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Los autonautas de la Cosmopista: el último libro de Julio Cortázar

A bordo de Fafner, un dragón rojo, que para los mortales era tan solo una minivan, se embarcó en un viaje interminable con su esposa Carol Dunlop por la autopista francesa París-Marsella.

La fantasía estuvo presente en el último libro de Julio Cortázar, aunque no inventó personajes para éste. A bordo de Fafner, un dragón rojo, que para los mortales era tan solo una minivan, se embarcó en un viaje interminable con su esposa Carol Dunlop por la autopista francesa París-Marsella.

Los autonautas de la cosmopista

A finales de mayo de 1982, el Lobo y la Osita —como se decían en la intimidadrecorrieron cerca de 800 kilómetros deteniéndose dos veces por día en los paraderos únicamente para lo esencial: estirar las piernas, comer algo, ir al baño y por supuesto, escribir.

Los autonautas de la Cosmopista

Las páginas de este diario de viaje relatan las aventuras que enfrentaron durante el recorrido e incluso antes de él,  pero para no perder el aire científico, propio de una bitácora, también fotografiaron, dibujaron y describieron todo lo que ocurría a su paso.

Podría sonar como un arrebato pero no lo fue; por más de dos años planearon este viaje «completamente loco» y lo emprendieron en el momento más vulnerable de su vida.

Julio Cortázar y Carol Dunlop padecían la misma enfermedad terminal, él con 68 años y ella 34. Seis meses después de terminar el viaje por la autopista al sur de Francia, ella murió.

«La vi emprender su viaje solitario, donde yo no podía ya acompañarla, y el 2 de noviembre se me fue de entre las manos como un hilito de agua, sin aceptar que los demonios dijeran la última palabra, ella que tanto los había desafiado y combatido en estas páginas», incluyó en el post-scriptum de la obra.

Poco a poco la cotidianidad se transformó en una experiencia surreal donde Carol y Julio ya no estaban solos. Al viaje, los acompañó Polanco, Calac y Los Tártaros, demonios de cada uno que iban y regresaban a su antojo. Tras el viaje de treinta y dos o treinta y tres días,nadie sabe con exactitudregresaron a Francia y la salud de Carol empeoró hasta su muerte el 2 de noviembre de 1982.

Aunque escrito en conjunto, el libro fue terminado únicamente por él y cedió los derechos de autor al pueblo nicaragüense, a quienes también dedicó el libro Nicaragua, tan violentamente dulce.

La muerte de su compañera lo sumió en una fuerte depresión de la que fue imposible escapar, aún así continuó escribiendo y viajando. Regresó por última vez a Argentina en 1983 y a su queridísima Nicaragua, sin embargo, aquél hombre robusto de 1.93 metros comenzó a adelgazar y a encorvarse cada vez más a causa de una extraña enfermedad, que en su momento no tenía nombre.

«Estoy harto de mi cuerpo, Mario», dijo a su amigo y primer editor de Los Autonautas de la Cosmopista, Mario Muchnik.

El 12 de febrero de 1984, Cortázar falleció en el mismo lugar en el que inició su recorrido para emprender un viaje atemporal «que sigue, sigue en nuestro dragón, sigue para siempre en nuestra autopista».

Los autonautas de la cosmopista

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