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Todo es número

Los nombre de los números se han usado para crear prefijos y otras palabras.

«Todo es número», reza la divisa pitagórica. Uno en griego es μονοσ /mónos/, que también significa «uno solo». De μοναρχησ /monárkhes/ viene monarca, es decir, de la unión de μονοσ /mónos/ y αρχη /arkhé/, «yo mando». Es decir «yo mando solo» o, siendo políticamente correctos, «gobierno de uno solo».

Uno en latín es unus; de nec unus se formó ninguno, y de aliquis unus, alguno. También de unus viene universitas y de ahí universidad, que significa «vertido en uno». Este término originalmente significó la unicidad de cualquier gremio o corporación, hasta que se identificó con el gremio de maestros y alumnos.

Dos en griego es διʹς /dís-/; de ahí diploma, porque originalmente era un certificado que constaba de dos placas de plomo unidas y que se daba a los soldados cuando obtenían su licencia. Refieren por ahí que también en los concursos de tarugos se dan dos diplomas, el original y la copia, por si pierden el primero. En latín es du ̆ o ̆ y de ahí el verbo dubitare, «dudar», de donde vienen duda y dubitativo; recordemos el «dubicio ergo cogito, cogito ergo sum» —«dudo, luego pienso; pienso, luego existo»— de Descartes.

También el prefijo latino bi- nos sirve para expresar la idea de dos o de doble.

De ahí bíceps, palabra formada por el referido bi-, «dos», más ca ̆ pu ̆ t, cap ̆itis, «cabeza»; es el nombre de sendos músculos del brazo y de la pierna que en su intersección tienen dos tendones —o «cabezas»—; por cierto que bíceps, tríceps y fórceps son tres palabras que, por excepción, a pesar de ser graves y terminar en ese, llevan acento escrito.

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Bikini, sin embargo, nada tiene que ver con el prefijo bi-; esta prenda fue invento del diseñador francés Louis Réard, quien la bautizó así en honor al atolón de Bikini que por esa época adquirió gran renombre por ser el campo de pruebas de la bomba atómica.

Tampoco bigote se deriva del prefijo latino bi-; parece ser que, durante el imperio de Carlos i de España y v de Alemania, los grandes bigotes de los germanos impresionaron a los españoles, y como aquéllos imprecaban «by Got!» —«¡por Dios!»—, llamaron bigote al bigote.

Empero, como la palabra ya aparecía en el Diccionario de Nebrija, publicado en 1495, y el imperio de Carlos i de España y v de Alemania es del siglo xvi, lo más probable es que la palabra hubiera llegado a través de Francia, ya que los galos llamaban bigot a los normandos, que también tenían impresionantes folículos pilosos entre nariz y labio.

El prefijo latino tri- da lugar a muchas palabras. De las etimologías más atinadas está la de trabajo —de tr ̆ipa ̄liare, «torturar»—; ésta a su vez proviene de tri ̆pa ̄lium, literalmente, «tres palos». No piense el lector que se trata de alguna hazaña erótica, el tri ̆pa ̄lium era un aparato formado por tres palos cruzados que usaban los romanos, inicialmente, para sujetar animales, aunque no faltó uno más ingenioso que lo usara para sujetar a los esclavos cuando eran azotados, de modo que de tr ̆ipa ̄lium surgió el verbo tr ̆ipa ̄liare, y así pasó al español antiguo la palabra trebajo, «dolor, esfuerzo, sacrificio», el verbo trebajar y, de aquí, trabajo y trabajar.

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De los prefijos tri- y tertis- viene testis, con lo que se aludía a la tercera persona que estaba presente en un acontecimiento. El testis latino da lugar a las palabras testigo, atestiguar, testificar e, incluso, testar. Lo que resulta curioso es que de aquí proviene también el término testículo, para unos porque, cuando los romanos deponían un testimonio, se asían de esas partes nobilísimas para afirmar que los ponían en prenda de su dicho, cosa que, desde luego, aminoraba de manera notable las declaraciones falsas; sin embargo, los más ínclitos filólogos afirman que nuestras «partes nobles» o, mejor dicho, «nuestras partes dobles», se llaman así porque eran testigos, «la prueba» de que el recién nacido era varón, cosa muy importante para pueblos guerreros como los romanos.

De tris- también provienen triscaidecafobia, que es la fobia al número 13. Para algunos, el trece es tabú, porque Jesús fue el apóstol número trece; sin embargo, para la mayoría el mal agüero del número se debe a que precisamente en un viernes 13 quemaron en la hoguera, frente a la catedral de Notre Dame, a Jacques de Molay, gran maestre de los templarios.

Se le había acusado de idolatría, sacrilegio contra la Santa Cruz y herejía, y fue aprehendido por órdenes de Felipe iv de Francia, «El Hermoso», y del papa Clemente v, a quienes De Molay maldijo con tanto tino que rey y papa murieron antes de un año. Pero ya no le sigo con el número 13, porque, entre más escribo, más me crece este artículo.

Todo es número y para muestra basta con el botón de estas expresiones que usamos a diario1 Tomado de: la columna «Logomaquias» del periódico Excélsior. :

- Se lo aventó en un dos por tres.
- Deja de buscarle tres pies al gato.
- No hay quinto malo.
- Salió con su domingo siete.
- P's, está dos tres.
- Todo lo quiere hacer al cuarto para la una.
- Ésa sí está de diez.
- ¡Mala onda!, le pusieron un cuatro.
- Yo no regreso nunca, está de quinta.
- Tiene que ser, la tercera es la vencida.
- Qué mi abuelita ni qué ocho cuartos.
- Cuando me escuchó, se quedó de a seis.
- ¿No te diste cuenta de que ya andaba en cuatro?
- Si no es lo mismo los tres mosqueteros que 20 años después.
- ¡Llegó a las quinientas!

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Texto publicado en Algarabía 45. Si quieres conocer más datos interesantes sobre números, consulta el Libro de los números, colección Codex; Editorial Lectorum y Editorial Otras Inquisiciones: México.

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