Lenguaje

El perdón —Se ruega y se suplica, pero no se ofrece—

Imagine que una persona le rompe el hígado a otra a patadas y luego, como si esto no fuera suficiente, ahí mismo, con su víctima en el suelo sufriendo aún el dolor de las heridas y escupiendo sangre hepática —tal vez al borde de la muerte misma—, el victimario le «ofrece», además, sus disculpas por todas las ofensas recibidas. ¡Vaya cretino!

Es decir, no puede uno ofrecer una disculpa a quien uno mismo ha ofendido, pues eso es equivalente a matar a la vaca y además disculparla por no estar todo lo suave que cualquier buen paladar exige.

«Sí, "perdón, perdón", pero el dolor, ¿quién me lo quita?»
—Decir de la tía Ta

Ofrecerle una disculpa a quien es nuestro ofendido tiene quizá que ver con una irresponsable tendencia de ofrecer lo que no se tiene o no se puede dar. No importa que se cometa con premeditación o por ignorancia, esta imprecisión del lenguaje denota una actitud irreverente. Es, en una palabra, un ultraje, pues confunde los papeles entre quien comete una ofensa y el ofendido. Ésta es una relación unidireccional, que distingue claramente a quien es culpable de haber cometido un abuso de aquel que recibió el maltrato, quien es el único que posee el don de otorgar el perdón.

Extraña costumbre la del ser humano de abusar y luego disculpar al ofendido, ¿no creen?

Existe una frase que se repite una y otra vez en medios de comunicación y discusiones menos ventiladas que reza: «Le ofrezco una disculpa». Y es una pena, porque en el fondo existe buena voluntad por parte de quien profiere tales cortesías; pero, bien visto, se está insultando por doble partida, pues la disculpa es algo que debe solicitar humildemente aquel que hirió o abusó y que sólo puede conceder el ofendido, por lo que si el que ofende ofrece una disculpa, estrictamente deberá entenderse que no sólo no se siente mal por lo que hubiera hecho, sino que además le concede al ofendido el privilegio de disculparle de las ofensas que hubiere infringido, aunque ni aquél ni éste sepan aún en qué consisten exactamente.

  • Jorge Tamariz Linares 401

    Primeramente pienso que todos los seres humanos debemos tratarnos con respeto y evitar de esta manera conflictos entre nosotros, más sin embargo en la situación descrita creo que pedir perdón pudiera ser válido siempre y cuando no genere mayor dolor en el ofendido,se hahaga de manera honesta y se muestre humildad y verdadero arrepentimiento, de ser lo contrario estoy totalmente de acuerdo que el ofendido es el único que tiene el poder de perdonar ya que está en el la decisión de disculpar las agresiones recibidas.
    Por ejemplo si un padre ofende a un hijo creo que es mejor dejar las cosas así antes de que el padre le ofrezca un perdón al hijo ya que de tan solo recordarlo le estaría generando nuevamente mucho dolor por lo tanto creo que el hijo debe tener la capacidad suficiente para entender que su padre se equivocó y entonces está en el otorgar el perdón.
    Yo soy una persona persona que suele pedir perdón aunque no siempre sea de arrepentimiento, humildemente o de corazón ya que hay algunas ocasiones que una disculpa se debe de pedir como un acto de cortesía y en algunas otras como un arrepentimiento que venga del corazón y no por cumplir reglas de la sociedad.

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