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¿Algunos idiomas son peores que otros?

Si revisamos las lenguas que se hablan actualmente, veremos que tienen diversos usos. Muchas de ellas son la lengua materna de una comunidad y sirven perfectamente a sus funciones cotidianas; otras tienen un uso más restringido: el latín, por ejemplo, es una lengua muerta que hasta hace unas décadas era de uso oficial en la iglesia católica, y ahora se limita al estudio de algunos textos antiguos.

Si revisamos las lenguas que se hablan actualmente, veremos que tienen diversos usos 1 Tomado de «Some Languages are Just Not Good Enough», publicado en Language Myths, Londres: Penguin Books, 1998. Editado y traducido por María del Pilar Montes de Oca Sicilia.. Muchas de ellas son la lengua materna de una comunidad y sirven perfectamente a sus funciones cotidianas; otras tienen un uso más restringido: el latín, por ejemplo, es una lengua muerta que hasta hace unas décadas era de uso oficial en la iglesia católica, y ahora se limita al estudio de algunos textos antiguos.

Unas lenguas tienen funciones más extensas en la administración de los estados o en su educación, su ciencia y su literatura, mientras que a escala mundial el inglés es la lengua del tránsito aéreo, los negocios, la comunicación científica y la lengua franca en el turismo.

Desgraciadamente, esta diferencia en el uso de las lenguas hace que mucha gente piense que unas no son tan buenas como otras; es decir, que no valen ni sirven si no se usan para fines nobles, literarios o de negocios.

Esta creencia la encontramos, sobre todo, entre los hablantes de la lengua oficial de un país donde existen una o varias lenguas minoritarias. Un ejemplo es el maorí, que se habla junto con el inglés en Nueva Zelanda. Los lingüistas calculan que este último es la lengua materna de 95% de la población neozelandesa y la única que habla 90% de ella, y los que se identifican como maoríes no llegan a 12%. Y a pesar de que el maorí es una lengua hablada con regularidad por casi 30 mil personas, y de los esfuerzos que procuran su presencia convirtiéndola en idioma oficial, éste languidece, relegado a actos oficiales o académicos. Mientras tanto, muchos neozelandeses afirman que el maorí no tiene «la calidad» para ser una lengua oficial o académica, porque tiene que tomar prestadas palabras del inglés para expresar ciertos conceptos. ¡Como si el inglés nunca hubiera tenido que importar palabras de otras lenguas para expresar nuevas ideas!

Pero éste no es un caso aislado ni nuevo: ya Cicerón, el orador, filósofo y político romano, escribió su obra en latín no sólo para acercar la filosofía al público romano, sino para demostrar que sí podía escribirse filosofía en este idioma, pues muchos de sus contemporáneos eran escépticos de que el latín fuera una lengua de linaje que pudiera expresar lo que los filósofos griegos escribieron, sin imaginar que, siglos después, ésta sería la lengua de las academias, instituciones, la ciencia y la literatura por más de un milenio. Y lo mismo volvió a suceder en la Edad Media, cuando se pensaba que las lenguas vernáculas —como el francés, el español o el italiano— eran demasiado «vulgares», inmaduras y pobres para transmitir el pensamiento abstracto y la variedad del saber que aún entonces eran territorio griego y latino.

Hoy en día, las lenguas habladas por minorías, como el maorí, el rético y, en fechas recientes, el swahili, recurren a lo mismo que Cicerón en su tiempo: crear neologismos —o sea, palabras nuevas— o tomar préstamos de otras lenguas. En algunas de ellas, si se desarrollan lo suficiente y no mueren antes, en un futuro se podrá hablar libremente de física cuántica, jurisdicción, economía y ciencias.

De hecho, si la historia fuera otra y los conquistados hubiesen sido los conquistadores, estas lenguas pudieran hoy ser lenguas usadas de forma internacional en la diplomacia, la política y la ciencia, y hoy nos estaríamos preguntando por qué ese «dialecto tosco» llamado «inglés», de una isla perdida al norte de Europa, se sigue hablando, y cómo es que el dialecto del centro de la península ibérica llamado castellano carece de literatura y aun así se considera una lengua. Y quizá este artículo hubiera estado escrito originalmente en maorí y en esta revista lo hubiéramos traducido al otomí.

En la sección de comentarios comparte con nosotros: ¿Crees que hay lenguas mejores y peores? ¿Te parece que el español es una de las mejores lenguas?

Ray Harlow se formó como clasicista —especialista en latín y griego— en Nueva Zelanda y Suiza, pero optó por el estudio de las lenguas polinesias hace más de 20 años. Ahora es profesor asociado en la Universidad de Waikato en Hamilton, Nueva Zelanda, y desde 1987 —año en que se estableció—, es miembro de la Comisión para la Lengua Maorí —Te Taura Whiri i Reo Maorí.

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