Literatura

Frank Wedekind y su famosa Lulú

Dramaturgo irreverente, crítico de la burguesía mediante contenidos abiertamente sexuales, precursor del expresionismo, creador del arquetipo de la mujer fatal, huésped permanente de burdeles, bohemio sin redención.

Así fue Frank Wedekind, un autor que discretamente y sin ser apenas conocido fuera de Europa, es considerado uno de los dramaturgos más influyentes del arte contemporáneo.

Religiosamente erótico

Benjamin Franklin Wedekind nació el 24 de julio de 1864, en Hannover, Alemania. De madre suiza y padre alemán, fue concebido en California, durante un viaje de autoexilio del doctor Friedrich Wilhelm Wedekind. El niño Frank vivió su infancia en un castillo suizo, a donde su padre llevó a la familia por desacuerdos con las políticas del ministro Otto von Bismark.

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A los 13 años, Frank compuso su primera obra de teatro y a los 18, su primer poemario. Se inscribió en la facultad de Derecho por exigencia de su progenitor pero, ¿cuándo fue a clases? Jamás. Decidió estudiar la carrera de Letras, pero la abandonó por el llamado de la vida bohemia.

En efecto, lo que más le gustaba a Frank era cantar, actuar, escribir libremente, pero sobre todo, practicar el sexo, y si era con prostitutas, mejor.

Peleado con su papá, huyó del castillo suizo y se instaló en Munich, donde desempeñó diversos empleos: creó un jingle para la sopa Maggi (1886), fue publicista de un circo (1888) y escribió artículos para la revista satírica Simplicissimus —que en 1899 le ganaron una temporada de nueve meses en prisión por sus «ofensas» al kaiser Guillermo ii—. Y siguió su vocación de actor de cabaret, cantante y autor de obras de teatro, una más provocativa que la anterior.

—Conoce a Renoir, pintor de mujeres

Viajó por Europa. Vivió la eterna fiesta de París, la vida libre en Londres y fue visitante frecuente de los tugurios más licenciosos de Munich y Berlín. Se cuenta que «profesó el erotismo religiosamente» y obviamente, tuvo muchas amantes. Con la escritora austriaca Frida Uhl tuvo un hijo que luego adoptó el también dramaturgo, August Strindberg. En 1906 se casó con la actriz austriaca Tilly Newes, con quien se puede decir que «sentó cabeza» y tuvo dos hijas.

En realidad, el matrimonio fue problemático por las exigencias sexuales que Wedekind se autoimponía.

Al ser 22 años mayor que su esposa, se agotaba en complacerla en la cama, se volvió extremadamente celoso y posesivo hasta un punto tal que ella decidió separarse y amenazó con suicidarse. No fue necesario, ya que el 9 de marzo de 1918, a los 53 años, Franz murió por complicaciones de una apendicectomía.

Durante gran parte de su vida llevó un diario impregnado de erotismo, de cuyas anotaciones tomó inspiración para sus propias obras.

Bajo el régimen

Nos encontramos en la transición del siglo xix al xx. El Imperio alemán, bajo el gobierno del kaiser Guilllermo ii (1888-1918), está formado por una sociedad que quiere quedar bien; las buenas conciencias acallan cualquier situación que pudiera parecer escandalosa. Es a esta sociedad burguesa, hipócrita, que oculta sus miserias, abusos y pecados bajo el colchón, a la que ataca Wedekind, exponiéndola en sus obras, burlándose de ella, y recibiendo a cambio el «regalo» de la censura.

—Lee también: El erotismo de James Joyce

Wedekind se dedicaba ya de lleno a la vida de artista. En un principio su teatro coincidió con el estilo naturalista de Gerhart Hauptmann, pero pronto evolucionó hacia lo que se puede considerar preexpresionista, por su creación de personajes arquetípicos, las obras estructuradas en episodios, los diálogos fragmentados, la combinación de ambientes y una permanente crítica a la sociedad puritana de la época. Hauptmann, por su parte, seguiría en ese estilo, que lo llevaría a obtener el Nobel de Literatura en 1912.

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En la película Something Wild (1986), de Jonathan Demme, la actriz Melanie Griffith adopta el nombre y la estética de Lulú.

No ocurrió nada parecido con Wedekind, por supuesto. Una de sus obras maestras, Despertar de primavera —Frühlings Erwachen— (1891), estrenada en 1906, fue ultracensurada por su temática escandalosa: el despertar a la sexualidad de un grupo de adolescentes. En una serie de pequeños cuadros presenta diversas actitudes que en aquel tiempo se consideraban reprensibles: masturbación individual y grupal, homoerotismo, sadismo, violación, aborto, suicidio...

De su época en prisión es la novela Mine-Haha o de la educación física de las niñas —Mine-Haha oder die körperliche Erziebung der jungen Mädchen— (1899), que trata de la vida en un un orfanato para niñas que son estrictamente educadas para una peculiar presentación en sociedad. Esta obra fue adaptada al cine como Innocence (2004) por la directora Lucile Hadzihalilovic, con Marion Cotillard.

Las mujeres fatales también van al cine

Su obra Franziska (1912) se adelantó a su época como una metáfora del feminismo, ya que la protagonista hace un pacto con el diablo para convertirse en hombre y saber qué se siente «tener todos los privilegios». Pero de todas sus creaciones, las que definitivamente pasaron a la posteridad fueron El espíritu de la Tierra —Erdgeist— (1895) y La caja de Pandora —Die Büchse der Pandora— (1904), gracias al personaje de Lulú.

Lulú y el erotismo trágico

Como casi todas las obras de Wedekind, El espíritu de la Tierra tuvo que ser reescrita y ultracorregida por el autor para poder librar la censura y estrenarse en 1898. Wedekind concibió el personaje principal durante su estancia en París. Al parecer, la inspiración surgió al ver un espectáculo de clown titulado precisamente Lulú, sin embargo, hay quien aventura que el nombre se debe también a Lou Andreas- Salomé, la escritora rusa que casi provocó el suicidio de Friedrich Nietszche al rechazarlo y que le hiciera escribir tantas cartas y ensayos a Freud. Por cierto que también rechazó a Wedekind luego de llevar una relación de amistad- admiración con él en la Ciudad Luz.

Wedekind creó a Lulú como una «fuerza de la naturaleza», encarnación de la sexualidad y perdición de todos los hombres; para conocer más de él y esta hermosa mujer amoral lee el texto completo en nuestro especial de sexo Algarabía #154.
 
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