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Sólo para mujeres: el nushu

El nushu es una lengua originaria del condado de Jiang-Yong, en China, que sólo es hablada y escrita por mujeres. Su enseñanza ha pasado de generación en generación durante siglos.

Hay más de seis mil lenguas en el mundo y cada una es reflejo de la cultura que se habla; por eso encontramos que hay lenguas de distinto tipo y calidad, de diferente índole y propósito y de diversa factura y corte.

Hay lenguas que son habladas por menos de diez personas, como el popoluca de la sierra de Oaxaca, y otras por más de mil millones, como el chino. Hay lenguas que no tienen más que cuatro palabras para designar colores, como el hanuno que se habla en las islas de Hawai, y otras que tienen más de 20 palabras para referirse a lo que los hispanohablantes conocemos nieve. Hay lenguas que tienen una gran tradición literaria y escrita de siglos, como el alemán, y otras que carecen de ella, como el maya chol, por comparar sólo algunas.

Los sistemas lingüísticos se diferencian unos de otros porque la cultura que los creó y que los usa es diferente. En este sentido, cada uno tiene características determinadas dadas por la idiosincrasia y la manera de ver el mundo de su cultura. Por ejemplo, muchas lenguas indígenas distinguen entre el nosotros inclusivo —es decir, yo y o yo y ustedes—
y nosotros exclusivo —es decir, yo y otros—; también encontramos lenguas como el dyirbal de Australia, en donde hay que clasificar todos los objetos de la lengua en cuatro grupos: bayi, bala, balam y balan, y este último clasifica a los sustantivos relacionados con «mujeres, fuego y cosas peligrosas».

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También hay lenguas en donde no existen adverbios, sino que se expresan a través de modalidades verbales. Éstos son sólo unos ejemplos de que los conceptos que se consideran importantes y que se reflejan en la lengua son distintos en cada grupo cultural, aunque hay algunos que son casi universales, o sea, que están presentes en la estructura de casi todas las lenguas: el tiempo, la cantidad o número, la persona que hace cierta acción y el género o tipo de sustantivo.

Lengua y género

Por género1 Entre otras definiciones, científicas, biológicas y de diferente índole, el DRAE define género como «clase a la que pertenece un nombre sustantivo o un pronombre por el hecho de concertar con él una forma y, generalmente, sólo una, de la flexión del adjetivo y del pronombre». entendemos las categorías gramaticales de masculino, femenino y neutro en lenguas como el español, donde los sustantivos y adjetivos tienen que ser de uno u otro tipo: la casa, el perro, el o la sartén, etcétera.

El género es un concepto meramente gramatical que no tiene nada que ver con el sexo. El que en el sustantivo silla rija el género femenino: la silla blanca, la silla alta, la silla negra, no quiere decir que sea mujer, ni mucho menos. 
Lo masculino o femenino en la lengua no tiene nada que ver con lo masculino o femenino en la vida.

De hecho, en muchas lenguas hay género dual o neutro; en el griego encontramos nombres neutros que rigen adjetivos neutros: καλο παιδι /kalo paidi/, «niño bueno» —neutro—, πνευμα καλο /pneuma kalo/, «espíritu bueno» o «alma buena», frente al femenino καλι γυναικα /kali gynaika/, «mujer buena». Y hay lenguas en donde el género varía radicalmente: en alemán, der Mond —el luna— es masculino y die Sonne —la sol— es femenino.

Sin embargo, el concepto de 
género muchas veces se ha 
traspolado hacia otros ámbitos y,
 a veces, se utiliza para distinguir 
a los dos sexos; por ejemplo: «literatura de género» 
o «brecha entre los géneros». Los dos conceptos se han llegado a confundir tanto que incluso ha habido feministas que se han enojado por el uso de cierto género gramatical y han tratado de pelear por alternativas a ciertas palabras: femicidio por homicidio o girlcot por boicot, lo que, más que absurdo, resulta totalmente inútil, ya que el género es algo que se da de forma casi aleatoria.

Por ejemplo, el que en español se diga el área o la alberca es totalmente circunstancial y producto del romanceamiento y la evolución del español desde el latín. El latín tenía declinaciones, y, al ir convirtiéndose en lengua vernácula, las perdió. Fue así como se hizo necesario el uso del artículo para determinar el tipo de sustantivo. Como tal, se usaron los pronombres demostrativos illa e illum —aquel y aquella—, y algunas veces se perdió la última vocal, illa aqua > il aqua > el agua, y otras veces la primera, illa arena > il arena > la arena.

Lengua y sexo

Lo que sí es un hecho es que, al ser la lengua reflejo de la cultura, el sexo o las diferencias sexuales se suelen plasmar en ella. Las mujeres aprendemos a hablar como mujeres y los hombres como hombres. La lingüista Robin Lakoff2 Robin Lakoff y R. Scherr, Language and woman’s place, Nueva York: Harper & Row, 1975. habla de las características del lenguaje femenino3 El estudio fue hecho para el inglés. y menciona entre ellas: mayor indecisión en general, mayor uso de muletillas y pausas, menor uso de malas palabras y mayor vocabulario, sobre todo si se trata de adjetivos y de palabras para colores. Esto lo podemos comprobar en cualquier interacción y tal es el caso, que muchas veces se afirma que fulano o mengano es afeminado porque «habla como mujer».
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Estas sutiles diferencias entre la forma de hablar de hombres y mujeres en español son aún mayores y más marcadas en otras lenguas. Por ejemplo, el español distingue el sexo de la tercera persona, él o ella, ellos o ellas, pero no en la segunda persona, o ustedes —ya sean mujeres u hombres—; mientras que la lengua amárica que se habla en Etiopía distingue entre femenino —anchi— y masculino —anti.

En la lengua tai o siamés hay dos formas de decir gracias, dependiendo si se es mujer —kop kun kaa— u hombre —kop kun krap—; y en hebreo hay cuatro formas de decir «te amo»: ani oev otaj, de hombre a mujer; ani oevet otjá, de mujer a hombre; ani oev otjá, de hombre a hombre; y ani oevet otaj, de mujer a mujer.

En el sueco los términos de parentesco distinguen la línea masculina de la femenina y hay cuatro maneras de decir nieto: sondotter, hijo de mi hija; sonson, hijo de mi hijo; dotterdotter, hija de mi hija; y dotterson, hija de mi hijo. Todos estos rasgos reflejan lo que una cultura vive a nivel de sexos y, si ésta discrimina lo femenino en general, esto se verá reflejado en su lengua.

Entre todas las lenguas del mundo encontramos diversas variaciones y características al respecto, pero ninguna como el caso extremo y singular del nushu, una lengua que se distingue de las demás y nos llama profundamente la atención porque es hablada sólo por mujeres. No se conocen otros casos de un idioma hablado por un solo sexo dentro de un grupo social o cultural, por eso es tan interesante.

El nushu

En 1982 una maestra china descubrió en el condado de Jiang-Yong, en la provincia de Hunán, una lengua hablada sólo por mujeres que ha pasado de generación en generación durante siglos. La lengua se conoce como nushu, que, literalmente, quiere decir «escritura de mujeres». Se trata de una lengua secreta, de un código liberador —como el de los prisioneros de guerra—, que surgió como respuesta a una cultura en la que los hombres dominaban y mantenían el control.

Por ejemplo, antiguamente en esta provincia, lo común era que las casas fueran de dos pisos; las mujeres —con los pies vendados— estaban destinadas al segundo piso, así que no podían ir a la escuela, ni aprender chino; de esta forma, el nushu se creó como una alternativa que las liberaba del analfabetismo.

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El nushu es una forma delicada y muy femenina de escribir que se iba pasando de abuela a madre, de madre a hija, de tía a sobrina, de amiga a amiga, y nunca, bajo ninguna circunstancia, se podía enseñar a ningún hombre, por íntima que fuese la relación con él. Este antiguo sistema se expresaba principalmente de forma escrita, pero también se usaba en las tardes de costura para cantar y como juramento de amistad y lealtad entre mujeres en libros y diarios secretos y prohibidos.

Este idioma secreto se hizo necesario en una sociedad en donde las mujeres tenían que permanecer recluidas en su casa antes de casarse. Cuando se casaban, la novia tenía que irse a vivir a casa del novio; ahí empezaba a ser útil lo críptico del nushu, ya que tres días después de la boda la recién casada recibía El libro del tercer día, un volumen de tela en el que sus hermanas, su mamá, su abuela y las demás miembros de la hermandad, plasmaban el dolor de perderla y le deseaban la mayor felicidad en su vida marital.

Las primeras páginas contenían los lamentos y esperanzas en nushu para que el marido no los pudiese entender y el resto se dejaba en blanco para que ella misma pudiese escribir sus propios sentimientos y experiencias, y el libro se convirtiera en un diario de vida.

Si quieres conocer más sobre el nushu, consulta Algarabía 18.

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