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Palabrotas

Ominoso

Origen y significado de la palabra ominoso.

Vaya que esta vez tocó el turno a una verdadera palabrota, una que augura lo sumamente malo, despreciable o repulsivo.

Lo ominoso es, según el drae, lo «azaroso, de mal agüero, abominable,
vitando1 Lo que se debe evitar.»; es también lo odioso y execrable.

Fue tomado del latín ominosus, que significa «de mal agüero», que a su vez deriva de omen, ominis, «presagio», «predicción» o «lo que anuncia». Con esta palabra se relacionan otras como omisión, omiso y abominable.

Lo ominoso era, en principio, lo que presagiaba un mal, pero se convirtió en lo que debe ser condenado y despreciado; por ejemplo, se denomina Década Ominosa al periodo de la historia de España que comprende los años de 1823 a 1833, durante los cuales se dio muerte a una gran cantidad de liberales españoles, mientras otros tuvieron que salir al exilio.

Otro significado de esta palabra proviene de los escritos de Sigmund Freud, quien en 1919 publicó un artículo titulado «Das Unheimliche», traducido al español como «Lo ominoso»2 Sigmund Freud, Obras completas, t. XVII, Buenos Aires: Amorrortu, 1976. En este texto, el padre del psicoanálisis califica como ominosa la sensación, relacionada con lo terrorífico, que provoca aquello que nos es familiar y extraño al mismo tiempo y que, por tanto, llega a ser inquietante. Ciertos objetos inanimados que parecen vivos pueden ocasionarnos esta sensación; también la experiencia del doble o del otro yo. Se trata de algo familiar que se vuelve ajeno, o de lo que —por su naturaleza siniestra— se mantiene oculto y, de pronto, aflorara o saliera a la luz.

¿Has visto esas muñecas de porcelana con vestidos antiguos y pelo natural que parece que en cualquier momento moverán los ojos? Pues éstas producen miedo porque nos hacen recordar lo que nos es propio, lo que somos, pero con un componente ajeno, antinatural. Por eso, aquellos seres que tienen algo humano y algo animal al mismo tiempo, o los objetos que parecen adquirir vida, producen en nosotros esa sensación espeluznante. Por algo la película Chucky, el muñeco diabólico (1988) tuvo tanto éxito.

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