¿Qué onda con...?

Autores con rencor a sus madres

Algunos autores literarios sufrieron tanto la mala relación con sus madres que varios extendieron el trauma a sus obras.

Las madres son pilares en la vida de toda persona, ya sea porque estén presentes o ausentes en momentos importantes de su vida. Pero cuando esa figura maternal falta los conflictos existenciales se desatan. Éste es el caso de varios escritores cuyas madres les provocaron rencor y abandono.

Malas progenitoras

San Agustín, teólogo y filósofo del siglo v, antes de iniciar su vida dentro de la Iglesia Católica, llevaba una relación de amor y odio con su madre Mónica, tan controladora como religiosa. A los 28 años, Agustín de Hipona le mintió a su madre para viajar a Roma, pero ella lo siguió varios días después. La madre quería que su hijo se uniera a la iglesia, pero él no lo hizo hasta el año 387, mismo en que su madre muere, no sin antes ver sus deseos cumplidos.

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Honoré de Balzac fue un novelista francés del siglo xix que sufrió duramente la relación con su progenitora. Él y sus hermanas fueron mandados desde muy jóvenes a trabajar en el campo y después a educarse a colegios, siempre lejos de la familia. Varios años después nació Henry-Francois, producto de la infidelidad de la madre con un amigo de la familia.

Al recién nacido la madre le procuraba cariños y atenciones, algo que jamás hizo con el resto de sus hijos.

Hervé Bazin, poeta y narrador francés del siglo xx, llamó a su madre Folcoche, y en uno de sus relatos escribió: «La folcoche es la cerda que devora a sus hijos». Este odio hacia su madre fue a causa de que ella lo abandonó, durante diez años los dejó, a él y a su hermano, bajo el cuidado de su abuela. Cuando ella muere, su madre vuelve a recuperarlos pero sólo para maltratarlos y generar en ellos más rencor.

El poeta francés Charles Baudelaire resintió el segundo matrimonio de su madre. Cuando falleció su padre contrajo matrimonio con un amigo de la familia, lo que el poeta considera una traición. En 1861 él envió una carta a su madre donde muestra que realmente no la odió, sino que sufrió en gran medida su abandono.

Y cómo no hablar del autor de El gran Gatsby, quien también tuvo una pésima relación con sus padres. Tanto era el odio de Scott Fitzgerald hacia su madre que utilizó su nombre para un personaje de sus cuentos, en el que termina siendo asesinada. Su esposa Zelda igualmente odiaba a los padres del escritor norteamericano.

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Otro escritor estadounidense que tuvo una complicada relación con su madre fue Truman Capote. En primer lugar, su nacimiento fue producto de un aborto frustrado, su madre Lillie Mae Fulk era muy joven cuando él nació. El pequeño Truman creció en Alabama, al sur de ee.uu, pero la vida en un tranquilo suburbio le desagradaba a su madre, por lo que a los pocos años se muda a Nueva York con su hijo.

Más tarde Lillie se casa con un hombre de negocios cubano llamado Joseph García Capote, de quien el escritor posteriormente retomaría el apellido. A la madre le disgustaba la homosexualidad de su hijo, tanto como su alcoholismo, sumado todo esto al temperamento obcecado de ambos, su relación careció de afecto. En 1955 Lillie, quien había cambiado su nombre a Nina, se suicidó.

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Por último, un escritor latinoamericano que tuvo una mala relación con su madre fue Mario Vargas Llosa. Durante diez años él creyó que su padre había muerto, y la responsable de la mentira fue su madre. Esto, además de que ella menospreciaba el oficio del escritor, generaron en él un resentimiento que jamás pudo sanar. Su tía Julia, sin embargo, le brindó todo el apoyo y cariño que necesitaba, tanto que a los 19 años Vargas Llosa le escribió la novela La tía Julia y el escribidor.

Escucha a las buenas y malas madres

La relación entre la madre y sus hijos provocan en ambas partes enormes sentimientos, ya sean de amor o de odio. Las consecuencias son infinitas, y en algunos escritores el trauma se termina expresando en grandes obras literarias. En este caso, a quién se le debe el mérito, ¿a la madre o a su hijo?

 

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