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Poniéndole Jorge al niño

En nuestra cultura, ante la noticia de un próximo nacimiento, es predecible que surjan —no importa en qué orden— tres preguntas clásicas expresadas con éstos u otros términos similares: ¿para cuándo nace?, ¿qué creen que sea, niño o niña? Y ¿cómo se va a llamar? Preguntas que, por supuesto, ya han pasado por la mente de los futuros padres.

Las respuestas a las dos primeras interrogantes están fuera de su control; en cambio la tercera parece depender únicamente de ellos. Sí, al menos en apariencia, la imposición del nombre de pila a un recién nacido es —de acuerdo con nuestra legislación— un acto libre de los padres; pero con frecuencia olvidamos que en dicha elección está implícita toda una gama de factores que convierten a este simple acto en un espejo de las costumbres, tradiciones y valores que privan en su entorno social; un inequívoco retrato de los gustos y animadversiones de su época.

De acuerdo con un estudio pormenorizado del lingüista Peter Boyd-Bowman,1 Peter Boyd-Bowman, «Los nombres de pila en México desde 1540 hasta 1950 los nombres de pila masculinos caracterizaron durante la primera mitad del siglo xx, en la capital de nuestro país, por ser nombres germánicos: Alberto, Enrique, Fernando, Ricardo, Rodrigo; bíblicos: Abraham, Daniel, David, Jacobo, Samuel; y mitológicos: Héctor, Ulises; así como por nombres de personajes famosos contemporáneos, principalmente monarcas: Alfonso, Humberto, Jorge, Eduardo, Víctor Manuel; lo cual indicaba que la influencia religiosa iba cediendo terreno en la búsqueda de una mayor variedad onomástica.

Era lógico que algunas tendencias se modificaran, pero ¿hacía dónde se dirigió el cambio? ¿Cuáles son, ahora, los motivos presentes en los capitalinos al elegir un determinado nombre de pila para sus hijos? A continuación, intentaré dar una respuesta con base en los resultados de una investigación de campo acerca de las preferencias de 600 padres mexicanos, originarios y residentes de la ciudad de México, con tres diferentes niveles de escolaridad, que eligieron nombres de pila para igual número de niños nacidos en esta ciudad, entre el 1 de enero de 1988 y el 31 de diciembre de 1995.2 La encuesta fue aplicada por Rosalía López Serna y un análisis detallado de los datos puede encontrarse en «Influencia del nivel de escolaridad de los
padres y elección de antropónimos masculinos de la ciudad de México», ponencia de Gloria Estela Baez, leída en el VI Congreso Nacional de Lingüística de la AMLA. Celebrado en Mérida, Yucatán en octubre del 2001.

Poco más de la mitad de los padres optaron por imponer a su hijo el mismo nombre de pila del progenitor —sobre todo al primogénito— o el de un abuelo, o el de algún otro familiar. Esta actitud confirma el gran peso que esta costumbre, tan arraigada en nuestra cultura y no ajena a muchas otras, sigue teniendo. Debido a ella se conservan los poco «populares»: Carmelo, Danilo, Delfino, Efrén, Eusebio, Everardo, Feliciano, Jerónimo, Juvencio, Leobardo, Luciano, Mariano, Maximiliano, Neftalí, Rigoberto, Ubaldo, Valentín, entre otros.

Destaca, en segundo lugar, el considerable número de padres —más de 17%— que se inclinó por los nombres de «personajes famosos»; de ellos, un tercio son deportistas —casi en su totalidad futbolistas—: Hugo, Aarón, Leonardo, Oswaldo, Horacio, Ricardo, Alberto, Yair, Eder, Gerson, Edson, Diego, Héctor Miguel, Carlos Alberto, Roberto Carlos, entre otros. Aparecen también, en orden decreciente de preferencias, personajes históricos —la mayoría monarcas y conquistadores—: Alejandro, Alfonso, Arturo, Carlo, Carlos, César, Claudio, Erik, Fernando, Ricardo, Rodrigo, Tulio; actores de cine y televisión —sobre todo de telenovelas—: Alejandro, Alfredo, Andrés, Eduardo, Fernando, Humberto, Jorge, José, Mauricio, Omar, Pedro, Rogelio, Saúl; cantantes: Alberto, César, Christian, Emmanuel, John, Luis Miguel, José Luis, Juan Luis, Saúl; personajes bíblicos: Abraham, Adán, Adonai, Daniel, David, Elí, Gamaliel, Isaac, Israel, Jonathan, Josué, Moisés, Noé, Samuel, Uriel; personalidades del mundo del arte —principalmente literatos—: Christian, Édgar, Gabriel, Gustavo Adolfo, Homero, Omar, Óscar, Rubén Darío, Miguel Ángel, Igor; y protagonistas de la historia contemporánea: Anuar, Carlos, Juan Carlos, Juan Pablo, Hussein.

Ninguno de los personajes históricos antiguos o contemporáneos, ni los del mundo del arte, anteriormente citados, son mexicanos. Como se ve, los actuales héroes nacionales son futbolistas, actores o cantantes.

La eufonía del nombre de pila alcanzó el tercer lugar —16%. Consideran eufónicos nombres simples como: Alberto, Alejandro, Alfredo, Brayan,3 Transcribo el nombre de pila de acuerdo con la forma en que se consignó en el acta de nacimiento. Christian Daniel, Edgar, Enrique, Manuel, Omar. Este criterio, a todas luces subjetivo, los lleva, en el caso de los compuestos, a emplear combinaciones tradicionales: José Luis, Juan Carlos, Julio César, Luis Enrique, Miguel Ángel, Marco Antonio; y a crear otras poco afortunadas: Antonio Esteban, Erick Alejandre, Irving Israel, Jonathan Joseph, Óscar Jovanni, por citar algunas.

El restante 17% de los padres expresó motivos diversos para su elección:

  1. Significado del nombre
  2. Nombres de personajes de la ficción
  3. Nombres tomados del santoral
  4. Motivos religiosos

Así, concluimos que la característica primordial de la onomástica masculina de finales del siglo xx e inicios del xxi, es el papel de los medios de comunicación —sobre todo de la televisión—, presente principalmente en los segmentos con escolaridad media y baja; y destaca la admiración por futbolistas nacionales y extranjeros cuya popularidad también se debe a la publicidad, independientemente del nivel de estudios.

Más sobre los nombres en Algarabía 10.

Gloria Estela Baez Pinal es profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM e Investigadora del Centro de Lingüística Hispánica del Instituto de Investigaciones Filológicas. Ha publicado diversos artículos sobre la enseñanza del español y la lexicografía —antroponimia— y ha participado también como coautora de tres manuales de redacción.

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