorprendido, pero sin perder el buen humor, responde:

—Entonces… ¿Yo qué vengo siendo del señor?

Así era Tin Tan: muy él.

Cuando no era ni muy, muy, ni tan, tan

Aunque existe controversia sobre su lugar de nacimiento, se cree que Germán Genaro Cipriano Gómez Valdés Castillo nació el 19 de septiembre de 1915 en una habitación de lo que hoy es el Hotel de Cortés, en la esquina de Avenida Hidalgo y Reforma, en el Centro de la ciudad de México.

De niño, Germán era muy travieso; Manuel «El Loco» Valdés, su hermano, cuenta que su abuela lo perseguía con una escoba cada vez que le comprobaba una travesura y narra que, en una ocasión, Tin Tan colgó de un árbol a su hermano menor, «El Ratón» Valdés, pues éste no se estaba quieto con nada; como era de esperarse, cuando la abuelita vio lo que Germán había hecho, lo persiguió, con escoba en mano, por toda la casa.

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En 1927, la familia Valdés se mudó a Ciudad Juárez, Chihuahua. Allí, Germán estudió 
la secundaria y entró en contacto con pachucos,1 A partir de los años 20, pero en especial durante los años 40 y 50, se denominaba pachucos a los jóvenes estadounidenses de origen mexicano provenientes de la clase trabajadora que, para diferenciarse del resto, mezclaban inglés y español al hablar. Además, se les identificaba por su atuendo: un traje muy suelto llamado zoot suit con un pantalón holgado, pero ceñido en la cintura; saco largo con solapas anchas y hombreras, sombrero estilo italiano —a veces coronado con una pluma—, largas cadenas a un costado y zapatos bicolor. personajes que después habría de mitificar en sus películas. Además, aprendió rápidamente inglés, lo que le permitió, incluso, trabajar como guía de turistas.

Su padre, preocupado porque no había terminado la secundaria, lo recomendó con su amigo Pedro Meneses para que trabajara en la emisora de su propiedad, la xej. En 1934, ingresó en la radiodifusora y ahí se desempeñó como barrendero, mandadero y etiquetador de discos. Para este último cargo, Germán se hizo de un perro callejero, que seguramente le ahorró mucha saliva, pues le enseñó a sacar la lengua, en la que mojaba las etiquetas que adhería a los discos.

Alguna vez, José Vasconcelos criticó a los defeños, porque consideraba intolerable que fomentaran, aplaudieran y disfrutaran de la «jerigonza tintanesca».

No mucho después, Pedro Meneses lo envió a probar un micrófono que acababan de reparar. Entonces, Germán se puso a imitar a Agustín Lara y, de acuerdo con su propio testimonio, su imitación era tan buena, que «creyeron que se trataba de un disco». Meneses, convencido del talento y la voz de Germán —que cantaba muy bien—, lo ascendió a locutor y le dio un programa en el que imitaba a Lara y a otros cantantes célebres de aquella época.

Nace una leyenda

Nunca sabremos lo que hubiera sido de Germán Valdés sin el mecenazgo de Pedro Meneses, a quien, por si no bastara con haberlo descubierto, se le ocurrió que interpretara al personaje que terminó por encumbrarlo: un pachuco de nombre Topillo Tapas2 En el argot de los pachucos, un topillero es aquel que hace trampas.. Meneses incluso le compró a Germán el zoot suit con el que habría de actuar.

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Y lo inevitable sucedió: a Ciudad
 Juárez llegó la compañía artística de 
Jorge Maulmer y el ventrílocuo Paco 
Miller. Fue éste quien, después de 
verlo conducir un programa de nombre El barco de la ilusión, le propuso ir de gira con la compañía en la que también actuaban Meche Barba —rumbera de origen estadounidense que a la postre sería su gran amiga— y Marcelo Chávez, quien más tarde sería su inseparable patiño-carnal.

Tin Tan se casó con Magdalena Martínez, Micaela Vargas y Rosalía Julián, y con cada una tuvo dos hijos.

Existen versiones encontradas sobre quién acuñó el nombre que habría de inmortalizar a Germán Valdés. Primero hay que decir que el cambio de alias fue una necesidad, pues, además de que se buscaba eludir una demanda en vista de que en los proscenios del país ya figuraba una pareja conocida
como Planillas y Topillos, el mote de Topillo Tapas tenía
 todo, menos punch y eufonía.

Por un lado, se dice que Jorge Maulmer le pidió a Germán que no se preocupara por el problema de su nombre artístico, pues, cuando se presentaran en Aguascalientes, le daría la sorpresa de anunciarle su nuevo mote. El mismo Germán nos explica: «¡Y vaya si fue una sorpresa! Cuando vi en un cartel el nuevo nombre, casi me fui de espaldas. No me gustó nada. Lo peor fue cuando todos mis compañeros me miraron muertos de risa. ¡Tin Tan! ¡Hasta las campanas me parecían odiosas cuando me lo recordaban!».

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Por otra parte, Paco Miller asegura que, aunque hay quien se adjudica la paternidad del nombre, fue a él a quien se le ocurrió —y lo más probable es que así haya sido—. Lo que es un hecho es que el apelativo había pertenecido a un cómico sudamericano que se hacía llamar «El Niño del Tin Tan», porque, al final de su show, golpeaba vasos con agua que producían ese sonido.

Áureo pachuco

La compañía de Maulmer y Miller llegó a la ciudad de México en noviembre de 1943. Cuando Tin Tan terminó 
la temporada en el Teatro Esperanza Iris —hoy Teatro de la Ciudad—, fue contratado para actuar en el Follies y luego en El Patio —el centro nocturno más importante de aquellos años—. Su show era una mezcla de stand-up comedy, revista musical y baile. El director René Cardona fue a ver el espectáculo y quedó tan prendado de su talento y el de su carnal Marcelo, que los invitó a participar en Hotel de verano (1943), la película que rodaba en esos momentos. En ese filme aparecen fugazmente a cuadro y sostienen un diálogo en tatacha, el lenguaje de los pachucos.

Fragmento de la película Hotel de verano:

Primer cortometraje mudo en el que aparece Tin Tan:

Dos años después, en 1945, Tin Tan estelarizó su primera película: El hijo desobediente, en la cual fue dirigido por Humberto Gómez Landero. En 1948, el Pachuco de Oro entró en una espiral ascendente con Calabacitas tiernas, donde se puso a las órdenes de Gilberto Martínez Solares, con quien alcanzó el cénit de su gloria en la mejor de sus obras: El rey del barrio (1949).

En sus películas, Tin Tan se salía del libreto con gran tino, pues improvisaba chistes y bailes que le venían muy bien al guión. Sin embargo, había veces en que esta simpática desfachatez era nociva, pues, por su culpa, las grabaciones quedaban varadas días enteros.
En una ocasión, por ejemplo, mientras rodaba una película, se le ocurrió irse a Londres a ver la clausura de los Juegos Olímpicos de 1948 sin avisar a la producción; además, aunque estaba casado, se fue acompañado de una guapa actriz a la que llamaban «La Chula Prieto».

Fragmento de la película El revoltoso:

En esos años, sus largometrajes se financiaban solos. Los productores acostumbraban enviar circulares a países latinoamericanos en las que se anunciaba la filmación de una película más de Tin Tan. Se invitaba a compañías a financiar el proyecto aportando entre 25 y 30 mil dólares. De ese modo, se lograban reunir cantidades de hasta un millón de billetes verdes, de los cuales podía ahorrarse una suma considerable, pues, a lo mucho, el presupuesto de la película consumía una tercera parte de lo recaudado. El resto era ganancia neta.

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Toda esta bonanza le alcanzó a Tin Tan para rodearse de mujeres y darse una vida llena de lujos, entre los 
que no faltaron las joyas, los coches —en especial los Cadillacs, sus favoritos—, los viajes y los yates. De estos últimos llegó a tener tres, todos llamados Tintavento, pero ninguno le sobrevivió, pues, en circunstancias dignas de sus películas, todos terminaron en ruinas.

Conoce más sobre «el Pachuco de Oro» en Algarabía 48.

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