Para hablar y escribir mejor

¡Allá se las haya su aya!

Déjenme contarles que a mi sobrinito Pedro le encantan las palabras.

Sólo le bastan dos homófonos para perderme en un vericueto semántico y, de ese modo, salirse con la suya. hace unos días me disponía a enseñarle
las capitales del mundo, pero él, para evitarlo, rápidamente me preguntó la diferencia entre
haya y halla, vaya y valla, y yo, sin adivinar sus verdaderas intenciones, amablemente le expuse:

vaya

Vaya, así escrito, es una interjección que sirve para manifestar que algo nos satisface: «¡Vaya, por fin me ascendieron!»; también, antes de un sustantivo y de acuerdo con la entonación que le demos, hablará bien de él: «¡Vaya chica!», o mal: «¡Vaya musiquita!». Vaya es también la forma verbal en presente perfecto, modo subjuntivo, del verbo ir, para la primera y tercera personas del singular:

«Convendría que —yo / él / ella— vaya, pues conozco / conoce mejor el tema».

valla

Cuando escribimos valla, con ll, nos referimos a una línea de estacas o de tablas adheridas al suelo con objeto de proteger o delimitar un espacio, y actualmente también se les denomina así a las carteleras publicitarias que vemos en las construcciones o en los terrenos baldíos. En atletismo se usa para referirnos a los obstáculos y, en ese sentido, metafóricamente podemos usarla para mencionar los «obstáculos» que encontramos en la vida.

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baya

Pero también tenemos la palabra baya, y ésta nos sirve para referirnos a los frutos pequeñitos y carnosos que tienen semillas rodeadas de pulpa, como las uvas, las moras, los capulines, las cerezas, etcétera, o también a algunas plantas como la matacandil.

Ahora entremos a los otros homófonos relacionados que son igualmente complicados. Nos referimos a allá, halla, haya, aya, hallá y La Haya... ¡Uf!

halla

Pues bien, halla, así escrito, es la forma verbal en presente perfecto del verbo hallar para la tercera persona del singular, en modo indicativo: «Él / ella halla la forma de zafarse todos los días»; en modo imperativo se le atribuye a la segunda persona del singular en las variantes tú y vos, para las cuales se distingue con la tilde de la última a: «¡Halla el camino!» —tú— o «¡Hallá el camino!» —vos.

allá

Allá, sin h y con acento en la segunda a, es un adverbio de lugar menos determinado que allí, por lo que admite ciertos grados de comparación que no permite este último: «El pueblo está aún más allá».

También denota lejanía: «Allá en el Rancho Grande, allá donde vivía...».

Además, nos sirve para manifestar desdén o despreocupación respecto a los problemas ajenos: «¡Allá tú!», o alejamiento del punto espacial o temporal en que se encuentra el hablante: «Voy para allá» o «Allá en tiempos de la Independencia». Por último, como frase sustantiva puede referirse al mundo de ultratumba: «Nadie sabe nada sobre el más allá».

haya

Escrita con y, haya es la forma verbal en presente del verbo haber, para la primera y la tercera personas del singular, pero en modo subjuntivo: «Es una suerte que —yo / él / ella— haya encontrado boleto, pues es el único concierto que dará en México».

Con la misma escritura, pero como expresión coloquial, haya nos sirve para denotar que alguien no quiere participar en algo o que se separa de la decisión de otra persona: «Allá se las haya, pues no me parece correcta su decisión»; y también como locución interjectiva para desear bien o mal a alguien: «¡Bien / mal haya el que sí / no escucha consejos!».

Como sustantivo, el haya es un árbol de buena madera cuyos frutos se conocen como hayucos.

Pero, junto al artículo la y con mayúscula, La Haya, se refiere al nombre de la capital administrativa de los Países Bajos, ubicada en la provincia de Holanda, de la que también es capital.

aya

Por último, sin la h, aya es un sustantivo femenino que se refiere a la persona encargada de custodiar niños o jóvenes y de cuidar su educación, o también a la nana: «Mi aya es muy estricta, pero aun así la quiero».

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Después de esta larga clase de ortografía me dispuse a continuar con la geografía, pero él me lanzó la siguiente perorata, con la que puso fin a mis intentos: «Mal haya quien no halla la forma de enseñarme que La Haya es la capital de Holanda, pues ni azotándome allá con la rama del haya podrá vencer esta valla; mejor voy por unas bayas, pues ni mi aya puede hacer nada, ya que sólo repite cansada “¡allá tú!”».

¡Vaya niño!

 

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